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Librepensadores

El alcohol

Antonio García Gómez Publicada 04/12/2017 a las 06:00 Actualizada 01/12/2017 a las 18:43    
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El alcohol embrutece y envara al sujeto, a demasiados, que para iniciar sus jornadas necesitan embriagarse con sus dosis de alcohol empapando sus gañotes, sus cerebros, sus hígados, como si de una miasma se tratara, mientras acodados a las barras de los bares de barrio apuran el café negro, el cigarrillo sempiterno, la copichuela de coñac barato, de anís machacón, de ponche retrechero, de orujo impostado de... ¿"digestivo"?

Sin el menor afeamiento social, siendo miles y miles los borrachones que desde tan de mañana ya no rigen adecuadamente y cogen sus vehículos y acuden a sus trabajos o dejan pasar la mañana bajo el efecto demoledor del alcohol en vena, repitiendo, tartamudeando, creando doctrina barata, muy barata entre los parroquianos que o también apuran sus buchitos de alcohol o no se atreven a significarse contra esa patulea de alcohólicos que negarían su embrutecimiento con... brutal vehemencia.

Acostumbrados pues a un panorama cotidiano, consentido, a expensas de las gracias eufóricas, impresentables y degradantes, de los borrachines que crean "cátedra" insoportable, mortecina y redundante, aferrados a sus copas matutinas, para cuando ya vienen desayunados de alcohol y poco más.

Hechos entonces a ese espectáculo que no afea a los protagonistas empeñados en atufarse de alcohol embrutecedor, dando un ejemplo aberrante y asqueroso para jóvenes y niños que también se fijan, que también lo sufren, la afición socialmente bien aceptada a beber para cualquier evento, cualquier ocasión, cualquier celebración, etc. cuando sólo somos capaces de sentirnos bien con ¿una copa en la mano, sorbiendo el combinado más moderno? insistiendo hasta el entontecimiento creciente, como si no, como si fuéramos a ser capaces de llevar una existencia supuestamente normal con buenas dosis de alcohol en sangre.

Entre lecciones baratas de cuál es la composición perfecta del gin tonic más postinero, más guay, a 12 euros el trago más sofisticado.

Y sin visos de que nada cambie, con el panorama reincidente en la sublimación de la ingesta del alcohol como algo muy incardinado en nuestro pasar diario, en el vivir cotidiano, sujetos a ese recurso imprescindible, de beber por cualquier razón, en cualquier circunstancia, por cualquier excusa. Mientras, desde buena mañana, los borrachones que disimulan que, literalmente, no están intoxicados, embrutecidos, y que se muestran en los bares de barrio, con sus copitas de anís o coñac prestas a ser maldigeridas una tras otra con el visto bueno del resto de la parroquia, para nuestra vergüenza, expuestos a lamentar cuando ya sea tarde los estragos de los alcohólicos en forma de accidentes evitables, de maltratos ruines y cobardes, de embotamiento que asquea y entorpece el comportamiento, sencillamente, humano y racional de los borrachos que negarán la evidencia... con una copa en la mano.

Sin detenernos siquiera un segundo en lo insoportable que supone convivir, ¿convivir?, con un alcohólico en la familia.
 
_______________

Antonio García Gómez es socio de infoLibre


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2 Comentarios
  • leandro leandro 05/12/17 20:59

    Se nota que tiene problemas cercanos relacionados con el alcohol . Por suerte cada vez es menos la gente que se apunta al trago gracias a la guardia civil ...

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  • frikeldon frikeldon 04/12/17 11:57

    Comparto tu opinión sobre el alcohol, pero no sobre la gente que lo consume. Nuestra sociedad acepta el alcohol porque haya mucha gente que bebe; hay mucha gente que bebe, porque nuestra sociedad les vende alcohol como algo bueno.

    Una de las cosas que más sorprenden a la mayoría de la población, es cuando se enteran que el alcohol es una droga. Lo que ya no todos consiguen aceptar, es que es una droga dura. Y la gente deja de escuchar cuando les explicas que es de las drogas duras más peligrosas que existen (en gran parte por su aceptación social), ya que es de las drogas que más daños causa a la sociedad. Otro ejemplo más químico de la peligrosidad del alcohol, es que es de las pocas drogas cuyo síndrome de abstinencia puede ser mortal.

    Sin embargo vivimos rodeados de mensajes que nos informan de lo bueno que es el acohol. El alcohol es la única forma decente de celebrar las alegrías, también es un remedio para paliar las penas. El alcohol de ayudará a sobrellevar la soledad, y te hará más social cuando estes con amigos. En la tele, en los anuncios, en las películas, en las series de televisión, en todos lados tenemos imágenes bucólicas de gente feliz bebiendo alcohol.

    Si tiramos atrás en el tiempo, veremos algo diferente, veremos lo bonito que es fumar, la gente sana fuma, la gente feliz fuma, el héroe de la película fuma. Peró con el avance de la civilización y la polución de las ciudades (sumado al incremento del tabaco, no quiero minimizar sus efectos ahora), hubo un incremento de cánceres de pulmón que puso demasiado en entredicho esas tesis. Hoy en día sólo fuma el villano, mientras los protagonistas celebran su victoria con “un buen trago”.

    Mi conclusión es que no hay que demonizar el alcohol, el alcohol es lo que es, y a algunos les puede hacer bien, y a otros mal. Lo que hay que hacer, es informar debidamente de lo que es, y de lo que produce. El problema es cómo nuestra sociedad nos vende alcohol de todas las maneras posibles. Al final no es el alcohol el que crea la mayoría de alcohólicos, es la televisión.

    Un saludo, y deseo de todo corazón que su familiar consiga recuperarse de su alcoholismo.

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