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Librepensadores

Los independentistas y el derecho a decidir por los demás

Andrés Herrero Publicada 03/11/2016 a las 06:00 Actualizada 03/11/2016 a las 17:13    
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Que nadie se equivoque, el famoso “derecho a decidir”, ni existe, ni es un derecho, ni mucho menos es democrático.

Veamos por qué:


 
"Derecho a decidir es igual a soberanía.


Cualquiera que ostente ese derecho puede declarar unilateralmente, de manera legítima, la independencia, porque dispone de un territorio, una población y, sobre todo soberanía (derecho a decidir), los tres atributos básicos de un Estado.

Valiéndose de esa argucia los independentistas privan a los españoles del derecho a decidir sobre la unidad de España, al tiempo que otorgan a Cataluña el derecho decidir sobre la secesión".



 
Dotar a Cataluña del derecho de secesión equivale a negar a los demás el derecho de unión, cuando precisamente por ser la soberanía un bien colectivo que afecta a todos, tiene que ser patrimonio de todos.

El derecho a decidir carece de cobertura legal en nuestro ordenamiento jurídico porque implica automáticamente soberanía sin necesidad de realizar ninguna consulta al respecto, y permitiría dividir el país hasta el infinito, empezando por la autonomía, pasando por la provincia y la región, siguiendo por la comarca, la isla, la ciudad, el barrio, y la urbanización, hasta terminar en el individuo soberano, último reducto de la independencia, si tal cosa fuera factible. Y nadie puede reclamar aquí más derechos históricos, porque nadie tiene más ni menos pasado que cualquier otro.

Aunque los independentistas lo crean, no existe el derecho a ser más iguales y disfrutar de más derechos que los demás. La democracia, más que en votar (algo que también se hace en las dictaduras), consiste en respetar las reglas, el marco común de convivencia y la igualdad ante la ley. Esos son los límites que la definen y que no se pueden traspasar, so pena de echarse al monte. Y el mero acto de votar no legitima más la secesión que la corrupción.

Pretendiendo imponer el derecho a decidir, lo que los independentistas le están diciendo a toda la sociedad es que el derecho soy yo. Demuestra un talante escasamente democrático y dice muy poco en su favor el que una minoría intente imponer sus condiciones y reglas de juego a la mayoría, pero todavía resulta peor que pretenda hacerlo por vía de los hechos consumados.

En ningún sitio la soberanía es troceable o negociable a capricho porque constituye la base misma de la convivencia, aunque, naturalmente, cualquier estado democrático puede, por voluntad mayoritaria, regular mecanismos de secesión si considera que existen razones para ello, estableciendo los requisitos adecuados para desarrollar el proceso con garantías.

Nada que ver con la exquisita pluralidad de que hacen gala habitualmente los independentistas, a los que no les importa en absoluto forzar a sus compatriotas catalanes a dejar de ser españoles, siempre que exista buen negocio por medio. Y el de la independencia lo es, y de los gordos. Que la independencia es bona si la bolsa sona.

Cualquier nacionalismo, a nada que se le rasque, enseña sin rubor su talante de superioridad, y su carácter discriminatorio, racista y beligerante. Como alumnos aventajados en esa disciplina, depositarios de las esencias patrias, y ventajistas natos, los independentistas actúan movidos por un cálculo egoísta, pensando que la secesión va a beneficiarles económica y políticamente, aunque lo traten de camuflar y justificar en base a unos supuestos agravios, pasados, presentes y futuros.

Pero si Cataluña es una colonia, desde luego no lo es de España, sino de Puig. Estar tan oprimidos, y disfrutar de un nivel de vida más elevado que el de sus verdugos, tiene bemoles.



“El nacionalismo es precisamente uno de los motivos por los que la pobreza está tan concentrada en algunos lugares del mundo… ¿por qué la mayoría de los etíopes son pobres?... ¿porque son todos tontos?... ¿porque son todos vagos?... ¿o porque nacieron en Etiopía?...”


Existe una polarización de los territorios, igual que existe una polarización de las rentas. La riqueza se concentra en unos lugares más que en otros, igual que se concentra en unas personas más que en otras, por un fenómeno llamado capitalismo. Si la izquierda no es capaz de comprender que es el capitalismo el que moldea las sociedades, los territorios y los individuos de forma asimétrica, despojando a unos en beneficio de otros y propiciando la misma diferencia de riqueza entre territorios que entre personas, poco se puede añadir. Recordarles simplemente que, si por algo se distingue el capitalismo, es por lo bien que reparte, sin duda su mayor virtud.

En ningún sitio está escrito que el que paga más impuestos tenga que recibir más. Solos, los catalanes seremos más ricos, es lo que se ventila. Si nos sacudimos de encima a los que son más pobres que nosotros, viviremos mejor. Porque todos nuestros males vienen de ellos. Nos roban, no nos quieren, nos oprimen. Como será la cosa que hasta el pobre Pujol se descarrió por su culpa.

Mientras predomine esa mentalidad, de poco va a servir que, para arreglar el conflicto, se proponga dialogar, convocar referéndums, reconocer a Cataluña como una nación, convertir a España en un Estado Federal…, como si eso fuera a contentar a quienes han hecho de las instituciones catalanas de autogobierno la principal herramienta de secesión.

Estamos ante un conflicto irresoluble, porque se trata de dos oligarquías, la catalana y la central, compitiendo por llevarse el mayor trozo del pastel en el ring del independentismo. Enfrentamiento que dura ya más de un siglo, pero en el que la gran novedad, es que la oligarquía catalana cuenta por primera vez con el apoyo de la izquierda catalana, tradicionalmente su mayor enemigo de clase (combate sangriento durante el que la oligarquía catalana no vaciló nunca en recurrir a los buenos servicios de la oligarquía central cada vez que se vio desbordada por el movimiento obrero, tanto en tiempos de las dictaduras de Franco y Primo de Rivera, como en los de gobiernos anteriores). Baste recordar que, hasta la CUP, un partido de izquierda radical y anticapitalista, rechazó por un insignificante margen de votos investir como presidente de Cataluña a Artur Mas, el Rajoy catalán.

No hace falta decir que, ambas oligarquías, catalana y central, practican las mismas políticas y persiguen los mismos objetivos, y que sus dos máximos representantes políticos, el PP y PDECAT (la antigua CIU rebautizada convenientemente para lavar su imagen), se refuerzan y retroalimentan mutuamente. Sus nacionalismos son iguales, pero de signo contrario: dos caras de la misma moneda; los mismos perros con distintos collares.

A los que argumentan que los Rajoys de turno les hacen independentistas, los Pujol y Mas deberían volverles unionistas, porque si algo representan PP y PDECAT es el patrioterismo de más baja estofa.

"Preocuparse tanto de la desigualdad entre territorios, y tan poco de la desigualdad dentro de ellos", parafraseando a Joaquim Coll, demuestra lo enferma que está la izquierda con el virus del nacionalismo. Aunque tarde, por fin nos enteramos de que separar comunidades y levantar fronteras, es de izquierdas.

Como si el hecho de ser diferentes, que todos lo somos, impidiera vivir juntos. En Australia por ejemplo, una parte importante de su población, mayoritariamente blanca, es asiática, y sin embargo convive en paz, sin cultivar tensiones ni hechos diferenciales.

Tiene gracia que el único espacio donde coexistan tranquilamente todas las nacionalidades sean las multinacionales. Los problemas son globales: paro masivo, desahucios, pobreza, precariedad, explotación laboral, trabajos basura, salarios de hambre, pensiones en riesgo, recortes en sanidad y educación, privatización de servicios esenciales, desigualdad galopante, destrucción del medio ambiente, etc.; pero mientras que la derecha los afronta unida como un bloque homogéneo, la izquierda responde fragmentándose en izquierda catalana, vasca, gallega, valenciana… cada una con la banderita de su tierra por delante, por aquello de que la división hace la fuerza.

Sorprende que el capital aplique las mismas recetas en todas partes, mientras que la izquierda se pierde en luchas locales, centrándose en reivindicaciones nacionalistas en vez de sociales… ¿de verdad se combate mejor a Eurovegas, El Corte Inglés, Apple o McDonalds, con la estelada o la ikurriña, que con la rojigualda?, ¿tienen más en común los trabajadores catalanes con sus patronos catalanes que con los trabajadores andaluces?, ¿cómo se entiende si no, que se sientan más vinculados a Artur Mas, que a quienes sufren su misma suerte?

Trocear la soberanía, como pretenden los secesionistas, en un mundo globalizado, solo sirve para debilitar el Estado de Bienestar y servírselo en bandeja a las grandes multinacionales.

En el mundo de hoy sólo hay dos naciones: la de los ricos y la de los pobres; las únicas verdaderamente independientes y que, bajo ningún concepto, se mezclan.

El color de la bandera no mejora la causa,y debería hacernos reflexionar que el capital no tenga patria y los trabajadores sí.

El miedo a la secesión ha provocado que gente decente de derechas, que también la hay, haya votado al PP pese a la repugnancia que le inspira su corrupción, para defender la unidad de España. Y al revés, que personas de izquierdas, no nacionalistas, que hubieran apoyado a Podemos, se nieguen a hacerlo y opten por la abstención, mientras siga apostando por el derecho a decidir.

Hasta que la izquierda no se desenganche del carro nacionalista y deje de obligar a los españoles a tener que elegir entre corrupción y secesión, no habrá nada que hacer, ni se modificará el actual status quo político.

Por mas que intenten convencernos que, del procés al cielo, considero preferible tener pensiones dignas que autonomías, y antes suprimiría políticos que profesores y médicos.

Sobran banderas y faltan becas.



Andrés Herrero es socio infoLibre




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9 Comentarios
  • Birth 1 Birth 1 04/11/16 16:12

    Empiezo diciendo que la lectura de este artículo ha sido muy desagradable. Personalmente desearía que Cataluña, decidiera permanecer en España, incluso pienso que ante el panorama económico y el de la UE no le convendría independizarse ahora, pero no basado en argumentos como los expuestos por su autor Andrés Herrero. No comparto esencialmente su concepto de democracia. Incluso repite una fórmula manoseada: el que la democracia no es sólo el votar sino ... No, las dictaduras tienen leyes y se hacen cumplir, además de tener votaciones. La diferencia, enorme diferencia, está precisamente en la naturaleza de la democracia como participación política. Para evitar ejemplos embarazosos de caracter reciente y cercanos (Quebec en Canadá y Escocia en Reino Unido) el autor los sopla sin explicar el por qué en España no se podría hacer un esfuerzo político. Da además ejemplos que recuerdan la actitud “negociadora” del gobierno: en vez de empatizar para entender el por qué del movimiento de independencia, se dedica a denominar “argucias” a los argumentos del contrario. Y encima echa sacos de demagogia, halagando las esperanzas y convicciones de una sociedad de progreso para ponerlas en prioridad, como si una alternativa independiente no tuviera las mismas intenciones. No se a quién podrá convencer con tanta glicerina, pero le aseguro que no a los que pretende. Por cierto, por historia sabemos que en origen los derechos y las libertades no se otorgan sino se conquistan. Es una lástima que un tema tan actual sea tomado tan a la ligera con argumentaciones tan vanales y poco eficientes. Dice usted: "Cualquier nacionalismo, a nada que se le rasque, enseña sin rubor su talante de superioridad, y su carácter discriminatorio, racista y beligerante. "... ¿Existe un nacionalismo español? La situación actual es tambien rsultado del gobierno español. Y no puede lavarse las manos en incriminaciones.

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  • novelero novelero 04/11/16 09:42

    Mas o menos bien planteado el análisis, local/legal y global, de acuerdo en eso, pero: Y AHORA QUE??, se podría concluir que, en las vacas gordas, estábamos bien y en las flacas, necesitamos un culpable, para Cataluña, el estado central, se le añade la metamorfosis de CIU y arranca la espiral independentista, si es por lo que es?, si nos asiste la razón y el derecho?, si por generosidad o solidaridad?, este articulo, como otros editados o por editar, eligen uno u otro argumento, PERO NO DAN SOLUCIONES!!! y el que menos RAJOY, mientras tanto la espiral continua, es un problema político y como tal hay que abordarlo, detalles como el de Borrell, desmontando las mentiras de HR, hizo mas en unos minutos que el gobierno en toda la legislatura, en el tema catalan se debe consensuar un pacto de estado, el PP solo es incapaz, por que teme a la bateria de acusaciones de corrupcion cada vez que intente debatir con los políticos catalanes las mentiras de sus estrategias con consignas como "Españas nos roba", para en el momento adecuado, permitir que los catalanes decidan y asi cerrar definitivamente el problema.

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  • Domingo Sanz Domingo Sanz 03/11/16 21:19

    Si un pueblo quiere separarse de otro terminará consiguiendolo o, de lo contrario, ambos terminarán envenenados, haciendose daño cada minuto con las pequeñas cosas de cada día. Véanse las actuaciones anti catalanas promovidas por el PP cuando la independencia ni se planteaba. Si, como supongo, tanto el autor del artículo como los comentaristas renunciamos por principio a la violencia militar para mantener la unidad, es evidente que las estrategias para debilitar el independentismo catalán deben ser otras y, entre otras, el resto de españoles no debemos seguir votando al PP. Por ejemplo, si mi grupo de accionistas en Telefonica estuviera en desacuerdo con el nombramiento del nuevo consejo de administracion podriamos vender nuestras acciones en las mejores condiciones y comprar de la competencia, o incluso montar otra empresa. ¿A que es fácil de entender que contra la libertad de los individuos y los grupos no hay nada que hacer mas que intentar convencer, pactar, o ajo y agua? Lo demás del artículo, si los catalanes o sus políticos son mejores o peores, etc... no tienen el menor valor argumental.

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  • Inocencio XIV Inocencio XIV 03/11/16 19:41

    2/2 Atribuye usted al independentismo la insolidaridad. Permítame que lo no admita. No estamos contra la redistribución de la riqueza, es decir, la justicia social. Lo estamos contra el hecho de que un 16% de la población de España reciba sólo el 9% de la inversión publica. En Cataluña también hay gente necesitada ¿sabe? Denuncia un contubernio entre oligarquías que se retroalimentan. Miembros de la oligarquía catalana que se han manifestado inequívocamente antiindependentistas: los presidentes del Banco de Sabadell y de La Caixa, el propietario del mayor grupo editorial de Cataluña y no sé si de España (Lara, de Planeta), Freixenet, el mismo Puig a quien usted cita con desparpajo, el presidente de la CEOE y la lista es larga ¿Tiene nombres de oligarcas independentistas? ¿Considera a Casa Tarradellas y la cerveza Moritz empresas de la magnitud del Sabadell? Otro intento de desprestigiar con pura demagogia. Ahora bien,  para demagógico su remate. Niega la capacidad a un independentista de ser realmente izquierdista. Yo me siento ambas cosas sin que, afortunadamente, necesite que alguien me extienda un certificado. De hecho, creo (equivocado o no, pero honestamente) que es más probable que mi militancia izquierdista se vea recompensada por el logro de algo más de justicia social en una República Catalana y no encuentro contradicción alguna en ambos empeños. La sensibilidad social no es patrimonio de quien se manifiesta, y por fin se expresa usted claro, más a favor de las pensiones dignas que de las autonomías. ¿Supone usted que yo no estoy a favor de las pensiones dignas? Coincido en que faltan becas. Las banderas también me sobran, pero todas, no sólo las de los demás.

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    • Andrés Herrero Andrés Herrero 04/11/16 09:46

      Gracias por su razonada crítica y el tono de la misma. No voy a entrar en juicios de intenciones, sobre si hay buena voluntad o no, pero sí le diré que mi concepto de la izquierda, integrador y no rupturista, difiere radicalmente del suyo, y se encuentra más próximo a lo que ha sido históricamente la izquierda catalana, como puede comprobar en: "La historia de Cataluña que no cuentan los independentistas" (http://andresherrero.com/la-historia-de-cataluna-que-no-cuentan-los-independentistas/). Comparar un cambio en la forma de Estado con la secesión de Cataluña, es un ejemplo erróneo, porque en el primer caso votarían todos y en el segundo una parte. La oligarquía independentista tiene tomadas, desde hace más de 30 años, las instituciones catalanas, trabajando en favor de la secesión. En cuanto a los empresarios, los hay que sintiéndose independentistas se oponen a ella porque perjudica su negocio y viceversa, quienes no sendo independentistas, tienen que posicionarse a favor de la corriente política dominante. En cuanto al señor Domingo Sanz, indicarle que el hecho de que una minoría quiera algo, no es razón, en sí misma, para dárselo, y que, poner como ejemplo de libertad a los accionistas de Telefónica, parece poco acertado.

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  • Inocencio XIV Inocencio XIV 03/11/16 19:39

    1/2 Es una lástima que un debate planteado con la tranquilidad ofrecida por la posibilidad de utilizar los artículos de opinión y que abre usted se eche a perder desde el inicio. En lugar de la reflexión compartida desde diferentes perspectivas y una actitud serena ofrece usted una suma de lugares comunes, eslóganes, medias verdades, mentiras completas y descalificaciones  Tal planteamiento se hace desde el desconocimiento o desde la mala fe. Como se presenta usted en un medio como infoLibre, desdeño la segunda posibilidad y achaco a su ignorancia sobre el tema su embarullada exposición y, al contrario de lo que hace usted con los que opinamos de forma diferente, no le negaré sus convicciones progresistas y su buena voluntad. No entraré pues en un debate que podría haber sido enriquecedor y me limitaré a señalar algunas inconsistencias en su argumentación. Para comenzar, mezcla conceptos tales como “soberanismo” con “independentismo” (buena parte del PSC y de En Comú Podem se definen como una cosa y no como la otra). El llamado “derecho a decidir” no está recogido en nuestro ordenamiento jurídico asegura. Desde luego. Podemos añadir que en el de ningún Estado, lo que no deja de ser lógico, por otra parte: cada Estado se atribuye la exclusividad sobre sus naturales lo que no ha impedido que se constituyan nuevos ya sea mediante la secesión o la descolonización. Dice que se pretende imponer el derecho a decidir y que esto va en menoscabo del derecho de los que no quieren decidir. Bueno, es una forma de verlo. Es de suponer que vería de igual manera el caso de un supuesto referéndum sobre la forma del Estado: los favorables al statu quo acusarían a los republicanos de obligarles a tener que decidir sobre algo que ellos ya tienen decidido. El independentismo calcula con el bolsillo dice usted. Pues no sé si será cierto, pero de serlo habría que admitir que el resto también lo hace. Si quien reclamará la independencia fuera un territorio depauperado que se mantuviera tan solo con la subvención del resto del Estado ¿cree usted que encontraría tanta resistencia a su pretensión secesionista? 

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  • AMP AMP 03/11/16 10:45

    ¡Chapó tocayo!

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  • thule thule 03/11/16 09:54

    Absolutamente de acuerdo. Es necesario decir este tipo de argumentos tal vez más alto, porque más claro no es posible. Creo que no se ha explicado suficientemente lo que implican los nacionalismos en este mundo globalizado:. Un retroceso, pienso yo. El capital se une ,se globaliza.Los trabajadores se separan envolviendose en banderas.

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  • Ximet Ximet 03/11/16 09:31

    ¡Magnífico artículo! Hace tiempo que me pregunto ¿por qué el virus nacionalista ha calado en la izquierdas? ¿Cuándo se ha olvidado la Unión de los pobres del mundo, las Organizaciones Internacionales,...? Así nos va. Gracias.

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