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Plaza Pública

No era suya la locura: lo que los orgullosos nos dan

Raúl Rojas Publicada 04/07/2015 a las 12:04 Actualizada 04/07/2015 a las 12:17    
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Cuando se dice que es, en España, donde hay más libertades y derechos LGTB de Europa. Cuando conoces a gente que te dice que vinieron aquí a vivir sus vidas porque en sus países son personas de segunda. Cuando tus amigos pueden sentir orgullo de ser homosexuales, bisexuales o transexuales, y celebrarlo. Entonces te sientes orgulloso.

Porque nos sentimos orgullosos de lo que tenemos. De la gente que lo ha hecho posible. De esos miles de activistas que han conquistado (a pulso y contra la inercia de lo que, aunque caduco, persiste y se resiste al paso de su propio tiempo) que todas las personas tengan iguales derechos, sin importar a quién y cómo amen. De esos millones, a veces de invisibles, a veces de ruidosos, que a golpe de actos grandes y pequeños han normalizado la manera que tienen de vivir sus vidas, hasta que hemos sido capaces de cruzarnos esas vidas por la calle sin girarnos extrañados. Sin levantar, hostil, el dedo que ladra.

Algunos dicen, a veces dicen, que en España hemos creado un país mejor para las personas LGTB. Pero son las personas LGTB quienes, con su lucha, nos han dado un país mejor a todos. Uno más tolerante, uno más libre. Uno del que sentirnos orgullosos. Porque sin tolerancia no hay democracia. Porque sin democracia, “ciudadanía” es tan sólo el nombre de lo que pudimos ser y no fuimos.

La punta de lanza, la vanguardia de un cambio que trasciende nuestras fronteras; que la homofobia es un problema a nivel global. En más de 70 países la homosexualidad es ilegal. Con suerte, delito, sin ella, pecado, en unos se castiga con la cárcel. En otros, con el látigo o la muerte. Todavía dentro de Europa, en países tan avanzados como Alemania o Italia sigue sin reconocerse el derecho al matrimonio igualitario. En Europa del este los derechos son casi nulos, la represión máxima.

Mientras tanto, este año nuestros ayuntamientos cuelgan masivamente la bandera arcoiris. El orgullo llega a las instituciones y nos sentimos orgullosos de ese cambio. Uno que empezó realmente hace mucho tiempo pero que entra ahora, por fin, en las cámaras y los despachos de gobierno. Que empezó hace mucho tiempo con todas y todos esos que, a veces invisibles, a veces ruidosos, pero sin ninguna duda locos por entonces, nos hicieron ver que no no era suya la locura sino del odio y de la intolerancia. Del dedo que ladra. De la risa que escupe.

Y sin embargo aún hay muchos dedos acusadores. Todavía demasiadas las risas que humillan. En 2013, la mayor parte de los delitos de odio se debieron a conductas homófobas (con 413 agresiones). El 49% de los escolares homosexuales ha sufrido acoso en las aulas y un 43% de estos ha llegado a plantearse el suicidio. Según un informe de la Agencia para la protección de los Derechos Fundamentales el 62% de las personas transexuales en Europa han sufrido acoso, especialmente en el ámbito laboral, y discriminación en la búsqueda de empleo. Esto supone una violación sistemática de los derechos humanos. Y defender los derechos humanos no es algo que afecte a un colectivo de personas. No. Es defender el proyecto de vida en común que nos hemos dado a nosotros mismos, en España y en Europa. Es defender la sociedad, nuestra cultura, esa que dice que toda vida humana vale y vale por igual. Porque cuando se violan los derechos humanos se viola algo que es de todos y que nos hace no ya ser quienes somos, sino sentirnos orgullos de serlo. Nuestro mayor patrimonio.

Las instituciones no pueden seguir siendo neutrales, esto es, cómplices. Las leyes deben estar a la altura de la conciencia y la tolerancia que, según el Pew Research Centre, más del 90% de los españoles demuestran. Estamos hablando de que necesitamos, y la necesitamos ya, una ley integral de transexualidad que ponga fin a la patologización de las personas transexuales, a su discriminación, acoso y exclusión. Hablamos de que necesitamos, y no mañana sino hoy, una ley contra la LGTBfobia, especialmente enfocada al acoso escolar.

Porque este año el cambio ha llegado y ha llegado a las instituciones. Ha dejado los rellanos de escalera para entrar a los despachos de gobierno. Ya no es momento de exigir, de pedir. De mendigar. El Orgullo ha entrado a las cámaras para quedarse y legislar. Para hacer por nosotros mismos lo que otros, indolentes al paso de su tiempo caduco, no quisieron hacer.

Porque lo que hemos conseguido es mucho. Lo que debemos conseguir, todo.
________________
Raúl Rojas
es miembro del área estatal de Mujer e Igualdad de Podemos.


2 Comentarios
  • 2 Irenepaz 04/07/15 21:13

    Todo esto es bien pero hay que ir mas lejos dices que todas las personas tengan iguales derechos y que debemos de sentirnos orgullosos cuando vemos que todos tienen reconocido sus derechos.olvidamos a esos pobres negros que estan en las puertas de los supermercados pidiendo y que la mayoria de ellos vinieron buscando una oportunidad de ser libres y se encontraron con que no tienen ni el derecho a la asistencia sanitaria. La igualdad no es solo defender los derechos de los homoxesuales y demás colectivos es mirar al pobre como tú igual y reconocerle su derecho también. 

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  • 1 Birth 04/07/15 14:18

    Está muy bien y lo celebramos. Por favor que esto no indique una bajada de alerta: el estado de los derechos, cualquiera de ellos, así como la libertad, puede ser reversible. La situación no es similar en demasiados otros paises. El hecho de nuestras singularidades nos debe de hacer precavid@s, Sin ir tan lejos, el PP ha intentado alterar la ley del aborto. La minusvaloración de la mujer continúa. Hace poco escuchaba a un cura en la radio, Luis Calvo creo que se llamaba, quejarse de que la ley no ciminalizara el adulterio!! Y se deja la educación infantil en manos de estas religiones.

    Responder

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