Cine

‘Trans’, de transgresión

Fotograma de 'Viva', de Paddy Breathnach.

1996. Cienfuegos, Cuba. Noche en Palacio del Valle, con su extraña arquitectura entre morisca y gótica. El actor Benicio del Toro y el director Paddy Breathnach se camuflan en el hotel, reservado solo para cargos del Partido Comunista. En el sótano está a punto de ocurrir una rareza: un “espectáculo de transformismo”, como llaman en la isla a los shows realizados por mujeres transexuales u hombres que puntualmente se visten de mujer.

“Era muy poco habitual, pero, por alguna razón, estaba sucediendo”, recuerda el realizador. Los visitantes charlan animadamente con dos mujeres. Cuando la artista comienza su show, una de ellas se echa a llorar. “Es mi hermano”, dice, “y solo está feliz cuando está en el escenario”. Quedaba casi una década para que llegara a los cines, pero ese era el germen de Viva, la nueva película del irlandés, que estuvo a punto de ser nominada al Oscar a mejor filme de habla no inglesa en la última edición de los premios.

Esta no es, ni mucho menos, la única anécdota que Breathnach puede contar sobre esta cultura underground isleñaunderground, un mundo rechazado por el Estado y por la sociedad, todavía muy machista y homófoba, en el que mujeres transexuales y hombres disidentes de la masculinidad normativa esperan encontrar refugio. Su película está construida en torno a los focos, el exceso y la ruptura de este universo, al que se acerca Jesús (Héctor Medina), primero buscando ganarse unos dólares como peluquero, y atraído luego por la magia del show.

Pero frente a este mundo en el que la purpurina y la música transforman en lujo el local más lúgubre, está ese otro mundo, el de la superficie, de hambre, precariedad, prostitución y violencia. Algunos de los intérpretes de la película han sido descubiertos por Breathnach —como Jorge Martínez, Celeste— en su investigación por los clubes de La Habana. Parte de los secundarios salieron de un casting callejero. "En el set de rodaje había una atmósfera muy generosa. Para algunas de las transexuales, el hecho de sentirse aceptados, respetados y celebrados por parte de estrellas del cine a quienes admiran, en una sociedad que las maltrata, era especialmente simbólico", explica. 

No es, desde luego, la primera película que aborda la situación de la comunidad LGTB en la isla: Fresa y chocolate, Antes que anochezca, el documental Conducta impropia, que ya en 1983 daba fe de las “depuraciones morales” a homosexuales… La del irlandés –que vuelve al cine de autor después de despuntar en los noventa con sus dos primeros filmes y caer luego en una sucesión de películas comerciales de calidad cuestionable— se centra en este mundo, sus colores intensos, su dramatismo, esa exuberancia que no pasa por disimular la decadencia del entorno, sino que la integra. El teatro, por oposición al duro mundo real. Aunque en 2008 el Ministerio de Salud Pública autorizó en Cuba las operaciones de reasignación de sexo, hasta 2012 solo 15 personas habían sido operadas, y el Estado no permite el cambio de nombre y sexo de manera oficial sin este proceso.  

Viva –nombre artístico que elegirá el protagonista— retrata la represión solo a pequeña escala. El mundo de Jesús, joven homosexual que se ha criado solo desde la muerte de su madre, se ve sacudido cuando aparece, repentinamente, su padre (Jorge Perugorría), que le abandonó cuando tenía tres años y acaba de salir de prisión. El lector adivinará que no le produce especial placer que su hijo “flojo” salga a cantar vestido de mujer.

Para abordar el conflicto familiar, Breathnach desenfunda otra anécdota. La Habana. Jardín trasero de una casa obrera. Un escenario compuesto de una sábana roja y una luz. “Salió el artista”, recuerda, “que podría haber sido un conductor de autobús, quién sabe, y su actuación fue tan potente, fuerte y emocionante, que trascendió ese contexto ordinario y lo convirtió en un teatro, en un lugar de sueños y posibilidades, un lugar en el que conseguir autenticidad a través de ese artificio”. Lo real frente a lo imaginado. La tiranía de lo existente frente a la libertad de lo posible.

Pero no fue esa “demostración de amor tan práctica” la que le sedujo en un comienzo. Fue el “punk” de “ese ámbito de trasgresión”. Nombra, para explicarse, el proyecto fotográfico Les amies de Place Blanche (Las amigas de Place Blanche), en el que el fotógrafo Christer Strömholm retrataba a mujeres transexuales del París de los años cincuenta y sesenta: “No querían ser la mujer perfecta. Llevaban demasiado maquillaje, a veces se veía algo de barba o rasgos masculinos. El punk es igual: no se trata de la perfección, sino del deseo subyacente”.

Durante años, fotografió y filmó cientos de actuaciones. Esas mujeres en las que reconocía, estéticamente, a la Gloria Swanson de El crepúsculo de los dioses. Pero también políticamente: la resistencia íntima ante un mundo hostil. Es fácil, por cierto, reconocer en la fábula del enfrentamiento al padre y el triunfo de la libertad una referencia política, pero el irlandés insiste en que no es ese el centro de una película que trata de escapar de ese enfoque.

Un pilar importante de la documentación de Breathnach  —para quien esta escena se ha convertido en mucho más que el tema de una película— ha sido la música. Conocer y recuperar a damas de la canción cubana –algo así como las copleras españolas—como Maggie Carles, Gina León, Rosita Fornes o Annia Linares, iconos en los espectáculos de “transformismo”. “El contenido de las letras es importante”, explica el irlandés, “Pero lo que más me interesaba era el potencial emocional subyacente. Tiene que ver con la edad de las mujeres que cantan las canciones, y también con las experiencias de pérdida y dolor en relación al amor, que a menudo se describen de forma física”.

La música —temas como Sombras, Es mejor que tú lo sepas o Qué te pedí—se transforma en himno, como sucedió con I will survive, Resistiré o A quién le importa. Por eso, cuando Viva canta Como cualquiera, una suerte de My way a la cubana interpretado por Annia Linares (residente en Miami), es mucho, mucho más que una actuación. “Como cualquiera, me di a la vida / a mi manera y a mi medida. A todo o nada, así lo quise, / y estoy tranquila conmigo misma”, dice el vinilo sobre el que hace playback Jesús. Y su triunfo es una clara bandera del de otros muchos.

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