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Librepensadores

El insulto nos viene a visitar

Publicada el 01/04/2019 a las 06:00 Actualizada el 31/03/2019 a las 14:07
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El insulto, el exabrupto, nos viene a visitar. Andamos oyendo "traidor, incompetente, felón", referido al presidente de Gobierno, igual que se tacha de "la Monica Lewinsky de los golpistas" a una columnista de ideología contraria. ¿Qué nos pasa?

El insulto, tradicionalmente, no ha estado muy bien visto ni aceptado. Recordemos, como ejemplo paradigmático, aquellos carteles de nuestra infancia que pregonaban públicamente "Prohibido blasfemar", en evitación del insulto o menosprecio de la divinidad (ausente). Pero el insulto no es aceptable simplemente por la forma, por sonar mal, sino porque es un acto de agresión. Verbal, pero agresión. Se busca menoscabar la persona en su autoestima y dignidad. Y la pregunta sería: ¿Por qué se quiere agredir? ¿Por qué se siente la necesidad de agredir?

Seguramente es una vía de escape a la propia frustración o incapacidad. La autodecepción interna o el propio resquemor lo carcomen, le empujan a trasladarlos hacia fuera, hacia los demás. Y si es así, el insulto es la expresión del fracaso personal. Podría decirse que el insulto en realidad descalifica, de entrada y siempre, a quien lo profiere.

Pero... ¡Atención! Más allá de las relaciones personales y en ámbitos mayores, el insulto podría ser consecuencia de una estrategia, exactamente igual que la del adulador o la del embaucador. Estamos hablando del insulto político. Que persigue una finalidad.

El insultador, que usa palabras altisonantes, no usuales, quizás prohibidas o excepcionales, se confiere a sí mismo un aura de transgresor, de rompedor. Es un valentón. Es decir, el insultador se cree que es un valentón. Ha roto una norma social (la de ser correcto) y enfrenta una nueva realidad, denunciada por él de malas maneras, las mismas malas maneras que usará si no se le hace caso. Siempre teniendo en cuenta que "malas maneras" quiere decir, para el que se maneja entre insultos, "valientes maneras". Él, el insultador, viene a parar los pies de quien sea, viene a enderezar a quien sea... En una palabra, viene a salvarnos desde su incapacidad, que no es otra cosa que la expresión de su propio fracaso personal.
_______________

Jesús Moncho es socio de infoLibre
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3 Comentarios
  • Ambon Ambon 01/04/19 18:15

    Cuando no se tienen argumentos que llamen la atención de la ciudadanía, pues se intenta llamarla como se puede, insultando, mintiendo, descalificando, la cuestión es hacer ruido.

    En la entrevista de Evole al Papa, este hablo del periodismo que hace coprofilia, pues eso es lo que están haciendo algunos políticos en esta campaña, empezar a tirar mierda a todas partes.

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    1

  • AMP AMP 01/04/19 13:00

    El "insulto" tiene muchísimos matices e intenciones, tantas, como personas que lo profieren. Un ejemplo es llamar a un sinvergüenza: sinvergüenza, cuando se ha demostrado que lo es, no es un insulto, es una definición.

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  • AMP AMP 01/04/19 13:00

    El "insulto" tiene muchísimos matices e intenciones, tantas, como personas que lo profieren. Un ejemplo es llamar a un sinvergüenza: sinvergüenza, cuando se ha demostrado que lo es, no es un insulto, es una definición.

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