Antonio García Gómez

"Pequeños maleantes adoctrinados en nombre de Alá, procesados por la justicia divina… Centenares de seres humanos que tienen en común haber vivido aquella noche del 13 de noviembre de 2015, haber sobrevivido a ella, o haber sobrevivido a quienes amaban…" Carrére.

Bataclan y la memoria necesaria, certificada, fallada, sentenciada, gracias al proceso penal que ha sabido actuar, con la justicia democrática como baluarte inexpugnable, la misma que nos hace a todos mejores, incluso aunque el dolor haya sido tan grande, tan inolvidable, y a pesar de todo seguimos aspirando a seguir creciendo en el seno de un sistema democrático.

Transcurrido y finalizado el juicio a los asesinos que actuaron contra gente inocente, en nombre de su dios, sus entelequias y sus arrobos insoportables, la justicia ha hablado y ha dictado sentencia y, una vez más, se ha recuperado el sentido de Estado, la convivencia responsable y edificante, el anhelo de seguir progresando en el respeto mutuo.

En nuestro país, aprovechando el 25 aniversario del asesinato del concejal Miguel Ángel Blanco, de 29 años, ejecutado en nombre de otras perversas entelequias y sinrazones para matar, el Partido Popular, con su expresidente Aznar a la cabeza, sin ningún sentido de Estado, desmarcándose de la unidad imprescindible y leal que todas las fuerzas políticas exhibieron al día siguiente, pretendió, una vez más, enarbolar a las víctimas, que las hubo y de todos los colores e ideologías, inocentes todas, precisamente, por haber caído como víctimas de otra sinrazón de Estado, para utilizarlo en la lucha partidista, que ni siquiera política. El citado expresidente tildó al actual Gobierno de nuestro país de “terrorista”, sin otros miramientos que el de seguir hundiéndose en la deslealtad cívica, contra quienes seguimos avanzando en el devenir democrático que intentamos llevar adelante.

Cuando yo escucho a quienes ellos llaman “terroristas y etarras”, y me refiero a los representantes de miles y miles de votantes de derecho, los parlamentarios de Bildu, en el Congreso de los Diputados, “haciendo política”, sólo me puedo enorgullecer de todos nosotros, incluso de ellos, porque demostramos día a día que hemos apostado por la palabra y aparcado el odio, el insulto, la maledicencia y también… las pistolas.

Frente a la inquina que se intenta a diario, enarbolando una y otra vez el horror y la maldad pasadas.

Cuando, paradójicamente, luego se revuelven contra una aprobación de una Ley de memoria democrática.

Que no se entiende por qué la temen tanto. Cuando lo único que se pretende, exactamente, es no olvidar, recuperar la memoria, centrarla y sancionarla cuando corresponda y plasmarla siempre, para cuando se aleje el tiempo del mal y pueda amenazar con volver… de un color o de otro, de un lado o de otro.    

Porque su urticaria es tan selectiva como miedosa, no les vaya a salir bajo sus sayones de fariseos contumaces la mala ralea que ha sabido convivir sin pestañear con corrupciones sin límite, complicidades oscuras, ausencia pública de comportamientos rectos y prestos al servicio público, siquiera ante los más vulnerables, anidados aquellos en el odio macerado una y otra vez, pugnando por detentar el recuerdo interesado, contra la memoria necesaria, clara, dura y transparente. Y desde luego democrática.

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Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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