Unión Europea

Bruselas mantiene el pulso con EEUU tras la ruptura del acuerdo con Irán y la amenaza arancelaria

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk (c), charla con Jean-Claude Juncker (i) y un comisario.

Bruselas trata de mantenerse firme y unida ante las últimas embestidas y amenazas que llegan desde Washington. En vísperas de la cumbre entre la Unión Europea y los países bálticos, los jefes de Estado y Gobierno del club comunitario participaron el pasado miércoles en Sofía en una cena informal centrada en la Europa digital, investigación e innovación. Un encuentro en el que, por supuesto, también se abordó ampliamente el progresivo aumento de la tensión con Estados Unidos. Sobre la mesa, los últimos movimientos del presidente estadounidense, Donald Trump: la ruptura del acuerdo nuclear con Irán –con el consiguiente restablecimiento de las sanciones– y la amenaza arancelaria que se cierne sobre el acero y aluminio europeos. Y, como colofón, el mensaje unitario de los Veintisiete. Bruselas mantendrá, por el momento, el pulso transatlántico. Y, para ello, las instituciones comunitarias ya han acordado los primeros pasos a dar.

El Ejecutivo europeo, que encabeza Jean-Claude Juncker, ha presentado este viernes su paquete de medidas para hacer frente a los posibles efectos negativos para las empresas comunitarias que pueden derivarse del portazo de Estados Unidos al pacto de desnuclearización con Irán. Un menú que incluye, entre otros platos, la activación de una vieja normativa –elaborada en la década de los 90 que nunca llegó a utilizarse– para proteger a las compañías comunitarias que han desembarcado desde 2015 en suelo iraní y el impulso de las inversiones en el país persa a través del Banco Europeo de Inversiones. Este movimiento se suma a la oferta que los Estados miembro pusieron sobre la mesa de la Casa Blanca pocas horas antes para intentar cerrar el capítulo de las amenazas arancelarias y esquivar así el fantasma de la guerra comercial con Washington.

La unidad y la actuación como bloque sin fisuras se han convertido en las máximas de la Unión Europea desde que Reino Unido anunciara su decisión de abandonar el club. Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete ya dejaron entrever a su llegada a la cena en la capital búlgara que en la confrontación con la primera potencia mundial no iba a haber, o al menos no se iban a exteriorizar, discrepancias de ningún tipo. "Cuando hay desafíos que amenazan con desestabilizar al mundo, la única solución es unir nuestras fuerzas y responder con una voz”, señaló el presidente francés, Emmanuel Macron, que añadió que la “soberanía europea” es “la garante de la estabilidad internacional”. “[La UE] no negociará con Estados Unidos bajo amenazas”, apuntó el primer ministro belga, Charles Michel, que criticó que el bloque comunitario no esté siendo respetado “suficientemente”.

Las relaciones entre los dos bloques, que se suponen aliados, están cada vez más incendiadas. Y un ejemplo de ello fueron las duras palabras que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, le dedicó a la Administración Trump antes de que diera inicio la reunión de gobernantes. “Mirando las últimas decisiones del presidente Trump, uno podría pensar que, con amigos así, no hacen falta enemigos”, dijo con beligerancia el político polaco, que definió la ruptura del pacto de desnuclearización con Teherán como “una firmeza caprichosa” y exigió a los Estados miembro “unidad política y determinación”. Porque, dijo, la Unión Europea “tiene potencial suficiente para afrontar el desafío” y debe “actuar” por su cuenta. “Para expresarlo de manera simple: o estamos unidos o no seremos nada en absoluto”, sentenció Tusk en línea con lo expresado hace una semana por el presidente francés y la canciller alemana, Angela Merkel.

Paquete de medidas para Irán

El presidente del Consejo Europeo fue uno de los más críticos con el magnate estadounidense tras su llegada a la Casa Blanca. Cuando Trump apenas llevaba diez días instalado en el Despacho Oval, Tusk envió una dura carta a los jefes de Estado y de Gobierno de los países miembro definiendo como “demagogo” al nuevo líder de la primera potencia mundial y calificándolo de “amenaza exterior” para la UE. Y, con el paso de los meses, la cuerda se ha ido tensando progresivamente. EEUU metió en un cajón el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés) y abandonó el ambicioso Acuerdo de París. A la lista de afrentas se sumó la pasada semana la decisión de sacar al país del acuerdo nuclear con Irán, un pacto de desnuclearización firmado en 2015 tras dos años de negociación en el que la Unión Europea actuó como garante.

El paso dado por el líder de la primera potencia mundial, algo que llevaban meses pidiendo los halcones republicanos, vino acompañado del restablecimiento de las sanciones y la aplicación de otras nuevas. Sobre esto, Washington avisó de que se impondrá “el mayor nivel” de castigos económicos sobre Teherán. Sin embargo, Trump no se quedó ahí. También lanzó un aviso a “cualquier nación que le ayude en su búsqueda de armas nucleares”, que del mismo modo “podría ser fuertemente sancionada”. Porque América, dijo, “no será rehén del chantaje nuclear”. Es decir, cualquier empresa o Estado que mantenga relaciones comerciales con el régimen de los ayatolás también estará bajo el fuego estadounidensefuego. Es, por ejemplo, lo que ocurrió con la famosa ley Helms-Burton, que castigaba a cualquier compañía –finalmente se excluyó a las europeas– que mantuviera negocios en Cuba.

Tras el anuncio de Trump, Europa ha repetido por activa y por pasiva que seguirá adelante con el pacto. “Todos en la UE compartimos la opinión de que debemos seguir en él”, reiteró el pasado miércoles la canciller alemana. No es de extrañar que Bruselas plante cara en este asunto. Desde la firma del acuerdo, los intercambios entre la UE e Irán se han disparado: el volumen comercial entre Bruselas y Teherán ha pasado de los 7.700 millones de euros en 2015 a los 21.000 millones en 2017. Y gran cantidad de empresas comenzaron a desembarcar en suelo iraní –Airbus, Siemens, Total, PSA, Renault, Volkswagen o las españolas Telepizza, Meliá o Tubacex, entre otras–. La petrolera francesa Total, por ejemplo, cerró el año pasado un acuerdo, valorado en 4.000 millones de euros, con la Compañía Nacional de Petróleo de Irán (CNPI) para el desarrollo del mayor campo de gas del mundo.

La UE sabe que la única manera de conseguir que el acuerdo siga siendo atractivo para Irán, evitando de paso que Rusia o China potencien su presencia en el régimen de los ayatolás, es manteniendo las inversiones. Para ello, la Comisión ha anunciado un paquete de medidas en esta línea. En primer lugar, Bruselas actualizará y activará el denominado Estatuto de Bloqueo, una norma elaborada tras la aprobación de la ley Helms-Burton para proteger los intereses comunitarios de las sanciones económicas de terceros países. “Prohíbe a las empresas europeas cumplir con las sanciones estadounidenses, les permite recuperarse del daño causado y anula los efectos que las decisiones de tribunales extranjeros sobre este asunto puedan tener en la UE”, señala Bruselas en un comunicado. Se espera que pueda estar en marcha a comienzos de agosto, antes de que EEUU empiece a aplicar las sanciones.

Pero la Unión Europea también ha comenzado a trabajar en la “eliminación de los obstáculos” que dificultan que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) pueda financiar proyectos en suelo iraní. Según han explicado a Europa Press fuentes comunitarias, la intención es sacar a Irán de la lista de países “potencialmente elegibles” para incluirlo en la categoría de “completamente elegibles”, un paso con el que espera conseguir un aumento de inversiones de empresas europeas en el país persa. Además, Bruselas anima a los Estados miembro a hacer transferencias al Banco Central Iraní para ayudar a las autoridades a recibir sus beneficios derivados del petróleo en el caso de que las sanciones se dirijan a firmas del sector energético que comercien habitualmente con Teherán. Y anuncia que “reforzará” la asistencia y cooperación con Irán, incluida la energética.

El 'fantasma' de la guerra comercial

Al igual que en el caso de la ruptura del acuerdo nuclear con Irán, la amenaza de guerra comercial lanzada desde Washington también ha hecho saltar todas las alarmas. El presidente estadounidense, abanderado del proteccionismo desde que comenzó la carrera hacia la Casa Blanca, anunció el pasado mes de marzo la imposición de un arancel del 25% al acero extranjero y del 10% al aluminio, una amenaza a la que la UE respondió elaborando un listado de más de 300 productos estadounidenses a los que impondría tarifas arancelarias por valor de 6.400 millones de euros si Washington decidía finalmente cruzar la línea. Aunque por el momento las barreras comerciales anunciadas no afectan al Viejo Continente, el secretario de Comercio de EEUU dio este semana un ultimátum a Bruselas: si no se alcanza un acuerdo antes del 1 de junio, se cumplirá su amenaza.

Con esa fecha marcada a fuego en el calendario, Bruselas trata de disuadir al magnate por la vía diplomática. Sobre este asunto se pronunció el pasado jueves la canciller alemana, que aseguró que la Unión Europea está dispuesta a negociar con EEUU para reducir barreras comerciales entre los dos bloques siempre que se haga de forma “recíproca” y siempre que Washington excluya de su amenaza arancelaria de forma permanente al acero y aluminio europeos. "Tenemos una posición común. Queremos una exención permanente (de los aranceles al acero y aluminio) y entonces estamos preparados para hablar de cómo podemos recíprocamente reducir las barreras al comercio", aseveró Merkel. “Si Estados Unidos quiere tratar a Europa como aliada, estamos dispuestos a hablar de varias cosas; si no, la UE defenderá sus intereses”, añadió Macron.

Bruselas sabe que en la cuerda floja están las buenas relaciones comerciales entre los dos bloques. Estados Unidos fue en 2017 el principal destino de las exportaciones comunitarias y el segundo país que más vendió al Viejo Continente. Por eso, la UE ha puesto esta semana sobre la mesa de Trump una oferta que permita esquivar la guerra comercial. La Comisión Europea se abre a dar a EEUU ciertas ventajas en la exportación de bienes industriales, incluyendo los automóviles, así como a la liberalización de las licitaciones públicas. Pero también se comprometen a hablar sobre un refuerzo de la cooperación energética, principalmente sobre el acceso del gas licuado estadounidense en Europa, o sobre una posible reforma de las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Una oferta condicionada al abandono de la amenaza arancelaria.

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