Literatura

Don Quijote cabalga de nuevo

Una ilustración de Miguel Ángel Martín para la nueva edición de 'El Quijote' de Reino de Cordelia.

Tomo prestado el título de este artículo de una película de 1973, coproducción hispano-mexicana protagonizada por Fernando Fernán-Gómez y Mario Moreno Cantinflas. Pero no es vagancia. He creído oportuno el (venial) plagio porque define muy bien la situación: la obra de Cervantes está más vigente que nunca, si bien el momento de efervescencia editorial puede ser considerado "paradójico", ya que es creencia generalizada que pocos la han leído o piensan leerla.

Y eso que, por parafrasear a Juan Goytisolo, quien lo dijo de sí mismo antes de recoger su Premio Cervantes, todos somos de nacionalidad cervantina.

Tiempos del Quijote

Francisco Rico, responsable de una edición de la novela que ha sido calificada como auténtica "enciclopedia quijotesca", tiene también un libro cuyo título es el del ladillo de más arriba (otra imitación). El estudio parte de la asunción de que no sólo cada lector, sino cada tiempo tiene su Quijote, texto que con el transcurso de los años ha pasado de obra de entretenimiento a clásico de la literatura que incluso es entendido como emblema de la nación española.

Quizá por todo ello, las versiones más o menos fieles al Quijote primigenio, pero también las simplificadas, expurgadas o ilustradas, nunca han dejado de ser publicadas. Entre las reducidas más recientes, la patrocinada por la Real Academia Española, que confió la poda a Arturo Pérez-Reverte. "Cuando se trata de trabajar en colegios con el texto íntegro, las digresiones y relatos insertos en él perturban a veces la aproximación amena, eficaz, que una herramienta educativa o una lectura sencilla pueden reclamar", dice el novelista en el prólogo, una tarea en la que se ha impuesto mantener una "fidelidad extrema al texto original".

Pero ahora estamos esperando dos versiones nuevas a la par que novedosas.

Un Quijote adaptado

Andrés Trapiello también llegó a la conclusión de que la obra cervantina necesitaba un repaso, si bien el que propone (y que lucirá en librerías el 2 de junio) es distinto: ha adaptado el Quijote al castellano actual. Así, por poner un ejemplo, la frase "lanza en astillero, adarga antigua" transmuta en "lanza ya olvidada, escudo antiguo".

Me cuenta que la idea empezó a rondarle hace unos quince años, cuando publicó Al morir don Quijote, una novela que contaba algunas de las cosas sucedidas a los personajes del libro de Cervantes. "Pero la decisión vino después, cuando presentando mi novela por muchos sitios me encontraba con gentes que confesaban un tanto apesarados: 'Yo he intentado leer muchas veces el Quijote, pero lo he dejado otras tantas. Es una novela difícil, que no se entiende'. A menudo eran buenos lectores, cultivados y con mucha afición lectora. ¿Qué sucedía entonces? Que se les obligaba a leer el Quijote en una lengua, el castellano del siglo XVII, que ni hablamos ya ni comprendemos a menudo cuando lo leemos. Cualquier alemán o francés puede leerlo en su alemán o francés del siglo XXI, pero no un español o un hispanohablante."

Pido a Trapiello que explique su fascinación cervantina.

"Habiendo tenido tantas razones para ello, Cervantes jamás levantó, como decía Nietzsche, ningún falso testimonio de la vida. Una enseñanza como esta, a lo largo de todos sus libros, no tiene precio. Sin contar con que tiene lo que los mejores amigos: nunca te echa encima sus penas, lo que contribuye decisivamente a aligerar las tuyas. Cervantes parece decirte a cada paso: ni yo, autor, ni tú, lector, tenemos la menor importancia; lo importante es eso, la vida que pasa. Y así es cómo acabamos metidos en eso que el llama vida, más vivos de lo que habíamos estado nunca. Cervantes no es literatura, como tampoco Velázquez es pintura, son otra cosa mucho más importante."

Le pregunto también qué dice de nosotros, como lectores, el que para acercarnos a este clásico necesitemos que nos simplifiquen. Me corrige: "Yo no hablaría de simplificar, ni mucho menos. No leemos La Ilíada o Guerra y paz simplificadas por el hecho de no leerlas en griego o en ruso, sino traducidas. En una traducción se pierden desde luego muchas cosas valiosas del original, pero, si está bien hecha, se preserva precisamente la complejidad del original. Se le cambia de ropaje, pero por dentro sigue siendo la misma. De eso se trata también con este Quijote, que ha sido traducido íntegra y fielmente. En ese caso con una ventaja sobre el resto de las lenguas respecto de él: la nuestra, nuestro castellano actual, está mucho más cerca del de Cervantes que el griego actual del de Homero, por ejemplo. Por tanto, nos permitirá conservar mucho más de lo que conservan del original todas las demás traducciones."

Un Quijote sicotrónico

En octubre, y en dos tomos dentro de un cofre, tendremos oportunidad de leer otra edición, ésta con texto de Emilio Pascual y Pollux Hernúñez.

"Aporta novedades que no figuran en las ediciones publicadas hasta ahora ―revela el editor Jesús Egido (Reino de Cordelia)―, revisa minuciosamente la obra a la vista de las primeras ediciones y de las más solventes hasta la fecha, para ofrecer el texto más fiable posible, enriquecido con nuevas enmiendas, a la vez que libre de dobletes innecesarios para el lector actual, no siempre justificados desde el punto de vista textual, tales como mesmo/mismo, agora/ahora, escrebir/escribir, etc." Además, se ha revisado y corregido la puntuación.

Pero lo revolucionario son las ilustraciones, firmadas por Miguel Ángel MartínMiguel Ángel Martín. "Una interpretación pop", dice Egido, aunque el dibujante prefiere enmarcarlas dentro de su "rollo sicotrónico".

"A priori, parece que no me pega nada el Quijote ―admite el padre de Brian the Brain―. Debo reconocer que es un libro que he descubierto tarde, muy tarde. Hace muy pocos años. Y, como tantos otros, me he sentido fascinado por él. Es una novela que tiene de todo: humor sutil y vulgar, tacos, putas, hijas de puta, crueldad, cinismo, picaresca, drama, melodrama, aventura, acción, lirismo, poesía... Es la primera road movie. Ofrece un montón de posibilidades a cualquier ilustrador con un poco de imaginación, el Quijote va sobrado de ella."

Una ilustración de Miguel ángel Martín.

No es arriesgado decir que la aproximación de Martín, cinéfilo impenitente, es rompedora. "He tomado como referencia las pelis de Terence Hill y Bud Spencer. Creo que La Mancha de esa época era parecida al Oeste de Le llamaban Trinidad. Es decir, calor, sudor, paisajes resecos, cigarras, cráneos y osamenta de cabras y ovejas, comida podrida, perros sarnosos, pan duro... He mezclado esto con mi estilo personal y mis típicos colores, añadiendo pinceladas surrealistas aquí y allá, porque también considero el Quijote como un precedente del surrealismo. Además, no hay que olvidar que es sobre todo un libro de humor y la mejor forma de ilustrarlo es tomárselo a coña."

El eterno retorno

Ninguno de los llamados a consulta para este artículo pone en duda que hay que seguir leyendo el Quijote.

"Porque es un libro vivo ―empieza Trapiello―. Todo en él sigue alentando, las gentes, los paisajes, las cosas. La mayor parte de los libros nacen muertos o están muertos al poco tiempo. Que eso siga vivo, que reconozcamos la vida en ello es un milagro. ¿Y qué es la vida? No es fácil de decir, como un latido y una temperatura. Y está, claro, aquello de lo que nos habla, la defensa cerrada de la libertad de don Quijote, su desinterés y su no arredrarse ante la injusticia y verlo siempre del lado del más débil. Y claro, porque nadie mira el mundo de una manera más compasiva y risueña que él, ningún escritor menos rencoroso ni cicatero que Cervantes: nunca deja de ver el lado bueno de las cosas, y cuando no lo tienen, se lo inventa, sin hacer trampas nunca, sin buenismos, sin moralina".

"Porque no todo va a ser leer el Marca, que le diría Soraya Sáenz de Santamaría a Mariano Rajoy", apunta Jesús Egido, que empieza en broma y sigue en serio. "El Quijote es una obra universal que abre y cierra todas las puertas a la novela y cualquier editor desea tenerla en su catálogo. Decía Azaña que El Quijote 'ha dado a conocer tal arista del espíritu humano que todos cuantos han ignorado o ignoran El Quijote se encuentran, por eso solo, disminuidos. Los que vivieron antes que él se fueron de la vida respecto de las cosas del alma como los que murieron antes de 1492 respecto del mundo físico. Por él nuestra lengua ha adquirido un valor universal, en el orden de la inteligencia y como vehículo de goces estéticos'. Pues eso: hay que leer uno de los libros más inteligentes y divertidos del mundo para intentar entenderlo y entendernos. Y para pasárnoslo bien, oiga, que ya está bien."

Si Cervantes asistiera a esta efervescencia, probablemente diría lo que escribió: "Una de las mayores tentaciones del demonio es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro, con que gana tanta fama como dinero". Y tal vez, además: "Al bien hacer jamás le falta premio".

Al menos en la literatura, madre hay más de una

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