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Érase una vez

Alfonso Miñarro
Publicada el 19/08/2016 a las 06:00
Erase una vez unos emprendedores que crearon una empresa. En esa empresa eran tres socios, y llegaron a crecer hasta 50 trabajadores, tres tiendas y un centro de trabajo para servicio técnico. Estos socios, realmente no eran nada ostentosos, no tenían propiedades, no tenían grandes vehículos, ni barcos, solo tenían su trabajo y sus ganas de progresar, ellos y su empresa, la cual incluía claramente a sus colaboradores.

Un buen día llego una bruja, llamada crisis. Los bancos que hasta la fecha dejaban dinero a esta empresa, empezaron a reclamar esos dineros que habían dejado, obviamente a cambio de intereses, es decir, de más dinero (si te dejo 100 me devolverás 110, y cosas así).

Después de muchos líos y muchas mas empresas y personas que se vieron en la misma situación, entre ellos los bancos (esos que habían dejado dinero a esas empresas que cerraron) el Estado, a través de su gobiernos, decidió ayudar a estos bancos con dinero de los gobernados, claro está. "¡Hay que salvar el sistema!", decían los que mandan. Curioso está que se concrete el “sistema” en los bancos y no en las personas que trabajan en comercios, andamios, talleres, grandes superficies, etc., pero bueno, quien manda manda, aunque sea nombrado por el pueblo en una ceremonia que llaman elecciones. Pero eso ya lo explicaremos en otra ocasión, es otro cuento.

Pasaron los años y las brujas no se iban, se mantenían erre que erre con las personas y las empresas. Los bancos a los que se había ayudado –para salvar el sistema– parece que no tenían suficiente y empezaron a sacar a las personas de las casas donde vivían, por aquello de que al no tener trabajo no podían pagar las hipotecas o alquileres. Y los bancos se quedaban con las casas y las personas seguían debiendo dinero. Había que salvar al sistema.

De los tres socios, dos de ellos eran matrimonio, y tenían tres hijos, dos de ellos mellizos. Se les terminó el trabajo, el paro, como a muchas otras personas. Los bancos, a través de los juzgados, es decir, de la justicia, retenían a esta pareja con tres hijos una parte del sueldo y posteriormente del paro. Del dinero que quedó pendiente al cerrar la empresa. Lo curioso es que esta pareja solicito ayudas al Estado, el Estado se las dio, pero la justicia se la quedaba para los bancos, esos bancos que habían sido salvados con dinero público, para salvar al sistema. ¿Recordáis?

Los bancos son empresas privadas, que su negocio es dejar dinero a cambio de dinero y han de correr sus riesgos como la empresa del principio de este cuento. Pero a los bancos los ayudamos, y no a las personas, y la justicia no es justa, solo es justicia, y los jueces no son justos, solo son jueces, y el gobierno no es de todos, es de esos bancos y grandes empresas que son el sistema que se debe salvar, no son el gobierno de las personas, pues las personas no son el sistema.

Qué partido será el que nos libere de esta justicia injusta, de este gobierno de los bancos, de estas brujas que no nos dejan respirar, que nos han quitado la ilusión y muchas cosas más.

Qué pena que no puedo decir colorín colorado, pues este cuento (mucho me temo) que no ha terminado.

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Alfonso Miñarro es socio de infoLibre

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3 Comentarios
  • ChemaA ChemaA 19/08/16 10:40

    En efecto, es un cuento de terror y es el terror (no se a que) el que tiene a este pueblo atenazado, amordazado e idiotizado de tal forma que no somos capaces de ponerle fin, porque como bien dices el cuento no ha terminado.

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  • AMP AMP 19/08/16 10:26

    Muy bueno amigo Alfonso. No tengo buena memoria y tampoco soy muy leído, pero creo recordar algo que sobre los cuentos escribió Gil de Biedma, sí, ese pariente de Esperrancia y del que ella infamemente presume en ocasiones.

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  • Bacante Bacante 19/08/16 09:21

    Esto no es un cuento sino una narración del terror. Con sencillez, nos ha explicado el calvario y el atropello a los ciudadanos que dinamizan la economía y la vida del país,  en pro de "intereses superiores" .  Tan sencillo y tan indignante como para amargar el desayuno a cualquiera. Qué pena que en lugar de Indas,  Arroyos y Marhuendas no haya gente como usted por las cadenas de televisión. Haremos correr su artículo,  señor Miñarro. Un saludo osasunado y subversivo! 

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