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Librepensadores

Ficción para hombres

Alberto Rosado del Nogal
Publicada el 14/07/2018 a las 06:00 Actualizada el 13/07/2018 a las 22:25
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El poder legislativo se mueve, sin el PP en el gobierno con su veto a la democracia, PSOE y Unidos Podemos intentan avanzar en mayores y mejores derechos para las mujeres, esta vez para delimitar mejor, en términos jurídicos, qué es una violación tras la escandalosa sentencia (todavía no firme) de La Manada en el que no se consideró violación porque la víctima no se resistió. Diana Quer sí se resistió y hoy está muerta.

Todo cambio legislativo produce respuestas sociales y esta vez el turno para protestar le ha llegado a los hombres. Hombres que tienen miedo a que una mujer, "loca y al azar, les joda la vida”, al poner una denuncia falsa y la Justicia no les proteja a ellos, inocentes. Hombres que se olvidan de que en cualquier Estado de Derecho, para culpar a cualquier individuo, tiene que haber pruebas, y que, aunque cambien las leyes, si no existen las pruebas exigidas, no va a pasar nada. Pero a los hombres nos gusta llorar, más cuando te da vértigo bajarte del pedestal de privilegios sobre el que has nacido.

Hombres que creen que La Manada no cometió ninguna violación, porque los mismos violadores de La Manada, seguramente, no crean que eso fue algo “malo”. Hombres que creen que drogar a una chica y follársela es más un juego que un delito. Que creen que perseguir a una chica para abusar de ella es la tarea impuesta por sus hormonas y no la sana esclavitud del patriarcado. Porque aquí ningún hombre se considera machista, pero todos empatizan más con los desvíos que han tomado las vidas de los cinco violadores que con las vidas de cada mujer violada. Por eso escuchamos los testimonios de sus tíos, sus vecinos, sus primas, etc., que cuentan cómo esos chicos son maravillosos, que uno incluso ha sido padre y no ha podido ver cómo crecía su bebé, ¡pobre! ¿Y la herida de la chica violada? ¿Esa herida que, seguramente, sangre el resto de sus días? Esa no importa porque, quizá, es posible, que se haya inventado todo. Da igual que haya vídeos, da igual que un parte médico recogiera las consecuencias en sus genitales de una violación. Da igual porque la víctima no deja de ser una mujer y nosotros, hombres, tendemos a creer que se lo inventan. Quién sabe, igual ese día estaba con la regla...

Vayamos al grano: ¿Qué ocurre con el #SoloSíEsSí? Ahora, los hombres tenemos miedo a posibles denuncias falsas porque, bajo este presupuesto, una mujer tendrá más fácil mentir y decir que no dijo un “sí” expreso para que nos puedan meter 20 años en la cárcel. Ese es el nivel y el argumento del género masculino, pero como es real este miedo, hablemos de él, pero démosle la vuelta, por un momento.

Hombres: ¿Y el miedo que tienen ellas al presentar el 100% de las denuncias? Porque una vez interpuesta la denuncia, las juzgamos y no las creemos. Hemos tenido que escuchar en juicios preguntas sobre si cerró con suficiente fuerza las piernas o si aclaró, en ese momento, que no quería ser violada. Ahora vamos a pensar que denunciamos nosotros una denuncia falsa (sí, aceptemos que nos toca ese 0/0,01% de denuncias falsas). ¿Os imagináis, hombres, que el juez nos preguntara si estamos seguros de no haberla violado?, ¿si acaso no confundimos un “me encantas” con un “voy a violarte”? ¿Imagináis que nos preguntaran si, cuando creíamos haber escuchado un “sigue, cariño”, no fue, en realidad, un “para, por favor”? ¿Os imagináis, hombres, que nos tomaran por locos? Es más, en vez de es 0,01% vamos a pensar que una mujer denunciara falsamente cada 8 horas. Imaginemos que hubiera una horda de mujeres malvadas que quisiera jodernos la vida y fueran, en manada, a denunciar falsamente. Con todos esos datos sobre la mesa, ¿cómo nos sentiríamos si nos juzgaran por defendernos? (Tranquilos hombres: aunque esto pasara la Justicia no condenaría sin pruebas, es solo una película de ficción para nosotros). Sí, bien digo, para nosotros, porque para ellas no es ficción: en España se denuncia una violación cada 8 horas. Real como el machismo mismo y no como esos supuestos caricaturizados de tantas lágrimas de hombres. Pero sigamos con la película de ficción.

Una vez, hombres, que nos hayan denunciado falsamente y estemos en peligro, ahora nuestros amigos van y nos dicen que lo merecemos, porque siempre nos vamos con las mismas locas de siempre así que, esta vez, recogemos lo sembrado. Para la siguiente, intentemos encontrar una mujer buena, que luego pasa lo que pasa. Ahora volvamos a la vida real: ¿cuántas veces has dicho o pensado eso de una mujer maltratada? ¿Una mujer que quizá ha vuelto con su maltratador y ha vuelto a ser pegada? ¿Cuántas veces has pensado que 'se lo merece, por tonta'? ¿Cuántas veces la sociedad las ha culpada a ellas por no saber elegir bien el hombre con el que se acuestan? ¿Cuántas veces ha recaído la culpa en nosotros? Porque si la culpa no ha recaído el 100% de las veces en nosotros algo ha fallado. Así que en nuestra película de ficción, hombres, ¿cómo te sentirías si tu entorno familiar y de amigos te culpara por irte siempre con mujeres que denuncian falsamente? Yo, al menos, alucinaría. ¿Sabes por qué? Porque en esta película de ficción, una mujer pone una denuncia falsa cada 8 horas, y si me toca a mí ser la víctima, alucinaría al ver que la sociedad me culpa a mí de esa locura femenina. Vuelvo a recordaros, hombres, que esto es una peli, que la realidad es que son ellas las violadas cada ocho horas y somos nosotros las que las culpamos por no saber “elegir” bien a los hombres con los que se cruzan por la calle o a los que llevan a sus casas. Así que tranquilos, nosotros seguimos estando a salvo.

En demasiadas ocasiones partimos de la base de que ponen denuncias falsas como hobby los domingos por la tarde, y si nos creemos eso, es normal que nos preocupe nuestra libertad y el Estado de Derecho. El problema es que esa libertad y estado de derecho la hemos olvidado cuando leemos las historias del #Cuéntalo o los datos escalofriantes del Consejo General del Poder Judicial en torno a violencia machista. Pero no, no ponen denuncias falsas después de irse a tomar algo entre amigas los domingos por la tarde, ni buscan beneficios económicos tras denunciar. A lo que se exponen es a lo que te he intentado explicar poniéndote a ti, hombre, como víctima; no te creen, tus amigos y la sociedad te juzgan, te preguntan si de verdad fue tal y como lo estás relatando y si no provocaste tú esa situación mediante una vestimenta en concreto, malentendidos en los diálogos o por una insana pero elegida tendencia de juntarte con personas desequilibradas. A todo eso se exponen ella cada día, y nosotros, ahora, tenemos un miedo infundado de que algo similar nos pudiera ocurrir en una hipotética situación de una caricaturizada mujer de un mundo bastante paralelo. ¿Por eso estamos llorando en serio?

Hombres, es relativamente fácil: si no violas, no te preocupes, no irás a la cárcel. Lo que sí espero es que ocurra lo contrario, que si tocas sin permiso, que si acosas verbal o físicamente, que si discriminas salarialmente, que si abusas o agredes sexualmente, la Justicia te juzgue por lo que hayas hecho, para que puedas comprender que, aunque hayamos estado subido muchos años en el pedestal de los privilegios, eso tiene que cambiar. No lloremos por ponernos al mismo nivel, lloremos porque las hemos puesto, a ellas, uno más bajo. Eso es lo preocupante.
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Alberto Rosado del Nogal es socio de infoLibre
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