Librepensadores

Rivera sigue sin leer a Kant (y se nota)

Gonzalo de Miguel Renedo

"La pereza y la cobardía son las causas de que una gran parte de los hombres permanezca, gustosamente, en minoría de edad a lo largo de la vida". Immanuel Kant"Hay en mí un vacío atroz, una indiferencia que me hace daño". Albert Camus

Seguramente lo que voy a exponer no aporta nada nuevo que no se sepa ya, pero no es menos seguro lo a gusto que me voy a quedar. Procedo.

Insiste Rivera, y también el nuevo portavoz de Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, aunque a éste le excluyó de la filípica por el momento, siquiera por afinidad política y confiando en su capacidad de rectificación, insiste, digo, el ideólogo de Ciudadanos en que si Rajoy existe y gobierna es por culpa de Podemos, por su contumacia en resistirse (olvida que aquella decisión fue sometida a la gente) al pacto contra natura que solemnemente firmaron el viejo Sánchez y su augusta persona. ¡Qué tortura, virgen santísima! ¡A quién querrá engañar! La exclamación es retórica, la segunda, quiero decir. Confío en que tan chusca interpretación desaparezca, al menos, del argumentario del nuevo PSOE y que Sánchez recule y reconozca, como ya hizo en aquel Salvados redentor, que aquella alianza solo era otra exigencia del otrora socialista, Felipe González Márquez.

Siempre o casi, pues nunca faltan honrosas excepciones, la izquierda se ha juntado con la izquierda, como la derecha lo ha hecho con la derecha, por lo menos de primera mano. Lo primero, por norma, es tirar de los apoyos naturales. Actualmente, por ejemplo, pueden contemplarse varios escenarios de estas confluencias lógicas en el gobierno de Madrid, o en de la nación, en donde Ciudadanos se presenta como el sostenedor oficial del PP. Pero también en Andalucía, donde gobierna la derecha, allí con la marca pseudoroja de Susana Díaz, en conjunción igualmente con la muleta arribista de Rivera. Y lo mismo podemos decir a la izquierda. Antes de la irrupción de Podemos, el socio natural del socialismo español siempre fue IU y asimilados, no Fuerza Nueva o la Falange, que es lo que intentó la vieja escuadra con su alianza con C's. Pese a sus indudables diferencias de enfoque en ciertos aspectos, PSOE e IU compartían una base común bastante sólida que permitía aparcar conflictos ideológicos en pro de la gobernación.

Por eso mismo resulta insoportable cuando te venden como un pacto sensato y equilibrado el celebrado entre formaciones tan divergentes, en teoría, y que pretenden presentarse como hermanas. Quisieron hacer pasar su pacto como transversal lo que era impostura oportunista. Ciudadanos es un partido político de derechas, más de derechas que Blas Piñar, pero presentó su pacto con el viejo PSOE como un pacto de progreso y de cambio, presuntamente de izquierdas o como mínimo de centro izquierdas. No era así. Y consideraron sus promotores que por ser lo que ellos decían, Podemos, con el que Rivera no iría ni hasta la esquina, debía suscribirlo sin rechistar. Así es nuestro Albert, incoherente hasta el ardor. Se nota que sigue sin leer a Kant aunque ahora toca a su tocayo Camus de oídas. Mal, eso sí. Lo que ocurría es que aquel PSOE, el PSOE teledirigido desde la carcundia socialista y mediática, no era realmente de izquierdas, sino de derechas. Que no era Rivera el que se acercaba a la izquierda sino Sánchez, El Presionado, quien se aproximaba al pozo de la derecha. De otro modo, el pacto nunca habría sido posible. Rivera no habría cedido. Cedió el otro, más que nada porque le empujaban. De haber ganado la que nunca pierde las primarias de mayo, hoy todo seguiría igual. Pero todo ha cambiado y el presidente Rajoy puede tener los días contados, si son capaces quienes hoy mandan en la izquierda de limar asperezas y destacar coincidencias.

Con independencia del juicio crítico que merezca esa mutación, creíble o no, que aparenta el nuevo secretario general del PSOE, lo cierto es que el orden de fuerzas ha quedado seriamente trastocado. Ahora Sánchez está en disposición de volver a las negociaciones, pero sin hipotecas. Tras quitarse esa presión incómoda que él mismo personalizó en Cebrián y Alierta, puede empezar de nuevo y todo indica que no volverá a errar. Lo lógico, lo natural es hablar primero con Podemos, con Pablo Iglesias, no con el siempre viejo Rivera, no con ese producto de márketing, como bien ha identificado a Ciudadanos el líder de Podemos. Tras el anuncio de contactos entre Sánchez e Iglesias, el resorte del IBEX-35 en el Congreso, Albert Rivera, el que acusa a Podemos de que Rajoy gobierna por no apoyar su pacto del pasado con Sánchez, se ha apresurado a apuntar que con Podemos no hay nada que tratar. ¿Se puede ser más incoherente o es que se cree sus propias mentiras? Rajoy gobierna con el apoyo expreso de Ciudadanos y, pese a ello, acusa a quien le acaba de presentar una moción de censura, moción que ellos han rechazado. Cabría alegar, aplicando la dialéctica endeble del viejo líder catalán, y no hablo de Jordi Wan Kenobi sino de Albert, que si ahora no acepta la alianza entre el PSOE y la formación morada, los naranjas, que se presentan como presuntos progres desacomplejados, estarán sosteniendo el gobierno de la corrupción, bien que en su caso no hace falta suponer nada pues ya se trata de una terrible realidad.

Quiero decir, ¿a qué viene tanto paripé, cuando se ve a las claras de qué pie cojearon y cojean cada uno? De ser tan bueno su pacto anterior, ¿por qué no lo vuelve a intentar nuestro querido Albert con su viejo amigo Sánchez? Se acabó el tiempo de los engaños. Ya vale de tanta posverdad. ¿Cómo pueden seguir acusando a Podemos de mantener el gobierno actual quienes lo toleran por fas o por nefas, cuando justamente es el único partido que batalla por retirar a Rajoy de manera activa? Podemos no votó a favor de su investidura ni se abstuvo en los presupuestos. Ciudadanos y PSOE sí. Insistir en el mismo dislate representa el mayor ejercicio de hipocresía política de los últimos años, si no lo es de auténtica idiocia, en el supuesto de que exista convicción profunda de lo que se defiende. Por un futuro gobierno de cambio, olviden en el PSOE de una vez aquellos polvos vergonzantes que solo sirven para enlodar el terreno. Y ya sabemos que el barro solo beneficia a los Hernandos de turno. ____________

Gonzalo de Miguel Renedo es socio de infoLibre

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