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Qué ven mis ojos

Cómo sobrevivir a fuerza de suicidarse

Publicada 25/10/2016 a las 06:00 Actualizada 25/10/2016 a las 09:46    
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“No hay abismo más profundo que el que uno cava con sus propias manos".


“Primero cayó el vaso, después el hombre entero”, dice Jorge Luis Borges en uno de sus relatos, para explicar las tres mitades de un crimen: el disparo, la conmoción y el muerto. En la calle Ferraz, donde también hubo tiros, se abatió al secretario general y luego se le echó la culpa, por obligarles a malgastar las balas. “Al que se muere en domingo deberían meterlo en la cárcel”, se dice en El verdugo, del inigualable Luis García Berlanga, y eso explica de norte a sur la manera de razonar de alguna gente. Antes de ayer también era domingo y el PSOE de las lideresas, los barones y la gestora decidió quemar las velas de su barco y esperar a que llegasen los piratas. A la mitad de sus dirigentes y a la gran mayoría de sus militantes y votantes, les parece que lo que el aparato va a hacer en la sesión de investidura en la que entregarán en bandeja las llaves de la Moncloa al PP no es una abstención sino una abstinencia: Susana Díaz –la misma mujer que hace poco decía que apoyar al PP era “patético y de perdedores”– y los suyos se han puesto a régimen de socialismo y ya sólo consumen ideologías bajas en compromiso e izquierdismo desnatado. Quieren ganar tiempo para que los suyos olviden y tratan de sobrevivir a fuerza de suicidarse, pero no da la impresión de que ninguna de las dos cosas vaya a ocurrir, porque es difícil darle la razón a quien actúa contra toda lógica y se quiere abrir paso con argumentos tramposos. Que el portavoz de los que han dado el golpe de mano se atreva a afirmar que su partido “no va a pactar nunca con el PP ni con Rajoy" y que la decisión que han tomado no es para darle su aval a la derecha más corrupta e injusta de toda Europa “sino por España”, tendrá su precio y cuando se presente la oportunidad se les pasarán las facturas: a la ciudadanía no le hace gracia, como es natural, que la tomen por estúpida.

Tal vez el problema sea general y resulte que es la propia socialdemocracia la que cada vez está más lejos de las dos mitades de su nombre: lejos de la sociedad, porque los políticos que ondean su bandera en el mundo parece que sólo gobiernan para los bancos, las grandes corporaciones y la oligarquía del dinero; y lejos también de las urnas y el sistema participativo, ya que evitan en la medida de lo posible que tanto la voz de sus militantes como la de sus sectores críticos se oiga: se puede contar de mil maneras, pero lo cierto es que en todo este proceso, que unos consideran regenerador y otros autodestructivo, para empezar no se le ha dado a los militantes la posibilidad de que se expresaran, y para concluir se pretende que hasta los diputados que están en desacuerdo con la capitulación la apoyen en el Congreso. Los que hablan de una norma en los estatutos del partido que exige a sus miembros “el cumplimiento de las decisiones adoptadas por los órganos competentes del partido”, esconden otra que garantiza “el respeto a la libertad de conciencia y a la libertad de expresión, en el seno del partido, de cada militante.” ¿Alguien cree de verdad que esa cláusula se ha cumplido? Por si no bastara con el reglamento interno, la Constitución dice en su artículo 67 que “los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo", así que todo lo que no se atenga a eso, es una vulneración de los derechos de quienes no comparten el rumbo que va a tomar la formación. Mejor enfrentarse de pie a Podemos que rendirse al PP de rodillas, piensan los defensores del no es no.

Suena duro, pero es lo que, a día de hoy, se puede esperar de este PSOE que avanza de espaldas a su historia, porque el PP no aceptaría un ejecutivo que además de estar en minoría operase bajo vigilancia, si no fuera porque está seguro de que una vez reinstalado en el poder volverá a hacer lo que quiera. Es obvio que no lo podrá llevar a cabo con la misma impunidad que lo hizo cuando tenía una mayoría absoluta, pero su intención será la de siempre cuando está al mando: convertir el Congreso en un decorado, una cáscara vacía. Sus nuevos aliados juran que harán una oposición fuerte, pero ellos y sus socios de Ciudadanos, que también están de enhorabuena porque van a recuperar en los pasillos de las Cortes lo que ha perdido en los colegios electorales, saben que no van allí a hacerse oír sino a bajar la cabeza, ya que de lo contrario habría que ir en muy poco tiempo a otras elecciones, las mismas que ahora consideran un disparate, con la teoría de que convocarlas nos habría convertido en el hazmerreír de Europa. Eso sí, de ésta Europa que le cierra sus fronteras a los refugiados y los deja morir de frío a las puertas de sus aduanas; la que humilla y destroza a países como Grecia o Portugal; la que ha dejado escapar a Gran Bretaña; la se ha entregado a las fuerzas siniestras del neoliberalismo más feroz, el que divide la humanidad en solventes e ilegales, y construye los palacios de los millonarios con las ruinas de las casas de los desahuciados.

La diferencia entre un PSOE con o sin Pedro Sánchez es que uno iba hacia el abismo y el otro al precipicio, porque su paisaje después de la batalla está hecho de líderes en la sombra, gente que se maneja con más soltura en la emboscada que en el cuerpo a cuerpo, en el ataque por la espalda que en la discusión a cara descubierta y a la que hay que mirarle con lupa la letra pequeña de los discursos: sirva como ejemplo el que Susana Díaz ni siquiera pronunciase la palabra “abstención” en el Comité Federal del fin de semana y se limitase a pedirle “responsabilidad” a sus compañeros, o lo que es lo mismo, ha lanzado un bote de humo y se ha puesto una máscara anti-gas. Sobre ella y sobre otros, hay enormes dudas respecto a su posible tirón electoral fuera de sus regiones, y más ahora, cuando después de lo que han hecho y por el modo en que lo han hecho, llevan colgado el durísimo cartel de “golpistas” que muchos creen que se han ganado a pulso. Como un boxeador que se lleva la victoria a los puntos tras una pelea demoledora para los dos púgiles, que han intercambiado golpes terribles a lo largo de los doce asaltos del combate, la presidenta de Andalucía ha salido de esta lucha con las mismas heridas que ha hecho. Lo tiene muy complicado, sobre todo en un país que tiende a perdonárselo todo a la derecha y a no pasarle ni una a la izquierda, por muy de centro que sea. Y además tiene de postre la amenaza de Pedro Sánchez en las redes, lanzada nada más acabar la reunión de sus antiguos camaradas y por lo tanto enemigos: “Pronto llegará el momento en que la militancia recupere y reconstruya su PSOE.”

Hoy no haría falta concluir este artículo con ningún poema, como hacemos muchas semanas. Bastaría con citar otro fragmento de los estatutos del PSOE, el que lo define como “una organización política de la clase trabajadora y de los hombres y mujeres que luchan contra todo tipo de explotación, aspirando a transformar la sociedad para convertirla en una sociedad libre, igualitaria, solidaria y en paz que lucha por el progreso de los pueblos”, y preguntarse si de verdad hay quien cree que ese principio se puede mantener con el PP de la Gürtel, la Púnica, la Taula y demás como aliado, o más bien hay que deducir que, una de dos: o se engañan o nos mienten. Pero es un error perder las buenas costumbres, así que vamos a dejar aquí unos versos de la joven poeta Nerea Delgado y de su primer libro, La barba de Peter Pan, recién publicado por la editorial Frida, porque explica que el abrazo del oso que le va a dar el PP al PSOE se parece al beso del que ella habla, “el beso manjar caducado. / El beso aguijón, infectado e inevitable. / El beso avioneta contra el Lhotse. / El beso fracaso. / El que no se refleja en el espejo. / El beso leyenda, el beso del que nadie regresa para contarlo”. Ni una palabra más.
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