Los insumisos de Mélenchon buscan otra forma de hacer oposición en la Asamblea francesa

Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa.

Pauline Graulle

El debate del proyecto de ley sobre el poder adquisitivo en la Asamblea Nacional francesa abrió el primer gran campo de batalla desde las últimas elecciones: un ministro de Economía fue tachado de "mentiroso" en el hemiciclo, una ley fue calificada de "estafa" en sesión pública, una enmienda pretendía rebautizar la "prima Macron" como "prima de humo"...  

Por un lado, una mayoría tan frágil como inflexible; por otro, una izquierda a la ofensiva, que ha conseguido, desde el comienzo de la semana, poner al descubierto el propio subtexto político de una ley presentada como fruto del consenso: preferir el reparto de vales o bonos a los aumentos salariales, reducción (relativa) de impuestos a las rentas altas y el uso de emergencia de los combustibles fósiles a la planificación ecológica. 

Un minucioso trabajo parlamentario, eficazmente retransmitido en las redes sociales, y apoyado por las izquierdas en sintonía sobre el fondo... Todo iría bien en el seno de la coalición si la cuestión de la posición de los Insumisos (el partido de Mélenchon), dominante en la alianza, no se hubiera convertido durante unos días en tema de discusión entre ellos mismos. 

Abucheos en la sesión, invectivas mediáticas o colocación solemne de flores en el ataúd del "frente republicano", durante un acto que escenificaba el matrimonio de las marionetas de Marine Le Pen y Emmanuel Macron después de que el grupo Renacimiento (antes La República en Marcha, partido de Macron, ndt) votara en la elección de los diputados de la Agrupación Nacional (RN, antes Frente Nacional, ndt) para la vicepresidencia de la Asamblea Nacional... Desde el comienzo del período de sesiones, Francia Insumisa (LFI) no se ha andado con rodeos para afirmarse como la única oposición real al poder actual. 

Incluso si eso significa desencadenar los gritos de rabia de una mayoría encantada de vapulear a esta "extrema izquierda" (sic), que, según ella, no tiene otro objetivo que sembrar el caos en la Asamblea y de paso generar una ligera sensación de malestar en el seno de una Nueva Unión Popular Ecológica y Social (Nupes) en plena construcción, donde algunos han torcido el morro: ¿y si, por querer hacer demasiado, los Insumisos no acaban confundiendo el mensaje? 

De hecho, sus hazañas se han sucedido rápidamente en solo tres semanas. El 6 de julio, el grupo recibió con pullas y sarcasmo la declaración de política general de una primera ministra que había renunciado a comprometer la confianza del gobierno. La semana siguiente, los Insumisos se alzaron triunfantes en el hemiciclo, junto con la extrema derecha, para celebrar la victoria tras su voto en contra del pasaporte sanitario. Suficiente para que se ponga a pensar una mayoría que estaba demasiado contenta de cantar el estribillo de la unión de los "extremos" y hacer olvidar a los 200 diputados que habían votado por una vicepresidencia de RN. 

También se produjo el episodio de la moción de censura, elaborada apresuradamente por LFI, arrinconando así al resto de la izquierda. Justo antes de que se abrieran los debates sobre la ley de poder adquisitivo, los melenchonistas estuvieron a punto de presentar una moción de rechazo previo. Según cuenta un diputado del grupo socialista, con la ayuda del grupo comunista les cogimos del brazo y "les dijimos que se tranquilicen, porque iban a acabar pareciéndose a las caricaturas que hace la derecha". 

El pasado fin de semana, esta línea de conflicto sistemático le costó a Mathilde Panot, presidenta del grupo LFI en la Asamblea, una intensa polémica. El tema era su tuit conmemorando la redada de Vél' d'Hiv, por el que fue acusada de poner al mismo nivel a Emmanuel Macron y a Philippe Pétain (lo explicó el lunes, en France Info). Una vez más, la mayoría se puso a gritar ¡Ignominia! con la intención de abrir una brecha en la coalición de la Nupes. 

En la izquierda, varios quisieron distanciarse, como el socialista Jérôme Guedj: "De la misma manera que LFI no es lo mismo que RN, Macron no es igual a Pétain", escribió el domingo. El comunista Fabien Roussel, acostumbrado a los exabruptos contra el LFI y a la palabrería de la Nupes, se mostró "escandalizado" por las palabras según él calificadas como consideraciones "políticas". 

"¡Los franceses no son tontos!" 

Estas polémicas y tanteos tácticos han suscitado dudas sobre la mejor manera de hacerse oír: ¿es mejor oponerse en bloque? ¿Intentar obtener pequeños avances, aunque signifique "dejar de lado" algunos principios importantes? ¿Quieres expresar tu ira continuamente? ¿O por el contrario, elegir sus momentos? Ante la nueva situación surgida de las urnas y una mayoría presidencial inflexible, no es fácil encontrar la receta adecuada. 

En LFI dicen que "asumen" el estilo eruptivo, aunque pueda dar lugar a polémicas recurrentes. "En cualquier caso, seamos ‘constructivos’ o no, siempre estaremos en la diana del poder", dice Andy Kerbrat, diputado insumiso de Loire-Atlantique, que señala que la mayoría se comporta "con la misma arrogancia que si tuviera mayoría absoluta". 

"La polémica no es problema si permite transmitir un mensaje político", dice Louis Boyard, el miembro más joven de la Asamblea, que no se deja impresionar por las exigencias de la mayoría. Este ex sindicalista estudiantil, que fue apodado "muchacho maleducado" tras negarse a dar la mano a los diputados de RN el primer día de la nueva legislatura, está convencido de que, lejos de la exageración de la "élite mediática", "los franceses no son tontos y entienden nuestro planteamiento, por eso nos han votado". 

El antiguo director de campaña de Jean-Luc Mélenchon en las elecciones presidenciales, Manuel Bompard, no oculta su cansancio ante los "ataques políticos y mediáticos" contra el comportamiento de los Insumisos. 

Es cierto, dice, que querer rebautizar el "bono Macron" como un "bono de humo" quizás "no era esencial". "Pero es un poco fuerte reprocharnos eso, mientras que detrás de sus bonitos discursos sobre el compromiso, el gobierno no se mueve ni un ápice", dice molesto el diputado por Marsella, recordando que sobre las cincuenta y cuatro enmiendas presentadas el lunes durante el examen del proyecto de ley sobre el poder, sólo se adoptaron cuatro enmiendas "de redacción", procedentes de... la propia mayoría. 

"Tenemos que asumir la confrontación política. Es que somos así, no van a hacernos cambiar", defiende Adrien Quatennens, que se refiere a los combates verbales, a veces subidos de tono, que escribieron, desde el hemiciclo, una parte de la historia parlamentaria francesa. 

Una nueva situación 

Está claro que no todos son Jaurès o Clemenceau. Y si la estrategia de la acrobacia permanente había permitido, en 2017, asentar la reputación del pequeño grupo de diecisiete parlamentarios del movimiento insumiso en un Palais-Bourbon repintado con los colores de La República en Marcha, la quintuplicación del número de diputados no deja de tener efecto sobre la impresión general. 

También es necesario abordar otra novedad: la coalición Nupes, que ahora hace más complejas las escapadas en solitario y la asunción de riesgos. "Hay una tendencia en LFI a reaccionar de forma extremadamente reactiva y a hacer de cada día una maniobra comunicativa. Invito a los Insumisos a estar más atentos a sus socios y a tomarse más tiempo para la reflexión colectiva", señala el comunista André Chassaigne, presidente del grupo Izquierda Democrática y Republicana, en un reproche poco velado sobre el funcionamiento de una coalición dominada, en número y en superficie mediática, por LFI. 

Es un escollo que Manuel Bompard no niega, aunque prefiera hablar de "preocupación por el tiempo y la cultura política" entre los diferentes matices de la izquierda que evolucionan dentro de la Nupes. “En LFI consideramos que no debemos perder la oportunidad de actuar, lo que requiere reacciones rápidas que no encajan bien con el imperativo de esperar a que los grupos se reúnan y se pongan de acuerdo", reconoce. “Después, si los demás nos siguen, mejor, si no, vamos solos". 

Además del método, también cuestiona la actitud: “Sobredimensionar el radicalismo no nos parece una buena estrategia para darnos credibilidad como oposición decidida y seria", dice el socialista citado, molesto por las tensiones existentes, aunque, de momento, "trabajamos en buen entendimiento, sobre todo en comisión", esos lugares donde se redactan las leyes lejos del barullo mediático. 

Sandrine Rousseau, que no es sospechosa de adoptar una línea "tibia", también advierte: "La oposición sistemática es la trampa que nos tiende Macron, así que más vale que no caigamos en ella", subraya esta diputada ecologista por París, que durante la votación de la ley contra el pasaporte sanitario puso su mano en el hombro de un colega verde que estaba a punto de levantarse también. "No nos levantamos con la extrema derecha", le susurró. 

Se trata del tercer gran cambio desde 2017: la llegada en masa de 89 diputados de extrema derecha al Palais Bourbon, con los que LFI se ha enzarzado en una carrera de velocidad para no dejar a la RN el monopolio de la oposición. 

De ahí una forma de sobrepuja, por ambas partes, para diferenciarse. Mientras la RN juega la carta de la "respetabilidad" frente a lo que llaman la “ZAD” (zona a defender, ndt) insumisa, LFI ha decidido encarnar la efervescencia de un país, según ella, en pleno divorcio con Emmanuel Macron. Queda por encontrar cómo captar esta ira sin que se sume a las cuentas de la RN, cuya pulida fachada no puede enmascarar sus intenciones xenófobas y autoritarias. "El tema de nuestro posicionamiento frente a la RN aún no es visible", admite Manuel Bompard. 

Tantas cuestiones aún sin resolver que, sin embargo, dibujarán el perfil del próximo mandato. "Tenemos que encontrar un equilibrio entre la insolencia y la solemnidad. Existe necesariamente una tensión entre ambos. La carrera por la respetabilidad es un callejón sin salida, al igual que el enfrentamiento permanente", afirma Clémentine Autain, diputada de la insumisa de Seine-Saint-Denis, que desearía que hubiera más espacios de debate en el seno de LFI y de la Nupes para reflexionar sobre la praxis parlamentaria a la luz de la nueva situación política. 

"En el caso de la Nupes, se trata de armonizar el estilo tribunicio de los insumisos con la forma más clásica de los socialistas de concebir su mandato parlamentario", añade Andy Kerbrat, que cuenta con las reuniones entre los 151 diputados de la Nupes, una vez al mes, para que la hibridación se vaya produciendo poco a poco. 

En el fondo, el reto consiste en encontrar la manera de hacer llegar los mensajes al público en general, garantizando al mismo tiempo que el debate político se lleve a cabo correctamente: para Sandrine Rousseau, el tema merece algo más que unas pocas reuniones, un "seminario completo", que espera que se celebre con ocasión de las universidades de verano de la izquierda, a finales de agosto. De este modo, la izquierda podría empezar el año por sus propios pies.

Traducción de Miguel López

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