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EEUU "juega un juego muy peligroso" en Venezuela

Fotografía cedida por prensa Miraflores donde se observa al presidente venezolano Nicolás Maduro durante un acto de gobierno este miércoles en Caracas.

Mathieu Magnaudeix (Mediapart)

Donald Trump reconoció el 23 de enero al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como "presidente en funciones" de Venezuela. Fue el primer líder en hacerlo, seguido de una docena de países en América Latina, pero también de Canadá. El Kremlin denunció un "intento de usurpar el poder". La Unión Europea ha instado a convocar elecciones "libres y justas", sin reconocer aún a Guaidó. En este punto, el Ejército, a través del ministro de Defensa, el general Vladimir Padrino, anunció su apoyo a Maduro.

¿Por qué Estados Unidos de Trump, presidente aislacionista rodeado de colaboradores intransigentes, lidera el movimiento contra Nicolás Maduro? ¿Debemos temer una intervención, en la larga tradición de injerencias estadounidenses en el continente? Entrevista cruzada con Alejandro Velasco, investigador venezolano en la New York University, y Federico Finchelstein, especialista en relaciones entre Estados Unidos y América del Sur, profesor de la New School for Social Research en Nueva York.

PREGUNTA: ¿Cómo se puede explicar la repentina decisión de Donald Trump de reconocer a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, como presidente de Venezuela?

Alejandro Velasco: Maduro es un blanco fácil. ¡Es más Noriega que Allende! El fruto de su régimen está maduro. Carece de legitimidad. Pensó que había neutralizado a la oposición, sin embargo, ésta estaba coordinada y gozaba de apoyo internacional. Estados Unidos tiene la intención de afirmar una nueva hegemonía en la región, en un contexto favorable para ello, ya que ahora el continente está liderado por gobiernos muy a la derecha.

Hace veinte años, Venezuela fue el primer país en cuestionar la agenda neoliberal en el continente. Hay una especie de deseo de dar el golpe de gracia. La voluntad de aislar a China, Rusia y Turquía, cada vez más involucrados en Venezuela, también desempeña un papel importante. Además, Estados Unidos está tratando de posicionarse para obtener beneficios de un posible cambio de poder en Caracas, en términos de recursos y mercados. Esto llega en buen momento: Bolsonaro, Macri y Duque [los presidentes de Brasil, Argentina y Colombia] quieren fortalecer sus lazos económicos con Estados Unidos.

También hay razones internas. A Trump no le importa nada Venezuela, pero la derecha estadounidense está muy atenta, especialmente el senador de Florida Marco Rubio, a quien Trump casi ha delegado su política en América Latina, que apoya activamente a Guaidó. O el asesor neoconservador para la seguridad nacional John Bolton, uno de los arquitectos de la guerra en Irak, adepto a los "cambios de régimen".

En un contexto político muy polarizado, también es una forma de obtener cierto apoyo bipartidista. Una parte de los demócratas, y no de segunda fila precisamente, especialmente los representates de Florida, siguen la línea de la Administración Trump. [Otros demócratas, como las jóvenes congresistas Alexandria Ocasio-Cortez e Ilhan Omar o el senador Bernie Sanders han alertado en contra de cualquier intervención estadounidense]

Federico Finchelstein: Esto se inscribe en una larga tradición de interferencias en la región y cuando Estados Unidos interfiere en la política interna en América Latina, nunca es una buena señal. Especialmente en un contexto en el que Bolsonaro y el presidente colombiano Duque buscan formar parte de la maquinaria de la administración Trump.

Claramente, el régimen venezolano está ahora más cerca de la dictadura que de la democracia autoritaria de Chávez. Maduro casi ha destruido la democracia. Pero no estoy seguro de que Trump y Bolsonaro sean las personalidades más apropiadas para gestionar esta crisis. Ellos mismos son muy autoritarios y no defienden los valores democráticos. Líderes con tendencia autoritaria que atacan a otros países en nombre de la democracia, ya vimos esto con Irak y Libia, y conocemos el resultado...

P: "Todas las opciones están sobre la mesa", dice hoy la Administración Trump. Se habla de un embargo petrolero, de nuevas congelaciones de activos. ¿Cuál es el plan de Estados Unidos? ¿Debemos temer una escalada militar? "Necesitamos aprender del pasado y no apoyar cambios de régimen o golpes de Estado, como hicimos en Chile, Guatemala, Brasil o República Dominicana", ha advertido Bernie Sanders.

Alejandro Velasco: Obviamente, encontramos los procedimientos intervencionistas convencionales de las Administraciones estadounidenses. Mike Pompeo [secretario de Estado de Estados Unidos], John Bolton y Marco Rubio juegan un juego muy peligroso. Después de de que Maduro diera setenta y dos horas a los diplomáticos estadounidenses para que abandonaran el país, Pompeo dijo que no se irían. ¡Nunca se ha visto algo así! En respuesta, un amigo cercano de Maduro, Diosdado Cabello, insinuó que Venezuela podría cortar la electricidad o el gas a los diplomáticos estadounidenses. Este tipo de declaraciones pueden ser interpretadas por Pompeo, Bolton y Rubio como un acto de guerra contra los ciudadanos estadounidenses. No sería la primera vez que Estados Unidos invoca la seguridad de sus nacionales para justificar una intervención estadounidense, incluso limitada.

Federico Finchelstein: ¿Quiere Estados Unidos tener un papel activo en el cambio de régimen en Caracas? Bolton y Trump, sin duda, piensan que es posible intervenir en Venezuela de manera rápida, ligera, pero tales ideas demuestran su ignorancia. La situación en Venezuela es muy compleja y no hay una solución inmediata. No se puede decir que las intervenciones estadounidenses en la región hayan tenido éxito. Francamente, ni siquiera estoy seguro de que la administración estadounidense tenga un plan. En cualquier caso, seguir el liderazgo de Trump para reconstruir la democracia es peligroso. Sinceramente, es como darle a un terrorista los mandos de un avión. Todo lo que hace rompe la tradición democrática estadounidense y alienta a los líderes antidemocráticos de todo el mundo. Las partes involucradas deben poder formar parte del diálogo, en el futuro proceso democrático. Venezuela necesita negociaciones y elecciones libres, sin ultimátums.

P: La política exterior de Donald Trump es caótica. Hace un mes, el jefe del Pentágono anunció su dimisión tras el anuncio de Donald Trump confirmando su intención de retirar las tropas estadounidenses de Afganistán y Siria. En Venezuela, sugiere desde el verano de 2017 la posibilidad de una intervención. ¿Dónde está la lógica?

Alejandro Velasco: Es pura realpolitik. Maduro se encuentra sumergido en un gran problema político. Dada la distancia, el riesgo de que Rusia, China o Turquía intervengan es muy pequeño. El paisaje regional es favorable. Es una oportunidad para que la Administración estadounidense afirme su hegemonía, en un contexto regional favorable para ello.

Federico Finchelstein: Existe un debate entre los expertos en relaciones internacionales para saber si Trump es aislacionista o no, cuál es su doctrina. De hecho, este tipo de discusión con líderes erráticos como él es un poco inútil. Él actúa en función de sus intereses inmediatos. Las políticas de Trump son globalmente un fracaso, puede que tenga interés en presentarse como el líder de una coalición internacional en Venezuela. Lo que, por cierto, puede fortalecer a Maduro, que tendría la oportunidad de convertirse en el defensor del país contra Estados Unidos. Una vez más, lo que Venezuela necesita es la restauración de la democracia a través de elecciones libres.

P: ¿Cómo se puede calificar lo que está pasando en Venezuela, es un golpe de Estado?

Alejandro Velasco: En cualquier caso, la legitimidad constitucional invocada por Guaidó se desmorona con bastante rapidez. Los artículos que invoca para justificar su proclamación como presidente también le obligan a convocar elecciones en 30 días, lo que no hará. Lo que está en juego en este momento en Venezuela es una pura guerra por el poder entre facciones rivales que se benefician de un importante apoyo en el extranjero.

Federico Finchelstein: No está claro por ahora, porque todo está sucediendo ante nuestros ojos. Lo que podemos decir, es que una situación ya compleja de por sí se está volviendo aún más tóxica debido a las políticas de la administración Trump y de sus acólitos como Bolsonaro.

P: Al contrario que otros países de la región, México y Uruguay instan a negociar. ¿Cuáles son sus esperanzas y sus temores?

Alejandro Velasco: Si se llevan a cabo negociaciones, una de las cuestiones será la salida del poder de Maduro. Ya no estamos en un escenario de poder compartido. Pero todavía es necesario que estas discusiones se produzcan. Estados Unidos no parece interesado en una transferencia pacífica del poder. Es preocupante.

Federico Finchelstein: Andrés Malamud, especialista en relaciones internacionales de la Universidad de Lisboa, ha resumido bien la situación. Refiriéndose a la primavera árabe, dijo que para Venezuela quería una transición pacífica a la tunecina, que veía emerger una situación similar a la de Egipto –elecciones seguidas de un golpe de Estado–, y que temía una guerra civil como en Libia. A día de hoy, todas estas opciones son posibles. ________________

Versión española : Irene Casado Sánchez.

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