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Una cierta levedad del ser catalán

Publicada 12/09/2015 a las 12:04 Actualizada 12/09/2015 a las 12:27    
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La Guardia Urbana de Barcelona dice que la convocatoria de la Diada ha reunido a casi un millón y medio de personas

La Guardia Urbana de Barcelona dice que la convocatoria de la Diada ha reunido a casi un millón y medio de personas.

La calles de Barcelona coloreadas de sincera esperanza en una jornada festiva expresan una voluntad popular de independencia incuestionable, pero el grito no dota de consistencia a la aspiración por mucha gente que lo haga suyo o por muy alto que llegue. Los asistentes a la manifestación de ayer sienten de verdad que la independencia será el principio de un tiempo nuevo, más sano y más libre, en el que tendrán una capacidad desconocida hasta ahora para dirigir su propio destino. Pero es eso, un sentimiento. Por mucho que se interiorice como una convicción racional.

Quizá me falte información, pero no he visto ni creo que vayamos a ver en esta campaña electoral ni un solo plan, proyecto o compromiso que ponga negro sobre blanco las ventajas que para el empleo, la competitividad, el reparto de la riqueza, el comercio, o territorios de vida cotidiana como el transporte, la mejora en los servicios, los precios, o la educación, tenga la independencia sobre la permanencia en España. Se dispara desde las trincheras con fuego que tiene más que ver con las emociones que con una rigurosa mirada a la realidad.

La amalgama independentista no resiste un análisis racional ni una entrevista que no sea de alfombra.

Porque, a ver, imaginemos una Cataluña independiente tras un proceso liderado por Mas, Romeva o la CUP. ¿Con qué programa se va a gobernar? ¿De izquierda o de Convergencia? ¿Quién diseñará la política social y el reparto fiscal? ¿Y la política económica? ¿Esquerra o la élite convergente? ¿Se encargará Mas de acabar con la corrupción? ¿Lo hará antes o después de que acabe la investigación sobre la supuestamente detectada en su partido? Una vez alcanzada la independencia, ¿contra quién jugará el Barcelona?¿Cuáles serán sus alianzas internacionales políticas o económicas?

Porque a estas alturas seguir manteniendo que esa Cataluña no saldrá de la Unión Europea es un ejercicio de posibilismo ingenuo o manipulación política muy difícil de tragar. Esta semana se lo recordaba al señor Romeva un correoso periodista británico ante el que el cabeza de la lista de Mas fue incapaz de argumentar con consistencia en esta cuestión como tampoco lo consiguió en el de la corrupción. Le dijo el entrevistador que no hay demasiada diferencia entre la que denuncian en España y la que tienen en sus propias filas: “se está investigando al presidente Mas”, hubo de recordarle. No supo el entevistado contestar convincentemente. Igual que Mas, en la entrevista con Carlos Alsina en Más de Uno de Onda Cero, no tuvo más remedio que reconocer que seguirían adelante con el proceso aunque el apoyo a la independencia no fuera el de la mayoría de ciudadanos. “Yo cuento diputados”, se justificó.

Hay poca consistencia política, nula información y demasiado corazón. Y me atrevo a pensar que algunos de los que se han puesto al frente de esta expresión de sentimiento nacionalista, tampoco andan sobrados de consistencia democrática.

Sigo pensando, y aquí lo he escrito en más de una ocasión, que los catalanes, como todos los pueblos libres, tienen derecho a decidir sobre su futuro. Incluso aunque esa decisión pueda afectar a mucha gente que no va a tener oportunidad de votar, como somos el resto de ciudadanos españoles. Pero para muchos seré un enemigo si mi opción no fuera la que se busca justificar con las urnas. Porque el independentismo lleva muy mal la independencia. Ser catalán hoy y manifestarse en contra, ser independiente frente a los independentistas es un pasaporte seguro a la desconsideración, la descalificación o hasta el insulto. Que se lo digan a Borrell, vetado en TV3, o a Isabel Coixet, que va a ser la próxima diana. La disidencia se calla o se rechaza.

El 27-S, las elecciones se han preparado para ser plebiscitarias. Me temo que en realidad van a ser una carrera entre el pasado incompetente y desilusionante y un futuro de promesas inconsistentes, sin fundamento, de una levedad política tal que vistas sin disfraz pueden esas promesas hasta resultar insultantes para quien verdaderamente se siente catalán.
EL AUTOR


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