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El futuro del PSOE

Pedro Sánchez debuta como candidato prometiendo erradicar el paro y la corrupción

  • El líder opta por una puesta de largo presidencial y a la americana: se envuelve de la bandera de España y se acompaña de su mujer en el escenario
  • Asegura que mantendrá la "autonomía" del proyecto socialista frente a los que le critican por entregarlo a Podemos
  • En su discurso, carente de medidas concretas y nuevas, solemniza su promesa de liderar "un buen Gobierno desde la moderación", para alejarse de la imagen de "radical" que proyecta de él el PP y buscar el centro

Publicada 21/06/2015 a las 13:30 Actualizada 21/06/2015 a las 16:00    
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Pedro Sánchez y su mujer, Begoña Gómez, al final de su discurso como proclamación como candidato del PSOE, con la bandera de España al fondo, este 21 de junio de 2015.

Pedro Sánchez y su mujer, Begoña Gómez, al final de su discurso de proclamación, con la bandera de España al fondo.

EFE
Dos objetivos en una hoja de ruta que comienza ya. "Erradicar el paro y la corrupción". Las dos metas que se impuso un Pedro Sánchez debutante como candidato a la Moncloa. Las dos que enunció en su primer discurso tras su proclamación oficial. Una intervención en la que solemnizó la nueva estrategia del PSOE: subrayar la pretensión de ocupar la centralidad y la moderación, con una nada casual escenografía a la americana que no dejaba mucho lugar a la duda: con la imagen de la bandera de España como telón de fondo y arropado en la tarima no de sus dirigentes, sino de su mujer, Begoña Gómez. A lo Barack Obama. El secretario general no había tirado de esos recursos en ningún acto de partido hasta ahora. 

Pero es que ahora ya es el candidato. Nominación que asume "con humildad y con emoción". Y quería impregnar su discurso de este domingo, su efectista puesta de largo en el teatro circo Price de Madrid, ante 2.000 personas, más de filosofía que de propuestas. De hecho, no salpicó sus 30 minutos de intervención [consúltala aquí en PDF] de ninguna medida nueva, no adelantó nada de su programa. Era lo que se esperaba, y la orientación que preveían sus colaboradores en los últimos días. La intención estaba clara: reforzar su imagen presidencial. Ningún detalle estaba escogido al azar. Tampoco el atuendo de la pareja: ella, con vestido rojo; él optó por traje oscuro y corbata roja, y no vaqueros y en mangas de camisa, su outfit preferido en este último año, desde que se hizo con las riendas del partido. 

Por eso Sánchez quiso enfatizar que el PSOE es el cambio "seguro" y el "cambio que une" –el eslogan del acto–, el partido que representa a la "mayoría" social y que puede cicatrizar las heridas. Y para ello reivindicó la historia de los 136 años de socialismo que, según prometió, no malbaratará. "Quienes nos precedieron en el PSOE mantuvieron celosamente la autonomía de nuestro proyecto, nunca lo subordinaron a otra fuerza que a la voluntad de nuestro pueblo, ni a otro interés que al interés de la clase media y trabajadora. Nosotros mantendremos la autonomía de nuestro proyecto para entregarlo a las siguientes generaciones tan libre como lo recibimos", rubricó. Todo un aviso a navegantes: no habrá entrega a Podemos, como le critica el PP. "Vamos a liderar un cambio seguro y valiente, coherente con nuestros valores socialdemócratas, un cambio que una y en el que se reconozcan la mayoría de españoles", redondeó.

Respuesta al PP

En general, lo que pretendía el candidato era desquitarse de la imagen que le ha endosado el PP y, muy singularmente, Mariano Rajoy, tras la constitución de los ayuntamientos, en los que el PSOE ha facilitado "Gobiernos de progreso", apoyando a las listas de unidad popular patrocinadas por la formación de Pablo Iglesias o ayudándose de esta para presidir el mismo Ejecutivos de izquierdas. 

Sánchez presentó al PSOE como "el partido más importante de la historia de España", que fue creciendo "lentamente, sólidamente", que sufrió la persecución "druante la larga noche franquista", que renació "por y para el restablecimiento de las libertades y la democracia en España", que es heredero "del compromiso de generaciones y generaciones de españoles con la causa de la libertad y la igualdad". Un partido "capaz de unir y cambiar la vida de la gente y la historia de España". Ese es el "patrimonio político" del PSOE, un "tesoro". "No hemos avanzado a hombros de gigantes, sino a hombros de mujeres y hombres anónimos, trabajadores, que se unieron, como nosotros nos unimos, que se respetaron, como nosotros nos respetamos, y que pusieron en común sus fuerzas para afrontar una enorme tarea del cambio", presumió. 

El secretario general reiteró una y mil veces durante su discurso, que leía desde dos pantallas de teleprompter, esa idea de "unión" entre ciudadanos, del PSOE como pegamento. De esa España que el partido ha construido. De la patria. Palabra que empleó en su discurso sin complejos –"Ser patriota es un valor exigente. Porque ser patriota es querer que la historia de tu país discurra por la senda de la prosperidad y de la libertad de sus ciudadanos"–. Y a ello acompañaba, claro, la estética, con la bandera detrás, y no un graderío de simpatizantes socialistas, que estuvo presente durante parte del discurso, intercambiada en los pasajes centrales con las siglas del PSOE y el lema "El cambio que une".

Porque España "es mucho más que un territorio", es "una idea, una idea de igualdad, de libertad, de fraternidad, una forma de convivir plurales y unidos". "No ha habido una fuerza política capaz de unir e integrar a más personas en la vida y la historia común de España como lo ha hecho el PSOE", remachó. Y ahí mencionó la herencia de la sanidad y la educación públicas, los "valores", el devenir del partido como "inmenso cauce de participación política de las personas de todos los territorios". 

"Ejemplaridad y alternativa constructiva"

El reto de los socialistas, y de él como candidato, dijo, es crear de forma "urgente" las oportunidades y "recuperar la convivencia" en España, desterrar una "sociedad crispada" por la angustia de la crisis, de la corrupción, de la desigualdada o de la impunidad, aparcar "el insulto, la descalificación y el miedo", para abrir "un tiempo de tolerancia y de respeto que permita un diálogo fructífero entre todos". Porque "sólo" el PSOE puede hacer el cambio "posible". 

"España necesita un buen Gobierno. Y yo me comprometo a que España tenga un buen Gobierno. Un Gobierno que base su fuerza en la ejemplaridad y en la alternativa constructiva", prometió Sánchez, contrastándolo con el Ejecutivo de Mariano Rajoy –al presidente no lo citó por su nombre, un "mal Gobierno que gobierna solo y contra todos". "Lideraremos un buen Gobierno desde la moderación", abundó. Otra vez, para quitarse la vitola del "extremismo" que le adjudica el PP. 



Ese eventual Gobierno socialista trabajará básicamente en dos líneas, dos "desafíos" que se comprometió a "erradicar", "el paro y la corrupción". Sobre lo primero, Sánchez, volvió a subrayar su apuesta por un crecimiento "justo" en lo "económico, social y medioambiental", donde no haya que elegir entre "economía y bienestar", o entre "crecimiento y derechos". Es posible, dijo, un "crecimiento justo que aúne mercado y democracia, competitividad y derechos laborales, crecimiento y cohesión social". El candidato enfatizó que la política, si quiere, puede, y puede plantarse "ante los poderosos". "Y nosotros decimos no a más despidos colectivos en empresas con beneficios, no a más bancos rescatados que desahucian, no a más salarios de escándalo para altos ejecutivos que pagan suelos de miseria a sus trabajadores". 

"Prevenir, combatir y castigar la corrupción"

Segundo reto, acabar con la corrupción. Sánchez señaló que no hay caer en el y tú más, aunque no afecte "por igual" a todos los partidos, y aunque no todos reaccionen del mismo modo, porque el "enemigo común" de la democracia es la corrupción. "Yo soy un político limpio –se reivindicó–. En vez de rivalizar sobre quién es el menos corrupcto, volcaré desde el Gobierno todo el esfuerzo en prevenir, en combatir y en castigar con contundencia la corrupción. No me temblará el pulso". 

Susana Díaz y cargos socialistas
Varios barones y dirigentes del PSOE, con Alfonso Guerra, Susana Díaz y José Luis Rodríguez Zapatero, en la proclamación de Pedro Sánchez como candidato, este 21 de junio | INMA MESA

Del paro y la corrupción al recuerdo de la apuesta por la España federal y la crítica a la gestión que del conflicto en Cataluña han hecho los dos Gobiernos, el de Mariano Rajoy y el de Artur Mas, que han vivido "de espaldas" en los últimos cuatro años, "calculando los réditos" de la hostilidad. De nuevo, volvió a la idea de unión, de la historia y la biografía colectiva escrita entre España y Cataluña. 

Sánchez, asimismo, y para diferenciarse de Podemos, reivindicó la Transición, porque "no es justo el derrotismo que pretende hacer una enmienda a la totalidad de la democracia de 1978. "En nombre de quienes nacimos en democracia, os doy gracias a quienes trajisteis la democracia. Vamos a honrar a nuestros padres, mejorando ese legado con su reforma, no vamos ni a negarlo ni a dilapidarlo". 

Alianza "con lo mejor de España"

El secretario general y candidato insistió en que el panorama político actual extige "diálogo", no sólo como imperativo "moral", sino como "necesidad funcional", porque eso es lo que quieren los ciudadanos. Pacto, en suma. "Vamos a ser exigentes con nosotros mismos, vamos a exigirnos decencia y valentía, y vamos a ser realistamente idealistas, pragmáticamente utópicos. Vamos a ser humildes pero ambiciosos". 

Sánchez emplazó a los suyos a aprovechar la oportunidad, que el PSOE tiene "al alcance de la mano", para "reconducir la historia de España a la senda de prosperidad y convivencia". "Os propongo construir una España mejor, fuerte y solidaria en el mundo. Una España de oportunidades. Una España laica. Una España libre de corrupción. Una España federal"". Y remató: "Con vuestra ayuda, con la ayuda de la mayoría de los ciudadanos, los socialistas haremos una alianza con lo mejor de España para hacer una España mejor". 

La pugna por el centro está abierta. Y Sánchez dio muestras de que no renuncia a ello. De ahí la proyección de hombre de Estado que quiso transmitir, o la puesta en escena: la bandera como telón de fondo, la entrada triunfal a la platea en solitario, no acompañado de los capitanes del PSOE, la presencia de sus dos hijas pequeñas o la subida a la tarima de su mujer, para imitar el look de la pareja presidencial de Barack y Michelle Obama. Sus colaboradores, de hecho, se remitían a la campaña del líder demócrata de 2008, aquella en la que la palabra "esperanza" (hope) era comodín. Término que el candidato también empleó este domingo durante su discurso, que en algunos momentos leyó nervioso, como denotaban los sucesivos trompicones. 

Suya, de Sánchez, fue la elección de proyectar la imagen de la bandera a su espalda, según confirmaron en su entorno. La idea del candidato era irradiar el "patriotismo cívico", sin remilgos, lejos del "patriotismo ideológico y caduco" del PP, como ocurre no sólo en Estados Unidos, sino en muchos otros países, relataban. El objetivo, engrosar su perfil institucional y presidencial. 

Para Díaz, ya es el candidato

Sánchez fue aclamado al comienzo de su intervención con gritos de "¡presidente, presidente!" por los 2.000 presentes (no lleno completo). Este domingo era su día grande.  Con todos los jefes del partido allí congregados y también los dirigentes históricos, como José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y Alfonso Guerra (faltaron los ex secretarios generales Felipe González, de viaje en Brasil, y Joaquín Almunia), aparte del líder de UGT, Cándido Méndez, y de rostros populares como Beatriz Carvajal o Álvaro de Luna. Una nominación conquistada tras sortear el proceso de primarias sin ningún obstáculo, porque ninguno de los cuatro militantes que compitieron contra el líder lograron los avales suficientes.

Pedro Sánchez y su mujer
Pedro Sánchez y su esposa, Begoña Gómez, saludan al auditorio congregado en el circo Price de Madrid, este 21 de junio | INMA MESA

El acto en el Price sucedió a la proclamación oficial por parte del Comité Federal, el máximo órgano entre congresos. Hasta Susana Díaz, que hasta ahora sólo había manifestado a Sánchez su lealtad como secretario general, invocando la "neutralidad", subrayó lo evidente, a su llegada a Madrid, cuando fue preguntada si ya era su candidato. "Totalmente. Siempre cumplo mi palabra y dije con claridad y dije que desde el primer minuto que se celebraran las primarias los socialistas andaluces y yo como secretaria general, nos íbamos a dejar la piel para ganar las próximas elecciones. Somos un partido que tiene aspirar a ganar y bien las generales, sin depender de nadie". La presidenta de la Junta no se deshizo en elogios y recalcó, eso sí, que el PSOE ha de salir "no a pactar", sino a vencer. Ambos, Díaz y Sánchez, no se saludaron ante las cámaras en el interior de la sala. 

El aspirante a la Moncloa no la eligió a ella para presentarle, sino a Javier Fernández, presidente asturiano en funciones y candidato a la reelección. Uno de los dos barones –el otro fue el extremeño Guillermo Fernández Vara– que apostó claramente por su rival, Eduardo Madina, en la competición por el liderazgo del PSOE del año pasado. Fernández, una voz muy respetada en el partido, entusiasmó a los simpatizantes más incluso que Sánchez, y los puso varias veces en pie. Sánchez hilvanó una intervención más fría, menos pasional, y eso se acusó entre los asistentes. Entre ellos no estaba, por cierto, Madina, pero sí Carme Chacón, miembro de su ejecutiva. 

"Te lo has ganado"

El presidente del Principado es de los que siempre recurren a los valores del PSOE y este domingo lo volvió a hacer. Reivindicó el corazón de izquierdas del partido frente a los que han decretado "la muerte de las ideologías y el fin de la historia", y los que han sustituido "izquierda y derecha por arriba y abajo, por pueblo y casta", en referencia a Podemos. La izquierda es "la complejidad", "la ciudadanía", lo "universal". "Claro que hay izquierda y derecha. ¿Cómo nos distinguimos si no? No somos un partido nuevo, de laboratorio para capitalizar el cabreo, somos un partido centenario, de izquierdas". "Somos el PSOE", gritó, ante la devoción del auditorio. 

Fernández también alertó contra el "discurso del miedo" del PP. "Se les inyecta [a los ciudadanos] miedo mediático, demoscópico, político, miedo a la radicalización del PSOE que el PP quiere gestionar", porque ese temor es "el instrumento preferido de la derecha", el "motor de su narración", ya que le permite presentarse como la "única fuerza capaz de parar la amenaza". El presidente en funciones recordó, sin embargo, que los socialistas están muy acostumbrados a luchar contra el miedo. No diciendo "lo que la gente quiere escuchar", ni prometiendo "lo imposible", ni teniendo "un discurso para gritar", sino un "programa para aplicar". No recurriendo a argumentos "simplificadores", porque los problemas "son complicados y las soluciones no son fáciles", o actuando con el PP, sino acudiendo a la "esperanza y la realidad". "Esperanza" que fue la que alumbró la propia fundación del PSOE en Madrid, hace 136 años, rememoró. 

El telonero proclamó a Sánchez como "listo para administrar ese enorme caudal de legitimidad democrática y capital social". "Te lo has ganado sobre todo porque has demostrado que tienes coraje, que estás dispuesto para luchar y que se puede confiar en ti". Apoyo cerrado como el manifestado por los barones y miembros de la ejecutiva. Hasta se pudo ver en la grada al destituido To"A la chita callando" el secretario general "va a conseguir la Moncloa", dijo el manchego Emiliano García-Page. No hay ya "ruido" interno, sentenció el valenciano Ximo Puig. Ambos se convertirán en presidentes autonómicos en los próximos días. España necesita "un Gobierno responsable" , y "esta oportunidad la tiene el PSOE y la va a liderar Pedro Sánchez desde Madrid". "Y yo en Cataluña", remachó Chacón, aspirante a encabezar la lista por Barcelona. 

Sánchez ya tiene lo que quería: la nominación presidencial. Por delante, una larga y dura precampaña en la que no sólo rivaliza con el PP. También con Podemos y Ciudadanos. Y todos miran al centro. 

 


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