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Librepensadores

El pecado nefando

Antonio García Gómez
Publicada el 09/09/2018 a las 06:00 Actualizada el 07/09/2018 a las 11:32
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En mi mocedad, me harté de escuchar a sacerdotes católicos que el pecado “nefando” por antonomasia era la sodomía. Era claro pues que la homofobia ya les traía de cabeza, en plan de militancia reconcentrada y retroalimentada sin desmayo.

También leí y escuché aquello que decía el Evangelio, respecto a quienes escandalizasen a los niños como merecedores de atarse una soga al cuello y enlazados a una gigantesca pìedra para lanzarse al fondo del mar.

Sin paliativos y sin mayores explicaciones ni remilgos.

Ante la avalancha de conocimiento de tanta indecencia insoportable de miles de “hombres consagrados”, católicos por cierto, autores de “abusos y agresiones sexuales” a miles y miles de niños a su cargo. Concretamente solo en la “muy católica Irlanda” se han denunciado más de 25.000 casos de abusos sexuales.

Sin que hasta la fecha solo podamos contar con las declaraciones de “perdón” por parte del papa Francisco y, ¿nada más?, a expensas de una reacción más contundente para desenmascarar a tanto canalla, solapado bajo el amparo de una Iglesia que ha abandonado demasiadas veces a los niños víctimas de tanto abuso, entre inconcebible y condenable social y penalmente.

Con tanto dolor infantil, insuperable de por vida, sujeto a una impunidad intolerable en la mayoría de los casos.

En Australia, la Iglesia ha decidido no permitir que la denuncia de estos casos pueda venir del acto de haberlos declarado bajo el secreto de confesión.

Y así parece que deberemos seguir, en el limbo de la irresponsabilidad malsana, dolosa y en consecuencia culpable.

Como ¿para que sigan pretendiendo obviar el asunto con un perdón muy apenado?

Como si el reino de esta religión, la católica, no vaya a ser de “este mundo” para salirse de rositas, ¿como de costumbre?

Con la desvergüenza sometida como parapeto para salvaguardar su control, el de la Iglesia católica, sacerdotes, obispos, cardenales… y demás ralea, sobre la enseñanza y adoctrinamiento de millones de infantes, sometidos miles de ellos a vejaciones que no superarán jamás, como si se tratara ¿de un pecho pagable por quienes deberían ostentar un compromiso absoluto con la ejemplaridad humana y moral?

Empezando por ser contundentes y responsables con sus, demasiados, garbanzos negros, criminales, víctimas de la inocencia infantil.


Antonio García Gómez es socio de infoLibre
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1 Comentarios
  • Ambón Ambón 09/09/18 12:56

    Hay que eliminar todos los pribilegios de cualquier confesión religiosa, la primera, la mas importante en nuestro país, la iglesia católica.

    Los miembros de cualquier confesión, sean meros creyentes, dirigentes o mandos intermedios tienen que tener los mismos derechos y obligaciones que el resto de ciudadanos, igualmente las asociaciones o instituciones que esos dirigentes gobiernan, las llamen obispados, parroquias o mezquitas deben igualmente someterse al poder político y renunciar a cualquier pribilegio, si no lo hacen, los representantes de la soberanía popular deberían retirárselos y obligarles a que fueran iguales al resto y especialmente en temas fiscales y judiciales. No hacerlo significa una obscena relación entre creencia privadas y poderes públicos que es incompatible con la igualdad reconocida en nuestra Carta Magna.

    En base a esos principios, el secreto de confesión es una paparrucha infantil que, como vemos, solo beneficia a quien pretende garantizarse el control de la información mediante fantasías celestiales.

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