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Congreso extraordinario PSOE

Rubalcaba se despide del PSOE prestando su “apoyo total e incondicional” a Pedro Sánchez

  • El secretario general pide a los suyos ejemplaridad y que no abandonen ni los principios ni la coherencia de su discurso 
  • Al discurso de Rubalcaba no acude el expresidente Zapatero, pero sí los dos exlíderes socialistas González y Almunia
  • Susana Díaz pide a los socialistas salir "unidos y fuertes" del congreso extraordinario y que alce la "voz" para ser la "alternativa de izquierda"

Publicada 26/07/2014 a las 13:58 Actualizada 26/07/2014 a las 19:27    
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Alfredo Pérez Rubalcaba, durante su discurso de despedida en la apertura del congreso extraordinario del PSOE, este 26 de julio.

Alfredo Pérez Rubalcaba, durante su discurso de despedida en la apertura del congreso del PSOE.

EFE
Suya, de Alfredo Pérez Rubalcaba, es aquella reflexión, nada falta de retranca y de razón, de que los españoles "entierran muy bien". Este sábado él protagonizó su propio funeral político, su despedida del PSOE acompañado por la ovación intensa de sus compañeros y el reconocimiento a quien ha sido el secretario general que ha conducido las riendas del partido en su momento más crítico. Él abrió el congreso federal extraordinario este sábado y él prometió a su sucesor, a Pedro Sánchez, su apoyo "total" e "incondicional". Y pidió a su partido, al PSOE, que cierre filas con él. 

"En este discurso va a salir un poquitito de todo", garantizó Rubalcaba. Un poco de balance de gestión, un poco de biografía, un poco de testamento, pero sobre todo mucho sabor a adiós. Y humor. El secretario general saliente compareció en mangas de camisa, relajado... y sudando, por el intenso calor de la sala Príncipe Felipe del hotel Auditórium de Madrid. "Alguien ha decidido bajar el aire y esto parece una sauna. Nada tiene que ver con la austeridad que predico", bromeó, sonriendo al plenario. A un lado, la mesa del cónclave, presidida por la baronesa andaluza, Susana Díaz; al otro, su ejecutiva federal. Y en primera fila de la platea, dos de sus predecesores, Felipe González y Joaquín Almunia. No José Luis Rodríguez Zapatero, ausente en el discurso de Rubalcaba. Una ausencia llamativa, sobre todo teniendo en cuenta el talante del último presidente del Gobierno socialista, poco dado a realizar gestos que muestren su malestar con los asuntos internos del partido. 

Rubalcaba advirtió de que su última intervención como secretario general no iba a ser como las demás. No iba a mitinear, un oficio que le costó mucho aprender, como él mismo reconoció. Ahora que regresará a su otra profesión, a la de docente de Química Orgánica en la Complutense, quiso recuperar su "tono profesoral", el que le permitía enhebrar un discurso "difícil", el de su despedida y en el que pretendía volcar "sentimientos". Porque han pasado por su cabeza "las dificultades" de un partido y un país a los que ha "servido", el sufrimiento de aquellos que lo están pasando mal y que han dejado de "creer en la política", porque piensa en los jóvenes, en las familias, en los dependientes o en las mujeres. Un eslabón que aprovechó para subrayar que se va de la primera línea de fuego, pero no cancela su vinculación con el PSOE ni con su país, seguirá siendo un militante "activo". "Abandono la primera línea de la política, pero nunca abandonaré mi compromiso político. ¡Nunca es nunca!".

Lo primero que hizo fue felicitar a Sánchez, al rotundo ganador de la consulta a los 198.123 afiliados socialistas. "Felicidades, Pedro, por tu triunfo y tu determinación" y porque él será el primer líder aupado a la cúspide del PSOE por las bases. "Estoy convencido de que Pedro lo va a hacer muy bien. Tienes mi apoyo total, ahora y siempre, como secretario general. ¡Mi apoyo incondicional!", gritó, entre los aplausos del público. Unos 3.000 asistentes, entre delegados (1.036) e invitados. 

La Conferencia Política y la 'Declaración de Granada'

Rubalcaba reivindicó a continuación los dos grandes logros de su mandato: la Conferencia Política y la Declaración de Granada. Con la primera se alcanzó un consenso en torno a "nuevas propuestas políticas" –consenso "nada fácil"–, "radicalmente reformistas", que en síntesis suponían virar al PSOE a la izquierda. Con la segunda se renovó la alianza de PSOE y PSC y se redactó un documento que plantea las bases de la reforma federal de la Constitución, la "única vía posible" para que los españoles "puedan seguir viviendo juntos". Un texto que fue alumbrado, recordó, gracias a la contribución de su coordinador, el hoy eurodiputado Ramón Jáuregui; el presidente asturiano, Javier Fernández, el entonces jefe de la Junta andaluza, José Antonio Griñán, y quien era primer secretario del PSC, Pere Navarro. Rubalcaba se felicitó de que la apuesta federal, "audaz", se esté "abriendo paso" ahora. 

La tercera pata de su breve paso por la Secretaría General –apenas 30 meses desde aquel 4 de febrero de 2012 en que derrotó a la exministra Carme Chacón– fue la apertura del PSOE a través de las primarias abiertas, que "todos los partidos acabarán haciendo, incluso los que eligen a sus candidatos en los reservados de los restaurantes". Aunque lo cierto es que el PSOE no las ha celebrado aún y no tienen fecha



"Pero no basta con eso, con renovar el proyecto y cambiar el partido. Toca sustituir el liderazgo, elegir a un nuevo líder que siga profundizando en los cambios y las propuestas que los españoles nos piden para volver a confiar en nosotros", remachó, para dar cuenta de la principal debilidad de su mandato: el agotamiento de su crédito. Por eso decidió "dar un paso atrás" tras la debacle de las europeas y convocar un congreso federal extraordinario. Extraordinario en dos sentidos, por lo excepcional del momento del país y por la "delicada situación" de un PSOE hundido electoralmente. Rubalcaba explicó que no fue para él una "tarea fácil" abrir la elección del cónclave a la participación de toda la militancia, porque no estaba en los estatutos. Olvidó decir que levantó las suspicacias de varias federaciones y, en concreto, de la presidenta andaluza. Encomendó a su secretario de Organización, Óscar López, que encontrara "una salida" y hablara con juristas. Pero su última razón para dar el plácet al nuevo método era porque el congreso no podía ser "uno más, sino uno de cambio". "Y el proceso ha sido un éxito", se congratuló. El líder saliente agradeció la masiva participación de los afiliados –votaron más de 130.000– y la competición entre los tres candidatos: Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. 

"Olvidar los principios nos trae malas consecuencias"

Partido, proyecto... y principios. Las tres patas sobre las que Rubalcaba cree que debe sustentarse la acción del PSOE. Y en la última pata, los principios, se detuvo algo más para advertir a sus compañeros de que no pueden traicionarlos. "No basta con tenerlos, hay que vivirlos y practicarlos –avisó–. el PSOE dice siempre lo que piensa, piensa lo que dice, que cumple lo que promete. Los socialistas debemos ser coherentes, pero no dogmáticos. Honestos y austeros". Y más, desgranó: los socialistas son "leales", deben subordinar sus intereses personales a los del partido, trabajar "incansablemente", y darse cuenta de que representan "la izquierda que quiere gobernar y no se conforma con protestar", la que ambiciona el poder para "transformar la realidad". "Tengo el convencimiento de que olvidar uno de estos principios nos trae muy malas consecuencias. Los españoles no perdonan que lo hagamos, y hacen bien", analizó, en lo que supuso un recordatorio de la última etapa de Gobierno de Zapatero, y que el PSOE sintió como una puñalada a sus valores. "A la izquierda se le tiene que medir por la solidez del liderazgo y de la propuesta, y por su respeto a los principios. Debemos ser ejemplares todo el día". 

Rubalcaba pasó después al capítulo de agradecimientos. Primero a su ejecutiva, de la que destacó a su fiel escudera, Elena Valenciano, y a la portavoz del grupo en el Congreso, Soraya Rodríguez. Y después, a todos sus padrinos en política, desde que puso un pie en ella hace más de 30 años: los exministros José María Maravall y Javier Solana, el expresidente Felipe González –"siempre ha sido mi maestro, de él he aprendido todo, es el que más ha aguantado mis desvelos estos tres años– y último jefe del Ejecutivo socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, que "confió" en él más él mismo y bajo cuyo mandato se puso fin al terrorismo de ETA, con el concurso del exlehendakari Patxi López, miembro también de la ejecutiva. Reivindicó también a Joaquín Almunia, quien en 1997 le colocó en la dirección del partido. Todos se llevaron fuertes ovaciones. Zapatero no estaba, como Rubalcaba precisó ante el plenario. "No me ha ido mal en la vida política", porque ha estado junto al "dream team... o mejor la quinta del Buitre", bromeó, en referencia a su amado Real Madrid.

Rubalcaba concluyó su discurso profesoral, de 40 minutos, dando ánimos a los suyos, infundiéndoles la esperanza de que el PSOE, "el partido que más ha hecho por la libertad e igualdad en la historia de España", podrá levantarse. "Estoy convencido de que lo vamos a hacer, de que vamos a poder recuperar la confianza de los ciudadanos, y lo estamos haciendo". Va a ser posible, añadió, porque el partido saldrá de este congreso con un "excelente secretario general" que va a tener a "todo el PSOE detrás", que va a "cerrar filas" en torno a Sánchez. 

"El PSOE no me debe nada, yo se lo debo todo"

El líder se despidió emocionado, intentando contener las lágrimas. "El PSOE no me debe nada, yo se lo debo todo al PSOE. Le debo lo que he hecho, lo que he sido y haber podido trabajar por mis convicciones. Mi agradecimiento es para el partido. Gracias de corazón, sabéis que me tenéis donde esté". La platea enfureció. Le dedicó una sonora y larguísima ovación, de más de dos minutos, mientras regresaba a su sitio en la mesa donde se sentaba su ejecutiva. El aplauso seguía y él volvió a salir cerca del atril para pedir al auditorio que parara ya. Que no le enterrase más. 

Susana Díaz
Susana Díaz, durante su intervención en la apertura del congreso extraordinario que ella preside, este sábado en el hotel Auditórium de Madrid | INMA MESA

Rubalcaba fue, sin duda, el más ovacionado en la apertura del cónclave extraordinario. Pero también Pedro Sánchez, sentado por la mañana junto a su delegación, Madrid, no todavía en primera fila. Igual que Susana Díaz, la presidenta del congreso. Menos efusivos fueron los aplausos a Valenciano o a Jáuregui. 

Mimos de Díaz a Rubalcaba, al PSC y a Sánchez

La jefa de la Junta fue la que abrió la sesión, y no se limitó a un papel protocolario, sino que hilvanó un discurso político, de ánimo a los suyos y a la vez de advertencia, para que no se distraigan del objetivo principal, que es reconquistar la confianza de los ciudadanos en las próximas autonómicas y municipales. El PSOE, dijo, debe salir del cónclave "unido, fuerte, cohesionado, renovado", con ganas de "echarse a la calle", con la mentalidad de que es la "alternativa de izquierdas" frente a una derecha que está generando tanta "desigualdad e injusticias", pese a que el PP destile un "triunfalismo insultante". "Tenemos que levantar la voz alto y claro" y "cambiar" España.

Díaz, como después hizo Nino Torre, el líder de las Juventudes Socialistas, reivindicó el "orgullo" de un partido de 135 años de historia, una "institución fundamental" en el devenir del país. Un PSOE, sí, que ha "cometido errores" y los "ha asumido", pero que ha de enarbolar su identirdad. "No somos iguales, no os quedéis callados. No somos ni parecidos", subrayó. La baronesa andaluza, como ya hiciera en la Conferencia Política, dedicó mimos al PSC y defendió la propuesta federal. Y, para rematar, agradeció la labor de Rubalcaba y su dirección, que han pilotado el partido "en un momento muy difícil y complicado" –elogio correspondido con una calurosa ovación al líder saliente–, y dio la bienvenida al heredero, a Sánchez, que tiene por delante un "camino difícil, apasionante y la mayor legitimidad" de que haya gozado nunca antes un secretario general. Un hombre al que ella misma ha apuntalado.



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