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Pablo antes de Picasso. Sexo y muerte en el genio que abrió las puertas de la modernidad

  • El proceso que llevó al pintor malagueño a la madurez fue el mismo que evolucionó la Historia del Arte
  • Hijo de padre pintor, el joven Pablo Ruiz Picasso se apartó de la senda que había marcado su progenitor y experimentó en Barcelona y París

Publicada el 24/01/2021 a las 06:00

Pablo antes de Picasso. Sexo y muerte en el genio que abrió las puertas de la modernidad

Hijo de padre pintor, el joven Pablo Ruiz Picasso se apartó de la senda que había marcado su progenitor y experimentó en Barcelona y París.

Es invierno de 1901 en París. 17 de febrero. Carles Casagemas invita a todos sus amigos al conocido Café Hippodrome. La velada es distendida, amena. Bohemia. Como los pintores, escultores o escritores sentados alrededor de la mesa. También está la modelo Germaine Pichot, aunque por poco tiempo, debió de pensar el pintor. “Como Germaine no me quiere, mi vida no vale nada”. Casagemas se levanta, saca un revólver, roza la sien de la mujer –su obsesión– de un disparo y, después, se pega un tiro en la cabeza. Aquel frío día parisino, Pablo Ruiz Picasso se encontraba fuera de la ciudad. En Madrid. Ni siquiera asistió al funeral de su amigo. “Sin embargo”, subraya Javier Pérez Segura, profesor de Historia del Arte en la Universidad Complutense, “al cabo de poco tiempo, Picasso sintió la muerte de Casagemas hasta el punto de condicionar su pintura posterior”. Fue el inicio del período azul. El trágico final de Casagemas no hizo sino reforzar la preocupación del malagueño por la muerte, que enseguida vinculó a la sexualidad y al erotismo. “Picasso”, resuelve Pérez Segura, “encontró en los locales de alterne la máxima expresión de la vida”.

Por aquel entonces tenía Picasso 20 años. Carles Casagemas formaba parte del grupo de intelectuales que lo había acogido en París tras las escalas en La Coruña, Barcelona y Madrid, previa salida de su Málaga natal. En Barcelona, tal y como explica en el monográfico Picasso 1881-1914 (Biblioteca El Mundo) Paloma Esteban, conservadora en el Reina Sofía, el pintor “ya formaba parte de la élite artística de la ciudad” con tan solo 18 años. Picasso fue precoz desde el principio. Con ocho años copiaba a su padre, profesor de pintura, en el dibujo de las palomas y pronto demostró que “tenía el talento y el fuego sagrado”, según lo define el escritor francés Gilles Plazy. Los planes que José Ruiz tenía para él pasaban todos ellos por el academicismo. Una vez detectó la genialidad de su hijo, el hombre le entregó sus pinceles en un gesto solemne y se dedicó en cuerpo y alma al brillante futuro del joven. Quizás, uno de los grandes aciertos de Picasso fue, precisamente, apartarse casi como por acto reflejo de la senda que marcaba su progenitor. Huir de lo que ya está inventado. Mostrar descarada alergia por lo establecido. Buscar, siempre, lo nuevo.

“Él era un trabajador y un creador incansable”, desliza Pérez Segura. En París, Picasso participa de tertulias con sus amigos –muchos de ellos, intelectuales catalanes con los que comparte un pasado reciente en la Barcelona modernista, donde vivió varios años con su familia–, frecuenta burdeles, tiene amantes y, tal y como remarca el profesor, “guarda todo lo que vive en su cerebro, que es como un gran contenedor, y luego lo pinta por la noche”. Era un creador compulsivo. Se le atribuyen 15.000 pinturas en toda su vida y 45.000 obras de todo tipo. Muchos de esos lienzos colgaron, algún día, de las paredes del Bateau-Lavoir, emblemático edificio del bohemio barrio de Montmartre (París) donde Picasso compartió estudio en su juventud. Y muchos, por supuesto, tuvieron a la muerte, a las mujeres y al sexo como protagonistas. “La mujer fue siempre fundamental en su producción”, asegura Pérez Segura, “y la muerte estuvo permanentemente en su cabeza”. El profesor dibuja la silueta de un Picasso que encontraba en esos burdeles una especie de Meca donde la vitalidad era mayúscula y extrema, pero que podía acabar de un plumazo por culpa de enfermedades como la sífilis, a la que parece que el propio Picasso tenía pavor. Sexo y muerte. Vida y muerte. “Se comenta”, reflexiona, “que tanto cuadro sobre esos temas funcionaba como una especie de conjuro para esquivar un final demasiado pronto”.

Un pequeño pueblo de 700 habitantes

No hay que imaginarse la vida del joven Picasso como una balsa de aceite. Es cierto que, casi desde el primer día, el marchante de arte Pere Mañach acogió su pintura, pero también lo es que lo abandonó durante el triste período azul (1901-1904), en el que Picasso, en gran medida afligido por el fallecimiento de su amigo Casagemas, pintaba escenas melancólicas y reflexivas que tenían poca salida en el mercado. Pero la situación dio un vuelco cuando entró en escena la escritora estadounidense y coleccionista Gertrude Stein. El pintor quedó impactado con el poderío de la mujer y se ofreció para hacerle un retrato. “Stein accedió y llegó a posar para Picasso casi un centenar de veces”, tercia el profesor. Y, sin embargo, no fueron suficientes. El artista había colapsado. No encontraba la forma de terminar el dibujo. Había superado ya el período azul y, ahora, necesitaba despegar también del rosa (1904-1907). Y para hacerlo, para despegar, tuvo que huir de París. Allí no iba a encontrar respuestas. Tampoco en la modernista Barcelona ni en su Málaga. La inspiración iba a asaltar la cabeza de Picasso en Gósol, un pueblo del Pirineo catalán que, en 1906, rondaba los 700 habitantes y que fue el recóndito escenario del salto al Arte moderno.

“En realidad, se estaba esgrimiendo un viaje mucho más audaz y definitivo: el tránsito vertiginoso del pintor hacia un nuevo arte plástico y, con él, hacia la modernidad”. Es una cita textual del volumen Picasso en Gósol, 1906: un verano para la modernidad (La balsa de la medusa, 2007). Acompañado por Fernande Olivier, su pareja, el artista permaneció unos 80 días en el pueblo. Se mezcló con las gentes sencillas y rudas; dio kilométricos paseos por las tierras ásperas y realizó más de 300 trabajos. Pero lo más importante no fueron esas obras, sino el resorte que debió de saltar en su cerebro. Cuando hubo abandonado Gósol, ya de vuelta en su estudio de Montmartre, retomó el retrato de Stein. Lo terminó en una tarde. En unas horas, Picasso había evolucionado el retrato del siglo XX. Había pintado un rostro “casi geométrico, reducido a un esbozo desnudo, a una máscara casi impersonal, con una mirada ausente”. Así se define en el documental Cuando Pablo se convierte en Picasso de RTVE. Quizás impactado por la estatuilla de la virgen de Gósol que contempló en la iglesia del pueblo, el artista da un vuelco a su obra y establece el primer cimiento de lo que más adelante se llamará cubismo, la corriente que lo pondrá en la cima artística universal.

Lo siguiente que hará será encerrarse para pintar Las señoritas de Avignon, que encarnará ya toda la esencia cubista, así como una gran inspiración en el arte africano. Aunque este es el principio de la consolidación de la leyenda picassiana, el pintor no logrará plena popularidad hasta que, en 1911, la ciudad de Nueva York recibe sus cuadros en una gran exposición. Poco queda ya de aquel chaval que, con 15 años, maravilla a Barcelona con su Ciencia y caridad… O quizás queda todo de él. Debía de ser así. A juzgar por una máxima que solía pronunciar ya en su vejez –“Cuando se es joven, se es joven para toda la vida”–, siempre hubo un pequeño Pablo dentro del gran Picasso.

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5 Comentarios
  • jorgeplaza jorgeplaza 26/01/21 13:38

    Adivinanza: ¿quién escribió lo siguiente?

    "Lo único que puedo decir es que el 'Guernica' no me gusta nada, a pesar de que ayudé a colgarlo. De él me desagrada todo, tanto la factura grandilocuente de la obra como la politización a toda costa de la pintura. Comparto esta aversión con Alberti y José Bergamín, cosa que he descubierto hace poco. A los tres nos gustaría volar el 'Guernica', pero ya estamos muy viejos para andar poniendo bombas."

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    • jorgeplaza jorgeplaza 28/01/21 17:52

      Tres negativos pero nadie tiene ni idea de quién lo escribió, coleguis.

      Lo escribió Luis Buñuel en "Mi último suspiro". Plaza & Janés, 1983, p.83.

      ¿A que no se lo esperaban, sobre todo lo de Alberti y Bergamín?

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  • peruntros peruntros 25/01/21 19:48

    "Sexo y muerte en el genio" no, hombre, ya está bien de eufemismos. Entiendo que maltrato, abuso y tortura case mal con lo de genio, pero es que este tipo era un psicópata, un delincuente, un degenerado, un misógino cabrón que basó su "genialidad" en destrozar física y psicológicamente a mujeres, hasta la muerte, y en hacer a gente infeliz.
    Desde ese punto de vista, los científicos nazis también serían genios, pues gracias a sus "métodos" profundizaron como nadie en el conocimiento del comportamiento humano y su fisiología.
    Qué ingrata sigue siendo la historia con quiénes se han pasado la vida despedazando mujeres.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 26/01/21 13:53

      No confunda usted la velocidad con el tocino. Se puede ser un gran artista y un mal bicho. De hecho, no es tan raro que las dos cosas vayan unidas. Será difícil encontrar un pintor más importante que Caravaggio que, al mismo tiempo, fue un asesino. No hay que confundir una cosa con la otra ni dejar que la admiración por la obra artística nos ciegue respecto al comportamiento de los artistas. De hecho, creo que a la mayoría de quienes hacen grandes cosas se les puede culpar, equivocándose muy pocas veces, al menos de un enorme egoísmo: para triunfar en política, en arte, en ciencia o en lo que sea, normalmente hay que pisar muchos callos y desatender muchas otras obligaciones: ¿conoce usted alguna gran personalidad, con independencia de su sexo, que haya sido buen padre o buena madre? Yo soy físico y siento, como es lógico, una admiración inmensa por Einstein como físico, pero como padre fue un mal bicho, un cabronazo según todos los indicios: una cosa no quita la otra. Es un signo de madurez ser capaz de distinguir: Picasso fue un pintor de enorme importancia al que se le hizo muchísimo la pelota porque decía que era comunista y entonces aquello daba muchos puntos. Moralmente no parece que fuera un tipo muy recomendable, pero eso no lo rebaja como pintor ni tampoco hace de sus mujeres nada más que unas pobres víctimas: eran todas mayores de edad y no ajenas a aquello de "quien a buen árbol se arrima".

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      • peruntros peruntros 26/01/21 21:39

        Que res no tinc per a dir, meu amic Plaça, que no m'ho diguis tu. Així tot el que et dic tens sabut.
        Pero qué plasta que es usted. Yo no he negado que Picasso fuera un genio. Yo me he ceñido al contenido del artículo, dónde se concilian a modo de blanqueo a la par que de exaltación de la genialidad del artista los términos contradictorios sexo y muerte. Y yo lo que digo es que todo rima mucho mejor si en lugar de sexo utilizamos la depravada noción del mismo manejada por el pintor, lo que sin duda resta valor a su genialidad: puede ser interesante conjugar sexo y muerte, pero desde luego nada tiene de genial relacionar con la dama de la guadaña el abuso, el maltrato o la tortura. Se lo he dicho otras veces: usted físico dar por supuesta la distancia entre sujetos y objetos, pero ésto en ciencia social no es así. El rol paternal de Einstein no entra en contradicción con la teoría de la relatividad especial. Ahora imagínese que Einstein, en lugar de apelar a la metáfora del tren (hablo de su obra divulgativa La Relativité, edición de 1956, creo que sólo publicada en francés), hubiera necesitado lanzar a su hijo desde un helicóptero en movimiento como punto de inicio del desarrollo de la teoría. Esta última, por supuesto, seguiría siendo válida. Como lo son sin duda las aportaciones de Sigmund Rascher sobre la hipotermia, aunque de este último hablamos menos. En realidad, por cerrar el círculo, todo esto queda muy claro en El Guernica, el cual, dicho sea de paso, puede visitar en el Nucleo Irradiador (aunque lo han plantado cerca de la estación de Atocha, para los desgraciados que vengan de provincias), al igual que la Dama de Elche y, en el futuro, el centro de interpretación del legado de Farruquito.
        ¿Que si conozco a alguna personalidad que haya sido buen padre? Desde luego, por ejemplo Carmelo el del Cádiz.
        Por cierto, ¿qué dice de que sus mujeres eran todas mayores de edad? ¿Acaso no conoce "El Sueño"?
        Venga hombre, le animo a que me dé la razón en algo.

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