Librepensadores

No valen atajos

David Ortiz González

Escucho repetir en los medios de comunicación y leo en las redes sociales el resultado teórico que habría alcanzado Podemos en las elecciones generales del pasado 20 de diciembre de haberse concretado la confluencia con la Unidad Popular que encabeza Alberto Garzón. Afirmaciones un tanto temerarias que dan por hecho que todo simpatizante de uno y otro partido aprobarían semejante sopa de letras y por tanto ejercerían de igual manera su voto. Yo no lo tengo tan claro.

Ya sabemos que, postpartido, todos somos el entrenador ideal, pero lo que descuidan malabaristas del tanto por ciento y expertos del pactómetro es el impacto real ante tal escenario y cómo podría haber esto modificado la intención del electorado.

Podemos está llamado a ocupar el espacio a la izquierda que alguna vez pudo habitar el PSOE y ya no es posible, más allá de la retórica en campañas electorales. Es lo que tiene estar hipotecado. Difícil mantener por mucho tiempo que se es lo uno y lo otro.

Muchos socialistas han detectado las incoherencias y prefieren otorgar ahora a Podemos una carta de representación que ya no les acomoda conceder a un PSOE atascado entre tanto ERE, 135, desahucio exprés y puerta giratoria. Sin embargo, nadie podría asegurar que ese mismo socialista estaría dispuesto a moverse tan a la izquierda como para abrazar un discurso al que IU parece no estar dispuesto a renunciar.

Por otra parte, el partido morado ha fijado unas bases cimentadas en un discurso regenerador y sería poco consecuente con ello si a las primeras de cambio tuviera que zarpar ya lastrado por elementos representativos de una política ya caduca con la cual demasiada gente no se siente identificada.

Los principios y valores no pasan de moda, pero toca reinventarse en un panorama muy diferente al de hace 40 años y es necesario revertir esa imagen, a veces radical extrema y otras marginal, con que la derecha ha querido desde siempre caricaturizar a la izquierda. Los ajustes estratégicos no implican necesariamente una traición a lo ideológico.

Luego están las urgencias por desbancar un bipartidismo rancio que además de dañino en sus prácticas no refleja la sociedad española actual, pero la premura casi siempre conlleva errores de consecuencias irreversibles que un proyecto social como al que aspira ser Podemos no puede permitirse. La historia no perdona.

A muchos nos habría gustado ver esa imagen de coalición Iglesias-Garzón, pero IU no es sólo Alberto y hay mochilas que es mejor no cargar. Ya bastante está costando a PP y PSOE, aunque lo disimulen, soportar el peso de los Jose Marias y Felipes para tener que emularlos innecesariamente.

Una cosa es adaptarse al entorno y otra diferente prostituir el camino. Se ha de andar con paso firme aunque parezca a veces angustiosamente corto. No valen atajos.

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David Ortiz González es socio de infoLibre

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