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Pues me parece bien

Israel Mármol Publicada 15/08/2016 a las 06:00 Actualizada 14/08/2016 a las 12:39    
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El Gobierno entregó a Hacienda los 500 millones de euros recaudados con las tasas judiciales.

¿Y qué?

Diría mas: ¿y qué?

¿A quién se los iba a entregar?

El titular parte de una de esas verdades evidentes que no requieren confirmación y que solo tienen el pequeño problema de que son falsas.

La verdad evidente es que un impuesto finalista es una buena idea.

Y no lo es. Casi nunca.

Un impuesto finalista es aquel cuya recaudación se dedica a la financiación de una partida concreta de los Presupuestos Generales del Estado. Puede ser un gasto directamente relacionado con el hecho imponible del impuesto en cuestión, como sería la administración de Justicia en el caso de las tasas judiciales, o puede haber una relación mas exótica como el famoso céntimo sanitario, un recargo sobre las gasolinas que se decía que iba a financiar la sanidad.

Mi principal objeción es que el gasto en cada una de las partidas no puede depender de un factor exógeno y aleatorio. Si hace falta dinero para abrir un hospital no se puede hacer depender de que haya más o menos tráfico de camiones que reposten gasolina.

Si hace falta un nuevo juzgado de lo mercantil se debe crear y financiar sin que dependa de que suba o baje la litigiosidad.

Si el gasto sanitario en aquellas comunidades en las que se implantó el céntimo no dependía en su totalidad de la recaudación de esta figura impositiva, llamarla así no dejó de ser una maniobra de márketing muy poco sutil. "Subimos los impuestos pero es por una buena causa".

Si el gasto en un concepto concreto, sea la justicia, sea la lucha contra incendios, sea el subsidio por desempleo, depende de la recaudación de un impuesto en concreto, los elegidos para ser gestores de la cosa pública estarán renunciando a una de las patas de su labor, no se puede decir que alguien es un buen gestor si no se preocupa de conseguir los recursos que necesita su encargo.

Todo el gasto público debe ser el resultado de un análisis de las necesidades reales y no de si este año ha habido más o menos pleitos o se ha hundido la recaudación por combustibles debido a la recesión económica.

Y no pregunten por la democracia directa y los presupuestos participativos.

Porque no hace falta que me pregunten, ya les cuento lo que opino.

Hay quien pretende arreglar todo el sistema político mediante la participación directa de "la gente" y me parecen los Manolo y Benito de la ciencia política: "En dos patás, señora, este sistema se lo arreglamos nosotros en dos patás".

Llevamos apenas dos mil quinientos años de teoría política y nadie se había dado cuenta de que esto se arregla con cuatro asambleas.

Los presupuestos participativos me parecen igual de peligrosos, o sin sentido. Me parece como si el cirujano organizara una consulta entre los familiares cada vez que tuviera que meter el bisturí o como si para controlar mi colesterol me preguntaran si prefiero inhibidores de la MAO o simvastatina. Es lógico que elijamos, pero no que lleguemos al punto de dirigir los más pequeños detalles, lo que en inglés se conoce como micro managing, que sólo concibo cuando se combinan un asperger de libro y un juego con miles de detalles que no por ser manejados con más precisión dejan de ser más irrelevantes para el resultado final, o cuando Michael Burry se lee tantos prospectus de emisiones de bonos que es capaz de identificar tantas debilidades y casi hace saltar por los aires el sistema financiero mundial.

Disgresión: en el libro de relatos Axiomático, de Greg Egan, se fabula con que los presupuestos del Estado se asignan a los ministerios en función de las preferencias de los contribuyentes, de modo que el Ministerio de Defensa siempre tiene dinero para los cacharros más chulos mientras que Asuntos Sociales hace malabares con lo poco que les llega porque, total, algo habrán hecho para merecer la desgracia aquellos que merecerían nuestra ayuda. Como no me acuerdo de en qué relato en concreto aparecía la idea, mejor: así tienen que leer el libro entero.

Y cuando leo que "piden una casilla en el IRPF para la investigación contra el cáncer" vuelvo a pensar que es una aberración en todos los sentidos.

Si hay que financiar la investigación contra el cáncer hay que hacerlo sin que el presupuesto dependa de qué colectivo consiga arrancar mas lágrimas desde el Diario de Patricia. Hacer depender el dinero que se dedique a una causa concreta al ruido mediático, como el que se generó en torno al ELA hace un par de años, es un sinsentido. Que el dinero disponible para buscar una cura dependa de cuánta gente marque la casilla no es razonable porque los proyectos deben elegirse según criterios científicos y por expertos.
___________

Israel Mármol es socio de infoLibre.


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