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Librepensadores

El club de los interrumpidores

Manuel Jiménez Friaza
Publicada el 01/09/2018 a las 06:00 Actualizada el 31/08/2018 a las 19:37
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En la novela de Enrique Vila-Matas, Aire de Dylan, Vilnius Lancastre es hijo de un famoso escritor muerto recientemente, tiene desde pequeño un parecido, proverbial entre quienes lo conocen, con el cantante Bob Dylan y trabaja en un inaudito archivo general del fracaso. En su intento de zafarse de la memoria obsesiva de su padre (la novela es, entre muchas cosas, una versión muy personal, psicoanalítica y posmoderna de Hamlet) Vilnius comienza una conferencia larguísima –justamente en un congreso internacional sobre fracaso y fracasados– en la que pretende errar definitivamente, y matar del todo al padre, aburriendo hasta al último oyente que, en su correcta suposición, van a oírle sólo por la fama paterna, que han ido allí sólo movidos de una curiosidad morbosa por lo que pudiera contar el hijo. Pero, en contra de su intención primera, su monólogo narrativo-teatral mantiene la atención de un grupo irreductible de oyentes que aguanta hasta el final. Esto le hace cambiar de planes y por ello decide continuar el largo relato de los días que siguieron a la muerte de su padre en la librería Barnat de Barcelona, invitado por un grupo de lectores-oyentes que se llama a sí mismo el club de los interrumpidores.

Y, en efecto, lo son. Desde ese momento, Lancastre, cuyo fantasma paterno se le aparece de forma imprecisa, según confiesa, inyectándole, de forma aleatoria, recuerdos en su propia memoria, el largo relato verbal se convierte en un diálogo vivo gracias a las continuas y agudas intervenciones de los interrumpidores.

Dejo aquí la novela de Vila-Matas, para dejarme llevar por la sugestiva idea del club de los interrumpidores y usarla como metáfora y alegoría de este extraño oficio de dar clases. Empecemos por el iluminador universo de las etimologías.

«Interrumpir» (como «irrumpir», «prorrumpir», paro también «rutina») forma parte de la familia de «romper», del onomatopéyico «rumpere» latino. Todos (también «corromper», otro pariente verbal, de ahí las sensaciones violentas que producen los casos de corrupción) comparten el significado básico de corte violento o brusco; en un sentido físico en un principio, fracturar, quebrar alguna cosa, y figurado cuando esa ruptura se refiere al discurso hablado. Corte violento, inesperado ¿de qué? De un discurso. Otra familia fértil en la educación: «discurrir», «discurso», «ocurrencia», «curso» o «recurso»; siempre como un río o fluido «corriente» -la «rr» lo evoca-; un río, en su fluir continuo, monótono...

Se puede alegorizar, en este modo de meditación etimológica que propongo, el discurso o relato teatral, al modo de Vilnius Lancastre, del profesor frente a los cortes a destiempo, siempre llenos de premura, de ese club de interrumpidores que muchas veces es una clase. Pero entre el discurso y la interrupción aún podemos seguir explorando la lengua madre en busca de luz. «Leer» y «dialogar» vienen del verbo griego «légein», que en el antiguo dialecto homérico significaba, dentro del campo semántico de «recoger», pero en el contexto del campo, «recolectar». Es bonito e inspirador recrear el significado de leer como una recolección de frutos campesinos; «dialogar» sería, así, recolectar entre todos, como segadores recogiendo la cosecha.

Pero aún falta un paso para desarrollar y completar las sugerencias que pretendo con este texto. Falta rastrear otro verbo fundamental en la educación, a mitad de camino entre la «rutina» del discurso y la «interrupción», la recolección basta de la lectura y el diálogo, y la quiebra o corte violento cuando este no se produce. Tal es la discusión: «discutir» procede de «dis» (prefijo que siempre significa separación) y el verbo «quaetere» que, en su sentido más literal, alude a la acción de «sacudir», tal como hace un campesino para separar la raíz o la patata de las adherencias de tierra o hierbas, o tal como hacemos para desenredar varios ramos de cerezas o uvas enganchados entre sí.

En efecto, la labor del «legein» (leer, dialogar) nunca está completa sin el trabajo del «dis-quatere»: tras la recolección, que es siempre basta y masiva, hay que sacudir para separar lo confuso, para obtener el fruto limpio. Cuando se censura la discusión, o no se facilita, la única vía que se deja abierta a quien sufre la monodia recurrente del «currere» (el «curso», el «recurso», la «ocurrencia») es la potencia del «rumpere» (interrumpir, irrumpir, prorrumpir); una «rutina» que nace para detener otra: la corriente de la clase, «róon», en griego, «rumor», «curso», «decurso» y «discurso»...

La enseñanza, sobre todo sin el alivio necesario de la discusión, del sacudir tras la recolección y el diálogo, de aventar el grano, lleva implícita la «rutina» de la interrupción o corte, quiebra, fractura que es, por naturaleza, violenta. Negarnos a entender eso, como algo connatural a la comunicación mediante la lengua viva y espontánea –que por mucho que se quiera adormecer o atontar con tecnologías sustitutivas, surge (otro verbo de la familia) inevitablemente siempre– es, como le ocurre en la ficción de Vila-Matas a Vilnius Lancastre, condenar nuestro saber y hacer al fracaso, del que sólo nos libra, paradójicamente, la actividad contradictoria (y viva y ruidosa, por lo tanto; sólo la muerte no hace ruido) del club de los interrumpidores.
____________

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27 Comentarios
  • @tierry_precioso @tierry_precioso 01/09/18 22:16

    Buenas noches Maite, acabo de volver de Celle di Ligure.

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    • M.T M.T 01/09/18 23:10

      Buenas noches, Tierry. Acabo de leer el artículo de García Montero y como eres de los habituales en comentarios en esa sección, se te espera, integrante de la tropa.
      Buenas noches.

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  • AMP AMP 01/09/18 11:38

    Interesante el artículo, sí señor.
    Pero tengo que reconocer que he empezado leer porque pensaba que el asunto iba sobre esos tertulianos sinvergüenzas de las televisones que no hacen más que interrumpir con el único ánimo de desestabilizar al oponente en sus razonamientos, saltanto por los cerros de Úbeda.

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  • itnas itnas 01/09/18 09:47

    Diría que ¡y al revés! En otras palabras, tan malo es no interrumpir (en una discusión, o en clase, a veces muestra de que lo que uno dice interesa poco o nada) como interrumpir continuamente. El análisis frecuencial de la interrupción seguramente es importante, si bien tal vez no tenga importancia porque el problema no sea cuántas veces se interrumpe sino cuándo y cómo se interrumpe, o quizás habrá que considerar la intersección entre cuántas, cuándo y cómo. Aunque me pregunto si lo que estoy exponiendo no es en realidad lo que implícitamente queda entendido en las gentes 'de letras'.

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    • M.T M.T 01/09/18 09:58

      ¿ Y no podría ser, Itnas, que cuando interrumpimos inoportunamente un discurso con otra idea que nada tiene que ver con lo que esté exponiendo el interlocutor se deba a que cada interlocutor está en un monólogo, cerrado a las ideas del otro? En el diálogo hemos aprendido a escuchar atentamente? Me lo pregunto con frecuencia.
      Un abrazo.

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      • itnas itnas 01/09/18 12:08

        También, profesora. Aunque interrumpir 'inoportunamente' y además con ideas que no tienen que ver con el discurso pues me parece que lo dice todo, y también nada que ver con la reflexión del autor.

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        • M.T M.T 01/09/18 17:14

          En cualquier caso bienvenidas las interrupciones que rompen la rutina del discurso y más si este es monocorde. Contribuirán a evitar el fracaso.

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          • itnas itnas 01/09/18 19:30

            ¿Monocorde en el sentido de una sola cuerda? ¿Y como es posible que un discurso contenga un solo tono? ¿Hablamos de tono en qué sentido? ¿No existirá otro término para designar un discurso uniformemente  aburrido, o con una sola idea repetida 'ad infinitum' (ojo!)? Dicho con respeto y sumisión profesora...

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            • M.T M.T 01/09/18 20:50

              Estimado profesor: Con sumo gusto, si desea que abundemos en lo tonal de las Lenguas, hasta donde alcance mi conocimiento lo haré. Desde el italiano, idioma que bien conoce, perteneciente a la familia románica, al igual que en español, la musicalidad o entonación de un idioma se percibe. Esa entonación es significativa: una simple enunciación o expresión como ¿ Vienes? o ¡ Vienes! en la interrogativa o exclamativa, por poner esos ejemplos, significan algo distinto: lo distinto y distintivo, diferenciador en las Lenguas. Claramente un discurso monocorde, sin variación tonal es insufrible. Añada los calificativos que considere más pertinentes. Dicho todo ello con una mera intención de aclarar o abundar en eso de la tonalidad en el lenguaje.
              Parece ser que un bebé en el aprendizaje por imitación, que no solo, de una lengua materna ds lo primero que capta: esa musicalidad o tonalidad. Posiblemente si le dedicamos al bebé un halago, expresado en tono de riña o enfado, llore. Entenderá ese bebé el contenido del enunciado? supongo que no. Se quedará con el esquema tonal.
              Dicho sea con todo el respeto y sin necesidad de sumisión.
              Saludos cordiales.

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          • platanito platanito 01/09/18 18:57

            Yo veo esas interrupciones como esas lluvias de ideas que se emplean en las dinámicas de grupos. Y pienso que el profesor debe provocar que le pregunten o sugieran cosas. Feliz finde.

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            • itnas itnas 01/09/18 19:22

              Esa capacidad de provocar es un arte amigo 'platanito' que no todo el mundo conoce. De otra parte, también está el 'público' que no siempre acude por interés sino más bien por obligación.

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            • M.T M.T 01/09/18 19:16

              Una buena técnica y táctica, Platanito. Supongo que en pro de la eficacia de la comunicación y en una clase se hace.
              Feliz finde.

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      • AMP AMP 01/09/18 11:43

        ¡Escuchar, qué cosas dices! Aquí lo que se lleva es gritar lo más fuerte posible para hacerse oír. Ver los programas de debate en las televisiones es bochornoso. Cómo hecho de menos aquellos programas de La clave, que hacía el amigo Balbín.

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        • M.T M.T 01/09/18 12:07

          Cuánta razón lleva en lo que dice AMP. Saludos.

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        • AMP AMP 01/09/18 11:48

          ¡Echo de menos!, lo siento. Las prisas no son buenas para nada.

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        • AMP AMP 01/09/18 11:45

          Escuchando a Federica Monseny, por ejemplo.

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  • Jorge Ulanovsky Getzel Jorge Ulanovsky Getzel 01/09/18 09:20

    ¡Genial, estimado profesor! ¿Cómo puedo hacer para asociarme ya mismo a ese club?

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  • M.T M.T 01/09/18 09:02

    Qué excelente artículo y qué intenso gozo me ha propiciado, al tiempo que con cierta nostalgia o melancolía he revivido tiempos pasados.
    Gozo por lo que transmite de su pasión por la Lengua, que comparto, desde el pretexto de una novela, para adentrarse en el texto, al hilo del título: interrumpidores, con el juego fónico de las dos vibrantes, suave y múltiple, r y rr, que desarrolla desde su etimología en romper, discurrir, leer, dialogar, debatir, deliberar o controversia, contraposición de ideas.
    Y nostalgia, porque en mis recuerdos como discente y docente, en alternancia, porque no concibo la enseñanza o el diálogo de otro modo que aprender y nutrirse en el debate, en el intercambio de ideas, recuerdo qué significaba Septiembre, apertura de Curso, con las miradas expectantes del grupo de alumnos y la observación mutua. Me inquietaba el 1er día, escenario para esa puesta en escena que comenzaba con la presentación y 1a clase. Tarea apasionante que tanto me ha aportado y hoy he revivido con su lectura.
    Gracias. Felicidades.

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    • platanito platanito 01/09/18 12:52

      Se puede leer más cosas del autor en clarosdelbosque.com

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      • Manuel_JF Manuel_JF 01/09/18 13:29

        Gracias, amigo, por esto y por tus comentarios, que hago extensis a los demás. La dirección de mi blog está mal. Es esta: https://clarosenelbosque.com
        Antes se podía poner en el perfil, pero ya no. Infolibre tiene abandonado el espacio y los detalles para los socios (ya ni siquiera nos regalan los ebooks recopilatorios); da envidia el equivalente en mediapart.fr. En fin, dejo aquí la protesta, por si la lee algún responsable del diario...

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        • platanito platanito 01/09/18 19:25

          Recuerdo un claro de bosque mágico, de nombre poco original, Camporredondo, donde llevaba de chiquillo mis vacas a pastar. Un perfecto círculo en medio del pinar y con una yerba verde y sedosa que atraía a los animales, y al borde un serpenteante riachuelo casi seco en verano. Y muy cerca y en ligera elevación, al lado opuesto, unos vestigios tallados en la roca arenisca de asentamientos altomedievales. Tumbado sobre ellas a la vista del paciente ganado escribí mis primeros pensamientos a la damita de mis sueños, que, por supuesto, nunca me atreví a ofrecer. Hablaba de sedosos cabellos morenos y ojos de almendra. Nada originales pero muy sentidos. Era el despertar al amor de los diez años.
          Las amanecidas con escarcha y la neblina diluyéndose sobre el prado a los primeros rayos de sol, eran también momentos propicios al lirismo adolescente, entre repaso y repaso de la tarea señalada por el maestro. Madre nos decía que las horas del amanecer valían doble.

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          • M.T M.T 01/09/18 21:28

            Sentidos y plenos de sentido literario ¡ qué bien piensas y qué bien lo expresas, Platanito! Me sumo a esa petición de Itnas: leerte ampliamente en tus reflexiones. Elige el género o modelo de escritura que más te guste. Deléitanos con tus escritos.
            Buenas noches.

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          • itnas itnas 01/09/18 19:35

            Te recuerdo que nos 'debes' un artículo con esta tipo de reflexiones. Tienes un plazo a considerar, caso contrario, serás multado del modo que previamente te será dado a conocer.

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        • itnas itnas 01/09/18 19:17

          Le felicito por su blog, la primera entrada del cual he leído con mucho agrado. Gómez Pin es un filósofo conocido y apreciado por mí y su libro 'Pitágoras y la filosofía' (o algo así, no recuerdo bien) me causó una agradable impresión. Sí me gustaría transmitirle que no he entendido bien su entrecomillado sobre nuestra naturaleza 'animal' pues sin duda es animal, eso sí, con características discriminatorias bien conocidas como la escritura y un especial lenguaje que nos permite hablar de entes no físicos. Saludos cordiales.

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  • platanito platanito 01/09/18 07:58

    ¡Qué sugerente todo lo que escribe aquí, don Manuel!
    En mi lejana época de discente no se contemplaba apenas esa opción de interrumpir.
    Todo era artículo de fe y nuestra función era la del pato que se fuerza al engorde para tener un buen foie gras. Conseguir una memoria atrofiada a base de no cuestionarse lo que nos engordaba desde lo alto de la cátedra. No teníamos la Wiki y el Espasa estaba demasiado inaccesible. El poeta Ángel González sí que tuvo ese tesoro en su juventud.
    Nos lo ha recordado días atrás su admirador García Montero en su obra de 2009 premiada: Mañana no será lo que diós quiera.
    Al libro sí que podemos interrumpirlo y hasta sacudirlo bien para recoger sus frutos. Gracias por ofrecernos esta lectura tan original. Me habría gustado ser alumno suyo.

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    • M.T M.T 01/09/18 09:08

      Un abrazo, Platanito y Tierry. Sobradamente habéis dejado traslucir, desde que os leo en artículos y comentarios, vuestra sensibilidad en tantos temas.
      Un abrazo. Buen día.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 01/09/18 07:42

    Muy interesante columna. Buenos días.

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