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Librepensadores

Richard Wright y el supremacismo catalán

Thierry Precioso
Publicada el 31/10/2018 a las 06:00 Actualizada el 30/10/2018 a las 19:57
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En 1973, leí un libro titulado Espagne païenne. Se trataba de la traducción de Pagan Spain, del escritor afroestadounidense Richard Wright. Es un libro de reportajes sobre España publicado en 1957. Tuvo dos ediciones en castellano con el título de España pagana; la primera, publicada en Argentina en 1970 y la segunda, editada en Madrid en 1989.

Para escapar al macartismo, Richard Wright residía en París desde 1946 y se lanzó a escribir Pagan Spain alentado por, entre otros, sus amigos Sartre y Simone de Beauvoir. Para ello, realizó tres viajes de una duración total de cuatro meses. El primero entre agosto y septiembre de 1954; el segundo, desde comienzos de noviembre hasta mitad de diciembre de ese mismo año; y un tercero, desde el 21 de febrero hasta finales de abril de 1955.

En la contraportada el autor señalaba que, si se permitía estigmatizar tanto a España, era justamente porque pensaba que el pueblo español aún poseía unas virtudes humanas inalienables. Eso significaba que se criticaba muy negativamente al país donde yo lo había pasado tan bien durante muchas vacaciones de verano. La piscina municipal de Portugalete situada exactamente bajo el sol y con una multitud divirtiéndose en el agua me parecía poco menos que el paraíso, en caso de parecerme menos. Aun prevenido, decidí adentrarme en el bosque semántico del libro. Espagne païenne me gustó mucho pero los recuerdos que guardo ahora son algo borrosos.

Un día de agosto con un calor aplastante Richard Wright entró en España en un coche Citroën por el pueblo francés de Le Perthus. Al poco tiempo estaba parado en una gasolinera cuando viendo un guardia civil armado dirigiéndose hacia él, tuvo un instante de resquemor ya que había sido militante del Partido Comunista de Estados Unidos y durante la Guerra Civil había tomado partido a favor del bando republicano, pero al decirle el dueño de la gasolinera que el guardia solamente le pedía que lo llevara en su coche se relajó de inmediato. Empezaron a rodar, el estadounidense estaba contento al pensar que la presencia del guardia civil a su lado le protegía finalmente de cualquier control inopinado...

El guardia llegó a decirle algo, Wright entendió que le pedía ir más rápido lo que hizo alcanzado la mayor velocidad autorizada. Al poco tiempo el guardia volvió a pedirle lo mismo y el estadounidense aceleró otra vez superando con creces la velocidad autorizada. No me podrán decir nada ya que es un guardia civil quien me está obligando a ir tan rápido, pensaba Wright cuando el guardia le pidió de nuevo lo mismo pero esta vez a gritos y ya convencido que el guardia estaba realmente chalado obedeció apoyando el acelerador al máximo. El guardia civil había pasado a pisarle los talones y, de repente, el estadounidense cayó en la cuenta de que lo que le había estado pidiendo era que se parase para bajarse del coche. Ralentizó hasta inmovilizar el Citroën, el guardia civil había sobrepasado por bastante distancia el lugar donde quería ir. Se despidieron con gestos algo incómodos, el guardia civil no pudiendo reprimir una amarga mueca.

En Barcelona, después de haber encontrado una pensión Wright fue al peluquero. Al volver a la pensión conoció a dos hombres jóvenes que vivían allí de forma estable. Los tres fueron a un bar nocturno donde las camareras alternaban con los clientes. El estadounidense entabló conversación con una chica pero al ver que no llevaba una cruz los dos jóvenes la ahuyentaron y trajeron al estadounidense a otra camarera que si llevaba una cruz. Presentándola le dijeron: esta lleva una cruz, es cristiana, es una buena chica. Wright siguió la corriente a los dos jóvenes y empezó a dialogar con la nueva camarera. Pero comunicaba a los lectores que los dos jóvenes españoles eran extremadamente mediocres al dar tal importancia al hecho de llevar o no una cruz y que él, al contrario de ellos, valoraba que lo importante en una persona eran sus actos y no su apariencia. El estadounidense también se extrañaba al percibir cómo la educación protestante de su niñez empezaba a aflorar en su conciencia. A partir de este pequeño percance, la denuncia de la hipocresía del catolicismo español será una de las constantes de este libro de reportaje ensayístico.

El día siguiente los dos chicos iban a presentarle la novia de uno de ellos. Antes de que llegará a la pensión Wright preguntó al novio si su prometida estudiaba o trabajaba. ¡Pero es virgen!, se exclamó el hombre joven como si fuera una evidencia. Ah sí, claro, contestó el estadounidense como si conviniese que mantener la virginidad equivalía a unos estudios o un trabajo profesional.

La novia era una bellísima morena con unos labios húmedos que se mostró extremadamente tímida al descubrir a Wright. Los dos jóvenes se ausentaron por lo que la novia y el escritor quedaron solos en el salón. Entonces sin dejar de mirar al afroestadounidense como imantada, la joven mujer empezó a retroceder muy lentamente con una mano en el pecho y Wright haciendo conjeturas pensó: “Seguro que nunca vio a un negro tan cerca, por eso no puede dejar de fijarme. ¡Qué mirada tan brava tiene! Si le ordenara que se desnudase y se tendiese en el diván que hay detrás se ella, se extrañaría un instante pero estoy seguro de que a renglón seguido lo haría”. Los dos jóvenes ya volvían alegres como nunca exhibiendo tres entradas para una corrida de toros, el estadounidense les preguntó quien iba a torear y los dos gritaron al unisono: ¡Chamaco!

Cuando la estocada final de Chamaco, Wright notó una ausencia en la mirada del joven matador, una ausencia tal vez compasiva, en todo caso carente de enemistad hacia el toro; percibía que el adversario real del toro no era el torero sino el público e incluso que el toro y el torero se encontraban reunidos, casi solidarios, frente a la inquina del publico. Veía cierta belleza en este evento pero haciendo el balance, encontró que la corrida de toros era algo repelente y criminal.

Una noche Wright acodado en el balcón de su habitación en otro hotel miraba distraído la calle. Taxis que se paraban, parejas salían de los vehículos y entraban en el hotel. Al cabo de cierto tiempo se percató de que una mujer entraba por segunda vez en el hotel y que lo hacía acompañada por otro hombre: acababa de caer en la cuenta de que muchos taxis traían al hotel prostitutas acompañadas por sus clientes. En los días siguientes, el estadounidense vio ballets semejantes de taxis delante de hoteles en otras ciudades. Tanto fue así que llegó a expresar que España le parecía un gigantesco burdel...

A veces, el escritor estadounidense tenía concertada una entrevista con algún intelectual español. En varias ocasiones les trasladó que percibía a los españoles como excesivamente emotivos. Cada día hablaba con personas comunes, también con ellas trataba acerca de la situación política del país. Le llamaba la atención que varios hombres le habían comentado supuestas proezas sexuales de algunos curas. Debió de ser algún intelectual quien le dijo que el “olé” taurino provenía del “Allah” árabe, a Wright le pareció inaudito que se matara al toro invocando a Dios y eso le confirmó aun más en su aversión hacia la criminal corrida de toros. Y después de tantos años de indiferencia hacia la religión, el escritor estadounidense constataba que el contacto con el catolicismo español había despertado “su viejo fondo protestante”, según sus palabras.

En el barrio del Sacromonte de Granada, Wright vio un baile de flamenco que le subyugó pero también le pareció muy vulgar. Encontró meridianamente claro que la bailaora simulaba de manera cruda el acto sexual delante de unos turistas completamente aturdidos por lo que veían.

Le maravilló la extrema sensualidad de las procesiones sevillanas tan alejada de la sobriedad protestante. El problema fue que la indumentaria de los nazarenos le recordó demasiado a la vestimenta que utilizan los miembros del Ku Klux Klan y eso le heló la sangre.

Al haber visto la adoración a tantos santos y a tantas vírgenes durante todo el viaje, el escritor estadounidense llegó a expresar que esos hechos pretendidamente religiosos no eran tales sino más bien manifestaciones supersticiosas por lo que concluyó que España en realidad no estaba cristianizada y que su cristianización era aun una tarea pendiente. Por mi parte, teniendo en cuenta que fue esta opinión la que permitió a Richard Wright poner el titulo tan provocador de "España pagana", tiendo a ver ahora esta reflexión como algo forzada. Aun reconociendo que el catolicismo en general y el español en particular asumieron muchas creencias paganas anteriores al advenimiento del cristianismo, pienso que España sí que está algo cristianizada.

Consumidas dos terceras partes del libro, Wright se lanzó a expresar un homenaje a las españolas contraponiéndolas a los hombres españoles, que encontraba insulsos o meramente decorativos. Argüía que trabajando en el hogar, haciendo las compras y educando a los hijos eran ellas las que hacían que la colectividad española llegaba a ser una sociedad verdaderamente solidaria. Yo encontraba que este reconocimiento a las españolas daba lugar a las paginas más bellas del libro. No estoy seguro de que Wright emplease el adjetivo “eléctrico”, sin embargo entendía que había quedado muy positivamente impresionado por lo que se puede llamar el carácter eléctrico de muchas españolas. Además, este vibrante alegato me dejaba albergar la esperanza de que si una mitad de España estaba bien, entonces no todo estaba perdido.

Ahora vuelvo a cuando apenas llegado a Barcelona Richard Wright salía de la pensión para cortarse el pelo. Expresó que para un negro, ir al peluquero era una buena manera para darse cuenta de si había prejuicios raciales en un lugar.

Resultó que el peluquero sabía algo de francés y al cabo de un corto instante el estadounidense afincado en París:

– La verdad, es que he dudado antes de venir aquí...
– Ah sí, ¿por qué?
– Es que tengo el pelo afrocrespo...
– Pero señor, no soy español. ¡Yo soy catalán!
– ¿Es muy diferente?
– ¡Nada que ver! Si nosotros hubiéramos conquistado América, ¡nunca habríamos maltratado a los indios como lo hicieron los españoles!

Este dialogo es un reconstrucción, pero trasmite de manera fiel la opinión que expresaba el peluquero en el libro. Al salir el estadounidense pensó: “Dice que no es español. ¡Sin embargo se ha expresado con una violencia tan española!”. Sin buscarlo, Richard Wright se había encontrado con un ejemplo de mentalidad supremacista. Treinta años más tarde Jordi Pujol y su camarilla, ya bien encaramados al poder regional, encontraron que utilizar este supremacismo no mayoritario pero sí presente en una parte significativa de la sociedad catalana, iba a ayudarles para perpetuarse en el poder.

Aunque era extremadamente crítico con la sociedad española, Richard Wright me caía muy bien y encontraba que Espagne païenne, a la postre, me dejaba algún resquicio de esperanza. A menudo, al haber vuelto del colegio abría el libro y me deleitaba leyendo un pasaje. Una vez de cada tres me salía la pagina en la que la morena bellísima sin dejar de mirar al afroestadounidense como imantada, empezaba a retroceder muy lentamente con una mano en el pecho...

En mi autobús hay una mayoría de clientes escolares y entre estos los más numerosos son los alumnos de un centro de enseñanza publica e internacional. Hace poco me alegré al ver que una alumna de la sección estadounidense estaba repasando en su libro un texto del escritor afroestadounidense. Sin embargo no estoy seguro de volver a leer otro libro de Richard Wright. Estoy algo abrumado por la vastedad del océano que conforman los libros que no he leído. Leer, respirar, nadar un poco, hacer la plancha, leer otra vez.
_________________

Thierry Precioso es socio de infoLibre y autor de El desorden de toldos (Amazon, 2017).
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9 Comentarios
  • Anselm Llorenç Anselm Llorenç 02/11/18 11:35

    Una precisión semántica: supremacista no significa simplemente la creencia de ser superior, sino también y sobre todo, creer tener derechos sobre los demás, reivindicar el poder del propio grupo sobre los demás.

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    • JesúsPM JesúsPM 02/11/18 13:14

      ¿Como por ejemplo imponer una fiesta local con el argumento de que es la tradición? Como seguro que sabe, Anselm, el diccionario de la RAE no recoge ni "supremacista" ni "supremacismo". Lo más próximo que sí aparece es "supremacía": "grado superior en cualquier línea"; "preeminencia, superioridad jerárquica". Un saludo.

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  • JesúsPM JesúsPM 31/10/18 12:20

    Supongo que eso es lo que hacemos muchos, nadar en el vasto océano de los libros no leídos (de los que se quedarán sin leer) al tiempo que hacemos la plancha y mientras respiramos, como parte del día a día.
    Supongo que para un protestante el catolicismo es el cristianismo más próximo al politeísmo, al paganismo (al "pagus", a la tierra, a lo mundano). Y sin duda para cualquier extranjero lo más llamativo de los españoles es la vehemencia, el bullicio, una cierta tendencia al tremendismo (los toros, el flamenco, las procesiones...). Estereotipos tan verdaderos y tan falsos como el "chauvinismo" francés o la flema británica.
    Seguro que hay supremacismo, pero me temo que tanto como en otras culturas, y siempre mezclado con un fondo perverso de ese provincianismo y nacionalismo que nos hace creer que nada hay mejor que el chorizo (los paisajes, los dulces o las fiestas) de mi pueblo.
    Siempre es un placer leerte, Thierry. Cómo coses en el relato lo cotidiano, la reflexión y la literatura. ¿Sabrán tus pasajeros quién les conduce cada día? Un abrazo.

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    • @tierry_precioso @tierry_precioso 31/10/18 18:15

      He olvidado, muy justo eso que dices: (de los que se quedarán sin leer)

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    • @tierry_precioso @tierry_precioso 31/10/18 18:13

      Buenas tardes, Jesús.
      Estoy seguro que me lees muy bien. Hay que tener empatía con el el autor para eso. Leyendo Por quien doblan las campanas, tenía la impresión de oír la voz, de Hemingway en este caso. Es algo muy fuerte cuando al ilusionarte las palabras escritas van transformándose en una voz humana.
      Efectivamente las dos ultimas frases que mencionas, son algo muy personal.
      Muy cierto eso de: estereotipos tan verdaderos y tan falsos
      Bueno, creo que mis pasajeros sí que me encuentran un poco raro, jaja! Un abrazo.

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  • J.R.Ulanovsky Getzel J.R.Ulanovsky Getzel 31/10/18 10:47

    Estimado Thierry. Un placer transitar por los senderos de tu relato. Y sin que se nos cruce en él algún fantasma de la mediocridad política, de esos que esparcen un olor nauseabundo, quizás soportable hoy por ser Halloween, pero insufrible todo el resto del año. Y a los que este medio, como en general sucede en el género periodístico, les otorga a mi juicio demasiado protagonismo. De allí que tus escritos tengan aún tanto más mérito, porque juzgas la actualidad con la objetiva distancia que propicia una visión cosmopolita. A tu reseña del libro de Richard Wright, como sueles hacerlo, nos agregas la participación de figuras extraídas del devenir equívoco de la vida corriente, de ese constante y variado “desorden”. Creo entender que el comentario del peluquero catalán podría calificarse como contradictoriamente racista más que supremacista (término desgraciadamente tan de moda). Por un lado lamenta la masacre de los indígenas y por otro repudia a sus vecinos y enemigos brutos españoles. Un amigo, que es fanático admirador de María Elvira Roca Barea me regaló para instruirme Imperiofobia y leyenda Negra. Tengo entendido que se ha difundido como auténtico best seller. Libro interesante, pero que precisamente para combatir el reduccionismo injusto con el que se generaliza eso de la “violencia española” viene como a justificarla diciendo “el asunto de este libro se reduce a eso: el mandar y lo que le pasa al que manda con su reputación”. Pues prefiero solidarizarme con los que no mandan. Continúa Thierry satisfaciendo nuestra curiosidad. Abrazo.

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    • @tierry_precioso @tierry_precioso 01/11/18 12:58

      Tengo guardado Imperiofobia y leyenda Negra en mi biblioteca. Aunque se coincida mâs menos con el libro, y eso puede variar según las paginas y el tiempo que pasa también, contiene tal cumulo de datos que siempre es susceptible de ser interesante de consultarlo para alguna cuestión presentándose.
      Por ejemplo, siempre se me había presentado la gran hambruna irlandesa como la "mala suerte" de una enfermedad de la patata. Y no sabía que en realidad fue un genocidio de dimensión Polpotiana. 2 millones de muertos mâs 2 millones de exiliados sobre una población de seis millones! He hablado con una pasajera irlandesa y me dijo que se va conociendo cada vez mâs este hecho en la Irlanda de hoy.

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    • @tierry_precioso @tierry_precioso 31/10/18 17:38

      Hola Jorge, qué, tal?
      No he podido responder antes. Suele pasar, estas de vacaciones y haciendo mâs cosas, estas aun mâs apretado de tiempo. Volveré a trabajar este próximo lunes.
      Nunca he leído mucho hasta hace 2 años y encuentro que tengo cantidad de libros para descubrir pero no tengo tanto tiempo libre. Por ejemplo, hace un año que tengo Patria de Aramburu y no he leído ni una linea, aun. Después de la columna de Luis de este domingo, he mirado la biografía de Rosalia de Castro que me pareció Interesantísima y quisiera conocer alguna obra suya.
      Una cosa, cuando he pensado "la piscina municipal de Portugalete situada exactamente bajo el sol", me ha ayudado la canción de Serge Cainsbourg "Sous le soleil exactement". Acabo de ver que es del año 1969. Seguro que la conoces mucho esta canción!
      De todos modos aunque lo que encuentro mâs importante es leer, cada vez que podré, enviaré un texto a Librepensadores. Un abrazo.

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      • @tierry_precioso @tierry_precioso 31/10/18 18:19

        Suele pasar, estás de vacaciones y haciendo mâs cosas, estás aun mâs apretado de tiempo. Volveré a trabajar este próximo lunes.

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