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El futuro del PSOE

Sánchez vuelve a endurecer su discurso hacia Podemos de cara al año electoral

  • Identifica a la formación de Iglesias como "el partido del rechazo", que quiere "esconder sus trasnochadas propuestas" y engañar con el "cuento de la casta"
  • El líder socialista sostiene que PP y Podemos siguen la "política del no" y a la postre sirven "a los mismos intereses", a los "poderosos"
  • Señala que no convoca a los suyos para que le presten apoyo o para que él les respalde, porque se sobreentiende, "como el valor a los soldados"

Publicada 08/01/2015 a las 13:41 Actualizada 08/01/2015 a las 16:21    
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Pedro Sánchez, durante su intervención ante su ejecutiva y el Grupo Parlamentario Socialista, este 8 de enero de 2015 en el Congreso.

Pedro Sánchez, durante su intervención ante su ejecutiva y el Grupo Parlamentario Socialista, este jueves en el Congreso.

EFE
"La primera batalla a dar es la del relato". Y a eso se dispuso Pedro Sánchez, a construir un nuevo relato con el que poder enfrentarse al PP y a Podemos en un año electoral clave, "decisivo". Combatiendo a los casi por igual, intentando noquear con dureza, con mucha dureza, a los dos casi únicos adversarios de los socialistas. El secretario general inauguró así la nueva estrategia del partido. O, por ser más precisos, recuperó ese discurso de ataque claro hacia la formación de Pablo Iglesias, echando sobre ellas toda suerte de calificativos y descripciones en negativo: rotulándola como "extrema izquierda", identificándola como el "partido del rechazo", que quiere "esconder sus trasnochadas y vacuas propuestas", que busca engañar a los españoles con "el cuento de la casta, una especie de cesto de ropa supia al que tirar sin mirarmientos a todos los partidos", y porque al "fraccionar" a la izquierda está "sirviendo indirectamente a los mismos intereses" que la derecha. Ambos, PP y Podemos, según Sánchez, son de hecho dos caras de la misma moneda: "La política del no". Y frente a ellos se erige "el partido de la esperanza", el PSOE. 

El terreno de juego de cara a las municipales y autonómicas de mayo y a las generales del otoño se dirime, para los socialistas en una especie de triángulo, cuyos vértices son las tres fuerzas que se disputan la hegemonía. Y el tono que el secretario general anticipó contra sus dos oponentes, Mariano Rajoy y Pablo Iglesias –y singularmente este último– anticipa un combate a cara de perro. Sánchez se empleó a fondo en demostrarlo durante su intervención ante los miembros de su ejecutiva y del Grupo Socialista (Congreso, Senado, Parlamento Europeo y portavoces autonómicos), reunidos en la Cámara baja este jueves. Un discurso largo, de casi 50 minutos [consúltalo aquí en PDF], y escaso de pasión, como evidenciaron sus compañeros, que acogieron sus palabras con contadísimos aplausos (cinco, de hecho). 

Para Sánchez, 2015 se presenta como un "horizonte de esperanza" para los socialistas, porque está "en mejores condiciones" para ganar primero los comicios de mayo y después las generales y tiene a su alcance ser la primera fuerza, un hecho que no que es tan evidente en las encuestas, que reflejan una especie de tripartidismo, una tarta electoral dividida casi a partes iguales entre PP, PSOE y Podemos. Será pues un año "decisivo" de "grandes transformaciones, de grandes oportunidades", pero también de "grandes riesgos", enunció. Y fue aquí donde calzó su andanada contra Rajoy e Iglesias, en un intento de equiparación que ya probó ante el estado mayor del partido en septiembre, ante el Comité Federal, tras el cual recibió críticas de los suyos por combatir con dureza a Podemos y, en consecuencia, a su electorado, buena parte del cual procede del PSOE.

Cita a Lakoff y sus marcos

Sánchez recordó que la derecha se ha aprovechado de la "debilidad del cuerpo social" para castigar con "desigualdad y exclusión social" a los ciudadanos. Podemos, en cambio, es una "extrema izquierda disfrazada de oportunismo ideológico" que ofrece "un salto al vacío de las ideas, de la responsabilidad y de las propuestas". "No es la primera vez" que eso ocurre, y siempre que ocurrió "enfrente estuvo la socialdemocracia". Frente a ambos "riesgos". El secretario general subrayó entonces que la partida se jugará en "el relato", en el marco conceptual, que teorizó el lingüista americano George Lakoff, autor de No pienses en un elefante. Los socialistas quieren ganar la batalla del marco, no que los otros (PP y Podemos) se lo impongan. Los primeros, el PP, buscarán agitar el "miedo", mientras que "para la extrema izquierda" el elefante que querrá trasladar a la sociedad "se llama casta". 

El líder socialista anticipó los discursos que martillearán uno y otro en los siguientes comicios. Rajoy, advirtió, dirá "o yo o el caos" y prevendrá contra la "necesidad de bloquear" la "urgente modernización" del país que defiende el PSOE. Podemos, entretando, "pretenderá esconder sus trasnochadas y vacuas propuestas, simplificar la complejidad de los retos a los que se enfrenta España con el cuento de la casta, una especie de cesto de ropa sucia al que tirar sin miramientos a todos los partidos, salvo el suyo, a los agentes sociales, a los sindicatos a las asociaciones, incluso el pacto constitucional de 1978", para presentarse así ante los ciudadanos "como el paradigma de lo nuevo, de lo limpio y de lo casto", cuando "no son tan castos". 

Los dos relatos, "el de la derecha extrema y la extrema izquierda", son "el de la política del no", sostuvo, y los dos "tendrán ayudas externas para su promoción". Uno, el del PP, porque "sirve directamente a los intereses de los poderosos", y el de Podemos porque "fracciona a la izquierda y sirve directamente a los intereses de los poderosos". Sánchez lanzaba una rotunda carga de profundidad contra Iglesias, al reprocharle que busca lo mismo que la derecha y satisface a sus mismos valedores. Frente a ellos, dibujó, el PSOE, cuya explicación de la realidad "tendrá menos alianzas fácticas, pero tiene el valor de la verdad", y el objetivo es "rearmar moralmente la democracia, modernizar el sistema social y económico". Socialismo, reiteró, es "igualdad" y es "la bandera por la que merece la pena luchar", mientras la derecha "equivale a desigualdad". 

Reivindicación del "patriotismo constitucional"

En ese escenario, en el que el PP es "el partido del miedo" y Podemos "el partido del rechazo", se alzaría el PSOE, que Sánchez identificó como "el partido de la esperanza", el "de los derechos, las libertades, las oportunidades", la formación que "propone un nuevo contrato ciudadano", que consiste básicamente en "buen empleo, igualdad y rearme moral de la democracia". En suma, "la defensa de la clase media y trabajadora". 

El debate sobre la reforma constitucional ejemplifica, para Sánchez, esos tres modelos. El PP, capitán del "frente del miedo", defiende "petrificar" la Carta Magna, cuando no hace "más que atacarla con sus recortes en derechos y libertades". Podemos busca abrir un proceso constituyente para "finiquitar" la Ley Fundamental de 1978, la que "trajo la democracia", permitió el ingreso en la Unión Europea, recuperó los derechos, universalizó la sanidad y la educación y estableció un reparto territorial del poder. Los dos comparten algo, en opinión del líder socialista: que "rompen el necesario pacto de generaciones que representa toda Constitución como marco de convivencia ciudadana". Unos, los conservadores, quieren "dejar fuera" a los que no pudieron votarla y otros, los de Iglesias, quieren aparcar a los que la construyeron, justificó. 

Como ya hiciera en su balance de 2014, Sánchez reivindicó el "patriotismo constitucional" de los "gigantes" que edificaron la democracia de 1978, como Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Josep Tarradellas, Felipe González o Alfonso Guerra. El PSOE, señaló, quiere reeditar ese patriotismo y renovar el pacto de la Transición, blindando derechos sociales, federalizando el Estado y profundizando en la democracia. 

El PSOE está "en el camino adecuado"

Sánchez insistió en que la nave socialista está ya bien orientada para el enorme reto de salir del agujero. 2014, dijo, fue un año de "grandes esfuerzos" para el partido, pues se renovó todo el equipo tras el varapalo de las europeas, y se cambió "las formas de hacer política". Y "con humildad" señaló a sus compañeros que el PSOE está ya "en el camino adecuado". En 2015 se intensificará ese trabajo de "renovación", "transparencia", "apertura" y "escucha". Una guía de actuación "transparente y a pie de calle" que debe continuar. 



Tras las turbulencias de las últimas semanas, en las que se palpaba el malestar de buena parte de la dirigencia con el secretario general (y, en particular, de la baronesa andaluza, Susana Díaz), Sánchez subrayó que no convocaba a sus compañeros para que le manifestaran expresamente su apoyo. Y tampoco para dárselo él a los suyos. "Ambas cosas van sobreentendidas y se suponen, como el valor a los soldados". Así que les emplazó a todos a "cumplir" sus obligaciones y estar "unidos, más que nunca" para lograr el objetivo de vencer en las distintas contiendas electorales.

"Nuestro reto es ganar. Nuestro partido es un partido de ganadores –animó–. Y os aseguro que estamos en las mejores condiciones de ganar" las municipales, autonómicas y generales y de ser "la primera fuerza electoral". Y para ello él mismo se comprometió a dejarse "la piel" para procurar los mejores resultados. Tal y como le reclamaba Díaz, puso en valor las diferencias de gestión entre el PP y las comunidades controladas por los socialistas, "gobiernos para la igualdad y el bienestar social".

Cumbre de líderes europeos en España en febrero

La herramienta de la que se valdrá el PSOE para convencer a los votantes será el "nuevo contrato ciudadano", "socialdemócrata, modernizador", que se plasmará en los programas para las tres convocatorias, que incorporarán una memoria económica y otra legislativa. Los ejes serán la igualdad, el empleo de calidad, la profundización democrática y la lucha "a muerte contra la corrupción". Para los socialistas, el "Estado del bienestar no es una opción negociable, ni tampoco descartable, ni recortable a voluntad de un Gobierno u otro", una defensa que entiende compatible con la estabilidad presupuestaria. El PSOE (y esto no es nuevo) ya se ha comprometido a derogar la reforma fiscal, laboral y la de pensiones, a erradicar la pobreza infantil y a revertir todo lo destruido por Rajoy.

Aquí introdujo Sánchez un inciso sobre Grecia, sobre cuya situación el partido apenas ha hablado, más allá de repetir que hay que apoyar al país heleno, y no "amenazarlo". Aunque será mañana viernes cuando explique en rueda de prensa en Ferraz la alternativa del PSOE, avanzó que se ha estado trabajando en ella en las últimas semanas y se trasladará a sus homólogos europeos. Además, informó de que había hablado ya con los líderes del Partido de los Socialistas Europeos (PES) y con el primer ministro francés, Manuel Valls, entre otros, para que todos articulen "una alternativa económica europea". Un planteamiento, presumió, que "está liderando el PSOE". "Queremos que Grecia siga en el euro. Pero en otro euro, más solidario con los ciudadanos que más sufren la crisis", verbalizó, antes de anunciar que el próximo 21 de febrero se celebrará en España una cumbre de líderes socialistas europeos para hablar, precisamente, de esa "nueva política económica en Europa". 

Tuvieron que pasar 21 minutos para que los parlamentarios socialistas arrancaran a aplaudir. Fue cuando Sánchez recordó que "lo mejor que le ha pasado a España siempre ha venido de la mano de Gobiernos socialistas", los de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. También se le obsequió cuando rememoró a los caídos socialistas por ETA o cuando subrayó que todos los recortes y el sufrimiento sólo se prolongarán hasta la derrota de Rajoy. Pero faltó calidez, como en ocasiones pareció escasear alma al discurso del secretario general, que en ocasiones se trastabillaba leyendo su intervención, desde un atril instalado en la Sala Constitucional del Congreso. En un receso, una veterana conocedora del partido recordaba que las alocuciones ante los diputados y senadores suelen ser así, más frías, pero que el partido sigue apretado en torno al secretario general. 

 


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