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Librepensadores

La política y el ‘cortoplacismo’


Publicada 29/09/2014 a las 06:00 Actualizada 28/09/2014 a las 18:56    
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Hace años un exministro socialista explicó, en petit comité, una anécdota que es un ejemplo de cómo han entendido la política algunas de sus figuras más representativas. Según confesó, cuando en el Consejo de Ministros de finales de los 80 se hablaba de la reforma educativa que se comenzaba a gestar (la LOGSE, que finalmente se aprobará en 1990), Felipe González mostraba hacia ella una indiferencia casi insultante.

Este escaso interés del presidente no varió durante el tiempo en que la reforma se fue horneando. Unos meses antes de tener que llevarla al Congreso, parece que una ministra preguntó al presidente González por qué no había intervenido en los debates que habían mantenido sobre esta reforma. La respuesta de Felipe González fue breve y lacerante: “No dedicaré ni un minuto a una ley que puede traer sus frutos dentro de diez años, en política solo nos interesa aquello que tiene efecto en unas semanas”.

Con la sonrisa de quien sabe la batalla ganada, el incuestionable Felipe González cerró para siempre el debate. Así, reservó la cuestión para el Ministerio de Educación.

Según parece, en los Consejos de Ministros sus sentencias dialécticas eran prácticamente inapelables, convertidas en discursos de hielo en los que estalactitas y estalagmitas se derretían delante de un mensaje tan claro como aquel: referido a la educación en el supuesto caso que la nueva ley fuera un éxito, éste empezaría a salir a la luz al cabo de unos años, y, por lo tanto, no sería su gobierno quien pudiese rentabilizar aquel éxito, por eso no le interesaba dedicar ni un minuto a un asunto sobre el que no podría ponerse una medalla. Así lo demuestra el caso de Finlandia, pues sus resultados óptimos en las pruebas PISA de los 2000 no han sido flor de un día sino consecuencia del desarrollo “paciente” de una ley aprobada muchos años atrás, una ley consensuada por todos los agentes sociales, incluidos los partidos políticos de todo el arco parlamentario finlandés.

Como en casi todos los aspectos de la vida, en política suele haber dos caminos: hacer que las decisiones que se toman se amolden a los perfiles perfectamente dibujados de la realidad (y de la ciudadanía que la habita) o partir de los intereses personales (o los del partido al que se pertenece) para buscar, a posteriori, los caminos posibles.

El reconocimiento y la relación del político de turno con la “inmediatez” se suele oponer a la funcionalización del pensamiento por y en la realidad establecida, por eso tradicionalmente la manera de ejecutar lo que entendemos como política ha ido apartando de sus camino todo aquello que inmediatamente, “el día de mañana”, no fuera capaz de otorgarle algún beneficio (es el famoso “ahora no toca” que Pujol siempre tenía en boca). El ministro Gallardón lo está viviendo en sus propias carnes estos días. Se le encargó que preparara la ley del aborto (la que, por cierto, iba a ser una de las poquísimas promesas electorales que el PP parecía que iba a cumplir), pero ahora se le ha hecho saber que debe guardarla en un cajón porque Pedro Arriola y sus encuestas han descubierto que el cortoplacismo (los próximos comicios electorales) les exige arrinconar esta polémica ley.

La estrategia política y sus consecuencias (en forma de decisiones, decretos o leyes) para la mayoría de los políticos con responsabilidades de gobierno no siempre son, desgraciadamente, un mecanismo para cambiar la vida de la ciudadanía, más bien se convierten en la forma pura de una práctica social muy concreta: que las decisiones políticas reviertan lo antes posible positiva y rápidamente sobre sus figuras políticas y, en consecuencia, sobre sus partidos. Da igual si para ello es necesario que un líder político tenga que llamar por teléfono a Sálvame o que otra tenga que dar una rueda de prensa bochornosa hablando de finiquitos diferidos.

Al fin y al cabo, este cortoplacismo al que tan a menudo se subordina la política trata por todos los medios de perpetuar que la sociedad mantenga su inquietante centro empírico en el sistema de la partitocracia actual. De ahí que Podemos esté suponiendo algo así como una amenaza para la política tradicional.

Quizá todo nos iría mejor si los y las dirigentes políticos quisieran aceptar este proverbio griego: “El mundo crecerá como toca cuando la gente grande plante árboles sabiendo que nunca disfrutarán de su sombra”.
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Marc Pallarès es profesor de Teoría e Historia de la Educación en la Universitat Jaume I de Castelló y escritor


4 Comentarios
  • 4 viaje_itaca 30/09/14 13:33

    Los únicos que no miran el largo plazo son los del PP. El PSOE sí, en realidad Felipe González estaba haciéndose el loco para estimular al partido, y Solchaga, cuando dijo aquello de que España era el mejor país para enriquecerse rápidamente no estaba haciendo notar que se estaban procurando cargar las reglas contra el pelotazo, sino para engañar a los empresarios incautos. 

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  • 3 Antonio Roca 30/09/14 11:03

    Señor Pallarés: Estoy de acuerdo con usted en la política del cortoplacismo, pero no en su aplicación como ejemplo a Felipe Gonzlez, porque creo que fue el dirigente político español que mas trabajó por las cosas a largo plazo (despolitización del ejercito y de la policia, reconversión industrial, fijeza en las relaciones exteriores, etc. Pero señor Pallarés usted utiliza como argumento declaraciones sobre declaciones, intenciones ocultas, argumentos de ministros sobre su necesidad de reescribir su pasado, etc. Para mí, no tiene importancia, es cotilleo. Mas importantes son los hechos: Se hcieron la mitad de los institutos actuales (esos que el PP está quitando y dandoselos a las confesiones), se multiplicó por muchos el acceso de los trabajadores e hijos a la universidad, etc. Eso es lo que tiene importancia. Pero si yo hubiera tenido un ministro como Maravall, que fue el mejor ministro de educación que ha tenido nunca España, tampoco me preocuparía mucho, estaría bien hecho.

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  • 2 molete 29/09/14 09:29

    Sr. Profesor Pallarès, esa opiniòn que es la suya esta repito muy en boga con todo un bombardeo de opinios parecidas , otras mucho mas gruesa y desagradables que contra el personaaje  que nos ocupa son vertidas a diario, la crìtica siempre es buena , pero la sobreactuaciòn, la musica  con tato  ruido  ,tan extruendosa, dirigida por  directores de orquesta  desconocidos...( de baja estofa) en la mayoria de los casos ya se està conviertiendo  en caso ya viejo, cansado ,  no sè ...no se....y siempre que dudo de algo...mee me pregunto....que persiguen con tanto ruido....?. No me cuenten lo del manual, sino lo otro, ò es que no hay nada...sino un vacio extrepitoso....?

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  • 1 molete 29/09/14 09:16

    A tenor del articulo del Profesor Pallares el comentario versa tambien sobre Fellipe Gonzalez. Ambos somos contemporanes nacidos en el 42, tal vez en el paasazdo disfrutamos los dos de los mismoi ideales, tal vdez ahora tambien.  Mi corazòn late por ellos  al mismo siempre, y con la misma fuerza tal vez mi caso sea por ir mas ligero de equipaje, no soy màs por tener, sino por necesitar menos, tal vez... tal vez., pero con estas premisas, Señor Paallares, profesor... debo manifestarle, que su articulo, comentario o como queramos llamar, lo encuentro muy en boga con lo pretensiòn de una crìtica a un pasado y a una personaje determinado con infulas de apuntar al corazòn de una Institucion como El Paartido Socialista Obrero Español, si Sr. Profesor siento decirle que mi opiniòn se basa en un concepto Socialista de la vida que llevo 72 años disfrutandolo plenamente, y Vd. basa su argumentario en su propioa opiniòn...de (Porfesor..? ) Interesada...?...al cabo de  34 años, dice desde los 80.

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