La familia Berlusconi mece la cuna de Mediaset España, desafía la ley europea y cosecha malos resultados

Pier Silvio y Marina Berlusconi, los hermanos italianos que controlan Telecinco y Cuatro.

Mediaset España hace y dice lo que mandan los herederos de Silvio Berlusconi, el político y empresario italiano fallecido en 2023 que durante décadas acumuló una trayectoria que mezcla excesos personales, corrupción e instrumentalización del poder. 

Sin embargo, nada en las webs de sus principales canales de televisión, Telecinco y Cuatro, ni en el site corporativo de Mediaset España, hace referencia a los propietarios del segundo grupo audiovisual del país, contraviniendo el Reglamento Europeo de Libertad de Medios. El artículo 6 del EMFA, por sus siglas en inglés, obliga a los prestadores de servicios de medios a hacer accesible y actualizada la información sobre su nombre legal, sus propietarios directos e indirectos y sus beneficiarios efectivos.

De acuerdo con esta norma, de obligado cumplimiento, un medio no puede limitarse a decir que pertenece a tal grupo o que es independiente. El artículo 6 exige identificar con claridad quién está detrás, quién tiene una participación capaz de influir en las decisiones estratégicas y si existe propiedad pública directa o indirecta.

Nada de eso es accesible a través de Mediaset España, que es propiedad de Media For Europe (MFE), un conglomerado europeo en el que el poder lo tiene, de forma muy clara, el bloque ligado a la familia Berlusconi (Fininvest y Simon Fiduciaria), que suma más de tres cuartas partes de los votos de su consejo de administración.

Sobre el capital social nominal, Fininvest tiene un 46,29%, Simon Fiduciaria un 17,60%, Vivendi —el gigante francés propiedad del millonario ultra Vincent Bolloré— un 4,23%, la autocartera (acciones que la propia empresa posee y que no cuentan como voto efectivo) un 2,30% y el mercado libre un 29,58%. Entre Fininvest y Simon controlan alrededor del 77-78% de los votos, una mayoría abrumadora.

En la práctica, eso significa que el bloque dominado por la familia Berlusconi puede decidir prácticamente todo lo relevante: nombrar el consejo, aprobar la estrategia y decidir fusiones, compras o ventas de activos.

El reparto accionarial actual, que incluye dos clases de acciones con distinto peso en las decisiones, resultó de la actuación de las autoridades italianas para acotar la influencia de Vivendi y evitar que se convirtiera en un segundo polo de control dentro de MFE. El equilibrio final sigue siendo favorable al bloque Fininvest/Simon, mientras Vivendi queda como actor de presión.

Conflicto con Bolloré

Controlada por Bolloré, Vivendi compró cerca del 30% de Mediaset y mantuvo durante años un conflicto judicial con Mediaset y Fininvest por la ruptura de acuerdos y su intento de ganar influencia en el grupo. El regulador italiano y la presión judicial forzaron en 2021 un pacto global: Vivendi aceptó vender la mayor parte de su participación a través de Simon Fiduciaria y quedarse con un paquete reducido, en torno al 4%, mientras Fininvest consolidaba su control mayoritario sobre el proyecto MFE.

Fininvest es la sociedad holding de la familia Berlusconi, el vehículo a través del cual controla MFE, Mediaset, Mondadori, Banca Mediolanum y el resto del grupo, y está participada en su totalidad por la familia. Antes de su muerte, Silvio Berlusconi tenía en torno al 61%, mientras sus cinco hijos se repartían el resto: Marina y Pier Silvio con alrededor del 7,65% cada uno, y Barbara, Eleonora y Luigi con un 21% largo entre los tres.

Tras su fallecimiento, el testamento y los pactos entre hermanos reordenaron esas participaciones. Los dos hijos mayores, Marina y Pier Silvio, controlan ahora conjuntamente aproximadamente el 53% de Fininvest, mientras los otros tres se reparten el resto.

Hoy, el dueño de Fininvest ya no es una sola persona, sino el conjunto de la familia, con Marina Berlusconi como presidenta y Pier Silvio como figura clave en el área audiovisual. Un pacto interno les otorga el control de la mayoría de los votos en la asamblea de Fininvest, que es a su vez el accionista principal de MFE. El poder sobre Mediaset España reside, en última instancia, en esa estructura familiar.

La línea ideológica de ambos, que explica el sesgo de Telecinco y Cuatro, es continuista con el berlusconismo: liberal-conservadora en lo económico, alineada con la derecha italiana, aunque volcada más en el poder empresarial y mediático que en la política partidista directa.

Marina Berlusconi es presidenta de Fininvest desde 2005 y de Mondadori, el mayor grupo editorial de libros de Italia. Su entorno se sitúa en la órbita del centro-derecha italiano, con defensa de la economía de mercado, continuidad del legado de Forza Italia —socios del PP de Feijóo en Italia— y escepticismo hacia las regulaciones que limiten el poder empresarial en medios y cultura. Controla además intereses en banca (30% de Banca Mediolanum) y fútbol (AC Monza, tras años al frente del AC Milan), un conglomerado que refuerza un poder que va mucho más allá de la televisión.

Pier Silvio Berlusconi es CEO de MFE-MediaForEurope y responsable del proyecto de hub paneuropeo de cadenas en abierto en Italia, España y Alemania. Se ha definido como “más hombre de empresa que político” y rechazó entrar en Forza Italia, aunque se mueve en el mismo ecosistema ideológico y apoya la coalición liderada por la ultraderechista Giorgia Meloni. Su foco está en consolidar el negocio televisivo en varios países —Mediaset Italia, Mediaset España y la entrada en ProSiebenSat.1 en Alemania— con la lógica de construir un bloque audiovisual privado hegemónico en Europa.

En la práctica, Marina manda en el holding y en la parte editorial y financiera; Pier Silvio lo hace en el brazo audiovisual, como CEO y cara visible del proyecto televisivo paneuropeo.

Opacidad también en la publicidad pública

El EMFA, que está en vigor desde el 8 de agosto de 2025 y es de aplicación directa en los 27 Estados miembros, sin necesidad de transposición nacional, obliga también a publicar el importe total anual de fondos públicos recibidos en concepto de publicidad institucional.

Telecinco y Cuatro incumplen ese mandato: sus portales no dan cuenta de esa información. Ni telecinco.es ni cuatro.com hacen pública la publicidad pagada con fondos públicos que reciben. Los únicos datos disponibles sobre cuánto dinero público ingresa el grupo proceden del Gobierno central, no de Mediaset.

Según el informe de publicidad institucional de 2025 —primera respuesta española a la obligación paralela que el EMFA impone también a las administraciones públicas—, Mediaset España se consolidó como uno de los receptores fundamentales de estos fondos, captando inversiones millonarias a través de Telecinco, Cuatro, sus canales temáticos (MediaMax) y sus plataformas digitales (Mitele y Mediaset Infinity). Solo ese año, obtuvo por esta vía 5.756.090,33 euros, el 7,86% del total.

El grueso de la inversión provino de ministerios con presupuestos elevados para comunicación, como Igualdad, Transportes y Sanidad. En la campaña de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, Mediaset captó más de 392.000 euros, repartidos entre Telecinco (152.108 euros), Cuatro (90.702 euros) y MediaMax (149.676 euros). El Ministerio de Igualdad destinó a los medios del grupo 137.474 euros para conmemorar el 20 aniversario de la ley del matrimonio igualitario.

El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible adjudicó a Mediaset unos 281.000 euros para su plan de acciones sobre servicios de interés público, repartidos entre Telecinco (87.927 euros), Cuatro (53.993 euros), MediaMax (70.301 euros) y Mitele (69.392 euros).

El informe subraya una hibridación creciente de la inversión pública: Mediaset rentabiliza tanto sus audiencias tradicionales como su inventario digital. La campaña “Reconstruyendo juntos“ del MInisterio de Política Terrirtorial, por ejemplo, lanzada tras los daños de la dana, recibió 208.861 euros invertidos exclusivamente en Mediaset Infinity. 

Lo que resulta imposible es saber cuánto recibe el grupo de administraciones autonómicas y locales, porque Mediaset no lo revela, pese a ser obligatorio.

En todo caso, ese papel protagonista en la recepción de fondos públicos contrasta con la erosión estructural de la audiencia tradicional de Mediaset España, que en estos momentos registra los valores más bajos de su historia.

El conjunto de sus siete canales cerró la temporada 2025-2026 con una cuota media del 23,3%, mínimo histórico de la compañía. La caída sitúa al grupo a 2,3 puntos del líder, Atresmedia, la mayor distancia histórica entre ambos conglomerados.

El peor año

Telecinco firmó el pasado ejercicio el peor curso de su historia, con un promedio del 8,9% de share. Por primera vez desde su fundación, no superó el 10% de cuota en ningún mes de la temporada, con un suelo del 8,4% en diciembre. La debilidad afecta a todas las franjas: mínimos históricos en la mañana (9,5%), la sobremesa (8,1%), la tarde (9,0%) y el prime time (8,8%). Incluso los realities muestran desgaste, con el tropiezo de la vigésima edición de Gran Hermano.

La crisis alcanza a los informativos, que marcaron un mínimo histórico anual del 8,3%, sin que ninguna edición promediara los dos dígitos. La edición de las 21:00 horas, con Carlos Franganillo y Ángeles Blanco, se estancó en el 7,5%, a diez puntos de Antena 3 Noticias 2.

Cuatro fue la única nota de estabilidad: superó a laSexta tras doce temporadas por detrás, con un 6,06% de share, impulsado por la apuesta por la actualidad y la conversión de Horizonte en formato diario en el tramo que busca retener a la audiencia hasta el arranque de la noche. El crecimiento de los canales secundarios no compensa la caída de ingresos publicitarios, que retrocedieron un 8% en 2025, hasta 679,8 millones de euros.

En los primeros días de julio de 2026, Telecinco cayó hasta una cuota estival del 6,8% mensual. La dirección actual, con Mario Rodríguez en la presidencia y Alessandro Salem como consejero delegado, mantiene una política de eficiencia y optimización de costes para proteger los márgenes frente al retroceso de la televisión hertziana. Pese a la solidez financiera de MFE-MediaForEurope, la filial española sigue buscando una fórmula editorial para recuperar competitividad frente a la televisión pública y Atresmedia.

Un dato llamativo y revelador a la vez es que, en medio de la mayor crisis de audiencias de su historia, Mediaset España haya encontrado en Horizonte una recurso editorial: el programa, punta de lanza de la desinformación en la televisión en abierto, actúa como salvavidas de la audiencia de Cuatro. Lo que comenzó como un espacio dedicado a divulgar misterios paranormales por extensión de Cuarto Milenio ha mutado en un espacio de actualidad política y social señalado por su extrema toxicidad y por amplificar interpretaciones especulativas y conspirativas al servicio, las más de las veces, de la ultraderecha.

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Mediaset España ya cerró el ejercicio 2025 con resultados que confirman la pérdida de su hegemonía histórica: fue superada por primera vez en ingresos publicitarios por Atresmedia. La facturación retrocedió un 9,7%, el doble de la media del mercado, y provocó un desplome en la rentabilidad operativa, que pasó de 146 millones de euros en 2024 a apenas 43 millones en 2025.

El grupo declaró un beneficio neto consolidado de 185 millones de euros, una cifra que las fuentes atribuyen al control estricto de los gastos más que a la salud del negocio, que navega en su mínimo histórico de audiencia.

Además de sus canales de TDT (Telecinco, Cuatro, Divinity, FDF, Boing, Energy y Be Mad), el grupo Mediaset España articula su negocio en torno a ocho sociedades y marcas corporativas —Publiespaña (comercialización publicitaria), Ventas Internacionales/Mediterráneo (distribución de contenidos), Infinity+ (suscripción OTT), Telecinco Cinema (producción cinematográfica), Atlas (agencia de noticias), Ad4Ventures (inversión en start-ups) y 12 Meses (RSC)—, una plataforma digital gratuita (Mediaset Infinity) y un puñado de servicios de nicho como Taquilla Mediaset o El Tiempo Hoy, en un intento de conformar un ecosistema audiovisual, publicitario y editorial.

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