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Gabrielle antes de Coco Chanel, ambición y sueños de una cantante de cabaré

  • Sin duda, una de las diseñadoras más determinantes de todos los tiempos, que ascendió desde las capas más bajas hasta lograr el éxito
  • Cambió el devenir de la Historia de la Moda tras la Primera Guerra Mundial, cuando liberó a las mujeres de los corsés y las ropas pesadas

Publicada el 17/01/2021 a las 06:00

Gabrielle antes de Coco Chanel, ambición y sueños de una cantante de cabaré

Sin duda, una de las diseñadoras más determinantes de todos los tiempos, que ascendió desde las capas más bajas hasta lograr el éxito

Winston Churchill todavía era, en 1927, canciller de la Hacienda en el Reino Unido cuando escribió a su esposa: “Ayer pasó todo el día de caza y, por la noche, regresó a París; hoy está inmersa en su trabajo repasando los vestidos de incontables maniquíes”. Hablaba de Coco Chanel, pero eso es empezar por el final de una historia cuyo principio nada tiene que ver con jornadas de caza, alta costura ni glamour. Gabrielle Bonheur Chanel nació un 19 de agosto de 1883 de la forma más paupérrima en el Hospicio General de Saumur (Francia). La pequeña Gabrielle no tenía nada a su favor. Nadie en su sano juicio hubiera podido presagiar una vida de éxitos para la segunda hija de una campesina y un vendedor ambulante. “Pero, con los años, demostraría que haría todo lo que hiciera falta para triunfar”, afirma Eduardo Sánchez, director de la Escuela de Moda IED Madrid. No es fácil concretar qué es cierto y qué es fábula en la vida de Coco Chanel. Sin embargo, de que llegó a facturar 25 millones de euros anuales no hay ninguna duda y de que cambió para siempre el mundo de la moda, tampoco. ¿La sombra más oscura en su trayectoria? Una posible colaboración con los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Pero, de nuevo, eso es adelantarse demasiado. Si fuera posible abrir una pequeña ventana en el tiempo y mirar en el interior del cabaré La Rotonde, en la ciudad de Moulins, durante el año 1903, veríamos a una Gabrielle Chanel de 20 años cantando para ganar unas monedas mientras las artistas principales cambian de vestuario. Quizás todavía sin ser del todo consciente de ello, Chanel está a punto de conocer, entre el público masculino de ese cabaré, a Étienne Balsan, un rico heredero textil en cuyo apartamento parisino Chanel empezará, más adelante, a vender sombreros. Cuando, en los albores del siglo XX, ¿baila y canta al ritmo de las canciones Ko ko ri ko y Qui qu’a vu coco? –quizás su apodo provenga de ellas–, Chanel ya ha dejado atrás el orfanato en el que ingresó cuando falleció su madre y el colegio Notre-Dame, donde también fue internada. Con 20 años, todavía no sabe que ya es protagonista de una historia mucho más deslumbrante que los escenarios que anhela alcanzar desde su posición secundaria en los cabarés. Ya es “la heroica huérfana que acabará tomándose la revancha y se convertirá en la estrella de París”, tal y como reza el texto de Biográfico COCO (Cincotintas, 2017).

La otra teoría del origen del mote ‘Coco’ es algo más despectiva, aunque todo depende de cómo se mire. Cocotte en francés es una forma de señalar que una mujer es una ‘mantenida’. “Sí”, confirma Eduardo Sánchez: “Chanel fue una ‘mantenida’, pero ella lo vio como un paso que tenía que dar para llegar a valerse por sí misma”. En un mundo complejo para las mujeres con grandes aspiraciones, Coco Chanel aprovechó sus circunstancias. El suyo fue el papel de la amante, a veces más agradecido que el de las esposas. “Ser una amante a principios del XX, en París, te daba libertad”, especifica el director del IED. No hay que imaginarse a Coco escondiéndose por los rincones para evitar que la cazaran junto a su querido, sino asistiendo a los eventos hípicos y viviendo en un chateau en mitad del campo. Quizás fue en una de esas veladas en la que conoció a Arthur Edward “Boy” Capel, un gran amigo de Étienne Balsan, y del que quedó prendada. “Ella explicaría que lo conoció mientras ambos cabalgaban a lomos de sus caballos por los Pirineos y se enamoraron”, sonríe Sánchez: “Chanel generaba muchos mitos alrededor de su persona”.

La mujer que necesitaba su tiempo

La escritora de renombre Colette describió a Chanel como un “torito negro, con la cabeza gacha y preparada para la carga”. Abramos de nuevo la ventana del tiempo y situémosla en 1910. La diseñadora en ciernes abre su primera tienda, Chanel Modes, en la rue Cambon de París, gracias a un préstamo de Boy Capel. Coco ya se dedica a la moda, concretamente a la sombrerería. Ha dejado atrás los cabarés y ha convencido a su amante de que le financie una tienda. En los próximos cinco años abrirá dos más y en 1916 devolverá el dinero de la inversión a Boy Capel. Vive en el París de los cafés-concierto –la ciudad albergó un total de 200 locales anuales en esa época– y de la diversión, pero nos encontramos en 1914: estalla la guerra. Es en ese punto, un año después, cuando Coco se traslada a la ciudad vacacional de Biarritz y cuando conoce a su gran amiga Misia Edwards, que la introducirá en los círculos artísticos. “Chanel se corta el pelo a lo garçon”, relata Biográfico Coco, “y consolida su aspecto moderno”. Lejos de hundirla, la Primera Guerra Mundial da a la diseñadora la idea que la impulsará, definitivamente, a la fama.

“La moda reacciona muy rápido a las crisis”, desliza Sánchez. Y eso explica por qué la popularidad de Chanel despegó durante la Gran Guerra. “Las mujeres estaban en las fábricas de munición”, recalca, “y eran, además, los tiempos del deporte, del movimiento”. Chanel se dio cuenta de que había que despojar a las mujeres de los corsés y del peso de sus vestidos. Había que liberarlas. La escasez de tejidos propia de los momentos de conflicto bélico, no la frenó en absoluto. “Cuando vio que no podía echar mano de las telas clásicas, se buscó la vida para hacerse con tejidos jersey, que por aquel entonces se utilizaban solo para la ropa interior”, explica. Esa es la genialidad: “Coco convirtió en Historia de la Moda algo que pudo deberse quedado en logística”. Con todo, Chanel se puso el mono de trabajo y diseñó un nuevo estilo de ropa elegante y deportivo para la mujer. “Sin duda”, resuelve, “fue la mujer que necesitaba su tiempo”.

A partir de ahí llegará el glamour, las veladas con los Picasso, Dalí o Jean Cocteau en ‘La Pausa’ –una mansión que se mandó construir en Roquebrune–, las pescas de salmón junto a Churchill, los 4.000 empleados que alcanzó en 1935, las revistas, el cine, los viajes por el mundo para enriquecer sus trajes, los perfumes, los 35 años viviendo en el Hotel Ritz, su fama de trabajadora incansable y de jefa estricta y, tras la Segunda Guerra Mundial, también las acusaciones de colaboracionista nazi. La niña pobre, la cantante mediocre, la amante, la ‘cocotte’, la indomable se iba a convertir, en pocos años, en Historia. Como ella misma diría en una ocasión, “la leyenda es la consagración de la fama”.

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