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Librepensadores

El capitalismo neocolonialista en África

Thierry Precioso
Publicada el 18/06/2018 a las 06:00 Actualizada el 17/06/2018 a las 01:35
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Recientemente he terminado de leer la novela El diablo en la cruz. El autor, Ngũgĩ wa Thiong'o, nació en 1938 en el pueblo de Limuru en Kenia. A finales de los años 70 empezó a priorizar el kikuyu, su lengua materna, frente al inglés como lengua de creación literaria. En 1978 estuvo un año en la cárcel. Durante la dictadura de Arap Moi, estuvo exiliado 22 años, desde 1982 hasta 2004.

La novela El diablo en la cruz, escrita en kikuyu, se publicó en el año 1980 y la traducción al español fue realizada por Alfonso Ormaetxea. Ciertas expresiones aparecen como en el original en suajili, latín, francés e inglés. El suajili es, después del árabe la segunda lengua más hablada en África, y es el idioma subsahariano con más millones de locutores repartidos entre varios Estados. En la novela hay dos expresiones en lengua española siendo una de ellas, “el bar Los Amigos”. El argumento, podría resumirse como sigue:

Un viernes, Jacinta Waringa perdía por la mañana su trabajo de secretaria en la Champion Construction Company en Nairobi y por la tarde la echaban de su domicilio. No le quedaba otra que volver de inmediato a su pueblo de Ilmorog. Instantes más tarde, viendo un autobús dirigiéndose velozmente hacia ella, pensó dejarse ir: “Padre mío... Ahora... recíbeme...”. A punto de caer, notó que alguien sujetaba su brazo, sosteniéndola. Se dejó conducir a unas escaleras cercanas y cayó en un sueño profundo. Al despertarse vio un joven al lado que le tendió su bolso. Estuvieron hablando. Al separarse, el joven le dio una tarjeta. Waringa empezó a buscar un matatu, un taxi colectivo en lengua suajili. En algún momento recordó la tarjeta y empezó a leerla:

 
"¡La fiesta del diablo!

Venga y compruébelo usted mismo:
una competición patrocinada por el diablo
para escoger siete expertos en robo y hurto.
¡Muchos premios!
Pruebe su suerte.
Un concurso para escoger a los siete ladrones y atracadores más inteligentes de Ilmorog.
¡Cantidad de premios!
¡Amenizada por la Banda de los Ángeles del Infierno!

Firmado: Satán
Rey de los infiernos
A/A: Ladrones y atracadores de las Colinas Doradas de Ilmorog".


Una vez terminado de leer la tarjeta, se quedó un poco alterada. No recordaba ya que el joven había sido muy bueno con ella. Wariinga, nacida en 1953, había recibido su nuevo nombre, Jacinta, al ser bautizada en la iglesia del Santo Rosario. Al poco tiempo encontró un taxi colectivo, era la primera clienta. El matatu empezó a dar vueltas por la ciudad buscando más clientes.

Un hombre con mono azul entró en el matatu, se llamaba Muturi. Un poco más tarde subió un joven, Gatuiria; después entró una mujer cuyo nombre era Wangari y en la parada Sigona, cerca del campo de golf, subió un hombre trajeado con gafas negras. Eran cinco pasajeros, todos iban a Ilmorog y el matatu ya emprendió la ruta hacia la salida de la capital.

Wangari, Wariinga y Muturi empezaron a charlar. Muturi era un obrero que había estado con los combatientes Mau Mau en la lucha para la independencia. Wangari también había participado con los combatientes Mau Mau en la guerra contra los británicos. Pronto los dos empezaron a denunciar la situación económico-social y la corrupción. Estaban muy enojados por esta situación del país después de haber dado tanto de sus vidas para lograr la Independencia de Kenia. Gatuiria se fue incorporando a la conversación. Al no estar de acuerdo con el destino profesional que su padre tenía preparado para él, se había ido a Estados Unidos, país donde se quedó unos año estudiando música. A Wangari le agradaba que este joven de “buena familia” no hablaba solamente inglés, como solía ocurrir entre la clase dominante, sino que platicaba bien el kikuyu. Gatuiria que había vuelto muy recientemente trabajaba en la Universidad de Nairobi y estaba intentando componer un himno para Kenia que plasmara el alma de sus distintas nacionalidades.

En un momento de la charla, Gatuiria llegó a expresar su perplejidad por haber encontrado en su casillero en la Universidad una tarjeta que le invitaba a acudir a una “fiesta del diablo” en Ilmorog el día siguiente. Al ver que era la misma tarjeta que el joven le había dado después de que hubiese intentado dejarse morir Wariinga gritó y se desmayó... El matatu se inmovilizó y fue recobrando la conciencia. Wariinga, una vez recuperada, opinaron acerca de la fiesta. Para los cuatro, este tipo de acontecimiento era otra muestra de que las cosas no iban nada bien en Kenia. Entonces el hombre trajeado con las gafas negras habló por primera vez. Se llamaba Mwireri wa Mukiraai, también tenía una tarjeta de invitación para la fiesta del diablo y quiso examinar las tarjetas de Wariinga y Gatuiria. Enseguida sentenció que no eran invitaciones oficiales sino imitaciones que habían sido distribuidas por estudiantes que proyectaban reventar el evento. Entregó unas tarjetas oficiales a todos los del matatu para que pudieran tener acceso a la fiesta; manifestó después que la charla que habían tenido los cuatro estaba arruinando el país y tenía sus raíces en el comunismo. Defendía que los pobres debían trabajar duro para producir riquezas que pudieran ser robadas por unos pocos. Además, declaró que no había existido ninguna civilización que no se hubiera basado en el robo y el hurto. Finalmente Mwireri wa Mukiraai aclaró que él mismo iba a participar en el concurso de la fiesta...

La asistencia de la fiesta del diablo estaba compuesta mayormente por secuaces kenianos de la OILA, acrónimo de la Organización Internacional de Ladrones y Atracadores. Una mitad de los asistentes eran delgados, la otra mitad gordos con panzas que les llegaban hasta sus rodillas. En el estrado estaban el maestro de ceremonias y los miembros de la delegación extranjera que procedían de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Italia y Japón...

Reconozco que se me hizo muy difícil aguantar el relato de la fiesta aunque albergaba un enorme y constante sentido del humor. Los intervinientes glosaban sin cesar tales horrores -por ejemplo, embotellar el aire para venderlo a millones de pobres ansiosos de respirar-, que me deprimí hasta el punto de que pensé tirar el libro a la hoguera de mi vilipendio, pero conseguí no hacerlo y seguir leyendo.

Wangari, Wariinga, Gatuira y Muturi salieron de la fiesta del diablo sintiendo el mismo asco pero cada uno con un proyecto inmediato distinto en mente. En este momento, al final del cuarto capítulo, me encontraba en la página 168, casi a la mitad de la novela.

En las páginas siguientes estuve viendo cómo Wariinga, al luchar y lograr mayor autonomía en su vida personal, también estaba provocando mejoras en la gente a su alrededor. Al final percibí que el narrador tenía la convicción de que, algún día, el ejemplo de la magnifica Jacinta Wariinga iba a cundir: multitudes de kenianos y kenianas se levantarían como una sola mujer para hacer la revolución.
________

Thierry Precioso, autor de la la novela El desorden de toldos,  es socio de infoLibre
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10 Comentarios
  • Jorge Ulanovsky Getzel Jorge Ulanovsky Getzel 18/06/18 11:19

    Buenos días Thierry. Tus escritos son siempre amenos, originales y estimulantes, dan qué pensar. Por varios de tus recientes comentarios resultaba evidente que estarías posando tu mirada literaria hacia el sur. Hacia ese continente tan próximo pero lejano para nuestra óptica, no aria, pero “white”, pálida y europeísta.
    A propósito de diablos y sabiendo que compartimos nuestro gusto por las compañías perrunas, me recuerdas que paseando mi chucho por la orilla del Sena me sorprendían los gestos de pánico que provocaba con su proximidad en personas de origen africano. Alguien me explicó que para muchos de ellos el perro representa al demonio. Y si me guío por una observación cotidiana, que me lleva dos por tres a buscar una zapatilla o un sombrero desaparecido, debo reconocer que mi diablillo podría también pertenecer a esa denominada OILA que mencionas (Organización Internacional de Ladrones y Atracadores).
    Fuera de todo humor, leo en la Wiki que Ngugi wa Thiong'o, pocos días después de volver de su exilio cuatro agresores con revólveres, machetes y una cizalla, violaron a su esposa delante de él. Intentó defenderse y lo golpearon y le quemaron la cara. Sucedió veinte años después de escribir El diablo en la cruz. Hecho que ojalá pudiéramos arrojar a la “hoguera de los vilipendios” (muy acertada definición) pero que nos muestra hasta qué punto el desmayo de Wariinga resultó desgraciadamente premonitorio.
    Abrazo, felicitaciones y adelante!, que la lucha continúa.

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    • @tierry_precioso @tierry_precioso 18/06/18 21:57

      Buenas noches Jorge. Supongo que todo bien en Dulwich con la Tate y demâs.
      Espero que no has caído en las garras de la OILA, serîa terrible! Sî, ves que dije a platanito que después de leer El diablo en la cruz sentía simpatía por el autor, lo imagino fácilmente como un amigo en el King'Head, como dices relacioné Waringa con su mujer que sufrió lo indecible, imaginé que era un homenaje a ella pero en wiki vi que la novela es veinte años antes. Tienes razón con lo de premonitorio, te haces preguntas...
      Noto que el Horacio de tu ultimo texto no era peronista, creo que a Borges no le gustaba el peronismo. En general cuando encuentro un argentino no suelo mentar el peronismo: me parece dinamita!
      En 72 o 73 eramos cuatro pibes llevando la bandera argentina para un torneo junior de futbol, hablé sobretodo con un jugador, se llamaba Roberto Mouzo, era defensa central. Hace como cuatro semanas busqué y lo vi en internet, incluso cuarenta y cinco años lo reconozco, leí el texto adjunto, ponía que tenîa muy buena anticipación, que siempre jugó y aun ahora está de alguna manera en el Boca, la verdad es que tiene una bella expresión en la cara. Un abrazo.

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      • Jorge Ulanovsky Getzel Jorge Ulanovsky Getzel 18/06/18 22:53

        Já. Coincidí un día en una tienda precisamente de venta de alimentos para perros con el Mono Burgos, conocido jugador y entrenador. El dependiente lo reconoció enseguida y se deshizo en alabanzas. Al notar en mí cierto acento preguntó si yo también venía de Argentina. Dando por sentado por mi aspecto físico que no sería colega de aquel portero, se interesó por conocer mi profesión. Respondí: psicoanalista. Vosotros sois todos futbolistas, o psicoanalistas, dijo aquel señor. Y Burgos agregó: "futbolistas, psicoanalistas, y en general, todos locos".

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        • @tierry_precioso @tierry_precioso 19/06/18 07:13

          Acabo de mirar el Mono Burgos en wiki. Ahora trabaja con Simeone en el Atlético.

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        • @tierry_precioso @tierry_precioso 18/06/18 23:15

          Jaja! Todos locos. Había el guardameta que llamaban el loco Gatti! Imaginaba que vivías de la pintura. Bueno psicoanálisis con terapia de pintura tal vez está muy bien. Riecuerdo un pintor santanderino en Paris que estaba "loco", en la exposición esperaba sus cuadros como muy desordenados pero descubrí que eran supersimétricos...
          Me gustó mucho El secreto de sus ojos. Que bueno el secretario alcohólico futbolero. Cuando vienen para matar a "darin" se sacrifica haciéndose pasar por él. Qué fuerte!

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      • @tierry_precioso @tierry_precioso 18/06/18 22:18

        Cuarenta y cinco años despues

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        • @tierry_precioso @tierry_precioso 18/06/18 22:28

          Dices mirada literaria hacia el sur. Es verdad. Tanto que este texto sobre El diablo en cruz lo mandé antes que el sobre El callejón de los milagros pero pedí de esperar, que no se publicara El diablo hasta después de publicarse El callejón. Es porque veo una progresión, de mâs cercano geográficamente el primero a un poco mâs lejos después. Tienes razón tuve idea de secuencia con los dos textos. Un abrazo, Jorge.

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  • platanito platanito 18/06/18 08:54

    Y dos días después.... ¿Qué sucedió?
    ¿No había chinos en la novela en kikuyo, de las Memorias de África? Porque tengo leído que son los invasores más importantes del continente. Y de los " todo a un euro " españoles, que por algo se decía en las leyendas negras que África empieza en el Pirineo. No olvides leer mi breve recensión de tu obra madrileña que coloqué junto a tu debate Nobel con DCojuelo.

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    • @tierry_precioso @tierry_precioso 18/06/18 21:26

      Buenas noches don platanito. Acabo de cenar.
      La novela es de 1980 antes de la oleada de chinos.
      Memorias de África ni vî la peli!
      En español hay dos expresiones, lo del bar los Amigos me parece súper. Lo mejor de España son los bares de la esquina y los menús baratos con vino y casera. Bueno hace veinticuatro años que no bebo alcohol. África empieza en los Pirineos? Ya no tanto, los trenes españoles ahora son rápidos.
      Además de que me ha gustado mucho la novela siento verdadera simpatía hacia Ngũgĩ wa Thiong'o. Me es difícil recordar su nombre, tal vez tiene algo de chino!
      Oye, el relato es revolucionario como tu! Voy mirar tu breve recensión. Un abrazo.

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      • @tierry_precioso @tierry_precioso 18/06/18 22:21

        Lo de vender hasta ahora no mucho, pero después que te metas seguro que va a cambiar!

        Cuando sales de Quintanar para un paseo seguro que tus vecinos creen que conoces un sitio con mogollón de trufas millonarias!
        Lo de la trufa no conocía, ahora imagino que es una especie de seta pero que crece hacia la tierra. He oído que se utilizan cerdos para descubrirlas y que han provocado asesinatos en algunos pueblos. Asî cuando vas a dar un paseo solitario, mejor digas a tus vecinos que no tienes ningún secreto de lugar de trufas!!

        Bueno el Madrid de El desorden empieza en otoño 77, no me gusta desvelar demasiado pero te diré que aparece un restaurante de San Vicente Ferrer que se llamaba Casa Domingo y que tenîa el menú a 75 pesetas!!! Creo que el dîa de mi muerte recordaré que este menú estaba a 75 pesetas con postre o café incluido. Me hablaron de otro llamado El Criollo en Chueca con el menu a 80 pesetas, fuî una vez para ver, me pareció que no estaba mal pero no tanto como el Casa Domingo que era incomparable! Buenas noches.

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