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Plaza Pública

Por qué voté ‘no’

Publicada 22/07/2015 a las 06:00 Actualizada 22/07/2015 a las 12:51    
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(En un artículo publicado el pasado sábado en el diario 'H Εφημερίδα των Συντακτών' el exministro de Finanzas griego Yanis Varufakis explica las razones que le condujeron a votar 'no' al paquete de reformas que el Gobierno de Alexis Tsipras llevó al Parlamento)

Decidí entrar en política por una razón: apoyar a Alexis Tsipras en su lucha contra la esclavitud de la deuda. Y tuve el honor de formar parte del nuevo Gobierno por otra razón: una forma particular de entender la crisis basada en el rechazo a la doctrina Papakonstantino; es decir, la visión que nos lleva a un obligado dilema de que entre el caos y los préstamos tóxicos nos quedemos con lo segundo.

Se trata de una doctrina que rechazo al ser planteada como una amenaza que ayuda a reforzar unas políticas que garantizan la bancarrota y, de forma eventual, la esclavitud de la deuda. El miércoles [15 de julio] por la noche, cuando fue celebrada la votación, la pregunta que me hicieron en el Parlamento tenía dos posibles respuestas: (a) defender la doctrina Papakonstantino votando a favor del documento que nuestros "compañeros" impusieron a Alexis Tsipras en las reuniones del Eurogrupo como una agresión golpista, o (b) decir no a mi primer ministro.

El primer ministro nos preguntó: "¿El chantaje es real o sólo fruto de la imaginación?", cargando así este mismo conflicto sobre nuestras conciencias (y también la suya propia). El chantaje era absolutamente real. Esta realidad me chocó por primera vez el 30 de enero, cuando Jeroen Dijsselbloem [presidente del Eurogrupo] entró en mi oficina con esta propuesta: "Memorándum o bancos cerrados". Desde el primer momento éramos conscientes de la crueldad de los prestamistas. Y a pesar de ello, nos repetíamos a nosotros mismos una y otra vez en la oficina del primer ministro: 

"Vamos a hacer todo lo que haga falta para traernos a casa un acuerdo financieramente viable. Nos comprometeremos, pero no estaremos comprometidos. Daremos los pasos necesarios con el objetivo de alcanzar un acuerdo con la eurozona. Sin embargo, si salimos derrotados por las terribles políticas incluidas en el memorándum, daremos un paso atrás y permitiremos que gobiernen todos aquellos que estén contentos con lo que significa la austeridad. Permitiremos que afiancen estas medidas quienes estén en acuerdo con ellas mientras nosotros volvemos a las calles".

El primer ministro preguntó el miércoles: "¿Hay alguna alternativa?" A mí me parece que si, que la había. Una alternativa que ahora preferiría no tomar. No es el momento más oportuno para ello. Lo importante es que la noche del referéndum el primer ministro ya había decidido que no había ninguna otra alternativa.

Este el motivo de mi dimisión. Y por eso preferí marcharme, para facilitar, en la medida de lo posible, un acuerdo con las mejores condiciones posibles. Lo que no quiere decir que estuvieramos dispuestos a aplicar las medidas que fuesen necesarias, ¡fueran estas las que fueran!     

El primer ministro, en la reunión del grupo parlamentario del miércoles, nos pidió que decidiéramos juntos, con la idea de compartir la responsabilidad. Pero, ¿cómo hacerlo? Una salida sería actuar todos juntos, como dijimos una y otra vez en caso de derrota. Declararíamos que nos habíamos comprometido, anunciaríamos que sobre nuestras manos teníamos un acuerdo que considerábamos inviable y que preguntaríamos a todos esos políticos que creían que podía ser bueno, independientemente de los partidos, para formar un Gobierno y reforzar estas medidas.

Por otra parte está lo que decía el primer ministro: proteger al primer Gobierno de izquierdas, y hacerlo forzando un acuerdo –producto del chantaje– que incluso el primer ministro cree que es imposible de realizar. 

Los dos aspectos del dilema resultaban igualmente despiadados. Tal y como se encargó de anunciar correctamente el propio Alexis Tsipras, nadie puede pensar como si este problema fuera a recaer en las conciencias de algunos más que en las de otros –sea el primer ministro o cualquier otro miembro del Gobierno–. En consecuencia, esto no implica que todos los que decidieron que el Gobierno debe cumplir un acuerdo "imposible" tengan un mayor sentido de la responsabilidad que los que creímos que lo mejor era levantarse de la mesa y dejar el acuerdo para aquellos que realmente piensen que se trata de algo aplicable.

Euclides Tsakalotos [el nuevo ministro de Finanzas] captó perfectamente todo el ambiente y, mientras se dirigía al Parlamento, dijo que todos los que creen que el Gobierno de Syriza no debe ser cargado con la tarea de aplicar este acuerdo tienen argumentos tan poderosos como los de aquellos que creen que el Gobierno de Syriza se debe a la gente y no puede permitir un caos anarquista, aunque esto nos cueste la firma de un acuerdo en el que no creemos.

Ninguno de nosotros es más "anti-memorándum", pero tampoco ninguno es más "responsable". Simplemente, cuando te encuentras bajo el yugo de la implacable coalición de poder internacional, es aceptable que algunos compañeros eligieran un camino, y el resto, otro. Bajo estas circunstancias, hubiera sido criminal para un lado el etiquetar a los otros como "los comprometidos" y a la inversa llamarnos "irresponsables".

Actualmente, y en medio de importantes discusiones, la unidad de Syriza y toda la gente que creyó en nosotros, concediéndonos el 61,5% de apoyo [en el referéndum], es lo más importante. Y la única forma de asegurarlo es reconociendo los argumentos de aquel que está enfrente, teniendo en cuenta que el contrario tiene intenciones que son igualmente buenas, responsables y revolucionarias.

Dicho esto, la razón por la que voté no el pasado miércoles es simple: deberíamos haber entregado el poder, como dijimos que haríamos, a aquellos que pueden mirar a los ojos a la gente y decir lo que nosotros no podemos: "El acuerdo es duro pero puede cumplirse como una forma de abrir la puerta a la esperanza para así dar la vuelta a la catástrofe humanitaria".

Un Gobierno de izquierdas no puede prometer a Europa lo que no puede llevar a cabo. La última baza que el Gobierno de Syriza necesita proteger es el compromiso del que hemos hecho bandera, de forma sistemática, en nuestras visitas a las diferentes capitales europeas: al contrario que los demás, desearíamos no tener que prometer nada que no puede hacerse realidad. Y por otro lado, un Gobierno de izquierdas no tiene el derecho seguir despojando a las víctimas de una crisis que dura cinco años por más tiempo sin, al menos, estar en disposición de responder afirmativamente a la pregunta: "¿Vas a dar algo a cambio de unas medidas reaccionarias?"

Muchos de mis amigos preguntan: "¿No es mejor estar al frente? ¿Nosotros que nos preocupamos por la gente y tenemos buenas intenciones combatiendo la corrupción y laoligarquía?" Sí, sin duda es preferible. ¿Pero con qué herramientas nos hemos quedado? La decisión salida de la cumbre del euro consolida y fomenta la falta de control público sobre los bancos al tiempo que la gente tendrá que cargar con el peso de la deuda para mantenerlos en pie.

Y lo que hace empeorar las cosas, crearemos un "Fondo de Desarrollo de Activos de la República Helena" que va a tomar el control, de una vez por todas, de todos los bienes públicos, privando además al país de todos los beneficios de su gestión. ¿Y cómo vamos a hacer exactamente para controlar la austeridad cuando la troika, con el control del ELSTAT (Instituto de Estadística de Grecia), va a determinar por su cuenta el superávit primario?

Y cuando la dura realidad de esta nueva austeridad aceche sobre la sociedad, cuando los viejos y los jóvenes vuelvan a las calles o se queden en casa pudriéndose de desesperación por estas medidas, ¿quién representará a esta gente en el mapa político? ¿Quién se ocupará de ellos, de aquellos de los que hemos estado hablando durante tanto tiempo? ¿Puede que el mismo partido que llevó estas medidas al Parlamento? ¿Medidas que los bien intencionados ministros están obligados a defender ante el Parlamento y los medios de comunicación mientras están siendo ridiculizados por una oposición antimemorándum?

"Pero y cuando votas no, ¿no estás rindiéndote ante el plan de [Wolfgang] Schäuble [el ministro de Finanzas alemán]?", me pregunto a mí mismo. Y del mismo modo mi yo interior replica: "¿Estás seguro que el acuerdo no es parte del plan de Schäuble?"

Tengan en cuenta lo siguiente:

  • El último infome del FMI, que calculaba una deuda para Grecia del 200% del PIB, prohíbe esencialmente entregar nuevos préstamos
  • El Fondo de Estabilidad Europeo pide, bajo la orden de Schäuble, que haya nuevos préstamos del FMI  a Grecia.
  • El Gobierno griego aprueba unas reformas en las que no cree y que, a su juicio, son fruto de un chantaje.
  • El Gobierno alemán aprueba en el Bundestag un acuerdo con Grecia que desde el principio está caracterizado por la desconfianza y la expectativa de fracaso.

¿Y tú, querido lector, no coincides en que estos hechos son poderosos aliados de Schäuble? ¿De verdad hay otro medio más fiable para sacar a Grecia de la zona euro que un acuerdo inviable que regala tiempo y razones al ministro de Finanzas alemán para que finalmente se produzca el grexit que tanto desea?

Suficiente. Mi criterio me ha llevado a votar en contra de este acuerdo creyendo, como ahora, que debemos rechazar la doctrina Papakonstantino. Por otra parte, respeto muchísimo a todos los compañeros que tienen una visión diferente respecto al tema. No soy el más revolucionario ni el que tiene más ética, pero tampoco ellos son los más responsables. Hoy tenemos el ojo encima de nuestra capacidad para proteger el poder, la unidad, el compañerismo y la colectividad. Todo ello al tiempo que defendemos nuestro derecho a diferir.

Para concluir, déjenme apuntar una parte del dilema que carga la conciencia de cada uno de nosotros. ¿Hay un momento en el que debemos permitir la idea de que ciertas cosas no deberían ser hechas en nuestro nombre, trascender el utilitarismo? ¿Lo hay?

No hay respuestas correctas. Sólo una intención honesta de respetar las respuestas que nuestros camaradas están dando, incluso si descrepan de nosotros. 


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* Yanis Varufakis es ex mnistro de Finanzas griego. Este artículo dr publicó originalmente en el diario 'EfSyn' ('H Εφημερίδα των Συντακτών'). La traducción en inglés la puedes leer aquí
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