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Tontear con el fascismo. Una advertencia

Publicada el 27/04/2019 a las 06:00
El lector de este artículo habrá advertido enseguida que al titular le he añadido la palabra "advertencia". Es la segunda palabra que usa Madeleine Albright en su libro Fascismo. Una advertencia. Dedica el libro "a las víctimas del fascismo de ayer y de hoy, y a todos los que combatieron el fascismo, en otros y en sí mismos". Me interesa subrayar, y en sí mismos.

Soy de los que piensan que lo que no se ve, no existe. Existe ciertamente, pero si no lo hacemos visible, más tiempo tardará en influir, molestar o desesperarnos, aunque algun día lo hará. Después de años en que la plataforma Teruel existe, aun trabajando sin descanso, no ha tenido el éxito que merecía hasta que no se juntado con la plataforma de Soria, cuando han conseguido llamar la atención y crear una amplia simpatía de la sociedad española y de los partidos políticos de lo que ya es mundialmente conocido como la España vaciada.

Y eso es lo que ha pasado con Vox, a cuya formación, con craso error en mi opinión, se le ha hecho visible por parte de todos los analistas, dirigentes políticos y medios de comunicación de tal modo que no han caído en la cuenta de que están tonteando con el fascismo, no sé si por ignorancia o con una sana intención. Se nombra a Vox como un partido ultraderechista, de derecha extrema, de derecha radical, pero no fascista.

Aunque se analicen sus propuestas y las declaraciones de sus dirigentes con asiduidad (sus votantes asienten sin más ), con Vox se pasa por alto muchas veces que estas propuestas son señas de identidad que caracterizan a los partidos fascistas.

Umberto Eco ha descrito algunas caracteristicas del fascismo o fascismo eterno que se reflejan sin ninguna duda en Vox. La primera característica, dice Eco, es el culto a la tradición. Aunque señala que el tradicionalismo es más antiguo que el fascismo, ese culto a las tradiciones, de las que las menos significativas, pero más llamativas, acaso sean la extensión de los toros, el mantenimiento de la caza, una nueva reglamentación más permisiva de las armas y la adoración del  folclore, los medios de comunicación y los analistas les han dedicado horas y horas de análisis y discusión.

Escribía estas palabras con el soniquete de la televisión encendida en la segunda cadena, cuando ha comenzado el programa Tendido Cero, que yo creía que había desaparecido de la parrilla de televisión española. Vergüenza he sentido. Además de los primeros resúmenes de los primeros festejos de toros del domingo de ramos de Ceheguín y Toledo, con corte de 4 orejas y un rabo —aunque el toro "se rajó" pronto—, el programa ofreció una mesa redonda sobre los "derechos de los animales", desdiciendo sin complejos un comentarista lo que ha dicho la ONU y la UNESCO sobre la crueldad de las corridas de toros. Comentaron la protección de la tauromaquia en el sur de Francia y se pudo ver un amplio reportaje de una procesión de la virgen de la soledad en México que patrocinan y pasean los toreros en la ciudad de Potosí. Un escritor terminó su intervención diciendo que era un "ecologista que caza y escribe", y el director del programa en el reportaje sobre el toro bravo expresó que era "un homenaje al toro bravo que vive como ninguno y muere como ninguno". No deja de ser curioso que en esa fase de la tienta que utilizan los propietarios de las ganaderías para comprobar  la nobleza y bravura y así mantener la pureza de la casta, no caen en la cuenta de que a los erales y las novillas se los discrimina: "A los menos bravos se les dedica a becerradas o novilladas", así como a las "vacas se las eligirá para ser madres por la demostración de  bravura y nobleza" (luego salen a la plaza y a la primera carrera se caen o huyen del capote).

Volviendo a la tradición, "el tradicionalismo implica el rechazo a la modernidad", continúa Umberto Eco. Una ideología basada en la "sangre y la tierra". Si Vox tiene un discurso homófobo, xenófobo, racista, "el primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos, contra los diferentes. El fascismo es, pues, racista por definición", dice Eco. Si  tantas veces  hemos escuchado declaraciones a sus dirigentes contra el matrimonio igualitario, el odio a los emigrantes, la igualdad de hombres y mujeres, el rechazo a la memoria histórica, es porque Vox es un partido fascista. "La ilustración, la Edad de la Razón, se ven como el principio de la depravación moderna". En este sentido el fascimo (fascismo eterno) puede definirse como "irraccionalismo".

Del irracionalismo deriva el culto a la acción por la acción. Si examinamos la trayectoria de Vox y su campaña electoral, observamos que sus dirigentes tienen aversión a los debates, a confrontar ideas. De ahí que hayan visto como un alivio que la Junta Electoral Central les haya excluido de los debates, aunque después lo atribuyan a que son discriminados y víctimas del sistema político liberal, pero odian la cultura en la medida que la misma invita a la crítica a las tradiciones más crueles y discriminatorias. Hoy no eres nadie si no sales en la tele, pero entre que los analistas y tertulianos les hacen la propaganda y el uso de las nuevas tecnologías que no desprecian, al contrario, les basta para seguir en la ola. Buscan la adhesión de los votantes en los símbolos más populares y emocionales. Les basta con el Soldadito español y El novio de la muerte y gritan sin decirlo "Muera la inteligencia".

Francis Fukuyama escribió hace 30 años, en su ensayo El fin de la historia, que la victoria de la democracia liberal capitalista sobre el comunismo y antes, sobre el fascismo, era rotunda y definitiva. En una entrevista de Amanda Mars, el mismo Fukuyama (El País, 14/4/2019) dijo que ya no está tan seguro de esa afirmación desde que Donald Trump ganó las elecciones. Después de haber puesto los riesgos más graves de la victoria de la democracia liberal en el nacionalismo y los fundamentalismos religiosos, pone su acento ahora en el riesgo de las actuales políticas hacia la identidad, destacando su sorpresa de que ese fenómeno haya ocurrido en Estados Unidos y en el Reino Unido, parangones de la democracia, refiriéndose a la elección de Donald Trump y, en el caso del Reino Unido, por el Brexit. "Lo que está pasando en EE.UU y Reino Unido es en gran medida una versión del capitalismo de libre mercado sin restricciones". "Todos tenemos identidades particulares, pero en democracia también es importante tener sentido de comunidad, porque debes participar en el sistema político democrático y, si sientes que no tienes nada que ver con el resto de la gente por esas diferencias —relativas a raza, género, religión, etc.—, es un problema para la democracia".

Refiréndose al auge del partido ultraderechista —así preguntado— Vox, dice que cree "que el separatismo catalán ha provocado un nuevo nacionalismo de derechas que antes no existía, o que estaba cuidadosamente frenado". Ahora está saliendo todo y es trágico, porque la extrema derecha tiene una historia en España (el fascismo, añado) y no se debería permitir que suponga una amenaza para la democracia.

Y en esto, como en otras cosas de las dichas, coinciden PP, Ciudadanos y Vox. Unas derechas sin complejos son la antesala de tiempos tenebrosos, muy oscuros. También coinciden en  la bajada generalizada de impuestos, consecuencia de un ultraliberalismo económico que lleva necesariamente a la desigualdad, por la que se muestra muy preocupado Fukuyama. Contra la enorme e innegable desigualdad entre los ciudadanos y los pueblos hay que combatir sin descanso, y es el gran reto de las políticas progresistas. Pero la promesa de un mundo mejor, del paraiso en la tierra del fascismo y los ultraliberales por la frustación que sienten individual o colectivamente muchas personas, es un discurso fácilmente comprable y muy sugestivo, no solo por los más desheredades de la tierra, también por gente culta y economistas preparados.

Recoge Madeline Albright en el interior de su página en blanco una frase de Primo Levi: "Cada época tiene su fascismo", y a los españoles nos ha tocado el nuestro. "Desde las primeras etapas de su campaña y desde que llegó a la Casa Blanca, Donalp Trump ha hablado en términos muy duros de las instituciones y los principios  sobre los que se funda un gobierno democrático. Durante este tiempo, ha degradado de forma sistemática el discurso político en EEUU, ha mostrado un asombroso desprecio por los hechos, ha difamado a su predecesores, amenazado con “encerrar” a sus rivales políticos, ha tildado a periodistas relevantes de "enemigos del pueblo estadounidense", ha difundido falsedades, ha vilipendiado a los emigrantes y a los paises de los que proceden, y ha alimentado una intolerancia paranoica hacia los fieles de una de las religiones más importantes del mundo".

En estas elecciones, España se juega situarse como la guía de Europa para mantenerla unida y con una democracia con mucho futuro, o mantenerla a la cola de los países más preocupados para dividirla y dejarla en franco retroceso. Veremos.
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Felipe Domingo es socio de infoLibre
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2 Comentarios
  • Ambon Ambon 27/04/19 18:28

    Vox es un partido de ultraderecha, es un partido populista radical conservador, es claramente franquista en lo emocional, pero no es un partido fascista.

    Fascista es la Falange, fascista es el fascismo italiano y fascista es el nacionalsocialismo alemán, Vox no lo es, porque el fascismo quiere un Estado fuerte y Vox quiere menos Estado, el fascismo es paternal con la clase trabajadora, paternal en el sentido de tortazo y tente tieso, pero te doy el bocadillo para merendar y Vox es ultraliberal, que cada cual se busque la vida.

    Vox es un peligro enorme para nuestra democracia, pero no es fascista. Creo que es importante que usemos las palabras con propiedad para no hacernos un totum revolutum en el cual nada está claro.

    Vox no es fascista, como Podemos no es comunista y tenemos que tenerlo claro.

    Fukuyama ha tardado 30 años en darse cuenta de lo que era evidente, ¿De verdad? o ¿era eso lo que querían que creyéramos para desmovilizarnos? Pues amigos, lo que pasa es la lucha de clases y la estamos perdiendo, así que ¡Al loro!

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    • Anselm Llorenç Anselm Llorenç 02/05/19 16:37

      Lo primero para poder combatir al enemigo es conocerlo. Y no se conoce poniéndole etiquetas, sino analizando en concreto sus ideas, sus métodos, en qué sectores sociales se basa. Pero que quede claro que aunque Vox no es fascista, es un peligro enorme para la democracia y para las clases populares.

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