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Librepensadores

El odio al vencido

César Moya Villasante
Publicada el 12/04/2019 a las 06:00 Actualizada el 11/04/2019 a las 20:19
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Nací al terminar la Guerra Civil en una familia rota por la obsesión de mi padre por imponer sus ideas de franquista y falangista. Por ello puedo hablar con conocimiento de causa por haber vivido una niñez y adolescencia plena de discusiones y silencios de unos, mi familia materna que, no sintiendo la política, sí estaba contra el desastre que esquilmó tanta gente. Y, por cierto, todos eran españoles. Aunque algunos parece que no lo creen así hoy.

Ello me trajo algún trauma en mi vida. Y esos traumas no puedo decir que se soportan ya porque por mi edad no me lo permite, pero no dejo de pensar en lo que vi en aquellos años con lo que se hablaba a mi lado y con personas que conocí por mi padre que no me daban más que temor o miedo. Incluso una vez que me llevó a un acto de Falange en un teatro de Madrid donde celebraban cada año sus homenajes de victoria conseguida con golpes de botas y correajes que jamás olvidaré.

Esas personas a las que vi en alguna ocasión demostraban a los cuatro vientos el odio a los vencidos. Algo que nunca comprendí y aun ahora sigo sin entenderlo. A veces el revanchismo se entiende como un factor humano producto de una derrota, pero lo que es peor es cebarse en el vencido, en el derrotado, como muchas gentes que conocí solo por conversaciones oídas y no olvidadas, porque algunos eran conocidos de mi familia materna. Entre ellos, el marido de la asistenta que venía a ayudar a mi madre un par de días a la semana y que yo no conocí porque nunca supe su final, aunque sé de mis años de niño y adolescente que estaba en la cárcel. Y mi madre le hacía con gran cariño comida a aquella mujer, llamada Gregoria, buenísima persona, para que se las llevara a la cárcel. Lo hacía a escondidas porque mi padre también odiaba a aquellas personas. Ese odio de muchos hacia el vencido es el que nunca entendí. Y sigo sin hacerlo porque es el triste recuerdo de mi juventud.

Y, por cierto, nadie habla de esa posguerra odiosa que para muchos fue incluso peor que la guerra caliente. Hasta en los duelos de ciertas películas antiguas o del oeste, al derrotado, a veces, se le perdonaba la vida. Todos lo hemos visto en películas, pero cebarse en ese derrotado es lo que mas me hace pensar hoy a mi tercera edad, y, sobre todo, viendo a una derecha actual que sigue odiando todo lo que se mueve.  Porque parece que no consienten, después de 80 años y de sucesos no vividos por ellos, que España sea de todos, los que piensan igual y los que piensan distinto. Porque un país de pensamiento único no creo que exista en el mundo, pero pocos países existen en donde una derecha decimonónica llegue a ser tan extremista.

También conocí la corrupción y el machismo. Nunca olvido una escena en un bar conocido de Madrid, a donde me llevo mi padre a ver unos amigos suyos de la misma idea, como hablaban de los rojos, de las “hazañas” corruptas y, por cierto, también de la “querida”. Porque parece que entonces para ser un hombre auténtico había que tener querida. Estoy hablando de los 40 y 50. Para darnos cuenta de dónde estamos. Luego, ya de mayor, pensaba cómo mi padre me llevó a aquel espectáculo, porque era un espectáculo ver a unos señores ,para mis entonces muy mayores, orondos y fumando puros y comentando lo que digo. Que no eran conversaciones para niños. Se conoce que querían que de mayor pensara igual, pero se han equivocado de plano.

Por todo ello y muchas cosas que harían muy largo este relato, me da temor que lleguen de nuevo, con las mismas ideas de aquellos años, porque no han cambiado y lo vemos cada día que hablan en esta precampaña en donde nos jugamos volver al siglo pasado. Muchas personas votarán a la derecha del tripartito, pero serán aquellos que participaron en este baile macabro o en su fase posterior incluyéndose en empresas, en instituciones o en judicaturas, en fuerzas armadas, ministerios, etc. y también algunas profesiones con títulos cercanos a lo que ahora vemos en algunas universidades, con minúscula, como notarios, registradores, etc. No incluyo a todos en ese magma viscoso franquista, obviamente porque sería injusto, pero en esas instituciones que cito hasta hace menos años de los que creemos había que ingresar siendo del “régimen”. No sé si me explico si me lee algún joven con mentalidad no apegada a aquello y que hoy no lo entenderían. Pero fue así. Y lo viví personalmente el año 69 del siglo pasado cuando, con un título universitario, entré en una compañía entonces pública y me pidieron una carta de mi padre demostrando su fidelidad al régimen y en qué bando estuvo alistado.

Por eso digo que en España nunca estaremos libres del odio entre personas por las dos ideas que siempre provocan enfrentamientos, como son la bandera dichosa y los nacionalismos enfrentados. Hoy vemos una campaña que trata de lo mismo porque los políticos de ahora no dan la talla y tienen que valerse del enfrentamiento absurdo para llegar a la silla que tanto aprecian. Y eso en la derecha ultra actual es la base de mi temor. Por lo vivido en persona. No se qué pensarían de esta carta si la leyeran Casado o Abascal.

Añado: Jamás pude hablar con mi padre de mayor de temas sociales. Y es muy triste no tener relación paterna por culpa del franquismo.
 
_________________

César Moya Villasante es socio de infoLibre
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12 Comentarios
  • Ambon Ambon 15/04/19 11:22

    Desgraciadamente nuestra sociedad ha heredado casi todos los vicios del franquismo, empezando en la Universidad y siguiendo por muchoa de las actividades de mayor prestigio social y en ocasiones mayor salario estamos hartos de ver siempre los mismos apellidos.

    En España el enchufismo, la corruptela y la corrupción, el nepotismo, campan a sus anchas, la meritocracia está devaluada y todo ello ha sido posible porque en la transición el miedo al ruido de sables frenó lo que debería haberse impuesto, la RUPTURA, pero lo mas grave, es que acallado el ruido de sables, el PSOE de González no tuvo el valor de cambiar el modelo, ese cambio que prometía en el 82 y que se quedó en algunas cosas sociales, pero no abordó lo importante, la forma de ser y de comportarse en democracia, siguió funcionando el enchufe, ya ne se pedían antecedentes ni avales de afección al régimen franquista, pero siguió el nepotismo y el enchufismo en todos los sectores sociales.

    Quizás por todo eso, nuestra ultraderecha es tan radicalmente odiosa, quizás por eso seguimos sin superar las dos españas y quizás por eso cada vez mas somos un país que se desintegra, que es incapaz de compartir héroes, himnos o banderas.

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  • Larry2 Larry2 14/04/19 15:47

    Valiente artículo y esclarecedor de un hogar en el que se vivió el franquismo de verdad. Agradecerte tu sinceridad, y me imagino tu sufrimiento. Esperemos que no vuelvan estas cosas, ahora non hay excusas, hay más formación, el problema es que el odio es como la droga, que das oportunidades y es dificil deshacerte de él. Como decía muy el profesor Tierno Galván que tuve la suerte de escucharle una vez en directo lo importante en la vida es no cometer los mismos errores que se han cometido en el pasado. Agur.

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  • Cesar MV Cesar MV 13/04/19 16:42

    No niego lo que comentas. En todo en la vida hay de todo.

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  • Isa... Isa... 12/04/19 22:12

    Gracias por su testimonio, lo lean Casado o Abascal o no lo lean, es lo mismo. La grandeza suya es compartirlo. Saludos

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  • HEREJE HEREJE 12/04/19 18:55

    Mi padre era militar de academia, o sea que se suponía que tenía una formación superior a la de los "chusqueros" que habían empezado desde abajo y no tenían estudios superiores. Eso no evitó que fuera patriotero, violento, alcohólico, machista (nos pegaba a todos, incluida mi madre) y corrupto, o sea, un franquista de libro. Vivíamos en casas militares y no se diferenciaba mucho de los demás. Los que llamaban la atención eran los que no se comportaban así, que eran considerados como "blandos" por los machos alfa con uniforme. Entiendo perfectamente el artículo porque lo sufrí en mi infancia, adolescencia y principio de mi juventud. Afortunadamente la cirrosis actuó con eficacia y hace mucho tiempo que la humanidad no disfruta de su presencia. Saludos, César.

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    • Cesar MV Cesar MV 14/04/19 17:32

      Gracias por compartir vivencias y exponerlas..Valiente.

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    • AMP AMP 13/04/19 10:46

      Muy valiente tu desnudo y el del articulista.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 12/04/19 14:24

    Buenos días Cesar. Me gusta tu texto pero mas bien no estoy muy de acuerdo contigo. Prefiero los republicanos pero no todos los franquistas fueron gente mala, ni todos los republicanos gente buena. Intelectuales progresistas proceden del franquismo, creo que Jose Luis Aranguren por ejemplo pero hay muchísimos mâs.
    Fíjate que viendo la frase -- También conocí la corrupción y el machismo -- he pensado de manera instantánea a Fidel Castro con su puro en la boca y su aire supermachista. De verdad, en cuanto a corrupción y machismo me parece difícil superar a algunos regímenes revolucionarios "progresistas".
    Tal vez el padre Rafael Sanchez Ferlosio era un bestia, seguro que tu padre lo era pero estoy seguro que de que algunos falangistas eran buena gente. Viva Santiago Carrillo y buenas tardes!

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    • Cesar MV Cesar MV 13/04/19 16:43

      No niego lo que dices. Es obvio y natural.

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      • @tierry_precioso @tierry_precioso 13/04/19 21:28

        Buenas noches y feliz domingo, Cesar!

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  • martín pérez martín pérez 12/04/19 14:24

    Un abrazo César. Eres un hombre cabal y valiente. Deseo sinceramente que la vida te haya compensado con creces la mala fortuna de esa infancia y adolescencia bajo influencias tan negativas, tan dañinas, de las que has sabido preservarte. Yo he sido afortunado en este respecto pero sé de lo que hablas. No era infrecuente. Un saludo.

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  • AMP AMP 12/04/19 11:23

    Tu escrito me ha recordado a lo que se decía hace tiempo: la soledad el individuo estando rodeado de congéneres en las grandes ciudades. Este país es muy triste, a pesar de lo dados que somos a no desperdiciar las ocasiones de festejos que son innumerables con cualquier pretexto.

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