Literatura

Resucitar a través de un libro

Irène Némirovsky fue rescatada tardíamente de su olvido literario.

La escritora Irène Némirovsky murió en el campo de concentración de Auschwitz en 1943. En su tiempo, su prolífica obra disfrutó de un gran éxito, especialmente en Francia –en cuya lengua escribió-, pero fuera del país galo quedó relegada al olvido. Sus hijas conservaron durante cincuenta años los cuadernos que su madre había escrito en Auschwitz creyendo que eran notas personales, pensamientos demasiado dolorosos para ser releídos. En los años noventa se decidieron a donar todo lo que tenían de ella a un archivo y, al leer el cuaderno, descubrieron que era una novela. Suite Francesa. En 2004, la novela de Némirovsky salió a la luz y con ella, la fama de la autora despertó de un largo letargo. Y no, no ha sido la única.

¿Qué necesita un autor olvidado para ponerse de moda? Posiblemente, la recomendación de algún famoso, una historia de azar como la de Némirovsky o la arriesgada apuesta de una editorial. Pedimos a algunos editores que nos hablen de historias de olvido y resurección, como la de la autora judía, y son muchos los nombres que salen a relucir.

“Al mexicano Jorge Ibargüengoitia le pasó mismo hace unos años”, cuenta Eduardo Riestra, editor de Ediciones del Viento. Ibargüengoitia (Los relámpagos de Agosto, Las muertas…) murió en 1983 en el avión que se estrelló en Barajas volando desde Charles de Gaulle. “En el año 2010 hubo una recuperación –continua Riestro-, se corrió como la pólvora, empezaron a rescatarlo en México y aquí en España lo hizo RBA. Ahora es un autor de culto muy cercano a Bolaño”. “No sabría decirte el porqué de ese éxito. Es un autor que desde los 80, cuando murió, no había sacado nada y treinta años después explosionó”.

Eduardo Riestra fundó Ediciones del Viento en 2003. Con la primera colección que sacó, Viento Simún, recuperó maravillas de la crónica de viajes y experiencias de escritores como Orwell, Verne o Conan Doyle en África, Asia o América. Pero durante este tiempo también ha publicado a autores que llevaban años bajo tierra. Ellos y su obra.

“Oí hablar de Roberto Arlt (Los siete locos, Los lanzallamas…) en una extraordinaria entrevista de Joaquin Soler a Julio Cortázar en A fondo, de TVE. Él hablaba de Arlt como su autor favorito, su inspiración, así llamó mucho mi atención. Además, era gracioso porque como Cortázar no pronunciaba la erre, decía Goberto Agt”. “Tenía alguna edición antigua de su obra y lo tuve siempre ahí. Cuando empecé mi colección de narrativa occidental del siglo XX lo recuperé y me encontré con que otros colegas también estaban recuperando cosas de él, en este momento está muy de moda y eso que murió en el 42”.

Golpe de suerte

En 2009, durante la V Cumbre de las Américas, el presidente de Venezuela Hugo Chávez regaló a Barack Obama un ejemplar del libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina, publicado en 1971. En tan solo unas horas pasó de ocupar el puesto 60.280 al décimo en la tabla de ventas de la página de ventas online Amazon.

John Williams publicó en 1965 Stoner; el autor murió en 1994 creyendo no haber dejado huella en el mundo de la literatura. Sin embargo, en los últimos años esta obra ha pasado de vender 5.000 ejemplares anuales a casi 150.000, que vendió entre junio y noviembre de 2013.

Todo comenzó con una entrevista a la autora Anna Gavalda en la que reconocía estar tratando de convencer a su editor para que comprara los derechos de ésta novela que le encantaba, y la publicara en Francia. Al leer esto muchos confiaron en su gusto y se lanzaron a hacerlo en distintos países. Ya conocen los datos de las ventas.

Los motivos por los que esto ocurre son demasiado azarosos. “Todas estas cosas no se pueden entrever, son cosas inesperadas que pueden funcionar o no”. Un libro puede no funcionar en una época y hacerlo en otra, como recuerda Riestra, al interés en recuperar el pensamiento de autores y textos de esta generación de entreguerras y postguerras se le suman los avanzados medios con los que cuentan ahora las editoriales. “Es todo mucho más inmediato, los procesos editoriales son más fáciles, hay pequeñas editoriales que pueden buscar cosas raras porque tienen otros parámetros de rentabilidad y facilitan que aparezcan autores que llevan muchos años olvidados”.

El ojo del editor

El caso de Némirovsky nos recuerda que el éxito sí entiende de fronteras. A pesar de la popularidad de la escritora en Francia no muchos la conocían en España. Salamandra, lleva diez años traduciendo poco a poco su obra o recuperando títulos que hace mucho tiempo que dejaron de editarse, como El malentendido, El ardor de la Sangre o Los bienes de este mundo, la última en volver a las librerías.

La autora, de origen ucraniano, es una de las cartas de presentación de la editorial Salamandra. El editor Juan Milá aún se entusiasma hablando de la “alucinante” historia con la que pudieron resucitar a la escritora. “Lo que volvió a poner a Irène en el panorama internacional fue la historia de Suite Francesa, que, además, pasó a ser la cumbre de toda su obra. No solo es un libro inédito sino un libro inédito importantísimo”.

“En Francia se han ido preocupando de editar su obra con muchísimo esmero y han rescatado algunas de las novelas que ella publicó bajo seudónimo y por entregas con la ayuda de sus amigos literarios, después de que, con las leyes antisemitas de la Francia ocupada, se le prohibiera trabajar, no podía ganar dinero”.

Otro caso similar es el de Sándor Márai (El último encuentro, La gaviota). Nació en Hungría en 1900 aunque en el 48 se mudó a Estados Unidos donde vivió la segunda mitad de su vida. En esos años, el autor disfrutaba de un enorme prestigio en Europa, pero la prohibición de su obra en Hungría le hizo caer en el olvido. De ahí que hasta la caída del telón de acero sus novelas permanecieran escondidas, aunque para ese entonces él ya estaba muerto. Se suicidó en 1989, en San Diego, algunos años después de la muerte de su esposa y su hijo. La sola idea de morir solo le aterraba.

Su novela refleja bien la Centroeuropa de la primera mitad del siglo XX, la Guerra Mundial y las constantes invasiones que sufrió su tierra, primero la nazi, luego la soviética. De las casi cincuenta obras que dejó en húngaro, solo una quincena se ha traducido al castellano. Salamandra lleva desde el 2000 publicando una novela suya al año.

“La recuperación –continúa Milá- es algo que va pasando constantemente porque es una manera de decir que esos libros son buenos, ¿así que por qué no les buscamos lectores?, cada tanto se intenta”. “Esto es muy común, lo que es raro es que coincidan todos los factores para que triunfe, o que haya una obra de mucha calidad que lleve un tiempo fuera del mercado”. “Hay mucha literatura de muchas épocas a la que cuesta encontrarle un espacio en las librerías porque hay tal avalancha de títulos nuevos que es difícil darles visibilidad. La apuesta suele venir de editoriales más pequeñas ya que, al estar libres de derechos, los libros son mucho más baratos”.

Milá y Riestra coinciden en recordar a Stefan Zweig (La Piedad peligrosa, La Lucha contra el Demonio…). “En su época estuvo bastante niguneado –recuerda Riestra-, en España prácticamente no se publicó nada hasta que el editor Jaume Vallcorba lo rescató”. “Ahí está la labor de un editor: el público en general tenía una idea de Zweig, y Vallcorba, que tiene una solvencia editorial y una gran cultura, lo publica y gracias a él la gente lo descubre”. “Muchos escritores recuperan el prestigio que se merecen y no tuvieron en su momento por la labor de los editores, que se dedican a quitar el polvo y poner donde se merecen a autores que habían sido olvidados”.

Suite parisina

Suite parisina

Más sobre este tema
stats