Ciencia y libros

Divulgación científica hecha en casa

La divulgadora científica Clara Grima.

"Leo sobre la ciencia porque, para mí, es extremadamente emocionante. Es como un gran trabajo detectivesco y está ocurriendo justo frente de nosotros", dijo en cierta ocasión el actor Alan Alda.

Se diría que son cada vez más los que en España comparten su pasión. Aunque admito que quizá ésta sea una apreciación de lo más subjetiva (y, por lo tanto, de lo menos científica), porque las cifras mitigan la euforia: en 2017, sólo el 1,4 % de los 87.292 nuevos títulos publicados encajaron en el epígrafe "Matemáticas y Ciencia".

(Para situarnos, los catalogados en el epígrafe Sociedad y Ciencias Sociales supusieron el 13,8%; Medicina, 9,2%; Salud y Desarrollo Personal, 2,9%; Tecnología, Ingeniería y Agricultura, 1,4%; Ciencias de la Tierra, Geografía y Medioambiente, 1%; Consulta, Información y Materias interdisciplinares, 0,7%, y Computación e Informática, 0,6%.)

Atemperemos, pues, el entusiasmo pero no lo matemos. Porque algo parece estar cambiando: el número de libros firmados por científicos y divulgadores españoles va en aumento gracias a la labor de una comunidad dispuesta a promocionar sus trabajos y el interés por la ciencia. Y todo ello, en los tiempos gaseosos de Internet, en principio poco propicios para el papel y la reflexión.

"¡Precisamente!", me reorienta José Miguel Mulet, licenciado en Química y doctor en Bioquímica y Biología molecular. "La lectura por Internet es rápida y en diagonal la mayoría de las veces, titulares y destacados de artículos cortos. En cambio el libro te permite sosiego, pausa, y profundizar en un tema". Con él coincide Antonio Martínez Ron, periodista y divulgador: "En un tiempo en el que priman la velocidad y la superficialidad para informarse, los libros son una especie de refugio en el que expandir la mente y profundizar en algún tipo de conocimiento". "El placer que te da leer un libro todavía no ha sido sustituido por Internet", apostilla Clara Grima, matemática. "Estamos todos un poco saturados de pantallas".

Enredados, enredando

Saturados, sí, pero estamos. Y en esta historia que estamos contando, los blogs y las redes sociales son un capítulo fundamental.

"Los investigadores ―dice Grima― teníamos una forma fácil de comunicar la ciencia en blogs y, a partir de ahí, pasarnos a los libros venía casi rodado, escribir divulgación en plan anglosajón, en plan seria pero escrita en nuestro idioma, con nuestro entorno social".

En efecto, afirma José Miguel Viñas, especialista en meteorología, estaba al alcance su mano cubrir "una parte importante de tus potenciales lectores". Porque si algo saben estos autores es que no pueden esperar agazapados, les toca salir a cazar lectores. "Se escriben tantos libros al año ―afirma Martínez Ron― que si no te dan una ventanita en los medios, o te la construyes tú en las redes, tu libro puede pasar sin pena ni gloria o sin que nadie se entere de su existencia".

Eso sí, apunta Mulet, "la autopromoción en redes tiene un impacto muy limitado. Puedes tener muchos seguidores y muy fieles, pero en general el público muy activo en redes sociales no es el típico perfil de la gente que suele comprar libros...". De ahí la necesidad de buscar hueco en los grandes medios. Para amplificar su mensaje y, no menos importante, para callar bocas: los medios, lamenta Grima, "han dado voz a mucho charlatán, mucho estafador que vende productos milagros, por ejemplo, sin mucha base científica".

Pero las redes también te pueden atrapar en una trampa: la autocomplacencia, espantar a los seguidores siendo pesado, obvio y aburrido. "Cuando quiero dar a conocer algo mío siempre me gusta dar algún plus, una marca de la casa, no una publicidad pura y dura, que a mi particularmente me echa para atrás y me produce rechazo". Viñas cree que sus seguidores valoran esa actitud, que es también la de Martínez Ron: "Tengo un ejemplo muy concreto: hace unos meses escribí un hilo en Twitter sobre los ojos azules en el que terminaba recomendando El ojo desnudo, y tuvo tal éxito que se notó en las ventas".

El caldo primigenio

¿De dónde ha salido toda esta gente? Mulet cree que Internet ha sido su caldo de cultivo, que la mayoría de los que escriben libros de divulgación empezaron teniendo un blog y siendo muy activos en redes sociales o en plataformas de divulgación como Naukas, lo cual sirvió para que se fijaran en ellos editores que siempre están con el radar activado. En efecto, apunta Martínez Ron, las editoriales buscaban talento autóctono y lo encontraron en Internet, que funciona como elemento aglutinador.

Pero nada de ello sería posible sin un aumento del porcentaje de personas con un nivel medio-alto de estudios. "Somos muchos los que hemos recibido formación científica y, lógicamente, eso hace que haya aumentado el número de divulgadores, muchos de los cuáles publicamos libros", sostiene Viñas. Y eso es más cierto que nunca cuando vivimos "rodeados de tecnología, pero desconocemos en gran medida la ciencia que hay detrás de ella".

Sin embargo, la explicación que funciona para los varones ("somos muchos los que hemos recibido formación científica y, lógicamente, eso hace que haya aumentado el número de divulgadores") no parece aplicable a las mujeres. Clara Grima recuerda la existencia del llamado efecto tijera, "casi siempre hay más mujeres que están estudiando los grados pero luego cuando vamos avanzando en la carrera hay menos mujeres investigadoras principales que hombres". ¿Discriminación? La divulgación no escapa a "la tradición machista" que "se ha arrastrado en este país en todos los ámbitos", apuntilla.

Lo que sí le consta, por su experiencia como organizadora de eventos de divulgación, "es que a las mujeres les cuesta un poco más dar la cara, nos pensamos más la relación calidad-precio, qué obtengo a cambio de exponerme públicamente. Y muchas veces nos sentimos inseguras, a pesar de que muchas de ellas son excelentes científicas, excelentes investigadoras". Es una limitación contra la que hay que luchar: "Hace falta que más mujeres se dediquen a la divulgación porque es fundamental si queremos que haya referentes para las niñas, para las chicas. Si sólo la hacen los hombres, la imagen que tendrán nuestros jóvenes del científico será la de un hombre".

Es una conquista pendiente. Otra: dar el salto a las librerías del mundo. "Hay muchos libros traducidos que están bien, pero otros, realmente no y no ves que supere nada de lo que ya tenemos ―dice Mulet―. En cambio, que un libro de divulgación de un autor español se traduzca a otro idioma es complicadísimo. Yo solo tengo un libro traducido... al chino. Sin embargo mis libros sí que se publican en Iberoamérica". De hecho, contesta a mis preguntas desde Colombia, donde está presentando Transgénicos sin miedo.

De tú a tú

Uno de los cambios más sugerentes acaecido en el mundo editorial es que los lectores pueden ahora dirigirse directamente a sus escritores favoritos. En los casos que nos ocupan, esa vía de comunicación se demuestra extraordinariamente fluida.

"Los mensajes que recibo de lectores de mis libros o artículos u oyentes de la radio son muy amables y generosos. Es un importante acicate. Me ayudan a seguir mejorando. También me dan pistas sobre los gustos y preferencias", dice Viñas.

A veces, satisfacer la curiosidad del lector se convierte en una tarea muy exigente. Mulet asegura que tiene "una especie de consultorio y suelo contestar siempre. Normalmente es gente que tiene alguna duda concreta sobre algún tema y muchísimos estudiantes de periodismo o de bachillerato que están haciendo trabajos para asignaturas que me piden entrevistas... y luego te envían cuestionarios kilométricos". Por supuesto, hay contactos que no son tan agradables, pero el balance es satisfactorio. Sabroso incluso. "Tengo un amigo agricultor al que le cambio libros por naranjas sanguinas, complicadísimas de encontrar, y todo surgió a raíz de una publicación que hice en Instagram". Y provechoso: ha llegado incluso a aceptar la oferta de un apartamento en la playa…

Ojo, no descartemos la capacidad que estos magos, perdón, estos especialistas tienen de penetrar en nuestras vidas. "Lo más increíble que me pasó fue que una chica me pidió que le mandara el libro dedicado para su chico porque iba a ser el regalo con el que le iba a pedir que se casara con ella ―recuerda Martínez Ron―. Y así fue, luego me mandaron las fotos. Espero que sean muy felices :)".

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