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Ébola, un enfoque engañoso

Demetrio Vert
Publicada el 16/10/2014 a las 14:11 Actualizada el 16/10/2014 a las 14:32
Tanto las autoridades sanitarias como la totalidad de los medios de comunicación están enfrascados exhaustivamente estos días sobre el asunto de caso del ébola en España, como no podía ser de otra manera. Se distinguen claramente dos corrientes, la que insiste en que se han cumplido los protocolos a rajatabla y por lo tanto puede ser un fallo humano que exculparía a los responsables de los planes preventivos y los que aducen falta de medios y preparación para enfrentarse a esta problemática buscando responsabilidades en los gestores de la sanidad. La pugna está servida y en medio se encuentra la persona afectada y la posible cadena de consecuencias.

En mi opinión, independientemente de cuál haya sido la causa del contagio, el fallo preventivo es evidente y garrafal. Me explico. Cuando se quiere asegurar alguna acción se dispone de tres elementos: medios materiales, protocolos de actuación, y factores humanos. Con estos tres ingredientes reducir el riesgo del fallo a cero es matemáticamente imposible. Por lo tanto, siempre se parte, se debería haber partido en este caso, del posible fallo (habitualmente humano). Por lo tanto lo importante de la operación no es solamente intentar realizarla sin fallo alguno, sino considerar qué consecuencias puede originar el fallo. Y de aquí parte el error. El engaño no ha partido de la planificación de la operación, sino de no evaluar el riesgo real en caso de fallo.

Es evidente que se debía haber asegurado que en el improbable caso de contagio, tal y como ha ocurrido, el problema no podía ir más allá. Pongo un ejemplo: cuando se construye un puente, después de haber procedido a todos los controles del cálculo, de materiales y ejecución estandarizados, se produce la prueba de carga. O sea se instalan en el puente una serie de camiones con el peso que el puente debe resistir. Esa es la única vía segura de que el puente aguanta. Si se cae, como ha sucedido algunas veces, no lo hace cuando la circulación esta ya establecida, sino cuando se comprueba.

En este caso me pegunto. ¿Se valoraron las consecuencias de un posible contagio por improbable que fuera? Si se valoraron, ¿qué medidas se tomaron para que el problema no fuera a mayores? Aquí está el quid de la cuestión y no en si se ha producido un fallo que era “imposible” de producirse. Porque no olvidemos que en este caso se ha ido a ejecutar una acción concreta, determinada y planificada. Este caso no es uno que aparece al azar en el que las variables pueden desbordar los protocolos establecidos en general.




Demetrio Vert es socio de infoLibre

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