La segunda vuelta de las legislativas: incertidumbre y dificultades para un Macron que pierde apoyos

Emmanuel Macron durante la jornada electoral este domingo en Le Touquet.

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Francia tiene este domingo una nueva cita con las urnas para poner punto final a unas elecciones legislativas en las que el presidente, Emmanuel Macron, y su coalición se enfrentan a la incertidumbre y las dificultades de una posible pérdida de apoyos, una cuestión que pone en peligro su mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, asegura Europa Press.

Tras una primera vuelta en la que la izquierda, aglomerada bajo la alianza Nueva Unión Popular Ecológica y Social (Nupes), ha obtenido buenos resultados, el grupo presidencial parece encontrarse en un brete, sin que quede claro que sea capaz de aunar los respaldos necesarios para preservar su poder y mantener intacto el Gabinete.

Macron ya ha advertido a sus ministros: si no renuevan sus escaños quedarán fuera del Gobierno. Esto pone en peligro a la quincena de altos cargos que optan a un escaño y que no han logrado asegurarlo durante la primera vuelta electoral.

Entre las figuras que más se la juegan este domingo se encuentran la flamante primera ministra, Elisabeth Borne, el ministro de Solidaridad, Autonomía y Personas con Discapacidad, Damien Abad, que se enfrenta a varias acusaciones por abuso sexual, el ministro de Función Pública, Stanislas Guerini, y la de Transición Ecológica, Amélie Montchalin, quienes no obtuvieron buenos resultados en la primera vuelta.

El bloque de izquierda, que sigue consolidándose a pesar de unos resultados a todas luces confusos, ha quedado a tan solo unas décimas de la coalición Juntos de Macron, si bien las tres principales fuerzas del país celebraron su propia victoria.

Mélenchon y sus aliados, además, han acusado al Ministerio del Interior de "manipular" los resultados al considerar que son al menos tres los casos que suscitan la polémica después de que el Ministerio no contabilizara como candidatos de la Nupes a algunos políticos que han insistido en que se sumarán al bloque parlamentario en caso de victoria. Entre ellos se encuentran, fundamentalmente, los candidatos de los territorios de ultramar y Córcega.

Aún así, la alianza de Mélenchon ha obtenido un 25,66% de los apoyos y le pisa los talones al grupo presidencial, que se ha hecho con el 25,75 por ciento de los votos, según datos oficiales que apuntan a una segunda vuelta muy reñida y que pone en tela de juicio la continuidad de la mayoría de Macron en el Parlamento.

Por detrás se encuentra la ultraderechista Agrupación Nacional, que se hizo con el 18,68% de los votos y quedará fuera de la segunda vuelta en la mayoría de circunscripciones que se decidirán este domingo.

Las posibilidades de la ultraderecha

Aunque el cordón sanitario frente a la formación de Marine Le Pen parece mantenerse, las principales fuerzas políticas ejercen ahora una mayor contención de cara a la segunda vuelta por temor a perder apoyos en las circunscripciones en las que Agrupación Nacional se enfrenta a diferentes candidatos.

Sin embargo, tras una semana en la que muchos consideran que el Gobierno ha sido incapaz de dar instrucciones claras a la hora de ir a votar y se ha mostrado un tanto equidistante, Borne ha matizado que la postura del Ejecutivo es clara: "no hay que dar ni una sola voz a la extrema derecha".

Así, ha descrito a la Nupes como una "alianza de circunstancia" en la que "hay candidatos republicanos". "A esos los apoyamos, (...) pero a los candidatos de Francia Insumisa que no comparten valores republicanos, que cuestionan el papel de nuestras fuerzas policiales, no los apoyamos", ha dicho en unos comentarios recogidos por el diario 'Le Figaro'.

Con estas palabras es ha referido a las polémicas declaraciones vertidas hace varias semanas por el propio Mélenchon contra la Policía, a la que ha acusado de "matar". El líder opositor ha llamado también "grupo faccioso" a un sindicato policial por su defensa de los agentes que mataron a tiros a una mujer dentro de su vehículo después de que esta se diera a la fuga.

El problema de la abstención

La participación ha tenido un papel fundamental en las elecciones del pasado fin de semana, cuando se produjo una abstención histórica de más del 52%, por encima de los datos recabados en 2017, ya de por sí muy bajos.

Esto pone de manifiesto la "apatía" del electorado francés, que según las encuestas ya no confía de la misma forma en el jefe de Estado pero tampoco alberga esperanzas de que la alianza de izquierdas tenga un mayor éxito allí donde el actual Gobierno ha cosechado fracasos.

Los sondeos apuntan a que son los jóvenes los que se han visto particularmente afectados por esto y, según datos del Ministerio del Interior, al menos el 70% de los menores de 35 años no acudieron a las urnas el pasado fin de semana, lo que favorece a la coalición de Macron, acostumbrado a tener un electorado formado en gran medida por personas de mayor edad.

No obstante, desde el Gobierno han lamentado la baja participación en la primera vuelta electoral y han invitado a la "reflexión" a pesar de que la cita electoral, que tiene lugar poco después de las presidenciales, tiende a beneficiar al partido que salió victorioso de los anteriores comicios.

En este sentido, Macron ha reclamado una mayoría "sólida" para los partidos que le apoyan apelando al "interés superior de la nación" y ha insistido en que "nada será peor que añadir el desorden francés al desorden mundial".

El futuro de Francia

Si bien las encuestas de intención de voto auguran que la alianza de Macron se hará con la mayoría de las circunscripciones en juego, el presidente necesita hacerse con 289 diputados para mantener la mayoría absoluta, algo que parece ahora improbable dada la consolidación de la izquierda.

En los últimos coletazos de la campaña, Mélenchon ha aprovechado para equiparar el viaje de Macron a Moldavia y Rumanía como metáfora de aquellos que se van "cuando el barco se hunde". Para él, la actitud del presidente demuestra que pensaba que la votación sería un mero "trámite administrativo" para seguir gobernando.

El jefe de Estado galo, sin embargo, ha justificado su decisión y ha recalcado que también es el jefe del Ejército, por lo que la visita era "necesaria", especialmente ante el avance de la guerra en Ucrania.

Esto no ha impedido a Mélenchon mostrar su confianza en los resultados legislativos, por lo que ha dicho estar seguro de que recibirá una llamada de Macron tras conocerse los resultados. "El lunes por la mañana estaré en casa y esperaré la llamada telefónica del presidente de la República para pedirme que forme gobierno", ha asegurado en una entrevista con la cadena BFMTV.

Con estas palabras, el líder de Francia Insumisa no esconde su deseo de convertirse en primer ministro aunque esto genere una convivencia entre presidente y jefe de Gobierno de distinto signo político.

Esta cohabitación se ha dado en otras tres ocasiones en la V República francesa, la última de ellas entre 1997 y 2002, y 'a priori' la reducción de los mandatos presidenciales de siete a cinco años complica que vuelva a ocurrir.

En caso de que se produzca, Macron y sus aliados se verían obligados a unir fuerzas para sacar adelante sus proyectos y regulaciones, ya sea mediante la formación de una coalición de gobierno o recabando los votos necesarios en cada ocasión.

Por la unión de la izquierda, contra una presidencia divisiva

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