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Emigración

La tortuga, el cangrejo y el “sueño mexicano”


Magali Ronconi (Spleen!) Publicada 17/04/2013 a las 13:03 Actualizada 17/04/2013 a las 17:23    
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Cartel de protesta contra el desempleo durante una manifestación en la capital española.

Cartel de protesta contra el desempleo durante una manifestación en la capital española.

Quien haya conocido hace cinco años las instalaciones del Instituto Nacional de Migración (INM) en Polanco pensaría que era cierto que el mundo había cambiado y que los avatares altibajos de la geografía mundial parecían haberse dado cita aquí.

Ahora el bunker negro tiene pinta de galería fotográfica. Policías Federales resguardan las entradas del edificio; la fila para llegar al check up empieza desde la ocho de la mañana. La fila va expandiéndose hasta la contra esquina más próxima y de repente el verdadero turista está haciendo shopping en el lujoso centro comercial de enfrente. En el INM, la clientela habitual cedió el paso a una masa de individuos listos para quedarse.

En las afueras, el mismo taquero de aquella época lejana en la que cortaba verduras y asaba carne de res, indesplazable, sigue siendo uno de los pocos elementos reconocible del lugar. En medio de la llegada de nuevas caras que buscan en México el lugar del nuevo sueño americano.

A cada quien su sueño...

Colgadas en las paredes blancas de una administración “OpenSpace”, una decena de fotos del paso "piojoso" y a veces mortal de migrantes procedentes de Centro y Sudamérica por México hacia Estados Unidos, contrastan con la nueva población del lugar. Los nuevos migrantes lucen bolsas Zara, iPods y blusas indígenas recién compradas. Aguardan su turno en una de las tres grandes filas de gente parada frente al módulo de informes, donde podrán entregar una solicitud de permiso de trabajo o recoger el resultado de algún trámite.

Durante el mes que Ana lleva buscando trabajo, no ha llegado más allá de los agentes de Informes. Después de una práctica profesional de tres meses en el país, dedicó los otros tres meses de su estancia legal como turista a pensar, optar y buscar una forma de quedarse en México. Pensó que la situación en España era jodida, que en México se hablaba español y que la gente era más cálida que en Alemania donde vivió tres años con su novio teutón. Supuso que él podría seguir estudiando cine aquí y que ella, quien posee una maestría en Comunicación para el Desarrollo, podría continuar su carrera en una fundación o en un organismo internacional con papeles y todo. Pero...

...con papeles

Si en un mes esta joven española de 30 años consiguió tres entrevistas de trabajo, cosa imposible en España, pronto se dio cuenta de que el verdadero “calvario” aquí no era la falta de empleo sino la de papeles. “No pensaba que la lucha para conseguir papeles fuera tan difícil”, cuenta Ana.

El 20 de junio de 2011, el anterior Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, promulgó una nueva ley de migración cuya entrada en vigor ocurrió en enero pasado, justo cuando Ana realizó su primer acercamiento al INM. Dicha ley, entre otras cosas, acabó con el modus operandi empleado desde hace varias décadas por cualquier extranjero que decidiera quedarse en suelo mexicano: ahora puede cambiar de calidad migratoria. Ayer sencilla turista y hoy migrante con actividades lucrativas.

Y supuso el fin del turismo: “Feria del empleo”.

Ahora Ana tendrá que regresar a su país y de ahí, a través del Consulado de México en España, tramitar una nueva calidad de visitante con permiso para realizar actividades remuneradas. Para ello, necesitará que su próximo empleador en México envíe al Consulado una carta solicitando y justificando la contratación de sus servicios. Pero, “el trámite se tarda de tres hasta seis meses según dicen”, explica Ana. “Ninguna empresa te va a esperar”, termina por lamentarse.

...o sin

Marco cancelará su boleto de vuelta a Madrid comprado hace seis meses y se irá, como le han recomendado otros paisanos de la diáspora, al Consulado de España en Estados Unidos. Desde ahí intentará sacar un permiso de trabajo, evitando así los varios meses de espera que le aguardarían normalmente. Este madrileño de 33 años no tiene estudios universitarios, pero trabajó por su cuenta durante varios años en la hostelería en España, Londres y un tiempo en Dubái, como auxiliar de vuelo para una aerolínea de aquel país.

Por amor, siguió a su novia española a México. Pero porque el amor terminó, y con él el dinero, se puso a trabajar de bar tender durante el tiempo que le quedaba hasta la fecha de su regreso a España. Aunque al final, se dio cuenta de que con los doce mil pesos mensuales que sacaba en promedio de su chamba, podía pagar una habitación de 4 mil pesos en una casa de huéspedes, vivir confortablemente y divertirse. Y así, Marcos decidió también quedarse.

El miedo es relativo

Sentado frente a Marco, en la barra del pequeño restaurante donde trabaja, se encuentra Fernando. Un publicista de 43 años originario de Las Islas Canarias. Se volvieron amigos aquí en México, aunque para el creativo el exilio no ha sido causado por un destino amoroso. Estaba planeado desde hace un año cuando menos.

Cuando anticipó que su agencia de producción de anuncios no podría expandirse más en España y que la situación iba a empeorar en este país, lanzó propuestas al globo entero. Empresas de Estados Unidos, Singapur, Chile, Brasil y hasta Egipto estuvieron interesadas, pero la mejor oferta vino de México. Empaquetó las maletas escuchando un poco asustado a los amigos que le preguntaban si no le daba “miedo ir a México”. Fernando mira la cerveza bien fría que le sirve su amigo, los cuadritos en mosaica de la barra y, como si estuviera hablando consigo mismo, se ríe: “lo que me da miedo es España”. Lleva apenas dos meses y ya está pensando en traer a su esposa, también publicista, y sus dos gemelos de siete años.

Quien va piano va sano

España el cangrejo va patrás y México la tortuga, va adelante” resume Aitor, periodista de profesión. Hace cinco meses, el gobierno vasco le otorgó una beca para laborar en un organismo internacional. Aplicó para algunas oficinas de la UNESCO en el Medio Oriente y en África, pero lo enviaron a México. Ni modo, de todas formas el punto era escaparse. En su caso, no se trataba tanto de escapar de un paro que afecta a la mitad de los jóvenes españoles, sino de una parálisis política que le parece aún peor que los desalojos de vivienda y recortes salariales.

Durante la hora que duró la entrevista, casi nunca habló de México. Prefirió relatar el boom estelar y la caída igual de rápida de España durante los diez últimos años, antes de resumir la situación actual de su país: una clase política “corrupta”, un pueblo desunido en un estado de “resistencia pasiva”, estéril y un rey mataelefantes en África.

El enemigo de la juventud española no tiene armas ni uniformes. Parecen estar luchando contra el vacío mismo. Algo que “la generación más preparada” de España no esperaba y que por el momento, prefiere enfrentar apostando afuera, en países emergentes, dejando cada vez más al país como una “fábrica de talentos en fuga”. Tal como lo había anunciado la BBC en diciembre de 2011.
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Este artículo se publicó originalmente en la revista mexicana Spleen Journal el 5 de abril de 2013



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