Literatura

Mucho Sancho para solo un Cervantes

La más reciente premio Cervantes, Elena Poniatowska.

EVA ORÚE

Es un clásico, casi un género periodístico: cada año, la concesión del Nobel de Literatura viene precedida por una serie de textos en los que se evoca las figuras de todos aquellos (Borges, Nabokov, Carlos Fuentes) que, siendo grandes escritores (Wolf, Joyce, Valéry), jamás fueron reconocidos (Wharton, Updike, Tolstoi) por la Academia Sueca (Proust, Auden, Cortázar).

Nadie habla de los médicos, químicos, físicos o economistas talentosos postergados por los encargados de cumplir la voluntad del inventor de la dinamita, que también han de ser legión, aunque sí nos ocupamos de los injustamente distinguidos con el Nobel de la Paz. Pero las listas de “no ganadores”, eso es cosa de letraheridos.

De ahí que cuando supe que Elena Poniatowska se había convertido en la cuarta mujer recompensada con el Cervantes (ocho votaciones hicieron falta: se ve que sus méritos literarios no eran tan evidentes. “Un absoluto disparate”, me dijo una editora al enterarse), mi mente volara hacia todos los que, mereciéndolo, no lo han ganado.

Sorpresa

Hay que decir que Poniatowska no estaba entre los favoritos. Los nombres que circulaban eran los del venezolano Rafael Cadenas, los nicaragüenses Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal, el mexicano Fernando del Paso, la cubana Fina García Marruz y el argentino Ricardo Piglia.

De españoles no hablamos porque en virtud de esa ley no escrita pero siempre respetada que reparte alternativamente el galardón entre Latinoamérica y España, este año no tocaba así que, para qué manosear nombres (los Goytisolo, Francisco Nieva, Eduardo Mendoza) antes de tiempo.

Lo lógico, para el editor Pere Sureda (Navona), hubiera sido que lo ganara alguien de México, pero no Poniatowska sino Del Paso. Y sólo encuentra una explicación al ninguneo: “Porque no lo han leído, creo”.

Imagino que Del Paso no necesita consuelo, pero quizá le reconforte saber que, en tanto no lo gane, su nombre estará vinculado al de otros ignorados ilustres.

“El primero —apunta Enrique Redel, editor de Impedimenta—,Julio Cortázar. Influyente, de culto, un autor en constante relectura, celebrado. Quizás no se lo llevó porque murió demasiado pronto (aunque su enfermedad era conocida). Más sangrante me parece que no se lo haya llevado tampoco Gabriel García Márquez, autor de la mejor novela en español de los últimos cincuenta años, y un autor consagrado como clásico en vida. Desde su Nobel en 1982 ha habido tiempo de sobra para darle el Cervantes. Sabemos que no quiere, que se niega a recibir más premios, no obstante, un galardón como el Cervantes está incompleto sin él.”

Son, probablemente, las dos ausencias más llamativas, a fuer de obvias. Pero no las únicas que soliviantan ánimos.

Ilustres olvidados

Tampoco es Cervantes Mario Benedetti y, en el momento de su muerte, al catedrático de Lengua Española de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona José María Fernández Gutiérrez le dio por recordar que la postergación de este “amigo del pueblo, no del poder”, contrastaba con la consagración de Antonio Gamoneda, “amigo de Zapatero”. Y también que Gamoneda contestó a unas preguntas sobre Benedetti diciendo que “la palabra meramente informativa se puede encontrar en las columnas de periódicos, en televisión y hasta en los púlpitos, pero la poesía es otra cosa. Menos evidente”.

La evidente salida de tono encontró muchas y contundentes respuestas.

Una, la de Chus Visor y Benjamín Prado, que amonestaron a Gamoneda con las siguientes palabras: “A Mario no le hizo falta, como a otros, obtener el Premio Cervantes para alcanzar lectores, ni popularidad. Este es un galardón que, en ocasiones, está bien dado, cormo el de Marsé o el de Gelman, pero luego hay ediciones en que se lo dan a poetas de segunda división como es el caso de Gamoneda, un ser sujeto al techo por telarañas y al que no entiende nadie. Mario, sin embargo, que era un poeta de un amplio registro —como Ángel González— no lo consiguió. Ni uno ni otro. Resulta un reconocimiento más fácil para aquellos que aman el poder. Puede que Benedetti no sea Cernuda, pero comparado con Gamoneda es el Barça frente al Alcoyano”.

Y si cito ésta y no otras es porque en ella se menciona a Ángel Gonzalez, al que tantos echan en falta en esa nómina de premiados. En la que tampoco están Rosa Chacel, por citar a una mujer (sólo cuatro han sido distinguidas) cuyo nombre sonó en su día, ni Augusto Monterroso (“No le dieron el Premio Cervantes los tarugos de siempre. Porque no era solemne ni engreído”, escribió Vila-Matas), ni Jorge Amado.

Ni José Donoso. “Nunca fue un escritor de éxito ni de premios —cuenta su biógrafo, Fernando Sáez—. Eso le dolía, pero tenía ironía y humor y saltaba con el humor. Tenía una relación muy especial en este sentido con María Pilar [su mujer]. Una semana antes de que se entregara el Premio Cervantes, Pepe empezaba a inquietarse; después Pilar le decía: 'Pepe, otra vez no te sacaste el Cervantes'. Eso era parte del juego de ellos".

Eso por lo que respecta a los ya fallecidos… ¿Escritores vivos que hubiesen dado un premio redondo?

Las propuestas de Valerie Miles, editora en Duomo y cofundadora de la revista Granta en español: “Juan Goytisolo por ser un outsider y contar desde esta mirada la verdad de su propia tradición, que lo hace único; Rafael Chirbes por su oscura mirada, por su compromiso moral con la literatura, por su estilo único de mosaico y porque se atreve a decirlo aunque nos incomoda; Ramiro Pinilla por ser el Faulkner español y dibujar su Getxo a lo largo de los años, por la suma de ritmo, lenguaje narrativo, diafanidad expresiva, sus verdes valles y colinas rojas; Vila-Matas porque va más allá de la literatura misma, por ser un erudito que juega, que nos reta, nos desafía, nos dice que la literatura es más que una mera historia, es la vida misma”.

Son todos españoles, así que los tendremos en cuenta para cuando, el año que viene, el premio cruce el charco.

¿Cuál es su ausente? Porque a buen seguro cada quien tiene su cada cual, incluso por razones no estrictamente literarias, como señala Miles, “uno puede imaginar que un premio así de contundente y canonizante no sólo se da por el puro talento, sino que hay otras consideraciones y presiones”.

Las hay, las habrá. En 2014, más.

La escritora mexicana Elena Poniatowska gana el Cervantes 2013

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