Llegó a China montado en el dólar, con un séquito de tecnoplutócratas cuya riqueza empresarial representa 16 billones de dólares. Querían impresionar al país que los recibe.
Descubrieron que aquel país provenía de culturas de más de seis mil años y ya era imperio cuando Estados Unidos ni existía, pues este país fue producto de las invasiones europeas y de quienes se radicaron allí: ingleses, franceses y españoles que terminaron con los nativos de aquella manera. A Trump no se le ocurrió ninguna “ayusada” respecto a los orígenes del país asiático.
Con el tiempo comprobaremos cómo ha vuelto el distinguido americano. Usó sus técnicas habituales y ese lenguaje melifluo, pero parece que no caló. Imaginamos que entre sus nacionales sí, cuando presume de la amistad con Xi Jinping, quien le miraba hierático y no entró a ese juego remilgado, ni tampoco a esas acciones de gañán con apretones de manos y forcejeos; suponemos que alguien le informaría de que a los chinos les repugna el contacto corporal con personas ajenas.
Cuando Trump trató de vacilar a su antiguo subyugador, tuvo que encajar las ironías del rey inglés Carlos; ignoramos si las entendió
Se ocupó Xi Jinping de advertirle que EEUU midiera su actividad en el área del Pacífico. Si tenía la ocurrencia de rebautizar el estrecho de Taiwán, el americano tiene claro que no se toca. Ha comprobado in situ que la posibilidad de que China los pueda desplazar como potencia no es una entelequia.
Debería haber aprendido que el cerebro de los orientales y, por supuesto, de los chinos, funciona de otra manera. Siempre fue insondable al análisis occidental, sobre todo al EEUU, que marcaba las pautas.
El mejor valor que los estadounidenses tienen —o tenían—, y podían exhibir es el sistema de convivencia, la democracia, pero la están dilapidando. Podrían haber impresionado al pueblo chino, pero la tienen tan destrozada y raída que, a ojos del mundo, ambos sátrapas están al mismo nivel.
El Partido Comunista impone una disciplina rigurosa, lo que les permitió actuar de manera que el mandatario americano babease ante la recepción ofrecida; igual creía que se lo dedicaban, y lo único cierto es que sabían cómo agasajar a un tipo débil poseído por el hybris.
Sitúo al estadounidense a la altura de aquellos textos de la enciclopedia Álvarez que estudiábamos hace decenios. Tema: Santificación de las fiestas; comentario: “Los habitantes de China, que es de las pocas naciones que no observan este descanso, son fisiológica y espiritualmente inferiores a los hombres de las demás naciones” (sic)
Los americanos no heredaron la flema inglesa para ir por esos mundos, solo la prepotencia del imperio y las formas de saqueo. Cuando Trump trató de vacilar a su antiguo subyugador, tuvo que encajar las ironías del rey inglés Carlos; ignoramos si las entendió.
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Mariano De la Puente Mayenco es socio de infoLibre.
Llegó a China montado en el dólar, con un séquito de tecnoplutócratas cuya riqueza empresarial representa 16 billones de dólares. Querían impresionar al país que los recibe.