El Ministerio de Defensa de Estados Unidos ha elevado al máximo nivel su alerta de contraespionaje en relación con Israel, según informaron el sábado 6 de junio varios medios de comunicación estadounidenses. Según NBC News, que cita a funcionarios estadounidenses, la capacidad israelí para llevar a cabo operaciones de espionaje humano y técnico habría alcanzado “un nivel crítico”.
Al parecer, Israel habría intentado espiar a varias figuras de alto nivel para obtener más información sobre “las deliberaciones internas y la toma de decisiones de la Administración Trump en relación con los conflictos en Oriente Medio”. Según el New York Times, los intentos de escuchas habrían tenido como objetivo, en particular, a Steve Witkoff, principal negociador de Donald Trump, y a Elbridge Colby, subsecretario de Política de Defensa.
El espionaje entre aliados no es nada nuevo, como bien nos recuerda el caso Pollard, el analista de inteligencia naval estadounidense detenido en 1985 por espiar para Israel. Lo que llama la atención aquí es la elección, manifiestamente deliberada, de hacer pública esta evaluación clasificada contra un Estado amigo y el momento en que se ha hecho: solo unos días después de las declaraciones recogidas por Axios sobre la tensa conversación entre el presidente estadounidense y Benjamín Netanyahu.
El 1 de junio, Axios reveló una conversación bastante acalorada entre los dos líderes. Al parecer, Donald Trump llamó al primer ministro israelí “puto loco”, exigiéndole que Israel aceptara un alto el fuego con Hezbolá, añadiendo: “Estarías en la cárcel si no fuera por mí. Te estoy salvando el pellejo. Ahora todo el mundo te odia. Todo el mundo odia a Israel por eso”.
Según Reuters, responsables israelíes, que hablaron bajo condición de anonimato, confirmaron que esa conversación había sido “una de las más tensas” que los dos líderes habían mantenido jamás, al tiempo que subrayaban que esta filtración perjudicaba a Netanyahu, dado como perdedor en las encuestas a medida que se acercan las elecciones legislativas en Israel.
“Conversaciones bastante francas”
El propio Trump confirmó esa tensión, aunque suavizando los términos, el miércoles 3 de junio en el New York Post. Se mostró “algo preocupado” de que Netanyahu “se pelee sin cesar con el Líbano”, para luego matizar: “Hemos trabajado muy bien juntos.” Lo mismo insisten sus allegados. Según un responsable estadounidense citado por Reuters, la relación entre ambos sigue siendo excelente, y ambos “amigos” no tienen reparos en mantener “conversaciones bastante francas”.
Por su parte, el primer ministro israelí restó importancia a la disputa al afirmar que comparte con Trump, “el mayor amigo que Israel ha tenido jamás en la Casa Blanca”, el mismo objetivo de desarmar a Hezbolá para lograr la paz entre Israel y el Líbano: “Podemos estar en desacuerdo por la mañana y, por la tarde, llevar a cabo una acción conjunta”.
¿Juegan a engañarse o hay una tensión real? En cualquier caso, ambos están lejos de la sintonía mostrada en enero de 2025, tras la toma de posesión de Donald Trump para un segundo mandato. Benjamín Netanyahu, el primer dirigente extranjero recibido en la Casa Blanca, ya le había otorgado entonces el título de “el mejor amigo que Israel haya tenido jamás”, agradeciéndole que hubiera levantado el embargo sobre las bombas pesadas heredado de Joe Biden y anulado las sanciones económicas —ciertamente insignificantes, pero muy simbólicas— impuestas contra varios colonos israelíes acusados de actos violentos contra palestinos en la Cisjordania ocupada.
A pocos meses de las elecciones legislativas en Israel, cualquier concesión a Donald Trump podría costarle votos a Benjamín Netanyahu
Llama la atención una frase de Donald Trump recogida por Axios, sobre todo viniendo de él, que suele utilizar la ira como herramienta de presión. “Sin mí, estarías en la cárcel.” Si es auténtica, marca un punto de inflexión: el presidente estadounidense se presenta explícitamente como el escudo judicial de Benjamín Netanyahu, contra quien pesa una orden de detención del Tribunal Penal Internacional (TPI) por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, emitida en noviembre de 2024. Al volver al poder, ha neutralizado en gran medida esa presión. El mensaje es una amenaza de fondo: “Yo te protejo; si te dejo solo caes.”
Los intereses de ambos líderes ya no coinciden del todo. Bajo la presión de su base Maga (Make America Great Again), que le reprocha hacer exactamente lo que prometió que no haría, pero también de una opinión pública hostil a la guerra —un fiasco— y cada vez más preocupada por sus consecuencias económicas, Donald Trump quiere un acuerdo con Irán.
Teherán exige que Israel deje de atacar el Líbano, una condición fundamental en las negociaciones, al igual que el tema nuclear o el cierre del estrecho de Ormuz. En respuesta a las operaciones militares israelíes, Irán suspendió a principios de junio todos los contactos indirectos con Washington, lo que descarriló la iniciativa diplomática estadounidense.
Atrapado entre las exigencias de sus aliados de extrema derecha —que rechazan cualquier alto el fuego y le empujan a ir lo más lejos posible contra Irán y el Líbano— y un Trump cada vez más ansioso por zanjar un conflicto que se ha convertido en una losa electoral a pocos meses de las elecciones de medio mandato de noviembre, Netanyahu, cuya única perspectiva para mantenerse en el poder es seguir en guerra, no tiene ningún interés en facilitar un acuerdo entre Washington y Teherán. A pocos meses de unas elecciones legislativas que podrían adelantarse a finales de agosto, cualquier concesión a Donald Trump podría costarle votos.
Tanto para Netanyahu como para Trump, la cuestión ya no es si aún pueden ponerse de acuerdo o no, sino hasta dónde puede permitirse cada uno ceder ante el otro.
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Traducción de Miguel López
El Ministerio de Defensa de Estados Unidos ha elevado al máximo nivel su alerta de contraespionaje en relación con Israel, según informaron el sábado 6 de junio varios medios de comunicación estadounidenses. Según NBC News, que cita a funcionarios estadounidenses, la capacidad israelí para llevar a cabo operaciones de espionaje humano y técnico habría alcanzado “un nivel crítico”.