x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesion con Google Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es




Librepensadores

Olvidados y resignados

José Enrique Centén Martín
Publicada el 17/08/2015 a las 06:00 Actualizada el 16/08/2015 a las 14:01
Facebook Whatsapp Whatsapp Telegram Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios

Observaba al nuevo vecino que estaba sin moverse desde hacía buen rato como si fuese una figura resecada por el tiempo, ojos hundidos, nariz aguileña, rostro curtido que resalta de su blanca camisa, sin corbata, al uso de los mayores, no de ciudad. No se atreve a molestarle por un inexplicable respeto.

Días antes, un sábado, le vio en un bar próximo sorbiendo una taza de café humeante con un cigarrillo en la mano. El hijo que le ve, le dice:

– "Se lo ha prohibido el médico".
– "¡Qué más da!", contesta.

– "Tienes que vivir padre".
– ¿Más aun y así?. Se cortó el diálogo.

Días después sigue igual, callado, la mirada perdida, pierde la timidez y levantándose lentamente sin apartar la vista de su nuevo vecino se dirige a él, cuando estuvo a su altura le saludó, este le respondió sorprendido pero a su vez cree que agradecido, por su media sonrisa, seguramente el ensimismamiento le cortaba entablar conversación.

Conversación que inició de la forma más natural, no quiso comentarle que le había visto en el bar días antes. Comienza narrando su vida desde cuando empezó muy joven a trabajar y llevar dinero a casa, los domingos de camisa limpia, sacada de la casa de empeño por la penuria y escasez de la época, la autarquía, el aislamiento exterior…, habla del baile de los domingo, porque se trabajaba los sábados, de los amigos, los vinos. El nuevo narra vicisitudes parecidas en su pueblo, con la diferencia que debía ir de una población a otra andando, porque en la capital existe de todo a diferencia del pueblo donde vivía antes de venir a la ciudad. Así empiezan a conocerse, es la hora de cenar, se separan y no vuelven a verse hasta el día siguiente.

Han desayunado y se sientan en la terraza, cercanos, ahora es el nuevo quien comienza como si continuara con la conversación del día anterior al decir: este chico siempre con prisa, siempre disculpándose las pocas veces que viene a verme, esta es la segunda residencia donde me trae, dice que en la anterior se quejaron de mí porque no quería la medicación. "¡Mentira!", exclamó. Subiendo el tono, continuó diciendo: “Ahora estoy más lejos de ellos, sobre todo de mi nieto, el único que me daba alegría”. No se lo quiero comentar a mi hijo porque se me notaría la congoja, dice, este retiro me amarga.

"Ya no me necesitan, pero yo sí, y me han aparcado a perpetuidad, les estorbaba en casa, mi casa, la excusa eran las vacaciones, la playa no me gusta, pero iba. Me dejaron en una residencia hace escasamente un año diciendo que estaría muy bien atendido sin tanto agobio y calor como en la playa". De repente calló, así estuvo un buen rato mientras le observaba. Para llamar su atención y que no se encerrase en su mundo, inició la conversación narrando de nuevo su vida y su inicio en la residencia, bien distinta en cuanto a la familia pero igual de trágica, viudo, sin hijos, solo sobrinos de los que estaba muy separado, sin hermanos, solo una cuñada en otra ciudad.

Cuando se valía perfectamente se decidió por una residencia para pasar el resto del tiempo que le quedaba, un piso a cuenta de esta estancia, trato conveniente, atención amable, buena comida, cierta libertad. Y tras una pausa continuó: "He visto a varios, mejor dicho no los he visto en el desayuno, lógico, con 81 años que tengo y seis aquí es normal, cualquier día tampoco bajaré yo", dijo resignadamente. Y a continuación el silencio.

Dos vidas separadas de sus familias y llevados a un entorno distinto, hasta el ocaso, puede que surja una cierta amistad entre algunos, lo más normal es verlos callados, pensantes, unos junto a otros sin hablar, casi petrificados.

Muchas mañanas veo a los ancianos cerca de donde vivo por la existencia de varias residencias para mayores. Me entristece verlos.¿Cuántas historias encerrarán? Los saludo, solo uno al cabo del tiempo me contestó con un ¡buen día!, me alegré y desde entonces siempre que paso lo hago esperando la contestación de otro, porque aquel ya no está.

_______________

José Enrique Centén Martín es socio de infoLibre
  
Más contenidos sobre este tema
Relacionados




Hazte socio de infolibre

1 Comentarios
  • Alfar Alfar 17/08/15 09:53

    Qué triste. Deberíamos irnos, cuando el deterioro físico y psíquico comienza a hacerse patente. Incluso debería ser una opción que cada uno pudiera elegir, para evitarse sufrimiento inútil.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.