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Librepensadores

¿Problemas en la Secundaria?

Joan Daniel Oliver Publicada 24/11/2016 a las 06:00 Actualizada 24/11/2016 a las 11:03    
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Soy profesor desde hace más de treinta años en un instituto público de Educación Secundaria y confieso que no tengo la solución para el problema de la educación en España. Es más, ni siquiera sé si existe tal problema. Si la educación en España funcionara tan mal, entonces la afirmación de que los jóvenes españoles son la generación mejor preparada sería falsa. ¿En qué quedamos?

Tal vez una clave para poder empezar a entendernos podría ser asumir que la educación en España es manifiestamente mejorable y que tiene problemas concretos que requieren soluciones particulares (y urgentes). Quizás sería conveniente huir de las grandes reformas de todo un sistema educativo que al final no suelen cambiar nada y centrarnos en buscar solución para problemas reales y concretos.

En cambio sí que tengo la sensación de que el sistema educativo funciona peor que cuando empecé y que muchas de las soluciones propuestas desde entonces para mejorar el sistema no han hecho más que empeorar la situación o como mí­nimo generar malestar docente€.

No es mi intención hacer un examen exhaustivo de los múltiples problemas educativos, sino plantear cómo se ha llegado a esta especie de desánimo general que invade al sector educativo (en particular en Secundaria) y que repercute inevitablemente en la calidad educativa. Para ello es conveniente hacer algo de historia.

Cuando empecé a trabajar de profesor, la enseñanza era obligatoria hasta los 14 años y se impartí­a en los colegios de EGB. Después el alumno podía optar por abandonar sus estudios o bien continuarlos yendo al instituto donde harí­a BUP y COU o matricularse en un centro de Formación Profesional. Yo mismo fui alumno de EGB y BUP. Ir al instituido significaba, por lo general, prepararse para la universidad. En cambio, optar por la Formación Profesional, aunque también permitiera acceder a carreras universitarias, posibilitaba acceder más temprano al mercado laboral con mejor preparación que aquel que hubiera abandonado a los 14 años. El sistema tendría sus inconvenientes pero por lo menos al alumno resultaba sencillo elegir la ví­a que debía seguir en función de lo que quisiera ser en el futuro y el profesor tení­a claro el tipo de alumno que tenía delante.

Corrían entonces tiempos con más ilusión, acabábamos de incorporarnos a Europa y nos exigían cambios. Uno de ellos, muy importante, fue que se aumentara hasta los 16 años la enseñanza obligatoria.

Lo lógico hubiera sido potenciar, prestigiar y modernizar la Formación Profesional. Primero para que absorbiera a ese alumnado no escolarizado de 14 a 16 años, mal formado y que aún no podía todavía trabajar legalmente. Y segundo para que nos fuéramos adaptando lo más rápidamente posible a la revolución tecnológica digital que venía pidiendo paso. Al mismo tiempo se hubiera tenido que diseñar cursos puente que permitieran el trasvase del alumnado entre FP y Bachillerato que contrarrestara su prematuro encasillamiento.

Imagino que en ese momento alguien debió de echar cuentas y llegó a la conclusión de que era más barato abrir un aula con una pizarra que montar un taller de informática (por ejemplo). Que también era más fácil y barato disponer de profesores de matemáticas, lengua o historia... que formar nuevo profesorado para que atendiera al alumnado en esa moderna FP que se avecinaba. Si añadimos que el prestigio político que daría hacer una nueva y total Reforma Educativa sería muy superior al de potenciar lo que había, que además era franquista, entonces no había discusión: harí­an una Reforma. Y se hizo la LOGSE.

No me centraré en toda la jerga pedagógico-indescifrable que utilizaron para convencernos de su bondad y que daría material para varios libros de humor negro sino en tres de los cambios que se produjeron, que sobre el papel parecían buenos (incluso alguno de ellos necesario como el aumento de la edad obligatoria de escolarización) pero que, como el paso del tiempo demostró, no fueron inocuos.

Estos cambios fueron: la escolarización obligatoria hasta los 16 años, el traslado desde los colegios a los institutos del alumnado entre 12-14 años y la eliminación de la formación profesional entre 14 y 16 años. Era la ESO.

No sé que mente privilegiada pudo llegar a la conclusión de que lo más adecuado para el tipo de alumnos que abandonaba la escuela a una edad temprana (antes incluso de los 14) y para los alumnos que elegían la formación profesional a esa misma edad (en muchas ocasiones porque no les gustaba estudiar) era darles dos tazas de la misma medicina que habían rechazado. No solo continuarí­an en la escuela hasta los 16 años sino que además su formación basaría sus líneas maestras en aquello que se estaba haciendo en ese momento en BUP, es decir, pizarra, con la incorporación de alguna asignatura de FP por disimular y para que la reforma pareciese algo totalmente nuevo e innovador. Tampoco es el momento de reflexionar sobre los €œprofundos cambios€ que se produjeron en los diseños curriculares como consecuencia de la reforma. Baste decir que en más de 30 años de docencia se me sigue exigiendo impartir prácticamente lo mismo, aunque más repetido y peor distribuido.

Pero volvamos a lo nuestro. Estos cambios condujeron a que convivieran en una misma aula alumnos que calentaban asiento, esperando a que el tiempo pasara para cumplir los 16 años y marcharse, con otros que tení­an hambre de aprender. La enorme desigualdad que se generó, tanto académica como de interés por parte de un alumnado en plena adolescencia, convirtió las aulas en muchas ocasiones en una especie de bombas de relojerí­a siempre a punto de estallar, que generaba tensión y desánimo en un profesorado que encima no veí­a resultados académicos acordes a los esfuerzos que estaba empleando. Y como solución la administración proponí­a las adaptaciones curriculares (enseñanza a la carta) o que aprendiéramos a motivar a los alumnos. En resumen, si los alumnos no estudiaban, no era porque hubiera alumnos a los que no les gustaba estudiar o porque no les interesaba lo que el sistema proponía que estudiaran, sino que eran los profesores los que fallábamos porque no estábamos preparados para motivarlos. Nos faltaba (o habíamos perdido) la profesionalidad.

Además la llegada masiva de estudiantes inmigrantes, algo indudablemente enriquecedor desde el punto de vista cultural, complicó el día a días, ya que solían llegar con dificultades idiomáticas o con un nivel académico bajo. Muchos de estos alumnos coparon las clases de compensatoria o de diversificación, que actuaban como una especie de válvulas de escape que disimulaban los fallos del sistema y que, por cierto, fueron las primeras en ser eliminadas cuando empezaron esos recortes que según nuestras autoridades nunca sucedieron.

Para acabarlo de arreglar, se sacó a los alumnos entre 12-14 años de los colegios y se los puso en los institutos.

De pronto los institutos cambiaron: de ser centros en los que un alumno entraba voluntariamente (desde el punto de vista legal) con 14 años, en los que el trato con sus compañeros de otros cursos superiores y con sus profesores les hací­a sentirse mayores estimulándoles a madurar y a ser más responsables; pasaron a ser centros en los que se entraba con 12 años, una edad en la que todavía los profesores los debíamos vigilar y controlar y en los que iban a permanecer por obligación como mí­nimo hasta los 16. Creo que para que a alguien se le exija responsabilidad, primero tiene que sentirse libre y aunque los alumnos a estas edades no puedan hacer un discurso razonado sobre la relación entre la libertad y la responsabilidad, lo intuyen perfectamente. ¿Qué necesidad tení­an de esforzarse en ser responsables si no se sentí­an libres? Además, como la educación obligatoria era hasta los 16 años, este control se extendió hasta esa edad. Es decir, infantilizamos al alumnado y por extensión a todo el instituto.

Y encima, desde el punto de vista académico, todo fue a peor. Para evitar que alumnos mayores, multirrepetidores, coincidieran con alumnos más pequeños en la misma aula se les promocionaba automáticamente al siguiente curso, por lo que un repetidor sabía que no haciendo absolutamente nada iba a promocionar mientras el resto de sus compañeros, si querían pasar de curso, tendrían que estudiar. Todo muy ejemplarizante y educativo: se premiaba no hacer nada.

A partir de la instauración de la ESO, los profesores, que mayoritariamente nos oponíamos a esa reforma, tuvimos que reciclarnos: no solo impartirí­amos nuestra(s) asignatura(s) sino que además nos convertirí­amos en vigilantes para evitar que se pelearan, en burócratas para controlar su asistencia, en psicólogos y asesores de familia para atender a los padres... No es de extrañar entonces nuestro desánimo, que encima me temo que íbamos contagiándolo a los profesores más jóvenes.

Las posteriores reformas creo que fueron parches que no alteraron sustancialmente la LOGSE y esta última está muerta antes de nacer por lo que no merecen aquí­ comentarios.

Insisto, no tengo la solución para los múltiples problemas educativos de España, pero creo que el infantilismo, generado por la LOGSE, que se incuba en Secundaria y que incluso llega a la universidad es un problema que por lo menos tendrí­a que plantearse.

Por último, una reflexión: hoy la mayoría de los institutos de Secundaria tienen las puertas cerradas cuando antes de la LOGSE estaban abiertas. Si uno de los objetivos de la educación es la de formar ciudadanos para que sean más libres y responsables ¿no resulta eso triste y contradictorio?



Joan Daniel Oliver es socio de infoLibre


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7 Comentarios
  • leandro leandro 25/11/16 19:55

    Creo en este analisis que nos da joan y diré que el problema de la educación publica aquí lisa y llanamente es la sustracción cada año que pasa de medios y ya no hablo de los salarios de los profesionales porque ese tema lo desconozco . Creo también que la concertada es otro despilfarro . Con la egb , fp y bup había de sobra y solo darles más medios cada año en vez de restarlos debería ser suficiente pero cuando interviene la derecha sabido es que lo público debe destruirse en aras del enriquecimiento particular de "alguien" . Es lo que hay .

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  • Bacante Bacante 25/11/16 11:51

    Qué excelente exposición ha hecho,  Joan Oliver.    ¶.   ( Cuántos chavales decían   que la FP no molaba porque había que estudiar igual y apenas había prácticas).     ¶.  Dice usted:     "... confieso que no tengo la solución para el problema de la educación en España. Es más, ni siquiera sé si existe tal problema. ...". Me temo que sí,  que conoce el  problema y sabría encontrarle  solución,  lo mismo que conoce el nulo interés político en una Educación Pública de calidad. Creo que Ángel Gabilondo hizo intentos sinceros,  saboteados, en plan gamberro,  por el Pp en la oposición.  Hoy día dudo hasta del ministro Gabilondo,  reconvertido al Pp, tan ricamente y antidemocráticamente (pero ése es otro cantar). ¡Qué gran pueblo si tuviera buenos dirigentes!  Mi admiración inagotable hacia los profesores de Primaria y Secundaria. 

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  • M.T M.T 24/11/16 14:49

    Felicito al autor de este artículo por el análisis tan detallado que nos ofrece de la situación actual de la enseñanza obligatoria en institutos de ESO. Este análisis coincide con lo que me comunican profesores amigos de institutos de las muy diversas materias y padres de alumnos de esas edades 12- 16 años. También comprobé en la Universidad, como ya he comentado en otros foros, el nivel de conocimientos y de uso del lenguaje con el que accedían a esos estudios universitarios, que había descendido notablemente en los últimos cursos en que impartí docencia. Estoy de acuerdo con el autor en que esta situación sería mejorable si se contemplara y reforzara la enseñanza o Formación profesional, a la que voluntariamente muchos alumnos podrían acceder. De igual modo entiendo que la calidad y la excelencia, el elevar el nivel de formación académica requiere, entre otros muchos aspectos organizativos, una actitud de esfuerzo por parte del alumnado, que por lo que socialmente observo, no todos los padres fomentan. Recordemos desde los estudios primarios el problema suscitado con los deberes, que en ocasiones eufemísticamente hemos denominado tareas. Reitero mi felicitación por este artículo. Saludos.

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    • Bacante Bacante 25/11/16 11:52

      Comparto tu comentario y mando un gran saludo.

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      • M.T M.T 26/11/16 03:58

        Otro saludo muy cordial que repito. Creí haberlo enviado hace ya unas horas y veo que no ha pasado. Lo dicho:  cordiales saludos.

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      • M.T M.T 25/11/16 14:47

        De igual modo me adhiero al tuyo. No sé si procede el tuteo. Me he vuelto muy atrevida desde que estoy en la cifra 6. Perdón si no procede.  Otro gallo cantaría si los políticos tuvieran el mismo interés que los ciudadanos por mejorar todo lo referido a esta cuestión pública de la educación. Sin duda Ángel Gabilondo hizo todo lo posible, cargado de buenas ideas y excelentes intenciones que no prosperaron. Confiemos en que las voces de la ciudadanía se escuchen y traduzcan en una legislación a favor de estos intereses.  Otro gran saludo para ti, Bacante.

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  • cepeda cepeda 24/11/16 09:13

    1.Me parece un comentario muy acertado que describe muy bien lo que ha ocurrido con la enseñanza en España... 2.Los resultados ya los conocemos gracias a PISA. 3.¿Por qué los que fueron capaces de crear una magnífica sanidad pública y gratuita fueron incapaces de hacer lo mismo creando una educación PÚBLICA gratuita y de excelencia es algo dificilmente explicable si tenemos en cuenta que esa reforma la hicieron los "socialdemócratas" y que en el norte de Europa había modelos socialdemócratas de educación muy desarrollados y desde hacía tiempo. 4.Falta de capacidad... de voluntad política... de confundir ESTADO con RÉGIMEN... lo cierto es que allí donde llevan gobernando 40 años... los resultados son aun peores. 5.Lo peor es que HOY en 2016, mientras ahí fuera hay una auténtica REVOLUCIÓN en el mundo de la educación, con diversidad de modelos buscando la excelencia... aquí, por desgracia, la izquierda "pura" y la izquierda "socialdemócrata" siguen en lo suyo... en sus debates sobre el poder interno.... y están completamente al margen de lo que está pasando en el mundo... y la derecha... prefiere llevar a sus hijos al mejor colegio privado que pueda pagar.... Así nos luce el pelo... 6.Ideas a desarrollar. Apuesta decidida por la calidad y por la excelencia y, en consecuencia, mayor poder, autonomía para la dirección de los centros para animar el cambio, aumentar la competencia... con el correspondiente control de la calidad de la gestión y de los resultados. Mayor poder para la dirección y los profesores a la hora de gestionar los centros... con las correspondientes inspecciones de control de calidad. Apostar por la CARRERA PROFESIONAL tanto de profesores como de directores... favoreciendo la competencia entre ellos, apostando por el aumento de su FORMACIÓN PROFESIONAL, reciclaje... Y sobre todo... aprender de lo mucho que ya se ha hecho ahí fuera... y que se sabe que está dando resultado. Gracias por abordar un tema que en otros tiempos era fundamental en la política progresista y de izquierdas.

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