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Librepensadores

Renta, fiscalidad, demografía y bienestar

Amador Ramos Martos Publicada 06/03/2017 a las 06:00 Actualizada 05/03/2017 a las 13:13    
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(Es no sé si admirable o incomprensible tanta paciencia ciudadana).

El ministro de Economía De Guindos predijo hace un año, a la salida de un Consejo de Ministros, que el inicio del fin de la crisis económica comenzaría a finales de 2016 lo que coincide con la predicción realizada por el Banco de España, según el cual se produciría en el año en curso.

Lo que no me queda claro son los datos en los que se basan para afirmarlo. Tampoco, si su optimista aseveración implica también el del inicio de la recuperación del “bienestar perdido” –robado sería más justo- o de la fase de supervivencia precaria de gran parte de la población adaptada al “malestar crónico” que se ha instalado probablemente a largo plazo en España.

Lo evidente es que la crisis ha dejado a España maltrecha, descalabrada, hecha lo que se dice unos auténticos zorros económica y socialmente. Con unos niveles de desigualdad que nos sitúan en niveles de hace tres décadas y que ha golpeado con especial dureza a las clases de renta media-baja y ha precarizado a las clases medias. Las altas como siempre... al alza.

Como se deduce del estudio realizado por Luis de Ayala, una autoridad nacional en lo referente a desigualdad y sus causas, para la fundación de la banca y gran patronal FEDEA, Estudios sobre la Economía Española 2016/24 La Desigualdad en España: Fuentes, Tendencias y Comparaciones Internacionales, las conclusiones del mismo, demuestran que el incremento de la desigualdad de la renta disponible en España medida por el coeficiente GINI (que abarca desde 0, en que todas las personas tienen la misma renta disponible, a 1, en que una sola persona detenta toda la renta disponible) y no por el engañoso y tan socorrido para los políticos PIB (Producto Interior Bruto) tras siete años de crisis, han situado a nuestro país en el segundo lugar por la cola de Europa.

Hay otro dato contundente que apuntala la desigualdad resultante de la crisis en España: la brecha entre el 10% de la población con mayor renta (el 50% de la renta nacional) respecto al 10% con menor renta se ha ensanchado en vez de estrecharse.

Un testimonio que pesa como una losa sobre la petulante y fanfarrona defensa por parte de nuestros responsables políticos y económicos de su “marca España” y de la falsa recuperación y regeneración política española.

La crisis ha situado a la “marca España” en el 4º lugar entre los países de la OCDE donde mayor ha sido la caída de renta media. Una escenario de injusta y alarmante precariedad, que ha dejado al 4,5% de hogares españoles, sin ningún tipo de ingresos, sencillamente en la miseria, cifra que supone más del doble respecto al inicio de la crisis en el año 2007.

Crisis que se ha ensañado como siempre con el sector más vulnerable de la población, el más perjudicado cuando se produce la caída del empleo, y el más “aliviado” aunque con los límites impuestos por un crónico corsé de “desigualdad controlada” (un eufemismo el entrecomillado), cuando la progresividad fiscal según niveles de renta, permite mejores políticas redistributivas y prestaciones para aliviar y estrechar los desequilibrios entre las diferentes clases sociales, y que constituyen la base del estado de bienestar.

Pero los que no vieron o no quisieron ver la crisis que nos asola, que en mi opinión va a seguir asolándonos durante bastante tiempo, se apuntan –ahora henchidos de orgullo y jactándose– el acierto y eficacia (sin mencionar su incompetencia y fracaso previos) de su gestión de la crisis.

Como fatuos y engolados pavos reales, pregonan como ha vuelto a hacer recientemente el ministro De Guindos, en estado perenne de distorsión cognitiva de la realidad, la llegada al nuevo oasis –en realidad un espejismo económico– del estado de bienestar perdido en el largo plazo y no sé si de forma definitiva.

La “postverdad” de las afirmaciones de De Guindos, ignora lo que la realidad tozuda como es nos escupe diariamente –revisen las hemerotecas sobre los niveles de pobreza y precariedad en España– a la cara. La crisis ha dejado a gran parte de hogares y habitantes en España en una situación de renta salarial precaria respecto al inicio de la misma.

Los datos del informe del Banco de España publicados en El País el 24 enero sobre la evolución de las rentas de los hogares españoles aportan datos inquietantes, ya que es en los hogares más jóvenes (el futuro del país) donde la caída de renta ha sido mayor.

Este hecho incontestable sumado a la emigración forzada de muchos de muchos de nuestros hijos, un capital intelectual de momento no recuperado por una parte, y a los recortes brutales en la imprescindible I+D por otro, hacen inviable la competitividad basada en el valor añadido de nuestra economía, condenada probablemente en un reparto de papeles pactado previamente en la UE, a ser el parque de atracciones turístico y el geriátrico de Europa, siempre contando con que la inestabilidad política siga podando las posibilidades de otros países competidores del entorno Mediterráneo.

Si a esta realidad añadimos la no menos inquietante baja tasa de natalidad en España (número de nacimientos por cada mil habitantes en un año) que en 2015 era del 9,02‰ y el índice de fecundidad (número medio de hijos por mujer) de 1,33, España no llega a la imprescindible fecundidad de reemplazo necesaria para garantizar una pirámide población razonable y sostenible en el futuro.

España ocupó en 2015 el puesto 181 en tasa de natalidad e índice de fecundidad respectivamente entre 192 países, con una pirámide poblacional invertida que empieza a ser agobiante y que de cara al futuro solo empeorará nuestra “envejecida” demografía. Este saldo negativo poblacional será más acusado a partir de 2040 (8 millones en los 50 años proyectados) y no sería compensado por el saldo migratorio exterior positivo (2,5 millones de inmigrantes) de continuar los flujos migratorios estimados.

Para poner la guinda al pastel que trata de vendernos De Guindos, el escandaloso fraude fiscal, una de las señas de identidad patria, en realidad una lacra, sigue en límites estratosféricos como ha sido denunciado recientemente por Gestha (Técnicos del Ministerio de Hacienda) que reveló que más del 90% de la evasión fiscal no fue detectada por Hacienda en 2015.

Si sumamos a todo lo anterior la corrupción que ha trufado a algunos partidos políticos –a unos más que otros hay que reconocerlo– que convirtieron la actividad política y la gestión honesta de lo público en un vergonzante patio de Monipodio entre amiguetes y el descrédito entre muchos ciudadanos de la actividad política, creo injustificable tanto optimismo por parte del Gobierno.

Seguimos sumidos –lo reconozcan o no los responsables– en una situación social, económica, demográfica y ética, que de no remediarse en el medio plazo –en el corto lo creo imposible– van a hacer inviable una salida justa que reequilibre los estragos causados por la crisis en amplias capas de la población.

No sé si mi pesimismo está justificado o no, pero lograr la cuadratura del círculo, diga De Guindos lo que diga, es... imposible.

Lo que no podemos descartar si el neoliberalismo económico y el neofascismo político siguen sin ser embridados por un nuevo y creíble proyecto socialdemócrata, es la posibilidad no ya en España si no a nivel global, de que estalle en el futuro otra vez –seguimos sin aprender nada–... la tormenta mundial perfecta.
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