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Librepensadores

De la España 'una' (y sola) a la cohesión de las Españas

Joaquín Farinós Dasí
Publicada el 14/12/2018 a las 06:00 Actualizada el 13/12/2018 a las 18:37
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La ruptura del orden y estado natural del sistema mundo, allá por la década de los años 1980 (si bien los primeros cimientos para la rápida y vertiginosa carrera hacia lo neoliberal en un mundo global ya se iban asentando a finales de la década de los años 1970, especialmente en países como Reino Unido y los Estado Unidos de América), se traducía en la difundida idea de que el Estado-nación había entrado en crisis. Este iba perdiendo su poder (en lo público e institucional) hacia arriba (organismos supranacionales) y hacia abajo (regiones y espacios locales). Menos se reparaba en todo lo referente a la privatización de lo público.

De este modo, el Estado del bienestar, argumento principal de la socialdemocracia, se había logrado tambalear, sin que hasta hoy se haya conseguido encontrar una adecuada solución a su tercera gran crisis (definitiva por el momento). Desde entonces se ha venido transitando desde la mal llamada nueva gerencia pública (reducida a la ya fracasada iniciativa del ciudadano-cliente) al universalismo comunitario, pasando por el neoinstitucionalismo y la defensa de lo público, en una reconsideración de la burocracia y la incorporación de nuevas formas de gobernanza (un término que ha resultado especialmente sospechoso para los defensores del papel del Estado).

Parece, sin embargo, que el objetivo ha estado desenfocado. La cuestión crítica no es el mantenimiento del Estado (que interesa a cualquiera de los grupos de interés que persigan obtener seguridades y legitimidades), sino de qué tipo debe ser. En el actual momento de transición (muchas transiciones, si es que no se quiere hablar de una nueva gran transición homologable a la de los años 40 de pasado siglo), que explican la globalización, las nuevas tecnologías y los nuevos modelos energéticos y del capitalismo financiero, equivocamos el tiro si pensamos en mantener unas formas y funcionamientos del Estado que fueron pensadas para otros momentos históricos y en otras condiciones. Hoy, sin embargo, se demuestran incapaces de poder afrontar y resolver los nuevos, provocando la sensación de frustración que, convenientemente alimentados, nos conducen, en lo social, a las llamadas primaveras y, en lo político, a los nuevos movimientos de renacionalización y al conflicto, azuzado como maquinaria generadora de votos (de Trump al Brexit, del Frente Nacional a Vox y pasando por todos los demás en Italia, Grecia, Holanda, Dinamarca, Alemania, Brasil…, del separatismo a la primera aplicación y reiterada demanda del artículo 155).

De igual manera que el concepto de desarrollo se identificaba monolíticamente como modernización (un desarrollo económico que, en una comprensión simple, e interesada, era interpretado como un proceso de transición a una economía moderna, siguiendo y reproduciendo un modelo de desarrollo óptimo que los países avanzados usan antes y los nuevos países en evolución debían imitar y emular), el Estado-nación moderno también resulta, ya, reduccionista e insuficiente para la nueva realidad. El viejo Estado moderno surge con el auge del nacionalismo del XIX, se identifica a través de la soberanía territorial definida por las fronteras (una territorialidad posesiva y excluyente –mercados interiores-) y en una convivencia ciudadana ordenada mediante el equilibrio de poderes y la fuerza concentrada en unos determinados cuerpos legitimados para detentarla y combatir lo que amenaza al propio sistema en su organización fundamental.

Por su parte, el Estado posmoderno, homologable a lo que también se conoce como nuevo Estado-red, supone una reinterpretación de las soberanías; la coexistencia de las multiterritorialidades (sin renunciar a la que resulta propia a cada cual en su propio espacio de vida -ya multiescalar y multidimensional gracias a los medios de transporte y las NTIC-); la reconsideración de los perímetros y fronteras bien definidas del espacio impermeable ahora como nuevo espacio permeable y límites difusos. Por tanto, en esta nueva realidad, la soberanía se vuelve flexible y compartida. Ello es posible renunciando (por acuerdo, fedus) al uso de la fuerza, definiendo en su lugar nuevos códigos compartidos y pactados, basando la convivencia en la conjunción estable de intereses (ya no unilaterales).

Por tanto, la cuestión no es si más o menos Estado, sino qué tipo de Estado queremos, y necesitamos, para España; o para las Españas, como se denominaba con normalidad nuestro país a lo largo de nuestra historia. Del mismo modo que sucede en otros Estados que en su constitución se autocalifican de plurinacionales, reconociendo grupos y territorios singulares, sin que esto afecte en absoluto a su unidad y voluntad de permanencia. Es el caso de los EEUU o de Suiza, o de México, o de Ecuador, o de Bélgica, o de Canadá, entre otros; justo lo contrario de lo que sucede cuando en su lugar se pretende homogeneizar los hechos diferenciales, provocando con ello el consiguiente efecto muelle. En estos momentos empieza a cobrar fuerza de forma preocupante la alternativa excluyente (y polarizante en el caso de la segunda de las dos) de si avanzar hacia uno de tipo postmoderno, de soberanías compartidas, en red, o, por el contrario, hacia el viejo Estado moderno, en un nuevo proceso interno de recentralización (concentración de poderes) y de repliegue a nivel exterior (si es que el ámbito internacional contradice las formas que se consideran nacionales, optando entonces por reducir las relaciones exclusivamente a lo que nos interesa). Valgan como ejemplo del segundo las intervenciones de la presidencia estadounidense en la reciente convención de Naciones Unidas en Nueva York o las reuniones del G20, o el Brexit y los problemas internos para el Reino Unido, que obligaban a Theresa May a posponer el preceptivo trámite parlamentario en el Parlamento británico y someterse a una moción de confianza por problemas dentro de su propio partido.

El reto del Estado postmoderno es ser capaz no solo de articular un poder en lo económico y financiero local (algo que no resulta fácil en el nuevo imperio de los organismos económicos internacionales) sino también en lo social y territorial, a partir del propio carácter. También el de ser capaz de atraer a una mayoría de ciudadanos, esta vez ya no a partir de la fuerza sino a partir de un programa de valores sociales y objetivos institucionales donde territorios y comunidades (sociedades) locales e individuos se sitúan en plano de igualdad. Lo hacen mediante relaciones de cooperación o, en su caso, de coordinación, pudiendo ejercer de coordinador cualquiera de las partes integrantes de la red, de acuerdo con los principios de subsidiariedad y proporcionalidad (sobre los que justamente se basa la asignación y desarrollo de las competencias). Por tanto, en el nuevo Estado red posmoderno, el poder no reside en la capacidad coercitiva de la autoridad, sino en los vínculos horizontales y en pie de igualdad. En el caso de la política española, ¿hay alguien ahí?
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Joaquín Farinós Dasí, geógrafo y catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universitat de València, es socio de infoLibre
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10 Comentarios
  • Molinera Molinera 29/12/18 22:02

    Argumento muy lúcido que comparto totalmente. Gracias

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  • Cuca de llum Cuca de llum 17/12/18 00:17

    Senyor Farinós: crec que al seu article li falta un últim pàrraf que començe per: "en resum......"

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  • Grobledam Grobledam 15/12/18 13:50

    Hay que ver la de verborrea que se gasta una casta de beneficiarios del invento de la plurinacionalidad para no perder sus derechos adquiridos ante la inapelable realidad global.
    "Ahora la soberanía se vuelve flexible y compartida", basada en la renuncia de unos al uso se su fuerza y en otros al uso de la unilateralidad (ya que fuerza no tienen), obteniendo por birlibirloque unos la soberanía y un nuevo estado y otros unos "papelotes". El triple salto ya se vuelve "delirio saltarín" cuando se nos pone como ejemplo de plurinacionalidad a EE.UU., Suiza, México, Bélgica, Ecuador o Canadá. Ahí es nada lo de las churras con las merinas para reforzar que España vuelva a ser "Las Españas", olvidando tramposamente que ese concepto se refería a los virreinatos repartidos por el mundo, nunca al espacio politico y territorial de la península donde nunca hubo un virreinato, incluido Portugal, (que nunca lo fue y cuya independencia como estado jamás surgió de un proceso secesionista).
    Verborrea, trampa, timo, engaño, estafa para concluir: "Por tanto, en el nuevo Estado red posmoderno, el poder no reside en la capacidad coercitiva de la autoridad, sino en los vínculos horizontales y en pie de igualdad. En el caso de la política española, ¿hay alguien ahí?".
    Sr Farinós: "en pie de igualdad y con vínculos horizontales" nos encontramos todos los españoles; así que no busque más, "ahí" nos tiene. Ahora bien si en su entelequia de "estado postmoderno" busca la igualdad entre gobierno estatal y gobiernos regionales, "en pie de igualdad" va Vd muy desencaminado y por cierto muy farragoso e ininteligible en su exposición, como ya le han repetido otros comentaristas.
    Para terminar, Sr. Farinós, si con su invento del "nuevo Estado Red Postmoderno", en vez de proponerlo para Las Españas lo hubiera Vd propuesto para Las Europas o incluso para la gobernanza de un nuevo Estado Global en el que los distintos estados, que se reconocen unos a otros y la ONU tiene inventariados, renunciaran a su capacidad coercitiva y negociaran "en pie de igualdad" sobre: fiscalidad en la UE; cambio climático o emigración transfronteriza. Ahí, Sr. Catedrático, quizás pudiéramos comenzar a entenderle.

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    • Ximo Farinós Ximo Farinós 16/12/18 21:48

      Estimado/a Grobledam, me dirijo así al no conocer su verdadero nombre, como sí Ud. el mío. Debo aclararle, en primer lugar, que el artículo no se sitúa del lado del independentismo sino todo lo contrario. De ahí a creer que podemos movernos como bloque monolítico, de conmigo o contra mí, dista un abismo. Ello me reafirma en la necesidad de tratar de avanzar en la construcción de espacios de diálogo y de hacer política (reitero) sobre un espinoso tema que requiere mucho pensamiento lateral y de revisitar algo de la teoría de juegos de esta nuestra particular 'guerra fría' del momento. También debo aclararle que el concepto de Estado posmoderno no es una invención, ocurrencia o 'delirio' propio, sino que es un término ampliamente empleado en la bibliografía politológica desde hace varias décadas. Respecto de las 'Españas', el comentario nos llevaría más tiempo. Coincido con quienes interpretan que la idea de 'España' fue finalmente apropiada por su parte castellana y conservadora, tan nacionalista y aquejada de los mismos males (a los que Ud. se refiere) como cualquier otro de los nacionalismos periféricos. Eso explica parte del problema que nos trae aquí; cabría reclamar normalidad para ambas expresiones, sin posiciones dogmáticas. Atreverse a pensar y plantearnos en abierto algunas dudas no debería asustarnos tanto. Coincido, desde luego, con su interpretación de que es necesario incorporar este mismo argumento en la escala supranacional, desde luego. La diferencia es que no veo que exista un nivel umbral (interpreto que en su caso se trata del Estado-nación) que no deba entrar en la ecuación; ni tampoco me resultan indiscutibles los criterios irrevocables que permitan establecer dicho límite a perpetuidad. Lo mismo aplica a la línea del tiempo. Agradezco su interés y espero que pueda provocarle sana inquietud el libro que un grupo de profesores españoles de procedencia, filiación y especialización diversa publicaremos sobre estos temas a principios del próximo año. Su intención sigue siendo plantear el debate de forma respetuosa y fundamentada, como corresponde hacer siempre.

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      • Grobledam Grobledam 17/12/18 12:51

        Gracias por su respuesta, Sr. Farinós.
        Es de suponer que cuando Vd escribe un artículo en un medio como éste sabe que puede tener repercusión en la posterior sección de comentarios por parte de socios y colaboradores de este medio "inidentificados" porque las reglas son así y así las aceptamos los que participamos en ello. Tenga en cuenta, además, que seguramente Vd ha cobrado algún dinero por su aportación y yo pago -indirectamente- por la mía. Creo, pues, que sobra su comentario al respecto.
        En lo que toca al contenido del artículo. O yo en leído mal o Vd se ha explicado regular. Refutar una u otra opinión desborda el contenido de este comentario. Dejo pues a otros lectores ese ejercicio; aunque con el debido respeto y consideración he de manifestarle que su respuesta es aún más -si cabe- de lectura e interpretación dificultosa y ello creo que no soy yo el único que lo ha manifestado aquí. "Espacios de diálogo", "pensamientos laterales", "hacer política" y "revisitar algo de la teoría de los juegos"...asi, sin concretar deja todo o nada de espacio para la discusión.
        Concreta Vd, ¡al fin!, en algo: la idea de la apropiación de la idea de España por parte de la "conservadora Castilla". Le facilitaré unos datos contrastables para ejemplificar lo inexacto de su afirmación (hay libros enteros que lo refutarían; pero el comentario tiene extensión limitada): la idea de España que quedará para la historia y la posteridad se centra en el descubrimiento y posterior colonización y apertura al mundo del continente americano y la conexión circular del planeta vía Océano Pacifico o "Mar del Sur o de Balboa" como lo denominaban sus descubridores.
        Pues bien, Cristóbal Colón era genovés (lo de su procedencia catalana, en fin) , los castellanos no sabían navegar, fueron pilotos vascos los que comandaron naves en aquella gesta, la 1° vuelta al mundo la comandaron un portugués y un vasco, con marineros andaluces; los grandes líderes de la Conquista o Encuentro (como se quiera denominar) fueron en su mayoría extremeños; América se llama América por un italiano y el Archivo de Indias está en Sevilla y pese a lo insistente de algunos, nuestro idioma es "spanish" no "castellanish".

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  • Anselm Llorenç Anselm Llorenç 14/12/18 19:09

    Poco digerible.

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  • Smuack Smuack 14/12/18 11:37

    Estupendo artículo. Me encanta la frase final: "el poder no reside en la capacidad coercitiva de la autoridad, sino en los vínculos horizontales y en pie de igualdad. En el caso de la política española, ¿hay alguien ahí?"

    En España tenemos pendientes muchos debates sobre hacia dónde queremos evolucionar: República/Monarquía? Plurinacionalidad/Federalismo/Centralización? Cuanto antes podamos empezar a debatir y reflexionar de forma serena en todos estos aspectos mucho mejor. Pero evidentemente hay sectores de la política y de la sociedad que no quieren ni siquiera que se plantee el debate y se dedican a crispar, a hacer ruido mientras cierran los ojos y se tapan las orejas para ni ver ni oír nada, y ni dejar ver ni dejar oír nada a los demás.

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  • platanito platanito 14/12/18 08:39

    Creo que voy a necesitar traductor. ¿Alguien se anima?

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    • @tierry_precioso @tierry_precioso 14/12/18 21:57

      Buenas noches, platanito!

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    • Smuack Smuack 14/12/18 11:30

      ¿No es usted capaz de leer el castellano?

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