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Plaza Pública

Temporal no quiere decir precario

Publicada 17/08/2015 a las 06:00 Actualizada 20/08/2015 a las 11:31    
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Paseando por una de las ciudades más turísticas de La Mancha, leo en infoLibre las sorprendentes declaraciones de Rubén Urosa, director de Injuve. Con la cámara fotográfica al cuello, recorro las calles de esta ciudad durante una de aquellas tardes en las que percibes que lo que te rodea no tiene tamaño, es la ecuación que se establece entre aquello que unos días antes has visto por internet y lo que ahora observas.

Afirmar que tener un trabajo temporal no implica precariedad y anunciar que solo hay un 3% de jóvenes que ni estudian ni trabajan, es carne de tanta metáfora que decido sentarme en una terraza y olvidarlo. Pero el joven que me atiende es tan locuaz que no puedo evitar preguntarle por su situación: tiene 26 años y, desde que acabó Empresariales, sólo tiene cotizados cinco meses en la Seguridad Social y nunca ha ganado más de 750€ al mes. Lo dice con mucha calma, respirando suavemente y hablando de una prima suya que lleva dos años en Berlín: “Cuando se me acabe este contrato, en septiembre, yo también me iré allí”.

Me despido de él y camino sin rumbo fijo; al cabo de unos quince minutos me doy cuenta que he dejado atrás la zona turística y que avanzo por calles que se muestran con una desnudez esquelética que poco tiene que ver con las postales de los lugares más emblemáticos de la ciudad. A pocos metros hay un corrillo con 5 jóvenes; les llama la atención la cámara fotográfica: “¿Es usted periodista?” Ninguno supera los 22 años. “¿Trabajáis?” Parece que la pregunta les sorprende. Hay uno que los fines de semana va a una cadena de comida rápida, el resto no tiene ocupación laboral alguna ni estudia nada.

Hablar con ellos de trabajo es como conversar de algo lejano, situado en otra parte del mundo. Uno de ellos comenta que de vez en cuando ayuda en una ferretería: “Son días sueltos, tres o cuatro al mes. Estoy nueve horas y me dan 40€”. Le nombro la posibilidad de tener un trabajo fijo y me mira como si un contrato de trabajo indefinido fuera una aventura flotando en un mundo desequilibrado. Decía Walter Benjamin que informar sobre una época es informar sobre sus sueños, y el sueño de estos cinco jóvenes es tener un trabajo estable.

Después de cinco minutos de agradable conversación, el chico que no ha tomado la palabra confiesa, con un aspecto al que ni siquiera un pintor sería capaz de ponerle un rostro: “Lo peor es que mi madre, con 62 años, tiene que trabajar todo el día para mantenerme a mí y a mi hermana, que está estudiando. Y yo no puedo trabajar. Habré echado currículums hasta en China. Si alguien me llamara, mi madre podría quedarse en casa y descansar; asco de vida”.

En mi aparato sensorial aparecen cambios difíciles de describir. La mirada de este chico, desesperada, se fija en mi memoria como si fuera una de esas imágenes que circulan por whatsapp. Siento el corazón afelpado y me despido de ellos deseándoles suerte y reflexionando sobre sus vidas; la vida, este transcurso de segundos, minutos y horas que cada día renueva sus misterios y sus objetivos sin que, a lo largo de la historia, ninguna generación pueda conquistarlos por completo.

El director de Injuve, desde su despacho, actúa como el político que ha intentado e intenta que el futuro de estos chicos sea como el lenguaje de los niños: una convicción cuyos matices llegarán con los años (puesto que la OIT afirma que la tasa de paro quizá se reduzca al 15 % allá por el 2020, y, por lo tanto, “hay que esperar”). Con esta manera de hacer política, actos y hechos cogen forma irrevocable en el momento en el que penetran en lo pasado; el político pregona, así, que algunas situaciones perdurarán hasta que se produzca un cambio de ciclo. Es la política de la no política. Es el océano del conformismo. Es la aceptación de la resignación. Es el no se puede hacer nada hasta que el tic-tac del reloj anuncie una era nueva.

Pero la política debe ser otra cosa: de la misma manera que el pasado actúa en el futuro, también el presente debe ejercer sobre el futuro, modificándolo. De no ser así, si solo nos queda esperar al cambio de paradigma histórico que anuncia la OIT, si no somos capaces de crear otro tipo de sociedad, tendremos a una parte de nuestra población deambulando por la orilla de este inmenso mar que es la vida. Y, conviene no olvidarlo, la sal de ese mar no es el mañana, ni es el 2020; la sal debe basarse en la construcción teórica de un sistema político y en la cuestión de la aplicación práctica de este modelo, un modelo sin manifestaciones públicas alejadas de la realidad, como estas del director de Injuve, sin ministros del Interior que nos abochornen, y, lo más importante, un modelo sociopolítico capaz de alimentar la ilusión por vivir de jóvenes como este que quiere trabajar y que su madre pueda descansar; en caso contrario, ¿qué sentido tiene ya la política?

_______________________

Marc Pallarès
es escritor y profesor
universitario (en excedencia). Actualmente es diputado y secretario de la mesa de les Corts Valencianes



6 Comentarios
  • 6 MASEGOSO 20/08/15 13:31

    Sr. Pallarès, como castellano manchego ausengte por razones laborales de mi tierra la visito con frecuencia y, lamentablemente, no veo solución  a esos problemas (tampoco la veo en  Canarias donde resido). Dentro del grupo de jovenes con los que tengo relación directa hay tres economistas, dos licenciados en empresariales, cinco in genieros tecnicos en diversas especialidades; ninguno encuentra trabajo. Todos ronda entre los 28 y 32 años y no han trabajado ni un solo día en sus profesiones. Respondo con esto por la sencilla razón que nos asiste no ya a, emprenderla apedradas con los políticos, acto que se tacharía de salvaje, sino a llegar más lejos a algo que motive a todo un pueblo a levantarse en contra de los neoliberales y su religión de "solo dinero". En tanto Me3rkel y sus mambucos seigan en Europa este continente será, con el tiempo, un nuevo desierto en continuación al Sahara. Saludos

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  • 5 Irenepaz 17/08/15 23:23

    Señor Pallares, usted como profesor y diputado sabe donde esta el mal de este pais. Deberíamos defender con uñas y dientes la educación, enseñar ha pensar desde las aulas y no soportar la estupidez de los concursos de televisión donde se parten la cara los jovenes por entrar y tener un lugar visible a cambio de su libertad así tal vez, pues yo ya dudo de todo y de todos no tendriamos paises como el nuestro donde es bien vista la corrupción y se eligen representantes anafalbetos, codiciosos y embusteros. Un saludo 

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  • 4 terrícola 17/08/15 17:52

    Pregunta gorda : Qué se puede hacer, qué se debe hacer, para comenzar -- ya mismo -- a aplicar lo que se afirma en el escrito. Qué hacer para no tener que esperar, pasivos, tres ó cuatro vidas, para comenzar en serio los cambios que nos llevarán a ese otro orden económico, político y moral. Única manera posible de vivir humanamente. Déjense de Elecciones, Jerarquias, Senados y otras lindezas. Eso, ya lo hemos usado y vivido. Comencemos ya !!!

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  • 3 Sebastián 17/08/15 12:04

    Además de ineptos e incapaces de solucionar problemas fundamentales para la sociedad, los políticos que nos gobiernan carecen de las más elementales cualidades como personas. Con millones de casos como estos -de los que seguro que saben de su existencia-, tienen la desfachatez de insultarnos a todos, y especialmente a los jóvenes, con este tipo declaraciones o aquella de la ministra de Empleo (qué cinismo de nombre) sobre la "movilidad exterior". En un reciente viaje a Ecuador para ver a nuestro hijo que está allí trabajando, una de sus compañeras propuso, durante una conversación sobre la situación laboral, profesional y personal de los jóvenes españoles emigrantes, que un grupo de ellos y de sus familiares nos reuniéramos, a puerta cerrada, con la ministra para explicarle nuestra versión sobre dicha movilidad y otros aspectos del empleo juvenil; eso sí, garantizando, a pesar de las obvias dificultades, que trascurriría dentro de los cauces de la noviolencia. No somos como ellos.

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  • 2 HADES 17/08/15 09:49

    Y todo esto teniendo que aguantar el sonsonete de los boca chanclas, que este país somos lideres europeos en el crecimiento económico. Esta experiencia que nos cuenta, Sr. Marc, también la he experimentado, muy recientemente, en mi última visita a la maravillosa Andalucía profunda. Como decía un famoso humorista: "Sres. la crisis económica a tocado fondo... ahora nos toca excavar"

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  • 1 christopher lee 17/08/15 09:22

    Ministros del interior que no solo nos avergüenzan, sino que le encanta mandar matones a que nos den hostias por molestarles en su señorío.

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