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La Gran Coalición, segunda temporada

Publicada 01/01/1970 a las 01:00 Actualizada 29/03/2015 a las 12:23    
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A menudo los asuntos más trascendentes en política son aquellos de los que menos se habla, o que sólo son tratados mediante un lenguaje de signos. Pero el mal no descansa, y quienes llevan décadas ocupados en proteger territorios de poder económico, político, mediático o simplemente personal o familiar, tampoco descansan.

Hace poco menos de un año, infoLibre publicó datos concretos sobre los intereses que promovían la posibilidad de una gran coalición a la alemana entre el PP y el PSOE en la hipótesis de que el bipartidismo siguiera hundiéndose en las distintas citas electorales pendientes. Días después, el propio Felipe González defendió ese gran pacto en el programa El Objetivo de La Sexta. Desde entonces han llovido unas elecciones europeas en las que Podemos saltó al escenario; una abdicación real (Juan Carlos); otra en el PSOE no tan real (Rubalcaba); la beatificación de Ciudadanos como el Podemos de la derecha y unas elecciones andaluzas adelantadas cuyos resultados avanzan un mapa político bien complejo. De hecho, los promotores de la Gran Coalición han movido hilos en relación con el 22-M y siguen moviéndolos en este “tiempo muerto” obligado hasta el 24 de mayo, fecha de las elecciones autonómicas y municipales que repartirán las cartas con las que los jugadores se sentarán a la mesa de las próximas generales.

No ha habido en estos meses un solo acontecimiento político de envergadura en el que no hayan asomado la patita los intereses que representan Felipe González, Juan Luis Cebrián y los principales acreedores del grupo Prisa, es decir, el núcleo duro del Ibex-35, siempre en nombre de la “estabilidad”.

Acto Primero: Sánchez contra Díaz vía Gómez


La presidenta andaluza decidió en enero convocar elecciones anticipadas con el argumento oficial (por cierto) de que su pacto de gobierno con Izquierda Unida no tenía garantizada la “estabilidad”, y con la explicación extraoficial de que al PSOE le iría mejor aprovechar la debilidad del PP y recurrir a las urnas antes de que Podemos tuviera más margen de crecimiento en la única comunidad (aparte de Asturias) gobernada por la izquierda. De paso, Susana Díaz respondía con un gesto de autoridad interna a un Pedro Sánchez al que dio su apoyo para la secretaría general con la advertencia de que su aval no incluía (de momento al menos) el apoyo como candidato a la Moncloa. Sánchez venía lanzando gestos y mensajes en los que daba por hecho que el único cartel posible para las generales era el suyo. Y esa seguridad molestó en Andalucía, territorio siempre clave en el PSOE, pero mucho más desde el hundimiento sin fondo del PSC. Susana Díaz puso tanto énfasis en su “completa dedicación” a Andalucía como ambigüedad a la hora de aclarar qué papel pretende jugar en el PSOE estatal.

Sánchez había ido tomando ya algunas decisiones (como el anuncio de la reforma del artículo 135 de la Constitución o la firma con Rajoy del Pacto antiyihadista que aceptaba la prisión permanente revisable) sin tener en cuenta la opinión de Susana Díaz, aunque bien arropado por editoriales de El País.

La respuesta de Pedro Sánchez al adelanto electoral de Díaz lleva el nombre de Tomás Gómez. En varias entregas, el diario El País implica al presidente del PSM y candidato a las autonómicas elegido en primarias en supuestas irregularidades en la gestión de las obras del tranvía de Parla, ciudad de la que Gómez fue alcalde entre 1999 y 2008. El foco alumbra un caso de presunta corrupción. Tomás Gómez cuenta otra historia. Antes de iniciarse la publicación del serial sobre el tranvía, el propio candidato, acompañado de dos asesores y cargado de documentación, visitó al director de El País para responder a las dudas sobre las obras del tranvía de Parla y el sobrecoste de las mismas. Asegura que no hubo la menor tensión sobre este tema, pero que “se cortaba el aire” cuando pasaron a hablar de las encuestas sobre las autonómicas. El responsable del periódico preguntó qué haría el PSM si quedaba como tercera fuerza en Madrid por detrás de Podemos y la respuesta de Gómez fue: “Apoyaríamos a Podemos; en ningún caso al PP”.

Lo cierto es que Sánchez decidió fulminar a Gómez y, aunque en el primer comunicado oficial se citaba el escándalo del tranvía de Parla relatado previamente por El País, después nunca más se ha mencionado. Ha calado el argumento (consistente aunque arriesgado porque es trasladable a otros territorios y carteles) de que las encuestas vaticinaban un mal resultado de Tomás Gómez y dan muchas más posibilidades a Ángel Gabilondo, catedrático de filosofía y exministro de Educación a quien ya se intentó convencer para que se presentara a la Alcaldía de Madrid.

Ante la irritación (más bien callada) que provocó la defenestración de Gómez y el daño evidente que su ejecución hacía al sistema de primarias, Felipe González dedicó una página en El País a explicar a sus compañeros que “se equivocan si creen que la democracia interna está por encima de los resultados electorales”. La política es poder. Punto. Pocos dudan que Gabilondo sea mejor candidato que Gómez, pero son muchos los que destacan que, hasta el momento y por más que se le haya preguntado, Gabilondo no ha negado la posibilidad de pactos postelectorales con el PP en Madrid.

Acto Segundo: Felipe, Andalucía y Ciudadanos en volandas


La carrera electoral del último mes en Andalucía ha visto también asomar el lenguaje de signos de quienes alientan la Gran Coalición. No ha podido disimularse mucho la gélida relación entre Pedro Sánchez y Susana Díaz, y a medida que las encuestas iban asentando la resistencia de la última y el hundimiento del PP, crecía el riesgo de un empoderamiento interno de la andaluza.

El domingo anterior a las elecciones, Felipe González concedía una larga entrevista a El País, y no pasó inadvertido el hecho insólito de que ya el viernes 13, la versión digital del periódico mantuvo durante horas como apertura un adelanto de la misma: “Pase lo que pase, Susana Díaz se dedicará a Andalucía”, proclamaba González en el titular, que casi sonaba a orden. Ya en la entrevista dominical íntegra se añadía un interesante matiz. “Algunas veces –decía González– me permito opinar y otras veces puedo hablar informando. En este caso informo: sé que su compromiso [el de Susana Díaz] va a ser con Andalucía, sin alternativa”. El expresidente del Gobierno dejaba abierta la posibilidad de que Díaz intentara “dar el salto” a Madrid “dentro de tres, cuatro o cinco años”, y explicaba que “Pedro Sánchez se está consolidando, sin duda alguna, como líder del PSOE”. En vísperas de la jornada electoral, Susana Díaz fue entrevistada en el mismo periódico: “El expresidente Felipe González ha dicho que tiene información de que usted se quedará [en Andalucía]. ¿Lo ha hablado con él?”. “No, en absoluto”, fue la escueta y significativa respuesta de Díaz.

Respecto a muchas de las encuestas previas, los resultados de los comicios andaluces sólo introducen dos variaciones: menos fuerza a Podemos de la pronosticada y más de la prevista a Ciudadanos. IU ha caído de 12 a cinco diputados. Sostienen los expertos que las encuestas del CIS son las que mejor reflejan tendencias, pero también tardan más en recoger la proyección de nuevas fuerzas emergentes sobre las que no existe recuerdo de voto. Del mismo modo que abundan los reproches a dos cadenas de televisión (La Sexta y Cuatro) como “creadoras” o al menos “altavoces” multiplicadores del fenómeno Podemos, caben pocas dudas sobre el despliegue periodístico que el diario presidido por Juan Luis Cebrián ha dedicado en el último mes y medio a Ciudadanos. Ya no podrá quejarse Albert Rivera de ser “ninguneado” y hasta “censurado” en los grandes medios de comunicación. Si en su barómetro de diciembre Metroscopia (la empresa que hace los sondeos para El País) ni siquiera registraba el posible voto a Ciudadanos, a partir de mediados de enero su despegue ha sido impresionante. No sólo en lo demoscópico. Han abundado editoriales cargados de elogios a la “moderación” de Rivera frente a “los populismos” o análisis firmados por Javier Ayuso, exjefe de comunicación de la Casa del Rey y actual adjunto al director de El País, sobre la “frescura” que aporta el “cambio sensato” planteado por Ciudadanos.

'Borgen' y el revés de la trama


Los signos que se han hecho visibles en los últimos meses en Madrid o Andalucía no son hechos aislados, y sólo se explican dentro de un proceso de cambio político y una férrea defensa de intereses económicos, empresariales y mediáticos. Un exministro y exdirigente socialista cita para analizar la situación la exitosa serie televisiva danesa 'Borgen', cuya trama está protagonizada por una mujer que encabeza el Partido Moderado y llega al poder como bisagra entre los bloques de izquierda y derecha, a su vez troceados por otras opciones minoritarias: desde los ecologistas a la extrema derecha. Todos los nombres son ficticios, pero 'Borgen' (nombre coloquial por el que se conoce en Dinamarca al enorme palacio que es sede de los tres poderes del Estado) narra con inteligencia no sólo el funcionamiento de una democracia moderna, europea, sin mayorías amplias y obligada a la negociación permanente, sino también las complejas relaciones y condicionalidades mutuas entre poder político, empresarial y mediático.

La ficción danesa es el revés de la trama de quienes cultivan aquí la Gran Coalición. Parece razonable considerar que en una democracia moderna existen dos grandes bloques ideológicos, cuyas diferencias esenciales es sencillo identificar: uno defiende la regulación de la economía de mercado y apuesta por una fiscalidad progresiva y por un Estado del Bienestar sólido; el otro apuesta por el libre mercado con todas sus consecuencias y por minimizar el papel del Estado en todos los ámbitos. A partir de ahí, en cada uno de los dos bloques habrá a su vez distintos partidos, más o menos conservadores o liberales, más o menos socialdemócratas o izquierdistas. Y hasta partidos bisagra (lo intentó aquí el tan homenajeado Adolfo Suárez con el CDS). Lo que no se plantea desde un punto de vista de higiene democrática es que gobierne un pacto entre esos dos bloques antagónicos. Es coherente que dentro de cada bloque se intente lograr una mayoría de gobierno, pero una gran coalición entre los dos significaría el hundimiento de la política en su sentido más profundo.

¿Qué destacan distintas fuentes de las principales empresas del Consejo Empresarial para la Competitividad sobre el resultado de las elecciones andaluzas? El ascenso de Ciudadanos. No está demostrado lo que desde el propio PP se ha puesto en circulación (que Ciudadanos ha recibido mucho apoyo financiero desde el Ibex-35), pero sí es constatable la alegría que produce en esos círculos el crecimiento del partido de Albert Rivera a costa de un PP desacreditado por la corrupción y, quizás, arañando posible apoyo a Podemos, al PSOE o encauzando a esa papeleta parte de la abstención. Y aunque todos insistan machaconamente en que el resultado andaluz “no es extrapolable”, tampoco ocultan que la extrapolación llevaría a rebajar las posibilidades del PSOE y a aumentar las de Ciudadanos y las de Podemos en otros territorios.

Si se suman los signos apuntados en los últimos meses por patrocinadores de la Gran Coalición, cabe preguntarse a qué tienen realmente más miedo: ¿a la inestabilidad política o a pactos posibles en el bloque de la izquierda? “Hacen falta gobiernos estables”, proclamó anteayer el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, en una junta de accionistas que parecía el espectáculo de un casino de Las Vegas. Pendiente aún la investidura (o no) de Susana Díaz, cuesta mucho imaginar a los Sánchez Galanes aplaudiendo un gobierno “estable” de PSOE, Podemos e Izquierda Unida. Por ejemplo.


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