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La parálisis del Consejo de Seguridad en plena pandemia amenaza el futuro de la ONU

Antònio Guterres, secretario general de la ONU.

François Bonnet (Mediapart)

Es una situación sin precedentes que, si perdura, podría desmontar el conjunto de la Organización de Naciones Unidas. Desde hace casi dos meses, después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el 11 de marzo el estado de pandemia, el Consejo de Seguridad, núcleo del sistema de la Organización y su órgano más importante, está totalmente paralizado.

El Consejo ha sido incapaz de adoptar la mínima resolución como respuesta a la crisis mundial provocada por el Covid-19. Nunca, cuando ha habido de una crisis sanitaria, se había encontrado el Consejo tan paralizado. En los mejores momentos de la guerra fría, sus miembros se pusieron de acuerdo para luchar juntos y de forma masiva contra la poliomielitis. En 2000 defendieron el Plan Mundial contra el Sida. En 2014 encontraron unanimidad para contener la epidemia del Ébola en el oeste de África. Pero esta vez, nada.

Este bloqueo está dejando consternados al Secretario General y a las grandes ONG internacionales y siembra la crispación entre los diez miembros no permanentes del Consejo de Seguridad (Alemania, Bélgica, República Dominicana, Indonesia, Estonia, Vietnam, Túnez, Níger, San Vicente y las Granadinas y República Sudafricana). Ahí están, rebajados al papel de espectadores de los desacuerdos de los cinco miembros permanentes (EEUU, Rusia, China, Francia y Reino Unido). Únicamente estos últimos, en virtud de su derecho de veto, pueden autorizar la adopción de una resolución (ver aquí la composición del Consejo).

Ahora que el Consejo de Seguridad celebra los 75 años de su creación, se muestra incapaz de pronunciarse y de actuar “frente al mayor reto desde la Segunda Guerra Mundial", según las palabras de Antònio Guterres, secretario general de la ONU. De repente, todo el edificio de Naciones Unidas se tambalea, reavivando el recuerdo de la decrepitud de la Sociedad de Naciones (SdN) entre la primera y la segunda guerras mundiales.

El enfrentamiento China-EEUU es la principal razón de este bloqueo. Pero hay otras que no han puesto fácil la búsqueda de un compromiso: las reticencias de Rusia y las torpes iniciativas de Francia y de su presidente Emmanuel Macron. Hace dos semanas se anunció como segura la adopción de una resolución, incluso de mínimos. No ha pasado nada, puesto que persisten las susceptibilidades y los desacuerdos de fondo.

Pero lo que está en juego no es la adopción de una resolución revolucionaria que, de un solo golpe, rediseñe el mundo. De lo que se trata es justamente de que el Consejo de Seguridad proclame un apoyo efectivo al secretario general Antònio Guterres mediante una resolución que tenga fuerza de ley internacional y se imponga a los 193 Estados miembros de la ONU.

Antònio Guterres destacaba el 23 de marzo la gravedad de la crisis y llamaba “a un alto el fuego inmediato en todo el mundo". “Pongamos fin al flagelo de la guerra y luchemos contra la enfermedad que devasta nuestro mundo", pedía. Esta intervención era como una alerta dirigida al Consejo de Seguridad.

China, que ejercía la presidencia de turno mensual del Consejo, se cuidó mucho de no organizar una reunión ni un debate sobre la pandemia del covid-19. Pekín temía ser cuestionado por los demás miembros, por otra parte muy ocupados en gestionar la deflagración sanitaria en sus propios países. Inmediatamente después de la intervención de Antònio Guterres, varios miembros no permanentes pidieron una reunión del Consejo, pero apareció una iniciativa francesa para enmarañar el asunto. Emmanuel Macron anunció el 27 de marzo que preparaba “para los próximos días una nueva iniciativa importante", en particular con Donald Trump.

El proyecto del Elíseo era entonces hacer una buena jugada: organizar una cumbre por videoconferencia entre los cinco miembros permanentes (el P5): Trump, Xi Jinping, Putin, Macron y Johnson (todavía no estaba hospitalizado), los cinco grandes del planeta, una bonita foto para Emmanuel Macron. El asunto movilizó a la diplomacia francesa durante días. El 3 de abril, la Casa Blanca y el Elíseo anuncian “la próxima organización de una reunión de los cinco miembros permanentes" para “vencer a la pandemia". Nada menos. “Sería una importante señal frente a la crisis", dijo el Elíseo. Una cumbre así sería “totalmente excepcional".

El resultado fue un fiasco. Donald Trump, desbordado por la crisis en EEUU, carga contra China y denuncia “el virus de Wuhan" y el disimulo de Pekín. También la emprende contra la OMS y decide cortar su financiación. China replica. Rusia, por su parte, hacer saber que se opondrá a los pasillos humanitarios en Siria y señala que, si se trata de cooperación y de solidaridad internacional, entonces sería bueno que se levanten las sanciones económicas europeas y americanas que la asolan, y lo mismo respecto a Venezuela e Irán. El 5 de abril es hospitalizado Boris Johnson. Macron no logra reunir a los cinco grandes de este mundo.

Durante ese tiempo, los diez miembros no permanentes del Consejo de Seguridad están molestos por haber sido dejados en la cuneta. En abril, le toca a la República Dominicana la presidencia de turno del Consejo. Alemania, con el apoyo de otros miembros no permanentes, fuerza la máquina y consigue por fin una primera reunión del Consejo de Seguridad para el 9 de abril dedicada al covid-19, una reunión similar a “una terapia de grupo", según diplomáticos citados por la agencia France Press (AFP).

“Evitar un caos mundial"Evitar un caos mundial"

Ese 9 de abril, Antònio Guterres presenta su informe al Consejo (leer aquí). “El mundo se enfrenta a la prueba más grave desde la fundación de esta organización", insiste. La crisis no es sólo sanitaria, es un desastre económico y social y constituye “una amenaza importante para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales".

Sin embargo, los debates entre los quince miembros no duran mucho. Desde hacía varios días, Túnez tenía preparado un proyecto de resolución negociado con los otros miembros no permanentes. Ese proyecto, ajustado a los discursos de Guterres, pide “una acción internacional urgente, coordinada y unida para limitar el impacto del covid-19" y “hace un llamamiento a un alto el fuego mundial inmediato para permitir una respuesta humanitaria adecuada".

Pero Francia presenta otro proyecto de resolución, esta vez negociado solamente con los miembros permanentes, pidiendo un “cese de hostilidades" para facilitar la lucha contra la pandemia y una “pausa humanitaria". La iniciativa no es bien recibida entre los miembros no permanentes. Es “muy frustrante", según confían a la AFP varios de sus diplomáticos.

De repente, esa reunión del 9 de abril se queda en nada. En un vídeo de última hora, con la imagen borrosa y como si se hubiera hecho en un sótano, el presidente del Consejo, el dominicano José Singer, lee un comunicado pobre de ocho líneas conteniendo solamente banalidades al uso. El Consejo declara que apoya “todos los esfuerzos del secretario general". Pero sigue sin haber nada sobre una resolución.

Desde entonces no se ha hecho prácticamente nada. El Eliseo sigue queriendo celebrar su cumbre “especial P5" y Emmanuel Macron y Donald Trump hablan otra vez el 26 de abril. Francia ha aceptado finalmente unirse a Túnez para llevar esta vez juntos un proyecto común de resolución y reconciliar a los miembros permanentes y no permanentes. Su adopción estaba prevista para esta misma semana pero han surgido nuevos bloqueos. La administración Trump quiere que en la resolución se mencione de una manera u otra a China y a la OMS, lo que evidentemente rechaza Pekín.

Entrevistado por Mediapart el 29 de abril, la portavoz del ministerio de asuntos exteriores francés se niega a comentar esos bloqueos repetitivos que se parecen mucho a cortocircuitos franceses. “Junto con Túnez, hemos presentado un proyecto de resolución con el fin de poner en marcha el llamamiento de Antònio Guterres" dicen en Quai d'Orsay. “Las negociaciones continúan, especialmente entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. No escatimaremos esfuerzos en los próximos días".

En una comparecencia en el Senado el 15 de abril, Jean-Yves Le Drian, ministro de Auntos Exteriores, decía que creía aún en una resolución y una cumbre P5. “Continúan las situaciones de conflicto, lo que hace urgente la adopción de una resolución firme del Consejo de Seguridad que fije el marco de una tregua humanitaria general", explicó. “Esperamos que el P5 adopte este punto de vista en la mayor medida posible y su reunión por videoconferencia sea un evento político de gran alcance, que esperamos se haga pronto".

Ladislas Poniatowski (Les Républicains, LR), pilar de la comisión de Asuntos Exteriores del Senado, al contrario que el ministro, es “muy pesimista". “Todo está bloqueado en la ONU, incluso entre los cinco miembros del Consejo de Seguridad. El señor Trump se niega a utilizar el término coronavirus y prefiere hablar del 'virus chino'. Esa 'cosa', como decía el general De Gaulle, ¿sirve para algo?"

El general De Gaulle no hablaba de “cosa", sino del “trasto ese que llaman la ONU". Pero lo que está en juego viene a ser lo mismo: la impericia del Consejo de Seguridad en esta crisis que acaba de resaltar la obsolescencia del sistema ¿va a terminar por hacer trizas la Organización de las Naciones Unidas? Antònio Guterres se está dejando la piel con múltiples llamamientos, tribunas y discursos para salvar lo que se pueda.

Hace algunos días, en The New York Times, Guterres levantaba la voz. “Los verdaderos dirigentes comprenden que hay momentos en los que hay que ver más allá y ser más generosos. Ese es el tipo de reflexión que estuvo en el origen del Plan Marshall y de la creación de Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial. Hoy vivimos un momento parecido. Debemos actuar ya y hacerlo juntos", escribía.

En un reciente artículo publicado en la revista del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (Ifri), Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, se alarmaba también por el bloqueo de la ONU. “El hecho de que, por primera vez desde la creación de Naciones Unidas, una pandemia no consiga el consenso, constituye un muy mal presagio. Se va a hacer muy evidente el imperativo de cooperación cuando comience el desconfinamiento. Si cada Estado levanta el confinamiento por sí solo, en su espacio, nos encontraremos con dificultades considerables. Hay que ponerse pues de acuerdo para evitar un caos mundial", escribe Borrell.

Grandes ONG como Human Rights Watch o International Crisis Group (ICG) llaman a un movimiento contra las lógicas de enfrentamientos y competición vigentes entre las potencias. “Esta crisis demuestra que ni China ni EEUU están preparados ni son capaces de liderar la ONU", estima Richard Gowan, del ICG. Sólo les queda su capacidad de bloqueo y de hacer daño en este desorden mundial cada vez más peligroso.

Traducción de Miguel López.

Texto en francés:

Macron, el presidente destituido

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