En mayo de 2016, hace un década, el nombre de Alejandro Salgado Vega no aparecía en el radar de los grandes organismos oficiales. Hace una década, sin embargo, un joven madrileño que aún no había cumplido los 38 años se daba de alta en la Receita Federal de Brasil, la Hacienda del país sudamericano, con su número en el Cadastro de Pessoas Físicas (CPF), imprescindible para cualquier persona que pretenda realizar inversiones en el país. Entonces no se le conocía, que se sepa, como El Tigre ni Don Máquina, como reflejan las investigaciones posteriores de la Policía Nacional en el entramado del inspector jefe de los 20 millones en su vivienda. Pero parecía saber bien lo que tenía entre manos.
Alejandro Salgado Vega es hoy el objetivo prioritario de la Policía Nacional, la Guardia Civil, Vigilancia Aduanera, y como decía el anuncio "y cada día el de más gente". Y lo es por un motivo con fundamento: las autoridades judiciales españolas creen que es el narcotraficante español más poderoso a nivel internacional. Tanto es así que su nombre ya no sólo aparece recurrentemente en los juzgados especializados españoles, también ocurre en el extranjero. En ese escenario del narcotráfico internacional, un país clave a la hora de los envíos de cocaína hacia Europa es Brasil, y cualquier gran capo que se precie debe controlarlo.
Esta semana, la Policía Federal brasileña, una de las que más colabora con la española en cuestiones relacionadas con el crimen organizado, lanzó una operación para rastrear bienes patrimoniales al PCC (Primeiro Comando Capital) y a sus aliados. Su prioridad era encontrar las propiedades en Brasil del narcotraficante serbio Antun Mrdeza, que durante muchos años ha utilizado una identidad falsa italiana en la que se llamaba Nikola Boros hasta que cayó en Venezuela en 2025, y se le acabó eso renegar de su nacionalidad balcánica. Este narco serbio ha sido señalado por la DEA de forma reiterada porque tienen información de que controla rutas de cocaína hacia EEUU y Europa. Y en medio de esta operación aparece el nombre del Tigre porque, según la policía brasileña, es socio clave de Mrdeza.
La operación se desarrolló el martes con el nombre de Narco Sky, derivada de la operación Narco Vela, para desmantelar una organización criminal especializada en el narcotráfico internacional. Como se recordará, la operación Narco Vela sirvió para desmantelar la gran red criminal del PCC que introducía alijos de cocaína a gran escala que, procedentes de Brasil, acababan en África Occidental y en Europa con las Islas Canarias como puente. Las autoridades del país sudamericano apuntaron en su día a un famoso influencer, Buzeira, amigo personal del futbolista Neymar jr -llegó a regalarle una cadena de oro valorada en 400.000 dólares- como una pieza clave para el blanqueo de la red criminal. Así lo contó Narcodiario.
Las investigaciones, llevadas a cabo con el apoyo de mecanismos de cooperación jurídica internacional, identificaron esta misma semana una estructura criminal dedicada al transporte de cargamentos de drogas desde Brasil a países de Europa y África a través de rutas marítimas internacionales.
Se ejecutaron diez órdenes de arresto preventivo y tres órdenes de registro e incautación emitidas por el Juzgado Federal de Santos, en direcciones ubicadas en los estados de São Paulo, Rio Grande do Sul y Pará.
El Tribunal Federal también ordenó la congelación y el embargo de numerosos bienes y objetos de valor. La decisión autorizó además la inclusión de los investigados en la Notificación Roja de Interpol, dada la existencia de prófugos extranjeros buscados por las fuerzas policiales de otros países por su presunta participación en el narcotráfico internacional. En esta pieza aparece Salgado Vega, que, como hemos adelantado, tiene intereses en Brasil desde hace una década, como mínimo. Brasil se une a la lista de países que le reclaman para responder ante la Justicia. En concreto, le atribuyen su participación en el envío de 340 kilos de cocaína a bordo del buque Venezia que partió de Rio Grande do Sul en agosto de 2020.
El Tigre posiblemente sea el narcotraficante español más poderoso conocido hasta la fecha debido a que coordina alijos de cocaína multimillonarios. Se ha labrado una red de contactos tan elevada que le ha permitido vivir con inmunidad en Emiratos Árabes Unidos. El nombre de Alejandro Salgado Vega sonó policialmente ya antes de la pandemia en España, pero no comenzó a circular por medios nacionales hasta el caso del inspector jefe de la UDEF Óscar Sánchez, que salió a la luz pública tras descubrirse los 20 millones de euros en efectivo que guardaba en su casa. Fue en ese momento cuando encajaron todas las piezas del puzzle.
Ahora, cuando su paradero real es toda una incógnita -hay quien le sitúa aún en Dubái, pero los últimos movimientos policiales en el emirato pueden haberle hecho huir, quizá hacia Asia, quizá hacia África, buscando países sin tratados de extradición- se le vincula con el Cartel de los Balcanes, la Ndrangheta, la Mocro Mafia y el PCC, asó como con las principales organizaciones criminales colombianas, o la Mafia Albanesa.
Todo porque es un bróker de cocaína muy respetado en el hampa internacional. Ganándose la confianza de las mafias internacionales más potentes ha logrado tejer los mejores contactos para conseguir introducir en Europa alijos multimillonarios. Y esto es tan evidente que la Policía Federal brasileña maneja su ficha policial española. A diferencia de otros narcotraficantes españoles históricos que están retenidos en la memoria colectiva del país, el Tigre no es sólo simplemente el transportista. Es el dueño de buena parte de la mercancía, un detalle fundamental. En Dubái, además, era reconocido por el control de los puertos de entrada en Europa. Parte del mismo, al menos el de los españoles, se le ha caído tras la incautación de las 13 toneladas en Algeciras y el operativo contra el citado inspector jefe corrupto.
Sus alijos están al alcance de muy pocos. Se codea a otro nivel porque no sólo consigue que la droga llegue a donde sus clientes necesiten, sino que ofrece unas garantías de seguridad en las transacciones que son impensables para otras organizaciones criminales. En el caso de Óscar Sánchez conseguían saber si los contenedores cargados de droga o las empresas tapadera utilizadas en la operación estaban marcadas por la Policía. Y en vista de las operaciones de droga con las que se le está vinculando, no debe ser el único caso de supuesto funcionario corrupto que estaba en nómina del Tigre.
Esta última investigación dirigida desde Brasil presenta pruebas de que Salgado Vega es un aliado del Cartel de los Balcanes y del PCC, ya que utilizaban aviones para mover la droga hacia la costa brasileña para cargarla luego en el transporte decidido. Brasil es un país imprescindible para dar salida al stock de cocaína que existe en Sudamérica hacia Europa, tanto en narcosubmarinos como en puertos como el de Santos. La droga que parte del territorio carioca necesita de gente como el Tigre y él está encantado de que requieran sus servicios.
El Tigre ya pertenece a la Junta del Narcotráfico, tal y como la bautizó el presidente de Colombia, que viene a ser la unión empresarial de varios capos de la droga que ofrecen sus servicios de brókers a otras grandes organizaciones criminales. Básicamente, cada uno de ellos comparte ganancias y riesgos en alijos multimillonarios como el que la Guardia Civil descubrió en el Arconian. En la mesa de esos acuerdos estrictamente empresariales de capos como el Tigre, se encuentra capos de la 'Ndrangheta, capos colombianos, mexicanos, serbios o albaneses. Una amalgama de traficantes que al unirse consiguen acceder a puertos o territorios que les sería imposible si no existiera esta relación. Y junto a ellos, individuos concretos de alto valor, como el neerlandés Jos Leijdekkers o el español Alejandro Salgado.
El salto cuantitativo del Tigre tampoco pasó desapercibido para la DEA, y eso sí que le puede suponer un serio problema. Después de salir en prensa, sus movimientos se limitaron en Emiratos Árabes Unidos, tanto que, como se ha dicho, no se sabe dónde está en este momento.
En mayo de 2016, hace un década, el nombre de Alejandro Salgado Vega no aparecía en el radar de los grandes organismos oficiales. Hace una década, sin embargo, un joven madrileño que aún no había cumplido los 38 años se daba de alta en la Receita Federal de Brasil, la Hacienda del país sudamericano, con su número en el Cadastro de Pessoas Físicas (CPF), imprescindible para cualquier persona que pretenda realizar inversiones en el país. Entonces no se le conocía, que se sepa, como El Tigre ni Don Máquina, como reflejan las investigaciones posteriores de la Policía Nacional en el entramado del inspector jefe de los 20 millones en su vivienda. Pero parecía saber bien lo que tenía entre manos.