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'Ordeñadores' de trenes

Fernando Pérez Martínez Publicada 15/09/2017 a las 06:00 Actualizada 14/09/2017 a las 18:12    
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Se define paradójicamente la política territorial de desencuentro que dirigen a medias desde el PP en el gobierno nacional, y desde JxSi y la CUP, en el autonómico de Cataluña, con la gráfica imagen de un choque de trenes. Provechoso para sus protagonistas, si bien desasosegante para el resto de ciudadanos.

El partido que gobierna desde la capital vive acorralado por los múltiples casos de corrupción institucional que para su desgracia se denuncian y exponen en la sala de autopsias de los tribunales de justicia. Tiene una política exterior limitada a responder “sí, señor” a los deseos de los poderosos “socios” de ultramar y de su colonia europea condicionada por el chulito de portal teutón, a cambio de unas fotos rituales, concedidas cada vez con mayor displicencia.

Toda la capacidad de maniobra del Gobierno se concentra en la conducción de la política territorial que está sirviendo para concitar artificialmente el interés de los medios y por tanto de la opinión publica formada a su rebufo. El sistema se controla mediante un sencillo mecanismo aparentemente infalible, al menos hasta hoy. Entre los dos beneficiarios de la representación se desaletarga, reconstruye y agita el fantasma del secesionismo decimonónico de las burguesías industriales de la periferia, se mesan públicamente barbas y cabellos clamando con desesperación que se rompe esto y aquello o que se ofenden los sagrados símbolos de lo de más allá, se agiganta a un enano y se esconden tras él todas las vergüenzas morales y legales que forman la estructura del estado construido para el buen funcionamiento de una clase financiera y empresarial, en torno a la cual se cimentó el estado antaño desde la medieval monarquía cortesana, espabilada industrialmente durante la dictadura clerical y militar del siglo pasado, y eficazmente servida por políticos ávidos y de moral maleable y eficiente. Como en la fábula de la rana y el escorpión, está en la naturaleza de los gobiernos ibéricos que son y han sido, el comportamiento comercial, clientelar, de clavar el aguijón hasta la muerte en la carne de aquellos de los que se sirven….

Desde el Gobierno central del señor Rajoy se embarra la acción de los partidos de la oposición, intimándoles a pronunciarse políticamente sobre una cuestión irresoluble desde postulados racionales, tal como el independentismo de esta o aquella región. Éste es un laberinto con múltiples sesgos susceptibles de ser interpretados según sople el viento, que al afectar a la supervivencia del estado minimiza y difumina todos los demás asuntos por graves y urgentes que sean. El centralismo es bueno porque reparte e iguala las rentas entre españoles y es malo porque uniformiza y desanima a las comarcas más ricas; tiene de positivo que fortalece la unidad de acción nacional y de negativo que limita la acción de los poderes locales… De tal manera que cualquier político que se pronuncie por un aspecto positivo o negativo de los servidos en el menú propuesto por el gobierno será atacado sin cuartel por el flanco que inevitablemente descubre.

Esta cantinela nacionalista, soberanista, separatista, secesionista, federalista, independentista viene rentabilizándose así desde hace más de cien años y ha servido para encumbrar y enriquecer a una clase aldeana periférica que aprendió rápido las sencillas reglas del juego y crece en patrimonio, ambición y desvergüenza siguiendo la pauta y el ejemplo de la mayoría de los propios gobiernos estatales, superando en virtuosismo y desfachatez al maestro en momentos históricos determinados.

A las élites locales y centrales también les beneficia que el interés de la agenda política esté centrado en contenidos que encubren su concepto de gobierno, que consiste llanamente en subastar discretamente las áreas de influencia de los respectivos ministerios o consejerías propiciando el reparto de dinero público en forma de actuaciones propias de cada negociado pero a iniciativa de las empresas privadas que prostituyen el interés general, que debiera motivar la acción política, por el beneficio privativo de un puñado de particulares sin más mérito que el de estar allí cuando se abrió la caja de caudales públicos para dirigir el tinglado según aporte mayor rentabilidad a las partes contratantes.

Se viene drogando al pueblo llano con el opio de la emoción nacional, el deseo trascendente de ser alguien en la iconografía de la ciudadanía de un pueblo, un espejo en el que mirarse las generaciones por venir, formar parte de algo digno es un sentimiento del que todos hemos participado, sobre todo a caballo de las fantasías infantiles, como reconocidos héroes o mártires de la causa nacional y popular. Nada puede la razón para reconducir la elección que el sentimiento designa. Poseído de la emoción colectiva se asalta el palacio de invierno al precio generoso de la propia vida si se tercia, para poner en manos de Jordi Pujol, Artur Mas o Carles Puigdemont la llave de la caja fuerte.

A continuación se procederá a representar la ceremonia completa: las autoridades de gala esconden la alegría desbordante tras una mueca emocionada en consonancia con la dignidad del protocolo y etiqueta, mientras arreglan las cintas de las coronas de flores que depositan ante el túmulo que recuerda a los heroicos caídos por la patria catalana (o vasca o según proceda), impacientes por acudir a la recepción en la que serán cumplimentados por las fuerzas vivas financieras, contantes y sonantes para regular el nuevo reparto del antiguo 3%. En tanto el violonchelo desgranará otra vez las notas de “El cant dels ocells” de Pau Casals, y su melodía hará brillar los ojos de jóvenes y veteranos mozos de escuadra que contienen la emoción de una lágrima, mientras el viento hace flamear banderas catalanas sobre las cabezas de la multitud engalanada con sus triunfantes “estrelladas” que sienten vibrar en su interior, en realidad es el canto del pavo de sus tripas… va siendo la hora de comer.

La convivencia de hirvientes masas emocionadas ante la perspectiva de una causa realmente importante, trascendente, y de frías y templadas élites dispuestas a recoger el fruto de la descarga emocional inducida con verdades y patrañas durante los últimos cien años, es la combinación imprescindible para dar el paso que se supone ha de acabar con los motivos de frustración de una mayoría de un pueblo que contempla y siente la realidad a través del relato que sus dirigentes les presentan, aunque estos sean carne de banquillo por delitos comunes, diferentes inmoralidades, latrocinios, estafas...

Pronto se encontrarán aquéllos que llevados por la pasión, accedieron a la falacia de identificar España con la zahúrda infecta del PP, ignorando premeditadamente a los españoles dignos, honrados e inoperantes por divididos como es tradición entre demócratas ibéricos. Se encontrarán como esos padres ante el dilema de perder a los hijos locamente enamorados de chulos o rameras irredentas…, podrán elegir perderlos a portazos, echándoles de casa o dejarlos ir tras la seductora melodía del flautista, para verlos desaparecer dulcemente a la postre…

Vosotros, españoles, pues que consentisteis su loco enamoramiento para así ocultar vuestras maniobras delictivas desde el Gobierno, o puesto que con vuestro voto sostuvisteis a esos gobiernos creyendo que todo era un juego para hacer rabiar a los oponentes políticos, cosechad ahora el fruto de vuestra estulticia. Como dijo el poeta “la vida iba en serio”, y llegó el momento de pagar el precio de los robos de unos y de las mezquinas alegrías de otros. El dilema servido está muy claro y no admite marcha atrás. Ofreceréis vuestros hijos en el altar de la guerra o perderéis siete millones y medio de españoles y casi el 19% del PIB. Puesto que unos y otros gozasteis vuestra fiesta, ésta es ahora la minuta a satisfacer. Por el mismo camino vendrán otras similares…

Vosotros, nacionalistas de cualesquiera de las franquicias al uso, enseñasteis a los españoles de mi generación, que quisieron aprenderlo, a no querer estado, nación o bandera…, sino su traducción realista y pragmática: impuestos, servicios públicos y libertades civiles. La mercancía que se envuelve en una bandera siempre ha sido y es la misma para el pueblo, sangre, decepción y mierda.

Qué decir del porcentaje de catalanes que quieren que les pregunten para decir que “no”. Es la respuesta cobarde de quien se deja instrumentalizar movido por la presión, el peso de la propaganda de los que quieren convertirse en cabeza de ratón. Estimulan el interés sentimental y magnánimo de gentes buenas y sencillas que les permitirán acceder a una cuota de poder ”personal” -ríase usted del 3%- jamás soñada dentro de los límites de la Constitución Española, sin que ese aumento del poder de las élites lleve aparejada ventaja sensible para el pueblo llano. Antes al contrario, pronto se pedirá a los ciudadanos de la nueva y flamante república un último esfuerzo en pro del nuevo estado independiente, que se concretará en la disminución de derechos y ventajas al vivir dentro de una nación más pequeña, que por fuerza se moverá en la órbita de los estados con mayor capacidad de intervención política y económica de su entorno, y vuelta a empezar.

La responsabilidad que siento ante mis conciudadanos, vivos y muertos, me obliga a exponer estas sinceras reflexiones en forma de artículo que quiero terminar con las palabras que Antonio Machado pone en la boca de Juan Mairena: “Hay que ser español, en efecto, para decir las cosas que se dicen contra España… Porque nadie sabe de vicios que no tiene, ni de dolores que no le aquejan… Los que os hablan de España como de una razón social que es preciso a toda costa acreditar y defender en el mercado mundial… podrán merecer, yo lo concedo, el título de buenos patriotas, de ningún modo el de buenos españoles.”

Esto escribió para ti, el poeta muerto en el exilio, con los bolsillos vacíos, al poco de cruzar la frontera francesa. Si yo supiera decirlo en las demás lenguas españolas lo haría, pero sólo lo sé decir en castellano: Quien tenga oídos que oiga. Españoles del centro y de la periferia, estáis depositando vuestra confianza y vuestro futuro en manos expertas en encontrarle las ubres a una máquina de tren. Capaces de venderos la leche ordeñada al frío metal, para que sigáis alimentando vuestros fantásticos sueños fanáticos.


Fernando Pérez Martínez es socio de infoLibre


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2 Comentarios
  • AMP AMP 15/09/17 10:06

    Realismo, puro realismo, amigo Fernando.
    Enhorabuena.

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    0

    1

  • vianero vianero 15/09/17 08:47

    Me siento orgulloso de pertenecer al mismo club de lectura que don Fernando.¡Qué estilo tan depurado! Y qué sensatas me han parecido sus reflexiones. Deseo que prevalezca el ser buenos españoles. Ya está bien de salvapatrias!

    Responder

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