Librepensadores

Las elecciones pasan, los problemas persisten

Mario Diego

En vísperas de la oleada electoral que se avecina, la actuación circense de los partidos políticos institucionales se ha incrementado a una velocidad supersónica para obtener el apoyo electoral necesario que les permita gobernar. Si algo ha cambiado en esta campaña electoral comenzada en 2015, es el foco de los eslóganes electorales utilizados para captar al votante. La derecha y extrema derecha subrayando de manera machacona el abismo al que está conduciendo a nuestra “patria” el nacionalismo catalán y, por su parte, la izquierda institucional, hablándonos del voto útil para impedir que no ocurra en el Congreso lo mismo que en el parlamento andaluz.

Los problemas a los que la clase trabajadora se está enfrentando desde 2008, año tras año, para poder salir del atolladero en la que se encuentra, víctima de la dictadura económica impuesta por el capital, son escamoteados por banderas nacionalistas o por la necesidad del dicho voto útil. Ni la izquierda constitucional ni, menos aún, el trío derechista, contemplan gobernar a favor de la clase trabajadora enfrentándose a los que realmente detentan el poder, poseedores de los medios de producción y que nadie ha elegido.

Los logros de la política económica de la derecha y consortes ya los conocemos. Miles de millones concedidos directa o indirectamente a las grandes empresas, ya sea mediante subvenciones, desfiscalizaciones o robos manifiestos del dinero público trapicheando descaradamente. La de la extrema derecha también: es idéntica a la de la derecha en cuanto al objetivo final; si en algo se diferencia, es en los métodos que utilizarían para imponérnosla.

En cuanto a la política económica del PSOE y sus aliados cuando este gobierna —y sobre todo sus competidores cuando está en la oposición— no es diferente en cuanto al fondo. Solo las formas cambian. Mientras los intereses económicos de la burguesía lo permitan, PSOE y reformistas aplicarán medidas sociales más o menos consecuentes, no obstante, cuando dichos intereses no lo permitan, siempre serán estos últimos los que primarán. En los casi nueve meses que duró esta legislatura, el único objetivo político del gobierno del PSOE ha sido la recuperación del electorado perdido, presentando su gobierno como el más social de estos últimos años.

En realidad, ninguna de las medidas “sociales” tomadas mejoró realmente la situación de los millones de trabajadoras y trabajadores. A lo sumo, solo han permitido a una ínfima parte de los más desfavorecidos no ahogarse irremediablemente en la pobreza. No ha habido recuperación del poder adquisitivo perdido a lo largo de esta última década. Con más de tres millones y medio de personas contabilizadas, el paro oficial apenas se ha reducido. Tampoco se ha puesto término a los despidos masivos ni puesto fin a la precariedad derogando las reformas laborales consecutivas de estos últimos años. Los recortes en el sector público, ya sea en educación, salud o transportes no han sido ni tan siquiera revertidos.

Mientras, las grandes familias que controlan la banca, las grandes empresas y los grandes latifundios incrementan sus beneficios. Las principales empresas del Ibex 35 ganaron en 2017 41.700 millones de euros, un 20% más que en el ejercicio anterior. Es una obviedad que la supuesta recuperación económica de la que tanto se han enorgullecido y siguen enorgulleciéndose en el PP solo atañe a los más ricos. Dicha recuperación no solo no ha llegado a las clases populares, sino que aún son las que la están pagando.

Nada extraño la pérdida de confianza por parte de la clase trabajadora hacia lo que en su día ha supuesto una esperanza. Más preocupados por las disensiones internas tanto en Podemos como en Izquierda Unida, las direcciones de estos partidos se encuentran en la incapacidad de ofrecer otra alternativa a la clase trabajadora que no sea la de posicionarse al lado del PSOE, apelándonos a votar por ellos para actuar como contrapeso. Si votar puede ser una opción para impedir que gobiernen los tres de la plaza Colón, no nos engañemos, votar no nos permitirá ni prohibir los despidos, ni acabar con el paro repartiendo el trabajo entre todos sin pérdida salarial, ni nacionalizar las eléctricas o expropiar a los bancos, ni, menos aún, apoderarse de los medios de producción.

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Mario Diego es socio de infoLibre

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