Crisis de los refugiados

Refugiados atrapados en El Pireo: “Hicimos ver que íbamos a comprar comida y luego escapamos”

Un niño mira por la ventana de un autobús que traslada a refugiados sirios e iraquíes a las nuevas instalaciones de acogida en el puerto de Skaramangas, (Ática occidental), desde el puerto del Pireo.

Helena Vázquez | Atenas

Entre centenares de tiendas de campañas que dan cobijo a refugiados en el puerto de El Pireo (Atenas), nos sorprende una pequeña casa de madera cubierta de grafitis. Dentro de ella, vemos un cuchillo, un peine y una máquina de afeitar. Un hombre espera pacientemente sentado a sus clientes. Él es Nizar Ahmed, un peluquero de 27 años que consiguió ahorrar lo suficiente para dejar su ciudad natal, Damasco (Siria), con el objetivo de cruzar el mar Egeo y llegar, finalmente, a Bélgica. Sin embargo, después de un mes encallado en Grecia, sus bolsillos se han quedado vacíos. “Todo el dinero que tengo se me ha acabado, así que decidí montar mi peluquería aquí. Cobro dos euros por el servicio y si los compañeros no tienen dinero, lo hago gratis”, informa el joven peluquero sirio.

Al lado de su curiosa peluquería, se oyen las risas de un grupo de refugiados que toman café con los que consideran sus “vecinos”. Delante de este grupo, a unos pocos metros, un grupo de migrantes ha organizado un torneo de fútbol. Una extraña cotidianidad parece haberse incrustado con el tiempo en la terminal 1 del puerto de El Pireo. Después de Idomeni, el puerto del Pireo es el segundo campo improvisado del país que acoge a más refugiados.

Según fuentes oficiales, el lunes pasado había alrededor de unas 4.500 refugiados en el puerto de la capital (53.000 en toda Grecia). Muchos de ellos se encuentran atrapados allí desde hace un mes y medio. Sin embargo, la cifra de refugiados instalados en el puerto podría llegar al cero en cuestión de días. El gobierno griego ha puesto una fecha de caducidad a esta caótica “normalidad” que invade las principales instalaciones portuarias de Grecia.

“El otro día me cogieron [la policía] y me dijeron que les comunicara por el megáfono a mis compañeros que dejaran el puerto porque aquí [en el puerto de El Pireo] ya no se les permite estar. Nadie les hizo caso”, explica Ahmed Farhad, un migrante afgano que ejerce la tarea de traductor en el campo en la terminal 1 del puerto. A lo largo de las dos últimas semanas, varios autobuses se han ido acercando a las terminales donde están instalados los refugiados para informarles que deben abandonar el recinto portuario para ser trasladados a los campos “oficiales” habilitados para su estancia. Sorprendentemente, llenar los autobuses se ha convertido en una tarea muy complicada, son muchos los que se niegan a ser trasladados en dichos campos. Nizar Ahmed, peluquero sirio de 27 años que ha instalado su 'negocio' en pleno puerto. H. V.

Las autoridades públicas griegas anunciaron el pasado miércoles 6 de abril que los refugiados del puerto disponían de “dos semanas para ser evacuados”, voluntariamente o por la fuerza. En ese sentido, Giorgos Kyritsis, portavoz de la oficina de Coordinación Migratoria del gobierno griego quiso dejar claro que evitarían el uso de violencia para vaciar el puerto de migrantes antes del comienzo de la Semana Santa ortodoxa, momento en el que se prevé un gran tráfico de pasajeros en el puerto.Los refugiados denuncian las condiciones de los campos oficiales

Los refugiados denuncian las condiciones de los campos oficiales

Los techos de los refugios al puerto de Atenas son tiendas, algunas colocadas en recintos cerrados mientras que otros, menos afortunados, duermen encima del arcén. Los ruidos de los motores de las barcas y los camiones transitando a unos pocos metros de las tiendas perturban el descanso de los que se hospedan allí. Los servicios que ofrecen esas áreas son más que insuficientes: ausencia de duchas, pocos los lavabos. Entonces, ¿por qué son tantos los migrantes que se resisten a abandonar el puerto?

“La policía nos dice que allí tendremos más baños, duchas, habitaciones, pero todo esto es mentira”, exclama Sami Harsan, de Síria. Según ACNUR, en la actualidad hay más de una treintena de campos de refugiados con libertad de movimiento destinados a recibir a los migrantes registrados llegados antes de la entrada en vigor del acuerdo de la Unión Europea con Turquía. Algunos de los campos oficiales que el gobierno construye están custodiados por el ejército. Desde principios de marzo, el ministerio de Defensa está abriendo una media de dos campos de refugiados por semana, en diferentes bases militares, según fuentes oficiales.

La información sobre el estado real de algunos campos les llega a través de refugiados que precisamente han huido de ellos. Asimismo, un grupo de activistas de la Coordinadora de Sindicatos y Estudiantes ha distribuido unos panfletos informativos describiendo las condiciones que se encontraran en esos recintos.

Mohammed Surab es uno de los que vivió de primera mano la situación de esos recintos. Lo encontramos sentado debajo de una sábana convertida en un frágil toldo que se mueve violentamente por la fuerza del viento. Este trozo de ropa une cuatro tiendas y se ha convertido en la terraza comunitario de las que habitan en ellas. Aunque vivir en estas condiciones es difícil, se niega rotundamente a volver a esos recintos militares. Nos confirma el rumor que corre por el campo: “ese campo es como una prisión”, denuncia Mohammed.

Hace unos diez días, accedió a subirse a los medios de transporte habilitados para ir a esos campos, ni él ni los que viajaron con este afgano sabían exactamente a qué punto del país iban. “Sólo sé que está a unas seis o siete horas del puerto”, explica Mohammed. No les proporcionaron ningún mapa, ni información de los servicios que tienen cerca de estos recintos militares alejados de núcleos urbanos. Por ello, ni Mohammed ni otros migrantes que hablaron con infoLibre pueden confirmar el nombre de los diferentes campos a los que fueron trasladados.

“Cuando llegué al campo, había una manifestación, la gente me decía que no me quedara”, narra Mohammed. Estar en el puerto les permite estar conectados con todas las facilidades de la capital; también con ONG y personas a título individual que se acercan a ellos para prestarles ayuda. En contraste, el joven afgano denuncia que los campos militares están “en el medio de la nada”, normalmente rodeados de bosques, y además “no hay ni ONG, ni periodistas”. En este sentido, el ministro de migración Yannis Mouzalas emitió un comunicado el pasado 29 de febrero prohibiendo la entrada de periodistas en los campos oficiales donde se hospedan refugiados. Aunque se pueden procesar las peticiones ante el ministerio de Defensa o el ministerio de Interior, en función del órgano que esté al cargo del campo, la mayoría de veces son denegadas con absoluta arbitrariedad.

Todos los testimonios con los que infoLibre ha hablado coinciden en la falta de servicios básicos de calidad, como la comida. Por ejemplo, Mohammed nos cuenta que en una semana la única fruta o verdura que les facilitaron fue una manzana. A ello se añade el hecho de que en muchas de esas instalaciones duerman en tiendas sobre el barro y en algunos campos parece que no hay unidades médicas. “Estuvimos una semana entera llamando a un doctor porque en el campo en el que estábamos [a una hora del puerto de la capital] no había ninguno”, cuenta Bilal Oweid, un sirio que comparte.

“Nos metieron en una tienda junto a otra familia, ¡no cabíamos!”, se queja Bilal lleno de ira. Continua con su testimonio: “Cada día salía del campo para comprar comida, teníamos que caminar cinco kilómetros para llegar al pueblo más cercano”. Nos explica que podían salir sin problema alguno para comprar bienes básicos. Además, denuncian que allí no pueden recibir visitas de amigos o familiares que están en otros campos.

Abandonar el campo y volver al puerto no le resultó fácil a Bilal. “Si les dices a los militares que te vas del campo te quitan la documentación. Por eso mi familia y yo hicimos ver que íbamos a comprar comida y luego escapamos. Cogimos un taxi y volvimos al puerto”.

Si bien es cierto que las condiciones de los múltiples campos pueden ser diferentes, la realidad que relatan estos testimonios pone en cuestión la información que las autoridades públicas transmiten a los refugiados. En unos folletos informativos que repartieron en el puerto el pasado sábado les informaban que en los campos donde serían trasladados no serían detenidos; que el Ejército no los controla; que allí encontrarían las instalaciones adecuadas y todo tipo de servicios (asistencia médica, presencia de ACNUR para tramitar peticiones de asilo, ONG, etc..). En estos panfletos, que no fueron más que ese claro intento de persuadir a los refugiados, les lanzaban este mensaje: “No pierdas tu coraje, nosotros os protegeremos, os queremos”. “¡Una mentira!”, decían muchos de los migrantes en la terminal 1 al leer ese comunicado.

En marcha el proceso de desalojo del puerto, camino a los campos

Ante la resistencia que siguen oponiendo los refugiados para evacuar, las autoridades han empezado la cuenta atrás para la evacuación. Por ello, la policía dejó de “solicitar” que dejaran el recinto para “ordenar” su abandono. El jueves pasado empezaron la evacuación en la terminal 3 del puerto de El Pireo, la más accesible desde la entrada principal del puerto.

Este era el hogar temporal de Ammar Alshsteweie, él nos relata, frustrado, su desalojo: “La policía vino y nos expulsó. Nos dijo que este sitio ya no era para nosotros. Nos daban sólo dos opciones: o subirnos a los buses para ir a los campos o irnos a otra terminal”. Los pocos centenares de personas que vivían en la terminal 3 cogieron sus maletas, sus mantas, sus tiendas para buscar otro refugio, en otro sitio, como tantas veces han hecho en sus largos y tortuosos viajes.

Ammar no se subió en aquél autobús, la mayoría no lo hicieron, por lo que se desplazaron a la terminal 1, también ocupada por refugiados. Ahora, la terminal 3 permanece sellada bajo la custodia de un guardia de seguridad. Aun así, saben que tarde o temprano será el turno de la terminal 1, que aloja actualmente a 2.150 refugiados. El proceso de desalojo está en marcha. El pasado lunes evacuaron parte de los refugiados de la terminal 2.

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